¿Por qué un anacrónico grupo de hippies nos ataca?

- Publicado en el Correo del Orinoco el 30 de marzo de 2015 -

Fher Olvera, Juan Calleros, Sergio Vallin, Alex Gonzalez, Mana

Por: Alberto Aranguibel B.

Con un grafismo crudo como pocos en la actualidad, alguien escribía hace poco en las redes sociales que la diferencia entre el México de Lázaro Cárdenas y el actual de Peña Nieto, es que en el primero cuando se excavaba la tierra en cualquier parte aparecía petróleo y en el de hoy aparecen por doquier cadáveres de mexicanos vilmente asesinados.

La masacre silenciosa que padece México en la actualidad es solo comparable en su horror y dimensión a las que llevan a cabo el sionismo israelí contra el pueblo palestino y el paramilitarismo instaurado por Uribe Vélez en Colombia. Tanto la una como las otras son cubiertas sistemáticamente por el mismo manto de impunidad y criminal indiferencia de los gobiernos del mundo sometidos al dominio hegemónico del imperio norteamericano y por el silencio inmoral de las grandes cadenas y medios de comunicación.

Salvo la valiente y decidida postura de Rubén Albarrán, líder del grupo Café Tacuba, resteado junto a los dolientes de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa en las marchas por la justicia por la que claman los indignados de México, nadie en el mundo musical de esa nación ha levantado su voz en forma categórica para denunciar la criminalidad de un sistema cómplice de la muerte y de la inmoralidad como el que allá impera.

No tienen por qué hacerlo, ni nadie tiene el derecho de reclamárselos. Todo grupo musical por muy frívolo o comercial que sea, compone alguna vez (o varias inclusive) alguna pieza dedicada a alguna causa social. Pero ni están obligados a hacerlo ni su gesto los convierte necesariamente en activistas comprometidos con ideas de corte revolucionario, ni mucho menos. Si lo hacen bien, y si no lo hacen también.

El problema es cuando, además de ser sistemáticamente indiferentes a la dura realidad que golpea de manera brutal y violenta a su propio pueblo, el talento de artistas como Maná se coloca abierta e impúdicamente al servicio del opresor y en contra de las luchas populares.

Para entender esto, habría que revisar con detenimiento quién es en efecto Maná más allá de la grandeza de sus múltiples records como banda de género musical impreciso orientado, al parecer, exclusivamente a divorciadas antiguas y sin esperanzas, tal como se desprende de la empalagosa y confusa languidez de sus letras, generalmente referidas a amores desvaídos más allá de los puertos abandonados y las aves sin rumbo, muy al estilo del mejor cultor latinoamericano del género, el también muy prominente cantautor Arjona.

Un primer indicio lo permite establecer el tan meticulosamente cuidado look hippie de los integrantes de la banda. Cuando ya ni siquiera los escasos sobrevivientes del festival de Woodstock que puedan quedar por ahí en algún triste asilo del olvido se atreven a hacer el ridículo ataviándose con las estrafalarias fachas de las franelas psicodélicas o chalecos de semicuero con flecos desvencijados y haciendo hondear su larga melena de desaseado desaliño, el que unos músicos mexicanos ya en las puertas de la decrepitud lo hagan sin el más mínimo rubor como si de erráticos viajeros del tiempo se tratara, es más que indicativo de que algo más hay detrás de todo eso.

El movimiento hippie fue hace más de medio siglo la respuesta de la sociedad norteamericana a la insurgencia juvenil que convulsionaba al mundo a mediados de los años 60’s, desde el impulso de la Revolución cubana y luego con el mayo francés como detonante de reformas estudiantiles y laborales, evolucionado a lucha mundial antiimperialista en solidaridad con Vietnam.

¿Por qué en la nación más poderosa del planeta la juventud en vez de activarse masivamente contra una injusticia que le afectaba directamente (su país era el autor de la infame y cruel masacre contra el pueblo de Vietnam) se entregada frenética al delirante mundo de las drogas y la banalidad que comprendía el movimiento hippie? Nadie más que uno de los más emblemáticos representantes de la cultura juvenil de aquel entonces, George Harrison, integrante nada más y nada menos que de la banda más trascendental e importante de la historia, Los Beatles, puede tener la autoridad que éste tiene al referirse a la supuesta contracultura que representaba aquella repentina moda: “Fui a Haight Ashbury –dijo- esperando encontrar un lugar magnífico, pero solo era un lugar lleno de adolescentes descarrilados y drogados (…) No era como me lo había imaginado; gente maravillosa teniendo experiencias espirituales y creando arte. Era simplemente como un barrio de borrachos.” (George Harrison. The Beatles Anthology, 1995.)

La respuesta puede inferirse en la afirmación del presidente de la Michigan State University, John Hannah, al explicar las funciones de la universidad en los Estados Unidos: “Nuestras escuelas superiores y universidades han de considerarse bastiones de nuestra defensa, para conservar nuestro país y nuestra forma de vida, como los bombarderos supersónicos, los submarinos nucleares y los misiles balísticos intercontinentales.” La versión según la cual el movimiento hippie fue solo una gigantesca operación llevada a cabo por el FBI y la CIA en contra de la rebeldía juvenil que comenzaba a contagiar a las universidades norteamericanas (lo que explica que la nación supuestamente más cerrada al uso de estupefacientes haya permitido y sin ningún problema el consumo libre e ilimitado de marihuana, hachis y LSD entre casi toda la población joven del país, producto de lo cual se han convertido desde aquel entonces hasta nuestros días en la nación con el mayor consumo de drogas del planeta) es la que mayor fuerza ha tenido siempre como explicación a tan absurdo fenómeno.

El vocalista de Maná, quien seguramente pasará a la historia como “el último hippie”, rinde culto a esa concepción de la supremacía del modelo de vida norteamericana. Su respaldo no a una, sino a las dos campañas presidenciales de Barack Obama (2008 y 2012) así lo confirma. En la primera, ante la inmensa expectativa que el afrodescendiente causaba, dijo “Ésta es una oportunidad histórica para construir un mundo mejor”. Cuatro años después, frente a la decepción mundial por el incumplimiento de todas las promesas de aquel primer periodo, el cantante reincidía en ayudar al presidente a cautivar al voto latino en esa nación. En su cierre de campaña en Nevada decía que para él y sus compañeros, el demócrata era “la única opción viable para llegar a soluciones concretas para quienes viven, trabajan, estudian en Estados Unidos sin ser estadounidenses en su raíz o de nacimiento”.

Los que padecen en México el genocidio que causan el tráfico de armas y de drogas desde los EEUU, no fueron considerados ni un instante por el líder de la banda. La óptica de quien vive en el imperio y solo sale de ahí para abultar su fortuna en conciertos puntuales y muy a la carrera, modifica el alma por completo.

¿Por qué entonces Maná no se pronuncia contra el gobierno de México pero sí se pronuncia insistentemente en contra del gobierno popular legítimamente electo por los venezolanos? Todo grupo musical latinoamericano comprometido políticamente por lo general construye su propuesta a partir de la defensa de la dignidad de sus pueblos; Cultura Profética, Buena Fe y Calle 13 lo hacen. Maná es el único grupo que ataca a los pueblos de la región erigiéndose en vocero musical del imperio.

En el Estamento de los Guardianes, de su “Teoría Política y Práctica Política en Platón”, Poratti lo pone de esta manera: “Música” (de “musas”), en griego, comprende tanto la poesía como la música propiamente dicha. Su enseñanza consiste en el canto y memorización de los poetas, con Homero a la cabeza, los cuales, en ausencia de un texto sagrado u otra forma consagrada de autoridad, sustentan el saber colectivo como depositarios y transmisores de las concepciones religioso-políticas tradicionales sobre las que se basa la vida ciudadana. Platón incluye en ella también los cuentos de la primera infancia. Ese momento tempranísimo donde el carácter es maleable al máximo, fue siempre visto por Platón como decisivo y peligroso, y como una de las claves de la estabilidad política.” (1)

Las grandes corporaciones que controlan el poder en Estados Unidos no van a permitir jamás que la estabilidad política de su imperio dependa de la relativa efectividad o no de un eventual decreto contra una nación indoblegable. Si pueden usar la musa de una banda sumisa y suficientemente vendepatria para lograrlo, pues la banda será usada. Más aún si lo único que les llegue a costar será unos cuantos premios de fascinante notoriedad.

(1) Teoría Política y Práctica Política en Platón

@SoyAranguibel

¡Llamad al conquistador!

- Publicado en Últimas Noticias el 28 de marzo de 2015 -

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Por: Alberto Aranguibel B.

El llamado “Título de Pretensión” es el referido al ejercicio de titularidad de un rey en territorios sobre los cuales no posee dominio. Algo así como aquello de lo que hablaba la canción del Puma, “Dueño de nada”.

Bajo esa figura del título de pretensión, los reyes de España han asumido desde hace 200 años su reinado sobre las tierras del “nuevo mundo”. Según la Constitución española, el monarca es por derecho sucesoral rey de Castilla, de Aragón, de León, de Navarra, de Granada, de Jerusalén, de Toledo, de las Dos Sicilias, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de Los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y hasta de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.

Que a nadie de todos esos territorios del viejo mundo le preocupen tan arbitrarias atribuciones monárquicas no es problema de nosotros. Pero que se incluyan (como al acaso) en esos dominios bajo pretensión de la corona las islas y la tierra firme de los océanos en medio de las cuales nos encontramos nosotros, por supuesto que debe indignarnos.

Para nada es aceptable que, luego de la apoteosis independentista que libraron nuestros libertadores, en la que muriera tanta gente del pueblo luchando por su libertad en contra del imperio más sanguinario y depredador de la historia, todavía hoy el Rey de España siga considerándose conquistador de nuestro suelo. Claro que es no solo una barbaridad, sino una imbecilidad de dimensiones infinitas, pretender tan desquiciada impostura.

Solo a la mente rastrera y entreguista de una derecha chapucera e inmoral como la que tenemos en Venezuela le parece sensato acudir a los bufones de la corte de esa España expoliadora que ha saqueado nuestras riquezas por más de cinco siglos, como ella acude sin el más mínimo pudor o vergüenza.

Traer a Felipe González para que venga a resolver lo que ni ellos ni Obama han podido resolver en medio de su ineptitud y su incapacidad para alcanzar el respaldo popular, es exactamente lo mismo que traer de nuevo al genocida que a sangre y fuego nos asumió siempre cuando mucho como una vulgar colonia.

Así de vendepatria es esa oposición que hoy pretende pedirle de nuevo el voto a los venezolanos.

@SoyAranguibel

La dueña del cachicamo

- Publicado en el Correo del Orinoco el 23 de marzo de 2015 -

Psaki

Por: Alberto Aranguibel B.

Jennifer Psaki, la misma que inauguró en la sala de prensa de la Casa Blanca la figura del caretablismo interestelar con su inefable ocurrencia de que “los Estados Unidos no han ayudado jamás a derribar gobiernos democráticos en ninguna parte del mundo”, no es cualquier vocera medio improvisada ni una periodista de medio pelo graduada por condescendencias académicas de ninguna naturaleza.

La funcionaria, con apenas dos meses de nombrada “vocera oficial del Departamento de Estado norteamericano”, posee una hoja de servicios de la más envidiable trayectoria comunicacional política, lo que la ha convertido no solo en una próspera empresaria privada del mercadeo de las más relevantes figuras del jet set oficial de su país, sino que es además la America’s Sweetheart (la más ensoñadora niña prodigio del imperio) elevada por su mentor Barack Obama desde su primera campaña presidencial hace casi una década a la cima del olimpo comunicacional que es la Oficina de Prensa adyacente apenas a dos puertas del Despacho presidencial del más poderoso mandatario del planeta.

Su carrera como profesional de la demagogia presidencial (en la cual ella, a su corta edad, es ya una auténtica artífice), la ha dado a conocer como la más destacada revelación de un equipo que día a día enfrenta el creciente compromiso de alcanzar entre la cada vez más escéptica población norteamericana al menos los niveles mínimos de credibilidad que su arrogante y ensoberbecido jefe se empeña en destruir a cada paso que avanza en su delirante y desesperada carrera por la dominación planetaria a como de lugar.

Fue ella la que declaró en 2013 que los Estados Unidos no había ejercido jamás presión alguna para obligar a países europeos a impedir el reabastecimiento del avión oficial del presidente Evo Morales bajo la suposición arbitraria de que éste protegía a Edward Snowden en calidad de polizonte en la aeronave. Declaración que completaba, en la misma rueda de prensa en la que rechazaba las acusaciones en su contra, afirmando que “En los últimos diez días hemos estado en contacto con un amplio número de países con posibilidades de que Snowden aterrizase o transitase a través de ellos”. Nadie se atrevió aquella oportunidad a preguntarle qué entendía ella por “presión alguna”.

En el mismo estilo de desconcertante cinismo, acusó en enero de este mismo año a Corea del Norte de estar “amenazando a Estados Unidos”, cuando la nación asiática hizo el mesurado planteamiento al imperio de suspender sus pruebas nucleares si ese país suspendía su intimidatorio programa anual de maniobras militares frente a sus costas, en Corea del Sur. Según ella, quien atraviesa el mundo para ir a descargar sus bombas y sus metrallas en la costa de una nación inofensiva es el amenazado.

Ahora, una semana después de hacer el más grande ridículo que vocero de prensa alguno haya podido hacer jamás en nombre de la libertad y los Derechos Humanos, tratando con sonrisitas de meter bajo la alfombra del Departamento de Estado norteamericano los millones de muertos y víctimas que las acciones genocidas de su gobierno van dejando a su paso como estela indignante y pestilente que marca con la huella del horror como ninguna otra injusticia a toda la historia de la humanidad, para evadir la pregunta que los periodistas le formulaban sobre su insensata afirmación acerca del respeto a la libre determinación de los pueblos, acusa a Siria, país acosado por las milicias mercenarias financiadas y armadas por el imperio desde hace más de cuatro años con la finalidad de deponer a un presidente que ha sido legitimado por el 83% de la votación popular, de estar derribando los drones con los cuales Estados Unidos lleva adelante la “humanitaria” misión de bombardear a esa nación.

Pareciera que para Jennifer la muerte solo puede caminar en un solo sentido, así se trate de cientos de miles de niños, mujeres y ancianos que son los que suelen morir en las iglesias, las escuelas y los hospitales donde indefectiblemente caen las bombas equívocas que salen de esos drones, no solo en Siria, sino en Irak, Afganistán, y quién sabe cuántos países más del mundo entero.

La realidad es que el imperio no solo agrede, sino que lo ha hecho de manera despiadada y cruel desde hace décadas y de la forma más cínica que potencia alguna se haya atrevido a hacer jamás a lo largo de la historia.

En Venezuela, la agresión imperial no es una circunstancia coyuntural en modo alguno, sino una fase apenas de un diabólico proyecto de dominación hegemónica cuyos orígenes están en la delirante concepción de predestinación que desde la instauración misma de ese gigante del norte se dio a si misma esa sociedad.

Mucho se ha hablado en el continente suramericano desde hace más de quince años al respecto, sobre todo con el advenimiento y la intensa profusión de las inspiradoras ideas refundacionales que se propuso la revolución bolivariana liderada por el Comandante Hugo Chávez en Venezuela. Pero muchos son los analistas, pensadores de este tiempo, investigadores, filósofos y académicos, que se han detenido a examinar este prodigioso experimento humano que hoy efervece en nuestros pueblos, así como las amenazas que le asechan.

Contrario a lo que dice la muy precoz consultora comunicacional de Barak Obama, las evidencias de la voracidad imperial en su afán hegemónico sí existen y son perfectamente verificables.

Solamente en nuestro continente el inventario de oprobios y espoliaciones infinitas provocadas, no hoy ni con base en conflictos coyunturales derivados de la realidad actual, por el empeño invasor y genocida que ha sido siempre el imperio, es muestra más que suficiente de esa brutal historia de la desolación en nombre de causas nobles más dudosas que convincentes.

En octubre de 2009, hace más de seis años, en un artículo publicado en la revista Herramienta, de Buenos Aires, con motivo del golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya, los destacados investigadores Ana Esther Ceceña y Humberto Miranda, sostenían con prodigiosa claridad lo inevitable que era el advenimiento de desordenes, acusaciones y procesos de desestabilización exactamente iguales a los que han experimentado la mayoría de los países latinoamericanos regidos por gobiernos progresistas en la región. “Es de esperar –afirman- que la construcción de los estados fallidos pasará por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vínculos con las actividades criminalizadas por el hegemón o por la implantación del narcotráfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una región cada vez más rebelde.”

“El plan de disciplinamiento continental –sigue el estudio- pasa por quebrar geográfica y políticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cuña divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democráticos en Centroamérica, y simultáneamente que se articule con el corredor de contención contrainsurgente conformado por México, Colombia y Perú, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados. La “israelización” de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separación entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, creándoles condiciones de aislamiento relativo en el plano geográfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aíslan las experiencias contrahegemónicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando en el mediano plazo.”

Pero no todo es agorero en el trabajo de Ceceña y Miranda.

“Quinientos años de lucha – concluyen- nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de los Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos quinientos años en rebeldía no hayan sido en vano. No hay consigna más sensata y oportuna en este momento que la renovada “Yankees, go home”.”

No es que la brillante Jennnifer Psaki sea una mentirosa compulsiva. Es que mientras Obama tiene bajo su responsabilidad el darle de comer a los halcones, a ella le corresponde sacar a pasear al cachicamo.

@SoyAranguibel

Licencia para matar

- Publicado en el Correo del Orinoco el 16 de marzo de 2015 -

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Por: Alberto Aranguibel B.

La Canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, denunció esta semana ante el mundo lo que sin lugar a dudas constituye uno de los acontecimientos más alarmantes en el escenario político internacional, y probablemente uno de los más preocupantes de la historia contemporánea, referido a la solicitud ante el congreso norteamericano por parte del Secretario de Estado de esa nación para otorgarle al presidente Barak Obama permiso para accionar militarmente sobre cualquier territorio o nación de manera ilimitada, bajo el absurdo argumento de la supuesta globalización de la amenaza del terrorismo.

La medida (tan irracional como el intento de curar una gripe llevando al paciente a la silla eléctrica) pone al descubierto el desespero de un imperio cada vez más acorralado en su delirante empeño de la dominación mundial, cuya supremacía política, social y económica no es ya definitivamente aquella de la cual podía ufanarse en otros tiempos.

La gallarda posición de nuestro país en la 37 Asamblea General de la OEA, asumida en Panamá por el hoy presidente Nicolás Maduro, quien hiciera abandonar airada el salón de sesiones a la representante de los Estados Unidos que pretendió alterar la agenda de la reunión para promover una injustificable sanción contra Venezuela, anunciaba ya en 2009 el descalabro del poderío imperial en el que hasta aquel momento se conocía como el “ministerio de colonias” de la nación norteamericana. Desde entonces, el esfuerzo común de los latinoamericanos ha estado orientado a la construcción de una nueva arquitectura de integración basada en la cooperación y la hermandad de los pueblos, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), resguardada expresamente de la presencia o participación de Estados Unidos, asumido cada vez más por la comunidad suramericana y caribeña como una amenaza que ha causado más atraso y miseria que posibilidades de desarrollo en la región a lo largo de los últimos doscientos años.

La conformación de ese poderoso bloque en el cual se congregan 33 naciones del continente, aunado a la fortaleza que constituyen el Grupo de los 77 + China, que hoy en día reúne a 133 naciones, así como el Movimiento de los Países No Alineados (que agrupa a más del 50% de la población mundial cuya filosofía común es la independencia de toda potencia imperialista), pone en evidencia la creciente crisis de liderazgo político de los EEUU hoy en el mundo.

La creación y avance sostenido del BRICS como el más poderoso grupo de economías emergentes del mundo, al cual ha sido invitado Argentina como uno de los más grandes productores del continente suramericano y con una economía en constante crecimiento (con un Producto Interno Bruto que la coloca como la economía número 20 en el ranking mundial), así como el impulso que ha adquirido recientemente el MERCOSUR con la incorporación de Venezuela, la más grande reserva probada de petróleo en el planeta, confirman que, tanto en lo económico como en lo político, Estados Unidos esta siendo dejado cada vez más de lado en la conformación del nuevo orden mundial hacia el cual se dirigen las naciones de manera mayoritaria.

La única ventaja competitiva real que todavía posee los Estados Unidos sobre el resto de los países del mundo es la de su capacidad bélica, en la cual el imperio ha invertido, solamente en el periodo que va desde la finalización de la guerra fría hasta el día de hoy, más de diez veces todo lo que invirtieron los países involucrados en las dos guerras mundiales del siglo pasado. De acuerdo a los informes presentados por el Instituto Internacional de Estudios Para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) con sede en Estocolmo, aún cuando Estados Unidos ha disminuido en forma gradual su inversión anual en armamento durante los últimos dos años (en virtud del retiro de tropas de Afganistán e Irak), y que tanto Rusia como China y Arabia Saudita, fundamentalmente, han incrementado de manera sustancial su capacidad bélica de cara a la creciente complejidad de los escenarios geopolíticos que enfrenta cada una de esas naciones, el imperio norteamericano sigue por mucho en la delantera del poderío militar, en el cual se coloca como el más descomunal de toda la historia con cuatro veces más que lo que invierten China, Rusia, Arabia Saudí, Francia, Japón, Reino Unido y Alemania juntos.

“Siguiendo la tendencia al crecimiento, el gasto militar total en el mundo alcanzó 1 millón de millones 531 mil millones de dólares en el 2009 medido a precios constantes del 2008, lo que representa un gasto de 224 dólares por habitante del planeta y el 2,7% del PIB mundial (SIPRI, 2010). Estas cifras revelan un incremento del 49% en relación al año 2000, pero en términos per cápita aumentaron un 88,2%. De tal modo el gasto militar actual supera en un 1,1% al que se alcanzó en 1988, en pleno apogeo de la guerra fría (SIPRI, 2010) y en ese gasto Estados Unidos ha representado en los últimos 20 años más del 50% de las erogaciones.” ( )

Esa gigantesca maquinaria bélica es hoy, junto al inmenso poder de los medios de comunicación privados a lo largo y ancho del planeta, el soporte del modelo capitalista liderado por el imperio norteamericano, no solo en términos de su capacidad de fuego (distribuida en las más de 850 bases militares instaladas en los cinco continentes, sin contar las llamadas SOA, Sitios de Operaciones Avanzadas”, y las “Bases Móviles”, como la IV Flota en Suramérica), sino que ha pasado a ser el sostén fundamental de la cada vez más crítica economía norteamericana.

La inmensa cantidad de recursos invertidos en la guerra por parte de Estados Unidos es justificada hoy por los halcones de Washington a la hora de solicitar presupuesto para armamento con la excusa del impulso económico que el mismo genera aguas abajo en la industria norteamericana de los más diversos rubros, ya no solo en la producción de armas de todo tipo y alcance (pistolas, fusiles, misiles, cañones, etc.), y equipo de transportación y de combate (como porta aviones, tanques de guerra, aeronaves, vehículos militares, etc.), sino que también impacta en la fabricación de una gran infinidad de equipos, maquinarias, alimentos y artículos para la dotación tanto de las tropas como de las infraestructuras y dependencias militares.

Por lo general, el mundo desconoce que empresas como Harley-Davidson deben su desarrollo a la fabricación de motos para el ejército norteamericano. De la misma forma, empresas como la Nestlé, inventora del café instantáneo especialmente concebido para atender las apremiantes necesidades de los soldados tanto en tiempos de guerra como de paz; Revlon galardonada en 1944 con el Premio a la Excelencia del Ejército y la Armada por su aporte en la producción de maquillaje y productos de belleza para las fuerzas armadas de los EEUU; Hersey, el mayor fabricante de chocolates de los EEUU, desarrolladora de una barra especial de chocolate requerida por el gobierno norteamericano como alimento básico para la tropa en el frente de batalla, hasta la producción de morrales, navajas, lentes, linternas, y cientos de miles de artefactos y equipos de todo tipo que son hoy requeridos por los cientos de miles de soldados e instalaciones militares norteamericanas en el mundo entero, deben todas su creación, crecimiento y poderío económico actual a la guerra.

De ahí que el imperio considere impostergable la decisión de intensificar las operaciones bélicas hasta en el último rincón del planeta. Si ciertamente la demencial inversión de dinero llevada a cabo por esa nación en equipamiento de guerra es la más grande de toda la historia, paralizar y desactivar su funcionamiento representaría la más incalculable pérdida que conocerá jamás el capitalismo. Lo que se traduciría inexorablemente, en virtud de ser la guerra su última área de oportunidad, en la inevitable caída definitiva y para siempre del imperio norteamericano.

Por eso Obama apela a la agresión a naciones de paz (pero con grandes recursos energéticos) como Rusia, China, Irán, Siria y ahora Venezuela, amén de todo cuanto ha asolado el norte del África, Europa del Este y el Medio Oriente. Falta saber si habrá tomado en cuenta la naturaleza inexpugnable e infinita de la convicción revolucionaria, patriota y antiimperialista de nuestros pueblos. La misma que ya le hizo morder el polvo en Corea, en Cuba, en Vietnam, y que le hizo llegar de tercero en Berlín, tras Rusia e Inglaterra.

Por eso, por el delirio de postrimería que lo mueve, es que resulta preocupante esa “licencia para matar” al mejor estilo James Bond que hoy con tanto desespero solicita.

) observatoriodelacrisis.org

@SoyAranguibel