La dueña del cachicamo

- Publicado en el Correo del Orinoco el 23 de marzo de 2015 -

Psaki

Por: Alberto Aranguibel B.

Jennifer Psaki, la misma que inauguró en la sala de prensa de la Casa Blanca la figura del caretablismo interestelar con su inefable ocurrencia de que “los Estados Unidos no han ayudado jamás a derribar gobiernos democráticos en ninguna parte del mundo”, no es cualquier vocera medio improvisada ni una periodista de medio pelo graduada por condescendencias académicas de ninguna naturaleza.

La funcionaria, con apenas dos meses de nombrada “vocera oficial del Departamento de Estado norteamericano”, posee una hoja de servicios de la más envidiable trayectoria comunicacional política, lo que la ha convertido no solo en una próspera empresaria privada del mercadeo de las más relevantes figuras del jet set oficial de su país, sino que es además la America’s Sweetheart (la más ensoñadora niña prodigio del imperio) elevada por su mentor Barack Obama desde su primera campaña presidencial hace casi una década a la cima del olimpo comunicacional que es la Oficina de Prensa adyacente apenas a dos puertas del Despacho presidencial del más poderoso mandatario del planeta.

Su carrera como profesional de la demagogia presidencial (en la cual ella, a su corta edad, es ya una auténtica artífice), la ha dado a conocer como la más destacada revelación de un equipo que día a día enfrenta el creciente compromiso de alcanzar entre la cada vez más escéptica población norteamericana al menos los niveles mínimos de credibilidad que su arrogante y ensoberbecido jefe se empeña en destruir a cada paso que avanza en su delirante y desesperada carrera por la dominación planetaria a como de lugar.

Fue ella la que declaró en 2013 que los Estados Unidos no había ejercido jamás presión alguna para obligar a países europeos a impedir el reabastecimiento del avión oficial del presidente Evo Morales bajo la suposición arbitraria de que éste protegía a Edward Snowden en calidad de polizonte en la aeronave. Declaración que completaba, en la misma rueda de prensa en la que rechazaba las acusaciones en su contra, afirmando que “En los últimos diez días hemos estado en contacto con un amplio número de países con posibilidades de que Snowden aterrizase o transitase a través de ellos”. Nadie se atrevió aquella oportunidad a preguntarle qué entendía ella por “presión alguna”.

En el mismo estilo de desconcertante cinismo, acusó en enero de este mismo año a Corea del Norte de estar “amenazando a Estados Unidos”, cuando la nación asiática hizo el mesurado planteamiento al imperio de suspender sus pruebas nucleares si ese país suspendía su intimidatorio programa anual de maniobras militares frente a sus costas, en Corea del Sur. Según ella, quien atraviesa el mundo para ir a descargar sus bombas y sus metrallas en la costa de una nación inofensiva es el amenazado.

Ahora, una semana después de hacer el más grande ridículo que vocero de prensa alguno haya podido hacer jamás en nombre de la libertad y los Derechos Humanos, tratando con sonrisitas de meter bajo la alfombra del Departamento de Estado norteamericano los millones de muertos y víctimas que las acciones genocidas de su gobierno van dejando a su paso como estela indignante y pestilente que marca con la huella del horror como ninguna otra injusticia a toda la historia de la humanidad, para evadir la pregunta que los periodistas le formulaban sobre su insensata afirmación acerca del respeto a la libre determinación de los pueblos, acusa a Siria, país acosado por las milicias mercenarias financiadas y armadas por el imperio desde hace más de cuatro años con la finalidad de deponer a un presidente que ha sido legitimado por el 83% de la votación popular, de estar derribando los drones con los cuales Estados Unidos lleva adelante la “humanitaria” misión de bombardear a esa nación.

Pareciera que para Jennifer la muerte solo puede caminar en un solo sentido, así se trate de cientos de miles de niños, mujeres y ancianos que son los que suelen morir en las iglesias, las escuelas y los hospitales donde indefectiblemente caen las bombas equívocas que salen de esos drones, no solo en Siria, sino en Irak, Afganistán, y quién sabe cuántos países más del mundo entero.

La realidad es que el imperio no solo agrede, sino que lo ha hecho de manera despiadada y cruel desde hace décadas y de la forma más cínica que potencia alguna se haya atrevido a hacer jamás a lo largo de la historia.

En Venezuela, la agresión imperial no es una circunstancia coyuntural en modo alguno, sino una fase apenas de un diabólico proyecto de dominación hegemónica cuyos orígenes están en la delirante concepción de predestinación que desde la instauración misma de ese gigante del norte se dio a si misma esa sociedad.

Mucho se ha hablado en el continente suramericano desde hace más de quince años al respecto, sobre todo con el advenimiento y la intensa profusión de las inspiradoras ideas refundacionales que se propuso la revolución bolivariana liderada por el Comandante Hugo Chávez en Venezuela. Pero muchos son los analistas, pensadores de este tiempo, investigadores, filósofos y académicos, que se han detenido a examinar este prodigioso experimento humano que hoy efervece en nuestros pueblos, así como las amenazas que le asechan.

Contrario a lo que dice la muy precoz consultora comunicacional de Barak Obama, las evidencias de la voracidad imperial en su afán hegemónico sí existen y son perfectamente verificables.

Solamente en nuestro continente el inventario de oprobios y espoliaciones infinitas provocadas, no hoy ni con base en conflictos coyunturales derivados de la realidad actual, por el empeño invasor y genocida que ha sido siempre el imperio, es muestra más que suficiente de esa brutal historia de la desolación en nombre de causas nobles más dudosas que convincentes.

En octubre de 2009, hace más de seis años, en un artículo publicado en la revista Herramienta, de Buenos Aires, con motivo del golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya, los destacados investigadores Ana Esther Ceceña y Humberto Miranda, sostenían con prodigiosa claridad lo inevitable que era el advenimiento de desordenes, acusaciones y procesos de desestabilización exactamente iguales a los que han experimentado la mayoría de los países latinoamericanos regidos por gobiernos progresistas en la región. “Es de esperar –afirman- que la construcción de los estados fallidos pasará por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vínculos con las actividades criminalizadas por el hegemón o por la implantación del narcotráfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una región cada vez más rebelde.”

“El plan de disciplinamiento continental –sigue el estudio- pasa por quebrar geográfica y políticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cuña divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democráticos en Centroamérica, y simultáneamente que se articule con el corredor de contención contrainsurgente conformado por México, Colombia y Perú, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados. La “israelización” de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separación entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, creándoles condiciones de aislamiento relativo en el plano geográfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aíslan las experiencias contrahegemónicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando en el mediano plazo.”

Pero no todo es agorero en el trabajo de Ceceña y Miranda.

“Quinientos años de lucha – concluyen- nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de los Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos quinientos años en rebeldía no hayan sido en vano. No hay consigna más sensata y oportuna en este momento que la renovada “Yankees, go home”.”

No es que la brillante Jennnifer Psaki sea una mentirosa compulsiva. Es que mientras Obama tiene bajo su responsabilidad el darle de comer a los halcones, a ella le corresponde sacar a pasear al cachicamo.

@SoyAranguibel

Licencia para matar

- Publicado en el Correo del Orinoco el 16 de marzo de 2015 -

james-bond-dañado

Por: Alberto Aranguibel B.

La Canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, denunció esta semana ante el mundo lo que sin lugar a dudas constituye uno de los acontecimientos más alarmantes en el escenario político internacional, y probablemente uno de los más preocupantes de la historia contemporánea, referido a la solicitud ante el congreso norteamericano por parte del Secretario de Estado de esa nación para otorgarle al presidente Barak Obama permiso para accionar militarmente sobre cualquier territorio o nación de manera ilimitada, bajo el absurdo argumento de la supuesta globalización de la amenaza del terrorismo.

La medida (tan irracional como el intento de curar una gripe llevando al paciente a la silla eléctrica) pone al descubierto el desespero de un imperio cada vez más acorralado en su delirante empeño de la dominación mundial, cuya supremacía política, social y económica no es ya definitivamente aquella de la cual podía ufanarse en otros tiempos.

La gallarda posición de nuestro país en la 37 Asamblea General de la OEA, asumida en Panamá por el hoy presidente Nicolás Maduro, quien hiciera abandonar airada el salón de sesiones a la representante de los Estados Unidos que pretendió alterar la agenda de la reunión para promover una injustificable sanción contra Venezuela, anunciaba ya en 2009 el descalabro del poderío imperial en el que hasta aquel momento se conocía como el “ministerio de colonias” de la nación norteamericana. Desde entonces, el esfuerzo común de los latinoamericanos ha estado orientado a la construcción de una nueva arquitectura de integración basada en la cooperación y la hermandad de los pueblos, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), resguardada expresamente de la presencia o participación de Estados Unidos, asumido cada vez más por la comunidad suramericana y caribeña como una amenaza que ha causado más atraso y miseria que posibilidades de desarrollo en la región a lo largo de los últimos doscientos años.

La conformación de ese poderoso bloque en el cual se congregan 33 naciones del continente, aunado a la fortaleza que constituyen el Grupo de los 77 + China, que hoy en día reúne a 133 naciones, así como el Movimiento de los Países No Alineados (que agrupa a más del 50% de la población mundial cuya filosofía común es la independencia de toda potencia imperialista), pone en evidencia la creciente crisis de liderazgo político de los EEUU hoy en el mundo.

La creación y avance sostenido del BRICS como el más poderoso grupo de economías emergentes del mundo, al cual ha sido invitado Argentina como uno de los más grandes productores del continente suramericano y con una economía en constante crecimiento (con un Producto Interno Bruto que la coloca como la economía número 20 en el ranking mundial), así como el impulso que ha adquirido recientemente el MERCOSUR con la incorporación de Venezuela, la más grande reserva probada de petróleo en el planeta, confirman que, tanto en lo económico como en lo político, Estados Unidos esta siendo dejado cada vez más de lado en la conformación del nuevo orden mundial hacia el cual se dirigen las naciones de manera mayoritaria.

La única ventaja competitiva real que todavía posee los Estados Unidos sobre el resto de los países del mundo es la de su capacidad bélica, en la cual el imperio ha invertido, solamente en el periodo que va desde la finalización de la guerra fría hasta el día de hoy, más de diez veces todo lo que invirtieron los países involucrados en las dos guerras mundiales del siglo pasado. De acuerdo a los informes presentados por el Instituto Internacional de Estudios Para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) con sede en Estocolmo, aún cuando Estados Unidos ha disminuido en forma gradual su inversión anual en armamento durante los últimos dos años (en virtud del retiro de tropas de Afganistán e Irak), y que tanto Rusia como China y Arabia Saudita, fundamentalmente, han incrementado de manera sustancial su capacidad bélica de cara a la creciente complejidad de los escenarios geopolíticos que enfrenta cada una de esas naciones, el imperio norteamericano sigue por mucho en la delantera del poderío militar, en el cual se coloca como el más descomunal de toda la historia con cuatro veces más que lo que invierten China, Rusia, Arabia Saudí, Francia, Japón, Reino Unido y Alemania juntos.

“Siguiendo la tendencia al crecimiento, el gasto militar total en el mundo alcanzó 1 millón de millones 531 mil millones de dólares en el 2009 medido a precios constantes del 2008, lo que representa un gasto de 224 dólares por habitante del planeta y el 2,7% del PIB mundial (SIPRI, 2010). Estas cifras revelan un incremento del 49% en relación al año 2000, pero en términos per cápita aumentaron un 88,2%. De tal modo el gasto militar actual supera en un 1,1% al que se alcanzó en 1988, en pleno apogeo de la guerra fría (SIPRI, 2010) y en ese gasto Estados Unidos ha representado en los últimos 20 años más del 50% de las erogaciones.” ( )

Esa gigantesca maquinaria bélica es hoy, junto al inmenso poder de los medios de comunicación privados a lo largo y ancho del planeta, el soporte del modelo capitalista liderado por el imperio norteamericano, no solo en términos de su capacidad de fuego (distribuida en las más de 850 bases militares instaladas en los cinco continentes, sin contar las llamadas SOA, Sitios de Operaciones Avanzadas”, y las “Bases Móviles”, como la IV Flota en Suramérica), sino que ha pasado a ser el sostén fundamental de la cada vez más crítica economía norteamericana.

La inmensa cantidad de recursos invertidos en la guerra por parte de Estados Unidos es justificada hoy por los halcones de Washington a la hora de solicitar presupuesto para armamento con la excusa del impulso económico que el mismo genera aguas abajo en la industria norteamericana de los más diversos rubros, ya no solo en la producción de armas de todo tipo y alcance (pistolas, fusiles, misiles, cañones, etc.), y equipo de transportación y de combate (como porta aviones, tanques de guerra, aeronaves, vehículos militares, etc.), sino que también impacta en la fabricación de una gran infinidad de equipos, maquinarias, alimentos y artículos para la dotación tanto de las tropas como de las infraestructuras y dependencias militares.

Por lo general, el mundo desconoce que empresas como Harley-Davidson deben su desarrollo a la fabricación de motos para el ejército norteamericano. De la misma forma, empresas como la Nestlé, inventora del café instantáneo especialmente concebido para atender las apremiantes necesidades de los soldados tanto en tiempos de guerra como de paz; Revlon galardonada en 1944 con el Premio a la Excelencia del Ejército y la Armada por su aporte en la producción de maquillaje y productos de belleza para las fuerzas armadas de los EEUU; Hersey, el mayor fabricante de chocolates de los EEUU, desarrolladora de una barra especial de chocolate requerida por el gobierno norteamericano como alimento básico para la tropa en el frente de batalla, hasta la producción de morrales, navajas, lentes, linternas, y cientos de miles de artefactos y equipos de todo tipo que son hoy requeridos por los cientos de miles de soldados e instalaciones militares norteamericanas en el mundo entero, deben todas su creación, crecimiento y poderío económico actual a la guerra.

De ahí que el imperio considere impostergable la decisión de intensificar las operaciones bélicas hasta en el último rincón del planeta. Si ciertamente la demencial inversión de dinero llevada a cabo por esa nación en equipamiento de guerra es la más grande de toda la historia, paralizar y desactivar su funcionamiento representaría la más incalculable pérdida que conocerá jamás el capitalismo. Lo que se traduciría inexorablemente, en virtud de ser la guerra su última área de oportunidad, en la inevitable caída definitiva y para siempre del imperio norteamericano.

Por eso Obama apela a la agresión a naciones de paz (pero con grandes recursos energéticos) como Rusia, China, Irán, Siria y ahora Venezuela, amén de todo cuanto ha asolado el norte del África, Europa del Este y el Medio Oriente. Falta saber si habrá tomado en cuenta la naturaleza inexpugnable e infinita de la convicción revolucionaria, patriota y antiimperialista de nuestros pueblos. La misma que ya le hizo morder el polvo en Corea, en Cuba, en Vietnam, y que le hizo llegar de tercero en Berlín, tras Rusia e Inglaterra.

Por eso, por el delirio de postrimería que lo mueve, es que resulta preocupante esa “licencia para matar” al mejor estilo James Bond que hoy con tanto desespero solicita.

) observatoriodelacrisis.org

@SoyAranguibel

La rendijita

- Publicado en Últimas Noticias el 13 de marzo de 2015 -sos usa

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se revisa con detenimiento la convulsa realidad social en el mundo de hoy, se constata una realidad tan desalentadora que no hay posibilidad alguna de celebrar el logro de la humanidad del cual se jacta la mayoría de las veces el capitalismo para justificar la obscena riqueza de unos pocos frente a las atrocidades que a lo largo y ancho del planeta se padecen.

Solamente las hambrunas persistentes desde hace siglos en el África, que ocasionan todavía hoy cientos de miles de muertes al año, son ya de por sí un vergonzoso ejemplo de la calamidad que es tan siquiera el intento de la sobrevivencia para el ser humano.

La cada vez más alarmante cantidad de muertes que ocasionan las guerras desatadas contra millones de seres inocentes y desvalidos en nombre de la libertad y el “derecho a la vida”, resultan más un infernal castigo del cielo que ninguna redención o salvación de los pueblos.

Las decenas de muertes diarias en México, Colombia y Brasil a manos de la delincuencia organizada, que en la mayoría de los casos desborda la capacidad de los Estados para garantizar no solo la vida sino la seguridad de la propiedad y del orden público, revelan una descomposición social de proporciones demenciales jamás vista en la historia y eso no es menos vergonzante.

La pérdida de la calidad de vida en Europa, Norteamérica y el resto del mundo capitalista en general, son el anuncio del más tenebroso futuro para cientos de millones de personas y para toda su descendencia.

Pero en ninguna nación del mundo, ni por muy angustiantes y precarias que resulten sus condiciones de vida, se ha visto jamás el bochornoso e insensato entreguismo de un sector de la población gritándole al mundo su deseo de ser invadido por la fuerza letal de un ejército genocida como el de los Estados Unidos de Norteamérica, como lo pide hoy de manera demencial la oposición venezolana.

Desde todos los países cuya dolorosa historia ha estado marcada por el holocausto que significa una ocupación norteamericana se nos ve hoy con el más grande estupor e incredulidad, porque nadie puede entender que la insensatez pueda alcanzar tan alto grado de locura. Menos aún por una razón tan insignificante como que le suelten uno o dos presos, enjuiciados como están por las leyes de la república por conspiración e instigación al asesinato de más de cuatro decenas de venezolanos.

Por fortuna esos disociados y pitiyanquis no son sino una rendijita apenas, por donde el imperio podrá ver… pero no podrá pasar jamás. Porque Venezuela es y será siempre bolivariana, cuna de forjadores de patrias, no de entreguistas.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en Unión Radio: “La irresponsabilidad de la oposición nos está llevando a una guerra”

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Caracas.- En conversación con la periodista Mari Pili Hernández en el programa Sin Duda, que transmite Unión Radio, el analista político Alberto Aranguibel afirmó que la oposición venezolana ha colocado al país al borde de una guerra de consecuencias imprevisibles con una potencia extranjera, dado su irresponsable empeño en hacerse del poder por vía inconstitucional en la búsqueda de resinstaurar en el país el modelo neoliberal que tanta hambre y miseria le generó a nuestro pueblo en el pasado.

Desde su punto de vista, de no ser por “la forma torpe con la que ese sector hace política, con base en la mentira, la infamia y la calumnia contra el gobierno y la dirigencia revolucionarios, el debate político se habría desarrollado por los cauces democráticos y no habríamos tenido que llegar a las tensiones que hoy padece el país por culpa de quienes entienden la democracia solo si les beneficia a ellos sin importar el sufrimiento del pueblo.”

“Lo que sucede es que el imperio norteamericano está siempre al asecho de aquellos países en los que puedan encontrar alguna rendija, algún haz de luz por donde puedan meterse para asaltar sus economías y ponerlas al servicio de sus particulares intereses de dominación mundial, y en Venezuela esa rendija se la han abierto los sectores entreguistas, vendepatria, que hacen vida en el antichavismo” dijo.

Oiga aquí la entrevista completa: