Por un puñado de dólares

- Publicado en el Correo del Orinoco el 26 de enero de 2015 -Acaparamiento_Eastwood

Por: Alberto Aranguibel B.

La influencia del medio de comunicación capitalista y su contenido profundamente enajenante no puede ser desconectada en modo alguno de la crisis que padece hoy la sociedad venezolana, que no solo atraviesa por una difícil coyuntura inducida por la especulación y el sabotaje económicos sino por una perturbación emocional masiva sin precedentes en nuestro país.

Quienes han desatado la guerra económica que ha colocado a nuestro pueblo en la humillante condición que significa verse forzado a hacer cola por comida en la desesperada creencia de que todo se acabará mañana, saben perfectamente que su activo fundamental en su propósito desestabilizador es el poder alienante de los medios de comunicación. La falta de discurso y de liderazgo político en ese sector hace que el mensaje del medio de comunicación adquiera una relevancia determinante en su lucha por reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

¿Por qué arrecia hoy con tanta fuerza esta guerra mediática contra el proyecto de justicia e igualdad social que comprende la revolución bolivariana?

Porque el Comandante Chávez y su excepcional capacidad comunicacional no es ya, según ellos, el eje sobre el cual gravita el juego político venezolano. Para la derecha, la desaparición física del líder de la revolución es principalmente la oportunidad de retomar y relanzar el poder comunicacional que vio disminuido sustancialmente desde el arribo a la escena política del comandante aquel mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando con apenas un mensaje de 169 palabras el entonces teniente coronel hizo tambalear las férreas estructuras del poder establecido y partir en dos la historia política contemporánea en nuestro país, demostrando que el enemigo de esos sectores oligarcas que detentaron desde siempre el poder iba a ser de ahí en adelante la capacidad comunicacional del líder que con aquella histórica insurrección estaba naciendo. Sabían, por supuesto, que no se trataba de un militar o de un político más, sino de un gran comunicador con inusual capacidad para la movilización de las masas.

El comandante Chávez, valoró desde siempre ese inmenso poder del medio de comunicación. Por eso le temían. Pero a diferencia de la lectura convencional que del mismo se hace desde la derecha, su comprensión fue la de quien concibe el mensaje como el instrumento de poder mediático y no el medio en sí mismo (como de manera tan perfectamente conveniente a la lógica de la dominación hegemónica burguesa propusiera en 1967 el comunicólogo canadiense Marshall McLuhan, cuya sentencia “El medio es el mensaje”, que hasta en las esferas del pensamiento progresista llegó a considerarse en algún momento como una propuesta esencialmente revolucionaria, no tenía ningún otro propósito que el de la legitimación de la dominación planetaria de las grandes corporaciones capitalistas que han impuesto al mundo su particular visión del universo a través del medio radioeléctrico). Sin lugar a dudas en ello radicó siempre la fortaleza política de quien supo conectarse directamente con el pueblo como nunca antes pudo lograrlo político alguno en la historia. Con su filosofía de la inclusión social como centro de su propuesta política, Chávez demostró que el mensaje era el pueblo y no el medio. Una sustantiva diferencia conceptual ideológica con lo que encarnó siempre el modelo neoliberal que precedió al proyecto bolivariano. De ahí que los viejos “paquetazos” económicos son desde entonces solo un mal recuerdo de ese oprobioso pasado de exclusión social y una añoranza perpetua de esa derecha terca y tozuda que insiste, a costa de su propio exterminio, en reinstaurar en el país un modelo universalmente fracasado como el neoliberal.

La fábula del bienestar económico que generaría ese modelo neoliberal en una economía emergente como la venezolana, es derribada de plano por la incontestable inviabilidad del mismo en las economías avanzadas de los países altamente desarrollados, que cada día se ven más urgidos de la aplicación de recetas del FMI y del Banco Mundial para medio sufragar el inmenso costo de la acumulación de riqueza en pocas manos y de soportar el hambre y la miseria que a su paso dejan las políticas de exclusión social por las cuales se rigen.

En ello, el poder comunicacional para ocultarle al pueblo esa patética realidad de la filosofía capitalista de la explotación del hombre por el hombre, encantarle con la ficción del lujo y del confort como aspectos indispensables para la vida, y venderle la farsa de las inagotables oportunidades para el progreso del pueblo bajo los principios de la burguesía, es determinante. Hacerle pensar al pobre con la mentalidad del rico es el objetivo fundamental del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo. Sin esa cultura del desclasamiento que impacta a la sociedad cada vez con mayor intensidad y saña, los sectores hegemónicos perderían su poder de dominación sobre las masas, alienadas y sometidas como todavía están por los antivalores del consumismo. Tanto así que es perfectamente posible afirmar que de no existir hoy los medios de comunicación (cuyos intereses y principios, como es obvio, son diametralmente opuestos a los del pueblo) hace mucho rato habría dejado de existir el capitalismo, al menos en la forma culturalmente invasiva y enajenante en que hoy lo conocemos.

Hacerle creer al pobre que en la operación de compra y venta especulativa de artículos y alimentos de primera necesidad existe una oportunidad expedita para alcanzar la prosperidad, aún a sabiendas de que con su actuación generará un gigantesco malestar social y una profunda distorsión económica que pondrá en riesgo al único proyecto factible de redención popular que conocerá el pueblo en toda su vida, es uno de los más grandes crímenes que un sector puede cometer contra una sociedad y contra una nación. El otro, es secuestrar esos alimentos y esos artículos de primera necesidad para desatar una inusual y delirante sobredemanda que dispare los precios del mercado para promover con ello el estallido social al que insensatamente aspira para saciar su sed de riqueza. Más aún cuando se constate que ni ese pobre saldrá de la miseria mediante esa absurda operación, ni ese sector capitalista que lo engaña desde el medio de comunicación y que lo hace padecer con el acaparamiento y con la usura obtendrá tampoco beneficio alguno cuando la crisis económica creada por su actuación criminal e irresponsable surta sus efectos devastadores para el país en su conjunto.

En la razón perversa del contenido mediático la propuesta de Hollywood para inculcar la adoración al dinero sin el más mínimo miramiento al honor, a la dignidad, a la solidaridad o a la honestidad, ha sido persistente a través del tiempo.

Ejemplo palpitante de esa concepción de la inmoralidad por encima de cualquier otra cosa, es sin lugar a dudas el film “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone, cuya trama es precisamente la disyuntiva a la que es sometido el personaje principal, Joe (Clint Eastwood), entre trabajar a sueldo para una familia o para otra por el control de un pueblo perdido en la orfandad del más árido desierto, terminando por aceptar pagos de ambos bandos para exterminarlos luego sin compasión alguna.

Akira Kurosawa, quien llevó a tribunales a Leone aduciendo plagio de su obra Yohimbo (1961), diría mucho después que se sentía complacido con la película que lanzó a la fama a Eastwood, a Leone y al género mismo del llamado “spaghetti western”, y que creó toda una cultura del cine de culto de los llamados “hombre sin nombre” que se desarrolló desde el John Wayne de los años ‘50s hasta el Bruce Willis de nuestros días con la misma impúdica exaltación de la deslealtad, la inmoralidad y la codicia como único norte, porque según él “a la larga logró recaudar mucho más dinero con el plagio que con la obra original”.

Una sociedad expuesta por décadas a tan demencial lógica y sometida a la crudeza de una guerra sicológica como la que el imperio norteamericano y sus lacayos desatan hoy contra nuestro pueblo a través de sus corporaciones y sus medios de comunicación, terminará siempre por padecer el infortunio de un sector cruel y desalmado al que no le importa en lo más mínimo el sufrimiento de un pueblo ni el futuro de su país, solamente por el vano goce que ansía encontrar en un mísero puñado de dólares.
 

@SoyAranguibel

Choque de civilizaciones: ¡no nos sigan agarrando de estúpidos, por favor!

- En el marco del análisis que desde diversos sectores intelectuales se ha hecho sobre el manejo comunicacional de los atentados terroristas perpetrados por fanáticos religiosos en París, consideramos oportuna la reflexión del destacado periodista Marcelo Colussi al respecto -

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Por: Marcelo Colussi

¿Seremos todos Charlie?

Cuando en el año 1883 la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia –a la sazón colonia holandesa– produjo un maremoto con tremendas olas de 40 metros de altura que provocaron la muerte de 40.000 habitantes, un diario en Ámsterdam tituló la noticia: “Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareños”. ¡Qué racismo!, podríamos decir hoy escandalizados. Lo cierto es que la historia no ha cambiado mucho 130 años después.

Ya estamos tan habituados a Hollywood y montajes hollywoodenses, que vemos el mundo en términos de “buenos” y “malos”, de “muchachitos” justicieros (siempre blancos, defensores de la “democracia y el estilo de vida occidental y cristiano”, “triunfadores” por antonomasia) que castigan a “bandidos” (los cuales, casualmente, son siempre indios, negros, y desde hace un tiempo musulmanes). Tanto se nos metieron estos esquemas en la cabeza –¡nos los han metido!, habría que aclarar– que interpretamos todo lo que pasa a nuestro alrededor según esa clave. Para el caso, remedando aquel racismo de la tragedia del volcán Krakatoa, los recientes hechos de París nos lo dejan ver de un modo vergonzoso.

De ningún modo se puede aplaudir la muerte violenta de nadie, la de los caricaturistas, la del policía rematado en el piso, la de tanta gente que muere a diario por causas prevenibles. Pero levantar estas repulsas universales tan ¿hollywoodenses? por los muertos franceses –tan respetables como cualquiera, por supuesto– como mínimo abre ciertas sospechas.

Ya se escribió hasta la saciedad sobre el ataque al semanario francés Charlie Hebdo. Un texto más sobre el asunto seguramente no aporta nada nuevo (por el contrario: más bien puede contribuir a aumentar ese hartazgo). Pero casi como un acto de militancia me pareció necesario –aunque sea tardío– decir ¡basta! a tanta manipulación mediática.

Este manipulado proceder, que ya se nos hizo tan habitual, de dividir maniqueamente el mundo entre buenos y malos, impide entender la complejidad de los procesos en juego, obnubila la mirada crítica sobre la realidad. En otros términos: estupidiza.

Hollywood y toda la parafernalia comunicacional que sigue esa línea (que es muy buena parte de lo que consumimos a diario como “información”) nos ha anestesiado, convirtiéndonos de máquinas tragadoras de imágenes prediseñadas. Desde hace aproximadamente más de dos décadas toda esa industria mediática ha venido haciendo del mundo musulmán un enemigo público de la “racionalidad” occidental. El asunto no es azaroso. Unos años después de iniciada esa campaña de preparación, un catedrático estadounidense –Samuel Huntington–, no sin cierto aire pomposo nos alertó del “choque de civilizaciones” que se está viviendo.

Ahora bien: lo curioso es que ese “monstruoso” enemigo que acecha a Occidente, ese impreciso y siempre mal definido “fundamentalismo islámico” que pareciera ser una nueva plaga bíblica, siempre listo para devorarnos, debe ser abordado antes que nos ataque. De ahí que nace la estrategia de guerras preventivas. Dicho de otro modo: “le hacemos la guerra nosotros (los buenos) antes que ellos (los malos) nos la hagan”. El esquema es simple, demasiado simple. Más aún: atrozmente simple, puesto que se repite el modelo de las películas hollywoodenses: soldados occidentales “buenos” castigando a los musulmanes “malos”.

Pero lo más curioso –¡y atroz!– es que justamente los países de donde proviene esa supuesta amenaza… tienen sus subsuelos cargados de petróleo. Curiosa coincidencia, ¿verdad?

Como los medios audiovisuales cada vez más deciden nuestras vidas, nuestra forma de pensar, las ideas que nos hacemos del mundo, el bombardeo de estos días nos mostró a tres “fundamentalistas musulmanes” (los hermanos Kouachi y Mohammed Mehra) cometiendo “actos atroces” (tan atroces como comete cualquier soldado occidental, blanco y educado, cuando masacra musulmanes, negros o indios en algún “remoto rincón del mundo”, según dijera en alguna oportunidad el presidente de Estados Unidos que empezó con lo de las guerras preventivas).

Pero ya que estamos hablando de curiosidades, valga decir, citando al diario estadounidense “McClatchy” que esos “asesinos” fueron reclutados en su momento por el francés David Drugeon, miembro de los servicios de inteligencia del país galo, y ligado al grupo Al Qaeda. ¿Otra curiosidad? Por supuesto, el gobierno francés lo negó. ¿Algo así como Osama bin Laden, el peor “malo” de la película inventado por la CIA?

No pretendemos con este breve texto desarrollar una exhaustiva investigación sobre al asunto. Mucho menos, denunciar abiertamente que ahí hubo un execrable montaje, en relación al cual podríamos aportar pruebas convincentes. Quizá alguien ya se encargará de hacerlo, así como se hizo con las Torres Gemelas de New York. Pero como de manipulación de sentimientos se trata (¿guerra de cuarta generación la llamaron?), ese odio que se ha intentado crear contra el Islam… ¡no me lo como!

Si es cierto que todos somos Charlie (como el hebdomadario), también todos somos los miles y miles de niños muertos por las bombas asesinas de la OTAN y las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, en los más de 20 frentes de guerra abiertos en el mundo ¿para defender la democracia? Y también todos somos los diez mil niños muertos diariamente por hambre, y todos somos los miles de damnificados por las inmorales deudas externas de los países que pagan a los acreedores del Consenso de Washington, y todos somos los que viven en favelas, y todos somos los que mueren de diarrea por no tener acceso a agua potable. Ninguna de esas víctimas se merecía morir, como seguramente tampoco lo merecían los 12 asesinados de la revista parisina. ¿O acaso alguien se lo merece? ¿Tal vez esos “malos de la película” retenidos en Abu Ghraib, o en Guantánamo? ¿Tal vez sí lo merecían los 108.000 desaparecidos de las guerras sucias en América Latina?

Como dijo Thierry Meyssan: “No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el «choque de civilizaciones» sino en Washington y en Tel Aviv”. El petróleo robado por las compañías occidentales lo deja ver. Y si no se ve clarito, es porque este oro es demasiado… negro.

mmcolussi@gmail.com

https://www.facebook.com/marcelo.m.colussi

Oposición apocalíptica

- Una oposición que no logra atajar su propia desintegración, defenestra a su propio Secretario Ejecutivo, nombra a otro que no acierta con ninguna actividad de calle por él propuesta, clama al mundo que es mayoría luego de perder 4 elecciones en fila pero llama de nuevo a elecciones… Nadie entiende por qué tanto disparate y Roberto Hernández lo explica con proverbial claridad –
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Por: Roberto Hernández Montoya

Golpe, abolición de la Constitución, destitución de cargos de elección popular, allanamientos, torturas y matanzas el 11, el 12 y el 13 de abril de 2002. Ocupación militar de Plaza Altamira durante meses. Paro empresarial, cierre de la principal industria de la nación, cuantiosas pérdidas para un país pobre. Guarimbas en 2004, convocatoria de un referendo revocatorio que resultó confirmatorio.

No pretendo un recuento exhaustivo porque son tantas catástrofes que muchas se me van a escabullir. Solo presento una muestra para delinear la clase de oposición que tenemos, que busca siempre la tragedia, el apocalipsis, el fin de mundo y luego lo niegan. Pero terminan siempre como el parto de los montes, luego de tanto aguaje acaban pariendo un ratoncito, según la fábula de Esopo. Si acaso. Son lo que popularmente se conoce como pura pérdida, porque nadie gana nada, salvo los que llenan sus bolsillos de dólares por la perversa pendejera gringa de tumbar gobiernos solo porque se puede, aunque no gana nada, como en el Medio Oriente y en Ucrania. No siembran ni una matica.

Causan inmensas pérdidas, como en las guarimbas de 2014. Mataron a 43 personas, degollaron, incendiaron, casi incineran a más de 80 inocentes de menos de cinco años en un preescolar.

Afortunadamente son de una ineptitud rayana en la locura. Así elige el Imperio su guardia, desde Bush hasta Capriles. Ignorantes y de una brutalidad épica, causan asombro con su empanada con carne por dentro y sus conspiraciones urdidas en Cuba hace 15 días. Si tuvieran un poquitín de habilidad quién sabe dónde estaríamos. Henry Ramos Allup es con mucho el único inteligente, menos mal que no hacen caso a ese talento sin probidad.

El presidente Nicolás Maduro presentó un vídeo en que un cabeza frita llamado José de Jesús Gámez habla de cómo hay que encrespar las colas, instigar saqueos, que metan un perdigonazo a una viejita, «escoñetar» y fingir que son pacíficos para engañar al mundo. Es un mentepollo más, como Saleh, como los hermanitos Alonso, como Orlando con sus avioncitos, lo que ya es malo, pero hay peor: la dirigencia opositora guarda un silencio atronador sobre Gámez, quien por cierto no está guardando silencio en prisión…

Son los virus apendejeados de las vacunas: inmunizan contra peligros reales.

Libertad: ¿Logro social o estrategia imperial?

- Publicado el 19 de enero de 2015 en el Correo del Orinoco –
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“Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época”
Carlos Marx

Por: Alberto Aranguibel B.

Un prestigioso editor venezolano de orientación derechista cuelga recientemente en su muro de Facebook un infamante comentario contra el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, referido al rechazo de la esposa del dirigente político Leopoldo López, preso por incitación a hechos terroristas que causaron la muerte de 43 venezolanos en 2014, a la propuesta de canje de su esposo por el independentista puertorriqueño Oscar López Rivera detenido injustamente desde hace más de tres décadas en una prisión norteamericana, formulada por el primer mandatario venezolano al presidente de los Estados Unidos.

En el comentario, el editor afirma que “Maduro actúa en esto como cualquier miembro de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) él cree que los presos o secuestrados se intercambian”.

El infeliz insulto, expresado apenas a días del histórico discurso en el que Barack Obama reconoce el fracaso del bloqueo por más de medio siglo contra Cuba y en el cual resaltó muy particularmente el cambio de prisioneros como muestra de buena fe entre los dos países, deja ver con perfecta claridad un obvio desconocimiento del Derecho Internacional Humanitario (que instituye el intercambio de prisioneros como un instrumento de negociación entre las naciones), además de un profundo desprecio por la historia.

Tal como sostiene un estudio llevado a cabo en 2011 por la Universidad de Alcalá de Henares, la batalla de Kadesh fue una de las primeras que terminó en tablas y “con unas pérdidas tan grandes para ambos contendientes que los respectivos monarcas se vieron obligados a firmar el primer tratado internacional del que tenemos noticia y en el que, entre otras cláusulas, se establecía el intercambio de prisioneros por ambas partes.” (1)

Desde entonces y hasta nuestros días, los acuerdos entre las naciones en pugna comprendieron siempre la figura del intercambio de prisioneros, o incluso la deportación (como ha hecho por ejemplo Colombia desde hace décadas con sus connacionales incursos en delitos de narcotráfico) como un logro de la civilización.

La intención evidente del editor es tergiversar el espíritu y la letra de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que establece la facultad del presidente de la República para el otorgamiento de indultos, lo que no implica en modo alguno autoridad para ordenar encarcelamiento contra nadie, sino la potestad para decretar su eventual liberación bajo determinadas condiciones ajustadas a Derecho una vez cumplidos ciertos requisitos de Ley.

Pero quizás lo que más resalte en la vergonzosa lógica que deja entrever con su sesgado comentario (si el intercambio lo propone Obama está bien, si lo hace Maduro es terrorismo) es la rastrera orientación pro imperialista que el discurso de las corporaciones mediáticas de la derecha tiene hoy como eje medular para tratar de imponerle a la sociedad a como de lugar el ideario neoliberal burgués que promueve los Estados Unidos con base en una particular concepción de libertad que coloca los intereses geoestratégicos del imperio por encima de la noción de soberanía y de autodeterminación de las naciones.

Bajo ese esquema el imperio norteamericano ha logrado avanzar a lo largo de todo lo que va de siglo XXI mediante violaciones flagrantes al derecho internacional, justificadas siempre con el chantaje del antiterrorismo como argumento para la guerra preventiva extraterritorial con la cual azota al planeta. Con ella persigue establecer que Estados Unidos podrá asegurar su integridad solamente asegurando su control pleno e irrestricto sobre el mundo, en virtud de lo cual sus derechos como nación deberán ser siempre colocados por encima de los derechos de las demás naciones. Solo así estará garantizada la libertad.

De ahí la reactivación por parte de Estados Unidos de un organismo tan extemporáneo como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a raíz del inicio de las conflagraciones en los países de la región del Magreb en la llamada “primavera árabe”, que persigue colocar en línea y bajo la subordinación de esa orientación imperialista a las naciones del viejo continente. Ese arcaico organismo, nacido en la post guerra como una plataforma de coordinación militar de los “aliados” frente al desaparecido Pacto de Varsovia, no tiene hoy ningún otro sentido ni justificación que no sea el de servir como herramienta de carpintería a los intereses de dominación planetaria de EEUU. Las injustificadas y prepotentes sanciones a Rusia, la constante acusación contra Corea del Norte y el recurrente ataque a China por su crecimiento económico, forman parte del escenario ajustado al nuevo orden que persigue imponer el imperio usando los mecanismos de la cooperación internacional, orientados en principio a la lucha contra un flagelo que él mismo genera con el arbitrario movimiento de sus piezas en el tablero del control mundial que le obsesiona.

Los monstruos que de esa obsesión surgen en forma de sectas religiosas y pseudo religiosas que proliferan hoy en el mundo árabe gracias a la irracional vocación injerencista de los EEUU sirven no solo para la destrucción y el crimen en nombre de la irracionalidad, como se puso en evidencia en París las últimas semanas, sino que operan como una poderosa plataforma para el posicionamiento del discurso de la alienación que presenta a esa nueva modalidad de democracia neoliberal regida por la sumisión a los intereses de las corporaciones norteamericanas y su sed de dominación.

Sobre esos atentados terroristas supuestamente perpetrados por el Estado Islámico en la capital francesa, Thierry Meyssan ha reflexionado en su columna de la Red Voltaire esta semana. Su análisis, vertido en dos entregas (2) lo fundamenta en la cantidad de sin sentidos que él encuentra en las versiones tanto oficiales como de prensa que hasta ahora han podido conocerse al respecto. Su preocupación fundamental es ¿quién en realidad está detrás de los atentados? La serie de interrogantes que motiva el particular manejo político y el tratamiento mediático de este asunto no es como para despacharlo como un acontecimiento noticioso más, aislado ni sin trasfondo. La segunda intencionalidad pareciera ser más que evidente.

Por una parte, las inconsistencias del comportamiento de los atacantes con lo que profesa y suele llevar a cabo el islamismo como acciones. Luego la sorprendente, inusual e inmediata movilización de media centena de mandatarios para expresar unidos su repudio a los atentados, en forma personal y bajo un mismo signo, tal como no se hizo ni siquiera cuando murieron más de tras mil personas bajo el concreto de las torres del World Trade Center en Nueva York, en el que supuestamente sería el mayor ataque de esa naturaleza en la historia. Amén de la insolencia que representa para el mundo ese desfile de redomados genocidas manifestándose en contra del terrorismo.

El Senador Paul Craig Roberts del congreso norteamericano, ha impactado a la opinión pública mundial con sus afirmaciones sobre la posibilidad de que, tanto los ataques a las torres gemelas en 2001 como los acaecidos en París las dos últimas semanas, pudieran ser producto de “operaciones de bandera falsa” llevadas a cabo por el FBI y la CIA.

Finalmente, la increíble (y probabilísticamente casi imposible) similitud con la que los medios, en particular los españoles, titularon desde el día siguiente de los atentados destacando lo que como noticia debió haberse remitido a un segundo o incluso un tercer orden de ideas, como lo es en ese contexto el tema de la libertad, ya ni siquiera de expresión como podría caber sino en su sentido más amplio y abstracto.

Todos esos medios, casi sin excepción, se centraron en la palabra “libertad” que desde un punto de vista estrictamente periodístico es correcto usar frente al riesgo o el padecimiento de alguna feroz dictadura. Nada que ver con la verdadera noticia de aquel día como eran los actos terroristas, o en todo caso el terrorismo. Como si les hubiesen trazado una línea infranqueable, titularon exactamente en los mismos términos del mensaje que ofreció el día anterior el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en el que rechazaba (en francés) los ataques convocando al mundo a luchar por la libertad.

¿De cuál libertad hablamos?

@SoyAranguibel

Fuentes:

1) Calderón y Díaz. El Rescate De Prisioneros y Cautivos Durante La Edad Media Hispánica. Aproximación A Su Estudio / Universidad de Henares, 2011, 10

2) voltairenet.org

Charlie Hebdo

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Por: Luis Britto García

1

¿Quiénes masacraron a los humoristas de Charlie Hebdo? Los medios  del fundamentalismo eurocentrista culpan de manera instantánea al fundamentalismo musulmán. En un automóvil abandonado cerca de la escena del crimen aparece convenientemente olvidado el documento de identidad de uno de los hermanos  sospechosos del delito de islamismo. En forma todavía más oportuna, el identificado y su fraterno cómplice son exterminados a las pocas horas, de modo que no puedan confesar ni defenderse, no sin que se sepa que eran colaboradores de los servicios de seguridad francesa. Y para  colmo de la conveniencia, poco después se suicida el encargado de la investigación, Helric Fredou. El viernes 9 de enero un anónimo clérigo de la milicia terrorista Estado Islámico (EI) aseguraría que el grupo está detrás del atentado  y anuncia que seguirán otros. El 16 la rama yemenita de Al Qaeda reivindica la responsabilidad por la masacre a través de su dirigente sunita, Nasr al-Ansi,  diciendo que el asalto se produjo en venganza por la publicación de caricaturas del profeta Mahoma, consideradas un insulto al Islam, y promete más ataques contra Occidente. Son demasiados autores. Uno  o ambos mienten. Las dos organizaciones fueron creadas y financiadas por Estados Unidos; Al Qaeda ha sido sindicada de culpable de otro célebre ataque sospechoso, el de las Torres Gemelas. Todo es posible, pero demasiado usual se han hecho los atentados de falsa bandera como para que creamos de buenas a primeras en la versión de las autoridades.

2

Pocas ventajas podía reportar al Islam el asesinato de una decena de infieles más o menos irreverentes y de los policías que los cuidaban. Quien insulta mi inteligencia no puede esperar que yo respete su ignorancia. Décadas lleva en suspenso una amenaza contra Salman Rushdie,  nunca ejecutada a pesar de que éste hace apariciones públicas más o menos anunciadas. En cambio, la masacre de los humoristas reporta  ventajas a la derecha francesa, que al mismo tiempo que ve desaparecer la flor y nata de sus más encarnizados críticos,  aprovecha el crimen para atizar el fuego de la islamofobia, promover leyes de control de la población y la inmigración musulmana y quizá desatar nuevas guerras de saqueo. Para demostrar su tolerancia, el  presidente  Hollande ordena destacar un  portaaviones a Medio Oriente para reforzar su la coalición con Estados Unidos en el bombardeo de sitios de Irak supuestamente ocupados por el Estado Islámico (EI).

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3

A su vez, Marine le Pen, líder del derechista partido Frente Nacional,  apoya reinstaurar la pena de muerte. El ministro del Interior Bernard  Cazeneuve convoca una reunión de sus homólogos de la UE y EEUU,  y el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, propone en Riga un nuevo programa de “lucha contra el terrorismo”. No contra el terrorismo de la UE que desencadenó 20.000 misiones de bombardeo contra Libia o permitió el genocidio de Gaza o la agresión contra Siria, no.  Se trata de colecta e intercambio de informaciones en toda la UE, prevista en inocentes reuniones con el fiscal general estadounidense, Eric Holder. No sería improbable una Ley Patriota Europea que permitiera la pena de muerte, la  tortura y la detención indefinida sin acusación  ni juicio de  sospechosos, o sea, de musulmanes. Por lo pronto, el gobierno francés ha ordenado a sus fiscales aplicar “mano dura” contra todo lo que consideren antisemitismo, discursos de odio o apología del terrorismo. Ya van  54 personas encarceladas por opinión de los fiscales sobre esos delitos de opinión.

4

Se rasgan las vestiduras en público quienes seguramente descorcharon champaña en privado al enterarse de la hecatombe, como  los conservadores diarios Le Monde,  Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y El País, los políticos Obama, Sarkozy, el Consejo de Seguridad de la ONU,  la directora gerente del FMI Christine Lagarde, o  Michel Houellebecq, quien había merecido varias viñetas de los humoristas por su novela Soumission, que alerta contra una supuesta toma del poder en Francia por los musulmanes en 2022.

5

Una manifestación de dos millones de personas y cuarenta estadistas cubre París con la consigna “Je suis Charlie”. Se pretende deslindar campos entre un Islam supuestamente fanático y un Occidente autoproclamado como  tolerante. Si Charlie hubiera tenido dos millones de lectores y cuatro decenas de estadistas amigos, no hubiera sido prohibido cuatro veces por las autoridades francesas en 1961,  1966, 1970 y 1992 cuando circulaba con el nombre deHarakiri, ni hubiera tenido que cambiar su nombre al de Charlie para burlar esa prohibición, ni hubiera sido demandado en 2007 por ejercer la libertad de pensamiento.

6

Quizá la mas lúcida opinión  sobre esta tragedia sea la del caricaturista sobreviviente  Bernardo Holtrop (Willem) quien expresa que “los nuevos amigos de Charlie Hebdo me hacen vomitar. Nos hacen vomitar todas esas personas que de repente dicen que son nuestros amigos y encabezan la manifestación en París”.

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Fuente: luisbrittogarcia.blogspot.com