Aranguibel en Unión Radio: La derecha no contribuye nunca con el país sino que busca siempre su beneficio propio

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Alberto Aranguibel conversó con la periodista Maripili Hernández en el programa Sin Duda que transmite Unión Radio, y allí habló del parasitismo empresarial que se niega a poner el hombro para sacar al país de la crisis que ese mismo sector ha estimulado.

Oiga aquí la entrevista completa:

¿Y los yates de Chery?

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Por: Alberto Aranguibel B.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha sido acusado ya no solo desde la derecha con sus proverbiales guerras mediáticas de infamias sin fundamento, sino desde las mismas filas revolucionarias de ser uno de los gobiernos más corruptos de la historia, cuando probablemente sea el que más funcionarios del Estado ha destituido y pasado a tribunales en apenas dos años y medio.

Un verdadero contrasentido que tiene su origen en el carácter genérico de las denuncias, que por lo general tienden a señalar como responsable al Presidente de la República o al gobierno en abstracto, sin precisiones que den veracidad a las mismas y que permitan fundamentarlas efectivamente con elementos de convicción en los procesos de investigación judicial.

Hay pues la gestación permanente de un percance que sin lugar a dudas es mucho peor que la prevaricación, como lo es el de la percepción generalizada de que el corrupto es el gobierno y no las personas de carne y hueso que delinquen con los dineros del pueblo. Para quienes así piensan, la solución no será poner presos a los corruptos sino cambiar el gobierno, con lo cual ni se es justo con la mayoría honesta de los funcionarios del Estado ni los corruptos van a la cárcel, porque su crimen se diluye en esa percepción generalizada que se crea. Al final esa cantidad de pillos invisibles terminan saliéndose con la suya.

Por eso cuando aparecen denuncias de corrupción sólidamente fundamentadas el deber de los organismos de investigación es ser lo más expeditos posible. Se trata de fortalecer el sistema de justicia en el país brindándoles la mayor atención a los procesos que estén debidamente soportados con pruebas fehacientes que el país entero acepte como irrefutables.

Un caso como el del alto funcionario de la ensambladora de vehículos Chery que de repente apareció a finales de 2014 como propietario en sociedad con su pareja (exfuncionaria de un organismo del Estado) de un lujoso y costoso yate en la Marina Playa Grande, y que fuera divulgado con toda clase de soportes por un medio de comunicación impreso, es uno de esos casos que no necesitarían mayor pesquisa de contraloría alguna. Las pruebas eran más que contundentes.

¿Qué pasó con ese ladrón? ¿La rabia de todo un país por los “guisos” en Chery no es suficiente para actuar?

@SoyAranguibel

Aranguibel en VTV: Si no existiera el bachaqueo los productos alcanzarían para todo el mundo

El analista político Alberto Aranguibel reflexionó este lunes 10 de febrero en el programa DesayunoVTV sobre la realidad económica del país.

El fabuloso botín detrás de la vivienda

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Por: Alberto Aranguibel B.

La promesa fundamental del capitalismo es sin lugar a dudas el carácter privado de la propiedad. La ilusión de poder que comprende la libertad de hacer con las propiedades lo que mejor le parezca a cada quien es un atractivo insuperable en la oferta de su modelo.

En una sociedad eminentemente consumista como la capitalista, la idea de la propiedad comunal o colectiva es poco menos que despreciable. De ahí la importancia que le otorgó el Comandante Chávez a la formación ideológica del pueblo como factor indispensable para la construcción del Socialismo Bolivariano. Para él el bienestar material, aún siendo un aspecto de suprema importancia para avanzar en la inclusión social, no era lo prioritario. Lo material, asumido de manera inconsciente, envilece y degrada al ser humano y lo hace víctima de su propia necesidad.

Aspecto relevante colocado por el Comandante en el Plan de la Patria para contrarrestar ese envilecimiento, es precisamente el de la ética bolivariana. “Para avanzar y consolidar la democracia participativa y protagónica –dice- se requiere afianzar el valor de la vida humana y su defensa, desde un plano fundamentalmente ético donde prive la solidaridad y el valor del ser por encima del valor capitalista del tener para ser, de consumir para existir”.

Por eso Chávez le imprimió a la vivienda un valor infinitamente superior al de su precio como inmueble al considerarla un Derecho Social en forma de hábitat integral que sirva para el desarrollo no solo del individuo o de su núcleo familiar, sino de la comunidad a partir del principio de vivir viviendo, en espacios urbanos dotados de servicios que aseguren el desarrollo pleno del pueblo y que resulten armoniosos con el medio ambiente.

Bajo esa concepción, Venezuela se ha convertido en una potencia mundial en construcción de viviendas de interés social subsidiadas por el Estado, alcanzando la cifra de un millón de casas y apartamentos destinadas principalmente a los sectores populares de más bajos recursos.

China, por ejemplo, la segunda economía y a la vez el país más poblado del mundo, con un ambicioso plan de construcción de siete millones de viviendas de interés social para el periodo comprendido entre el 2009 y el 2016, alcanza con ese descomunal plan solamente al 0,5 % de su población total (1.369.811.000 hab.), mientras que nuestro país, en apenas tres años y medio, arriba a un 3,2 % de sus casi treinta y un millones de habitantes (30.620.400 hab.). Si lo elevamos al grupo familiar de 4 habitantes en promedio por hogar, se sobrepasa el 13% de cobertura poblacional con ese plan:

La revolución popular china contempla que el terreno donde se edifiquen esas viviendas de interés social (ya sea mediante financiamiento del Estado o del sector privado) será siempre propiedad de la nación, que cede el derecho al usufructo como espacio para complejos habitacionales por un periodo de 70 años renovables. Es de ahí de donde surge la aviesa versión neoliberal según la cual en el socialismo no existiría la figura de la propiedad sobre la vivienda, lo que ha dado pie a décadas de infamias anticomunistas contra los modelos revolucionarios.

La idea de la preservación de la soberanía de las naciones sobre su territorio es contrario al propósito y razón de ser del modelo capitalista. Pero también lo es el derecho de los pobres a ser dueños de su propia casa.

La revolución bolivariana, que consagra constitucionalmente el derecho a la vivienda mediante varias modalidades de propiedad, ha avanzado en la conformación de un sistema de aseguramiento de la propiedad no solo de la misma sino del conjunto tierra, vivienda y hábitat, tal como lo establece la ley correspondiente: “El Estado desarrollará la naturaleza social de la ley, bajo parámetros de dotación de vivienda y hábitat dignos, trabajo productivo, calidad de vida y progresividad, que se expresará a través de la priorización del acceso a la vivienda según necesidades sociales de la población, la visión sistémica asumiendo la integridad entre tierra, vivienda y hábitat, el establecimiento de parámetros para la construcción de hábitat y viviendas dignos para la población, y una nueva visión de la vivienda como derecho social” (LRPVH/Art. 11).

¿Por qué entonces la derecha venezolana se empecina en la aprobación de una ley a todas luces inconducente e innecesaria como la que hoy propone en el parlamento?

Por supuesto que la razón fundamental es despojar a la revolución bolivariana de uno de sus más grandes logros como proceso de inclusión social único en el mundo, cuya eficacia se constata en la misma negación que durante años ha mantenido esa misma oposición obtusa y retrechera en contra de ese descomunal plan de inversión del ingreso petrolero en obra social.

Mediante el simple mecanismo de poner la facultad parlamentaria al servicio de la demagogia para entregar un papel de propiedad a quienes el gobierno revolucionario les ha entregado el bien material más importante que jamás pudieron ni siquiera aspirar tener durante el periodo neoliberal cuartorepublicano, la derecha procura convencer al pueblo de que quien le benefició en verdad fue el neoliberalismo y no el modelo de justicia e igualdad social que promueve la revolución. La idea es tratar de aprovechar la alienación consumista de la que es víctima la población, que pudiera llevarle a pensar que sería siempre mucho mejor ser propietario que beneficiario, por ejemplo. En la lógica individualista que promueve el capitalismo eso es perfectamente razonable.

Pero más allá del interés político en la aprobación de esa ley, está la naturaleza económica detrás del millón de viviendas que la revolución le ha entregado al pueblo.

Quienes han sugerido la hipótesis de acuerdos soterrados entre los parlamentarios que la proponen y empresas de la construcción o del ramo de bienes raíces, olvidan la naturaleza hipotecaria de ese bien tan preciado para la banca.

Cuando en el capitalismo el pobre adquiere de manera eventual alguna cantidad importante de dinero (producto de su liquidación, prestaciones, ahorros, etc.) irremediablemente se le desvanece en un proceso de gastos de bienes de consumo perdurables y no perdurables, entre los que se incluyen por lo general un vehículo nuevo, algún equipamiento del hogar y hasta el costo de una nueva vivienda. De ahí en adelante, agotado ese pequeño capital, la solución más eficaz a sus nuevas necesidades de liquidez será hipotecar la vivienda. Pero para eso necesita que exista un título de propiedad que pueda usar como garantía ante cualquier banco.

El gran negocio no es la propiedad privada sino la hipoteca de la que puede ser objeto la vivienda en manos de sectores populares que de no poseer ese bien no tendrían ninguna posibilidad de insertarse en el sistema bancario, que es el que debe crecer cada vez más en el modelo neoliberal imperante para lograr consolidarse y hacerse perdurable.

La gran crisis del capitalismo en el siglo XXI tuvo su origen en el estallido de una burbuja inmobiliaria (la llamada “crisis de las subprimes”) en una economía como la norteamericana, cuya sociedad casi mayoritariamente trabaja para cancelar no una sino a veces hasta dos y tres hipotecas por su vivienda. Sucedió que de repente el dinero fiduciario (dinero inexistente) excedía en casi cinco o seis veces el dinero real en el sistema financiero. De acuerdo a estimaciones de organismos internacionales, el dinero real circulante en el mundo, el llamado M0, no excede el 17 o 18 % del total de capitales que se mueven en el sistema bancario mundial. Un sistema de tan alta fragilidad, soportado en más de un 80% básicamente por “papeles” o compromisos de pago (bonos, pagarés, acciones, créditos, dinero plástico, etc.), necesita imperiosamente la liquidez que representa el salario de los trabajadores, la mayoría de los cuales, salvo su vivienda, no poseen bienes de capital que le resulten atractivos a la banca.

En España, como en todos los países del mundo capitalista, la ejecución de hipotecas que los sectores medios y de menores recursos no pueden cancelar, es el detonante de la crisis profunda que desde hace años padece un inviable modelo de sociedad que a medida que genera mayor riqueza para lo ricos produce mayor pobreza para los pobres.

Es el botín detrás de esa ley de propiedad de la vivienda que hoy propone el antichavismo en la Asamblea Nacional. Su fin verdadero es no solo despojar a la revolución de un gran logro, sino convertir a los dueños de un millón de viviendas que hoy tienen asegurado su bienestar para toda la vida con las políticas sociales por las cuales no ha tenido que pagar lo que ese mismo bienestar costaría en el mercado capitalista, en un sector bancarizado al cual poder expropiar a su antojo.

 

@SoyAranguibel

 

¿Cuánto vale Bolívar?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 1 de febrero de 2016 –Simón Padre Bolívar.jpeg

Por: Alberto Aranguibel B.

“Dicen que tuvo en su faz lo que salva y lo que aterra…” Potentini

La única imagen del Libertador Simón Bolívar que no fue realizada por la mano arbitraria y subjetiva de ningún artista, fue hecha por computadora luego de un exhaustivo trabajo de multidisciplinaria investigación científica que contó con lo más avanzado de las técnicas forenses y antropológicas de reconstrucción facial existentes, a partir de la propia osamenta del Padre de la Patria.

Sobre la base metodológica de esas mismas técnicas se investiga hoy el origen del hombre y las circunstancias de su evolución en la búsqueda de respuestas lo más precisas posibles para la ciencia acerca del porvenir de la humanidad y del universo mismo, precisamente para evitar las subjetivas interpretaciones de la creación artística.

De hecho, los grandes saltos del arte pictórico han surgido de la inquietud de los artistas por tratar de reproducir la realidad pero siempre a partir de un lenguaje propio que ha dado origen a las diferentes corrientes del arte a través de la historia. Por eso en los lienzos que recogen la figura humana no se busca la fidelidad de los rasgos del personaje sino la calidad, imponencia y naturaleza particular de la técnica, del trazo, o del estilo del arte que lo contiene. De haberse propuesto Picasso un retrato del Libertador, con toda seguridad habría sido excepcional y valioso como pieza de arte, pero indiscutiblemente horrendo como reflejo del Bolívar verdadero.

En su tiempo Miguel Angel, quizás el más grande artista plástico de la historia, no fue capaz de imaginar el rostro de Dios (y ni siquiera se lo propuso porque su oficio no era el de teólogo) sino que plasmó para la posteridad al anciano bonachón de luenga barba que se aceptaba comúnmente desde que la grandeza se representaba robusta y arropada con las túnicas impolutas que ataviaban a los sabios de la antigüedad.

Con Bolívar los artistas de su época hicieron lo que mejor les pareció y por las más diversas razones. La multiplicidad de rostros diferentes con los cuales lo intentaron reproducir dan fe de ello.

El historiador Jorge Mier Hoffman se refirió a este aspecto de la vida del Padre de la Patria en estos términos: “Simón Bolívar cautivó las mentes creativas de los artistas que encontraban en los cuadros del Libertador un rentable negocio ante la demanda que tenían las pinturas de su rostro… Los campos de Daubingy que bordean la cosmopolita París, era el lugar de encuentro de innumerables artistas plásticos, quienes inspirados en esos parajes pintorescos de primavera, se dedicaban a pintar el rostro de Bolívar de mil maneras, mil batallas y mil ambientes: de perfil italiano, griego, árabe, afrancesado, inglés; en fin, cada artista lo interpretaba en un ideal y un liderazgo de mil formas y mil estilos distintos…”

El gigante de las letras latinoamericanas y premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez presenta en su novela histórica El General en su laberinto, obra que él mismo afirmó le había costado cientos de horas de investigación y documentación, una esclarecedora revelación. “El más antiguo de sus retratos era una miniatura anónima –dice- pintada en Madrid cuando tenía dieciséis años. A los treinta y dos le hicieron otro en Haití, y los dos eran fieles a su edad y a su índole caribe. Tenía una línea de sangre africana, por un tatarabuelo paterno que tuvo un hijo con una esclava, y era tan evidente en sus facciones que los aristócratas de Lima lo llamaban El Zambo. Pero a medida que su gloria aumentaba, los pintores iban idealizándolo, lavándole la sangre, mitificándolo, hasta que lo implantaron en la memoria oficial con el perfil romano de sus estatuas.”

Sobre el verdadero aspecto del Libertador, el historiador argentino José Luis Busaniche compendia en su libro “Bolívar visto por sus contemporáneos” no una semblanza de antojadizos biógrafos de inspirado albedrío, sino una serie de escritos de muchos de quienes conocieron en persona al prócer independentista, incluyendo textos de aquellos que tuvieron profundas desavenencias con él, como el infame coronel inglés Hippisley, quien relata: “Si consideraba todo cuanto había oído hablar de él, se me hacía difícil identificarlo con la persona que ahora tenía ante mis ojos. Bolívar es un hombre de pequeña apariencia a quien se le darían cincuenta años de edad y no cuenta más que treinta y ocho. Tiene cinco pies y seis pulgadas de estatura ( 1,70 mts); es flaco y pálido, el rostro alargado ofrece todos los síntomas de la inquietud, de la ansiedad, y hasta podría decirse del desaliento y la desesperación. Daba la impresión de haber experimentado grandes fatigas. Sus grandes ojos oscuros que otrora fueron brillantes, aparecían en aquel momento apagados abatidos. Llevaba los cabellos negros atados con una cinta en la parte posterior de la cabeza. Lucía grandes bigotes negros y ostentaba un pañuelo negro alrededor del cuello; vestía casaca militar, pantalones azules y botas con espuelas.”

La descripción del mercenario inglés se acercaba mucho más que las pinturas a lo que Páez describió en sus memorias sobre aquel hombre de carne y hueso: “Sus dos principales distintivos –dice Páez- consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y en el brillo de los ojos que eran negros con mirar de águila, circunstancias que suplían con ventaja a lo que la estatura faltaba para sobresalir sobre sus acompañantes. La tez tostada por el sol de los trópicos, conservaba, no obstante, la limpidez y lustre que no habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie y los continuos y violentos cambios de latitudes por las cuales había pasado en sus marchas.”

Bolívar, pues, como lo ilustra Potentini, ha podido tener mil rostros. Que el propio Libertador haya tenido que terciar en la polémica que ya en vida suya causaba la disparidad de interpretaciones que los retratistas le hacían, al escoger el cuadro de Gil de Castro que usa como escudo Ramos Allup como “el que más se asemeja” a él, es demostración inequívoca de que ninguno de esos cuadros se le parecía.

Demuestra la bravata del parlamentario sacando de la Asamblea Nacional al Libertador con toda clase de denuestos, que la derecha jamás escuchó razones cuando se incorporaba la octava estrella al pabellón nacional. Y que mucho menos comprendía la necesidad del pueblo cuando quiso conocer si a quien se veneraba en el Panteón Nacional era en verdad a su libertador. Su problema fue en todo momento marcar la mayor distancia posible con lo que desde siempre consideró de manera irracional la simbología chavista.

El soez argumento del parlamentario a tan grave afrenta al padre de la patria (“…ese fue un invento para hacer que Bolívar se pareciera a Chávez”) pone al descubierto el desprecio ya no solo al sentimiento del alma nacional, sino a la más elemental idea del poder. Quizás porque así lo conciben los adecos, Ramos supone que la simbología puede categorizarse de acuerdo a la clase social, y en consecuencia de tal insensatez actúa.

No se trata ya del ancestral desprecio de la burguesía hacia Simón Bolívar por haber dado la libertad a los esclavos y expropiado a los terratenientes del imperio español, o de la exaltación de Páez como el restaurador de los privilegios del mantuanaje y autor de la expulsión de Bolívar del suelo patrio, sino de la delirante pretensión de una oligarquía rastacuero y pendenciera como la venezolana por hacerse de un prócer distinguido no “amulatado”.

En las casonas del Country Club, las figuras de Bolívar y de Miranda estuvieron proscritas desde siempre. Ahora, cuando un gigante de la talla de Hugo Chávez trae de nuevo al verdadero Libertador y lo coloca en el centro del corazón de todos los venezolanos, porque hoy existe entre ellos una perfecta conciencia del sentido de patria, la burguesía se encuentra en una disyuntiva asfixiante y terrorífica. Aceptar al Bolívar verdadero, al que dio su vida por la emancipación del pueblo, es una insolencia a la idea misma de alcurnia que ellos representan, pero ya no les es posible seguir escondiéndolo en un sótano oscuro y maloliente.

Lo que ha hecho el diputado Ramos con esa barbaridad pseudo académica del “Bolívar clásico”, perfectamente engalanado en imponente traje militar y muy lustrosas botas que difiere por completo al que el mismísimo Páez describe en sus memorias, es inventarle a la oligarquía un Padre de la Patria aristocrático medianamente digerible para ellos.

Un Bolívar que no será jamás el que valora el pueblo.

 

@SoyAranguibel