Para acabar con las colas

- Publicado en el Correo del Orinoco el 23 de febrero de 2015 -

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Por: Alberto Aranguibel B.

Para el capitalismo la ideología es un activo no redituable cuyo valor es cuando mucho el de lo que la ingeniería estructural denomina carga muerta. Su confrontación con los modelos alternativos de cualquier signo tiene su origen y única razón de ser en la necesidad de captar mercados, no espacios políticos para la promoción de ninguna doctrina social ni para la consolidación de la democracia o de territorios de libertad como sostienen los imperios.

Su lucha es por hacerse de los recursos energéticos de todo tipo más allá de sus fronteras y por el control de economías que sirvan al propósito expansivo de los mercados para sus grandes corporaciones (lo que equivale a restringir a la vez las posibilidades de crecimiento de las corporaciones competidoras o enemigas, como más gusta llamarles a los Estados Unidos).

Siendo pues que los mercados son inevitablemente finitos, fundamentalmente en virtud del irreparable percance de que la tierra es redonda, la expansión de esos mercados tampoco puede ser infinita y las corporaciones se verán siempre de manera indefectible en la obligación de; o adecuarse al ritmo del crecimiento vegetativo de esos mercados, o crecer no hacia abajo sino hacia arriba, es decir, orientar sus posibilidades de incrementar utilidades mediante el juego especulativo de capitales en las bolsas de valores.

Entre una opción y la otra, la fórmula prodigiosa para el incremento de las ventas para todo tipo de corporación ha sido hasta ahora la comercialización de productos de consumo masivo, incentivada por las posibilidades de multiplicación de los mercados que determinan dos factores específicos; la moda y la obsolescencia programada.

A través del poderoso entramado comunicacional sobre el cual se soporta el modelo capitalista, la publicidad convierte de manera incesante los sueños en necesidades impostergables. De ahí surge el monstruo de la enajenación social que al decir de Erich Fromm alcanza las relaciones de los seres humanos con sus semejantes promoviendo asociaciones instrumentales y egoístas. “Todo el mundo es una mercancía para todo el mundo –dice- incluso en la relación del sujeto consigo mismo posee una orientación mercantil donde nuestro valor depende de vendernos bien.”

La moda no es otra cosa que el proceso de ansiar con frenesí insaciable un determinado objeto, para asumirlo como inútil inmediatamente después de que su modelo es desplazado por el nuevo. La obsolescencia programada, una variante de la moda pero mucho más rigurosa en su comportamiento, es simplemente la planificación de la vida útil de los objetos por parte del fabricante para hacerlos vigentes solo hasta el instante en que este decida, arbitraria y antojadizamente, que se ha completado su ciclo mercadotécnico.

A ese ritmo perverso debe someterse indefectiblemente el ser humano en el capitalismo, so pena de ser arrollado por la vorágine de la exclusión social y del olvido de la historia. Desde que llega al mundo, todo cuanto tiene que ver con sus necesidades más apremiantes y hasta sus deseos más frívolos estará signado por la demoledora lógica de la moda y del consumismo, en lo cual las más de las veces su poder adquisitivo se verá siempre mermado por el mismo conjunto de factores ideados por el modelo para apropiarse de su dinero; la especulación y la inflación.

Más allá de la naturaleza explotadora del capitalismo, una vez superada esa fase de apropiación de la plusvalía que el trabajador genera, su asalto al ser humano se extiende hasta lo más esencial de la vida de una manera tan absorbente que la convierte ya no en vida sino en tortuosa sobrevivencia. El profesor chileno Alvaro Cuadra sostiene a este respecto en su libro De la ciudad letrada a la ciudad virtual que “El consumismo constituye una nueva habla social que ante la bancarrota de los metarrelatos articula una pluralidad de microrelatos efímeros, no trascendentes y despolitizados, que transforman una ideología en sentido común. El consumismo es un nuevo ethos cultural en que las necesidades impuestas por un orden económico devienen impulsos o deseos.”

El deterioro de la integridad mental del individuo en la sociedad capitalista es acelerado permanente e irremediablemente por el sistema, como si el mismo no fuera sino una pulpa vegetal a la que hay que exprimir hasta resecarla bajo la justificación de una filosofía que se presenta como un dogma religioso de carácter inquebrantable. Sobre esto dice Cuadra en su texto: “Al masificarse los comportamientos mercantilistas –el consumismo- se instala en la sociedad una ilusoria igualdad social; el mercado incorpora en una lógica de conjunción a las más amplias capas de la población. El consumismo no es otra cosa que la consagración de la mitología burguesa y su disolución en lo cotidiano”

De esa manera, todo tipo de mercancía o bienes transables, desde cigarrillos hasta mansiones de lujo, pasando por bebidas, alimentos, prendas de vestir, artefactos eléctricos, vehículos, yates y hasta aviones, se convierten en objetos de culto de un modelo decadente que degrada al ser humano para realizar su aspiración de abarcar cada vez más posibilidades de comercialización.

Por eso, antes que por razón alguna asociada a políticas económicas de gobierno, la fuerza que genera las colas que se dan hoy en Venezuela para acceder a la posibilidad de adquirir a bajo costo los productos y alimentos de primera necesidad, son solo el resultado de la agresión sicológica de la que ha sido víctima la población, que no ha dejado en ningún momento de tener garantizado el subsidio del Estado a esos productos, sino que los mismos han sido secuestrados de manera criminal por las mafias especuladoras que los han sacado del mercado para provocar el alza indiscriminada de precios.

Una perturbación que deriva directamente del más crudo capitalismo, con toda la rigurosidad filosófica de la especulación y de la usura más cruel y salvaje, que lleva a la gente a ansiar con desesperanza mercancías que incluso a veces ni siquiera necesita y que provoca la sensación irrefrenable de que todo pudiera resolverse mediante un cambio de gobierno y no mediante la erradicación del verdadero percance que genera la inclemencia de las colas, como lo es el capitalismo, como en efecto tiene que hacerse cuanto antes.

Por supuesto que deberán tomarse cada vez más medidas de gobierno para contrarrestar los efectos perniciosos de esa vorágine de las compras compulsivas que junto al acaparamiento y la desinversión detonan el ciclo recurrente del desabastecimiento, lo que a su vez desata de nuevo la furia consumista hasta el infinito. Pero eso no bastará.

No bastarán tampoco los certeros golpes contra el contrabando de extracción, ni contra el bachaqueo interno de mercancías como se viene haciendo, así como tampoco la sincera reconvención necesaria de los sectores de la empresa privada que apuestan insensatamente a la alteración del sistema político con el concurso de la presión económica sobre el pueblo.

Ni siquiera será suficiente el acuerdo nacional con los sectores políticos que de manera obtusa colocan la solución del problema en un absurdo cambio de modelo económico que a la larga solo persigue la reinstauración del modelo neoliberal que engendró desde hace décadas toda esta tragedia.

Para acabar con las colas será necesario que las venezolanas y los venezolanos, todos por igual y a una sola voz, sin mezquindades ni cartas marcadas, pensemos en el país y no en revanchismos sectarios y pongamos cada quien desde su propia iniciativa y amor propio todo nuestro esfuerzo y nuestra disposición en pasar la página del delirio consumista que solo conduce a nuestro propio padecimiento y favorecen a las mafias hambreadoras.

No hay otra forma que no sea la de la elevación de la conciencia. Y en eso la revolución tiene una obligación histórica impostergable.

 

@SoyAranguibel

Bachaqueo, desquiciamiento y guerra

IMG_1090La indignidad en la cola

Por: José Manuel Rodríguez R.

Recuerdo las terribles imágenes del tsunami en Japón. No puedo olvidar las largas filas de ciudadanos, de todas las edades, silenciosas y estoicas, esperando su turno para recibir un bollo de pan y un cambur. Luego, con una reverencia de conmovedora dignidad, se retiraban a sus refugios. Un sicólogo ligero diría: se ha conjugado una milenaria cultura del sometimiento con un medio natural inestable y agresivo que hace precaria la vida.

Hace días Eduardo Rothe escribió en Aporrea: Venezuela es una maravillosa y fértil república de llanuras, selvas, ríos y serranías, repleta de riquezas, defendida del mar por una cordillera que corre de este a oeste; sus pobladores son gente alegre, igualitaria y despreocupada… Y continua el camarada: Los venezolanos son serios pero informales, sólo cultivan la perfección donde es obligatoria, en la ciencia y la tecnología, la aviación y la música; en lo demás, cultivan un cuidadoso desorden que da a sus obras y labores, a sus ciudades y servicios, un toque de incompleto…

Sin embargo, siento que faltó, en la lista construida por Eduardo, el adjetivo que explique el amasijo de posesos que hacen colas en los automercados para comprar cualquier cosa por docenas; en Movilnet para adquirir celulares; en Liberty Express para recibir los paquetes encargados a Miami. O que califique las amanecidas frente a Tu casa Bien Equipada para adquirir, de un solo golpe los artefactos eléctricos que antes se compraba a lo largo de varias navidades.

En ninguna de esas colas hay hambrientos, ni resignados a recibir la parte que le corresponde en la igualación de un comunismo imaginario. Lo que abunda son señoras de pelo oxigenado, enloquecidas por su irracional antichavismo, atapuzando sus apartamentos clase media con cientos de productos, que terminan vencidos. Gente del pueblo por miles comprando harina “Pan”, azúcar o leche como si administraran areperas. Colombianos por centenares comprando bultos de champú, jabones o desodorantes como si todos fueran dueños de peluquerías. Y sin duda, guerreros corporativos.

jmrr44@hotmail.com

¡Venezuela hasta en la sopa!

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Por: Jorge Armesto

Tengo que reconocer con vergüenza que yo era uno de tantos españoles que no tenía ni remota idea de la historia de Venezuela. En fin, seamos sinceros, ¿para qué andarnos con tonterías? Ni de Venezuela ni de América Latina en general. Veo una pirámide y yo que sé si es inca o maya. ¿Bolivar? Un indio que nos quitó las tierras. ¿San Martín? Un cura o algo así que sale en el tango Cambalache que cantaba Malevaje. Confundo en el mapa Paraguay y Uruguay. Y Honduras, Panamá, Nicaragua y todos esos…para qué voy a contar. Así todo.

Pero gracias a la prensa española y, especialmente, a El País y su periódico hermano El Mundo, mi burricie empieza a desvanecerse. Cierto es que sobre el resto del continente sigo sin tener ni puta idea pero, ¡ah! ¡Sobre Venezuela! Sobre Venezuela me estoy convirtiendo en una autoridad. No tengo tanto mérito. ¿Y quién no? Hasta el más tonto escribiría una tesis. En la tasca más humilde, los cuatro que juegan al dominó podrían impartir en cualquier parte del mundo una cátedra de estudios venezolanos. Tal es el inabarcable caudal de conocimientos en el que nos han sumergido los periódicos españoles. De hecho, cuando leo estos didácticos artículos empiezo a pensar que son los pobres venezolanos quienes no saben nada de su país en comparación con los españoles. Incluso me aventuro a afirmar que está pronto el día en que los españoles sepan más de Venezuela que de la propia España. Si es que ese día no ha llegado ya.

Qué tiempos aquellos en que vivíamos en la más triste ignorancia sobre nuestro país hermano. A finales de los 80 el gobierno de Carlos Andrés Pérez le entregó el país al FMI. Las medidas “liberalizadoras” trajeron consigo privatización de empresas públicas, congelación de salarios, disminución del gasto público y aumento del precio de productos básicos. Una música conocida. El resultado del empobrecimiento masivo de la población fue el “caracazo”, una revuelta popular que la democracia de Carlos Andrés sofocó provocando una masacre de cerca de 3.500 muertos. En 1996, tras siete años de políticas “reformistas” y según cálculos del Banco Central de Venezuela, el índice de pobreza general era del 54,86% y el de pobreza extrema, el 30,98%. En 2009, tras diez años de gobierno de Hugo Chávez, la pobreza extrema estaba en el 7,20% y la pobreza general en el 28,50% El desempleo en 1999 rondaba el 15%. Diez años después se había reducido a la mitad. Igual reducción que tuvo la mortalidad infantil ¿Pero cómo íbamos a saber algo de esto? Entonces teníamos en España una prensa insensible, eurocéntrica y muy poco atraída por los avatares y desventuras de nuestros hermanos venezolanos. Nada que ver con la actual, cosmopolita y global.

Por supuesto, tampoco entonces nos contaron los turbios asuntillos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez (condenado por malversación y prófugo de la justicia, murió millonario en Miami) con su amiguito el aún más multimillonario venezolano Gustavo Cisneros. Ni nos enteramos mucho de quién demonios era este tío cuyo nombre oímos por primera vez en aquellos tiempos en que el gobierno del PSOE saneó y reflotó Galerías Preciados gastando 48.000 millones de dinero público. Luego vendió la cadena por 1.500 millones al Grupo Cisneros quien, a su vez, la revendió por 30.000 a unos inversores ingleses. Resultado de la operación: -48.000 millones para nosotros +28.500 millones para Cisneros en un abrir y cerrar de ojos. Para los que crean que el PP innova: todo está inventado. La única diferencia es que antes se robaba en pesetas y ahora en euros.

Aquella prensa provinciana tampoco mencionaba que ese mismo Gustavo Cisneros era y es el propietario casi en régimen de monopolio de la mayoría de los medios de comunicación venezolanos que, desde 1999, cuando perdió el poder su compañero de negocios, se declararon ferozmente hostiles al gobierno de Chávez. Esos mismos medios que, aunque constantemente se quejan por la falta de libertad de prensa, participaron activamente en el golpe de estado contra Chávez en 2002 auspiciado por, ¡oh! ¡sorpresa!, José María Aznar. En las horas que los golpistas creyeron triunfar declararon su agradecimiento público a las emisoras de Cisneros. Tampoco El País informaba mucho acerca de que el grupo PRISA era accionista junto a Cisneros de algunas de esas emisoras. Con respecto a la participación de Aznar como uno de los promotores del golpe, El País zanjó el asunto diciendo que “quedó sin aclarar”.

Por suerte para todos, esos tiempos de oscurantismo e ignorancia han pasado a la historia. Y en España de hoy no hay día, y digo bien, ni un solo día, en que las cabeceras más importantes no nos revelen nítidamente la mierda de país que es Venezuela y la permanente desgracia en la que viven sus ciudadanos. Hace algunos meses escribí en estas mismas páginas un artículo sobre la línea editorial de El País con respecto a Podemos. Entonces la campaña de insidias aún estaba empezando y la consulta en la hemeroteca era sencilla. Compadezco al pobre desgraciado que hoy tenga que hacer la misma recopilación. No quiero ni imaginar lo que sería bucear en más de una década de mendacidades de la hemeroteca española sobre Venezuela. Esto desanima al más pintado. Dejo para otros esa gloria. Yo soy un vago y me conformo con mirar simplemente lo que publican en la última semana. Total, para qué más.

Pese a todos los esfuerzos pedagógicos de la prensa española reconozco que mi conocimiento de la realidad política latinoamericana –con la salvedad de Venezuela– es bastante exiguo. Valentín Paniagua, Jorge Battle, Ronald Venetiaan, Bharrat Hagdeo, Lucio Gutiérrez, Sebastián Piñera, Alfredo Palacio, Tabaré Vázquez, Eduardo Rodríguez Veltzé, Federico Franco, Fernando Lugo, Ollanta Humala….¿alguien sabe quién es esta peña? Pues jefes de estado sudamericanos de los últimos 15 años. Quién lo diría, eh. Ni me suenan. Sin embargo, de Nicolás Maduro me sé hasta su talla de calcetines. El Mundo nos dice el día 2 de enero que su popularidad ha descendido hasta el 22%. ¿Poco o mucho? Si lo comparamos con la que tenía Hugo Chávez antes de enfermar, cercana al 60%, poco. Pero si la comparamos con la de Mariano Rajoy, que no llega ni al 14%, tampoco está tan mal. Claro que Rajoy, a pesar de no ser chavista, comparte el record con Hollande de ser el dirigente peor valorado del mundo por sus conciudadanos.

Antes, el 30 de diciembre, El País y El Mundo se escandalizaron por la renovación de algunos miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela. Aunque del funcionamiento del resto de países sudamericanos no sabemos ni palabra, largos artículos hablan sobre estas instituciones venezolanas, así como la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. Por otra parte, nada que no supiese ya cualquier venezuelólogo avezado. ¿Y no resulta que han metido a unos chavistas en estas instituciones? ¡Qué escándalo! En la nación en la que PP y PSOE nombran a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, y estos a su vez nombran a los Magistrados del Tribunal Supremo y a los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, la desvergüenza chavista resulta indignante.

El mismo día 30 El País nos dice que Venezuela es “el segundo país más peligroso del mundo”. ¿Más que Siria? ¿Más que Iraq? No. Se refiere a la tasa de homicidios. Uno se pregunta: ¿Y no se merecería el titular el que va de primero? Los hondureños, que son líderes, no salen ni en la entradilla.

Lo cierto es que Venezuela es un lugar espantoso para vivir: Si ayer nos enteramos nada menos de que han subido los peajes de las autovías, hace menos de una semana descubrimos espantados que había cerrado una famosa heladería. Hacían helados de garbanzos, spaguetti y hasta de cebolla. Un drama. El día 31 de diciembre El País nos dice que Venezuela está en recesión. En otro artículo aparece como un títere de ..¡Cuba!Y es que los tontainas chavistas son más castristas que los propios castristas. Ya en enero, el día 2 El País augura que el país sudamericano será uno de “los perdedores” de 2015 mientras que el 4 le dedica el editorial “El drama venezolano”. El mismo día Maduro está “en la cuerda floja” dos veces. La primera en “El mundo en 2015” y la segunda en el artículo de Bastenier “Cuatro funambulistas en la cuerda floja”. Al menos Maduro tiene el consuelo de que también Putin comparte funambulismo en ambos textos.

El 4 de enero es el “Día de Venezuela” para El País y en otro artículo describe a Maduro como otro “tirano del oro negro” junto a los tiranos de Arabia Saudí, Rusia e Irán. El articulista se cuida muy mucho de distinguirlos de las “democracias petroleras”, esto es México y Brasil. Por cierto que, con respecto a México, no resulta tan fácil encontrar noticias sobre su situación política y la emergencia de MORENA, un partido surgido de los movimientos sociales, que amenaza el bipartidismo corrupto. ¿De qué nos suena esto? Sin embargo la prensa española se cuida muy mucho de hablar de estos asuntos.

El día 5 El País nos cuenta quién gana o pierde con la apreciación del dólar.¿Adivinamos quién palma? Sí, amigos, Venezuela. El mismo día se nos dice también quién pierde con el petróleo barato. Sorpresa: otra vez Venezuela. ¿Y quién más? Rusia y Cuba. Cuba, la pobre, que no tiene petróleo, pierde de rebote. De las dictaduras del Golfo Pérsico, ni palabra. Es de suponer que están que tiran cohetes. El articulista dice que Maduro ha redoblado sus ataques frente “a los que le critican”. Y por si su postura no nos resultase obvia añade: “como yo”. El mismo día 5 nos enteramos de queVenezuela acude a China para pedir créditos y el día 6 es El Mundo el que nos cuenta las “siete plagas de Maduro”. También el 6 sabemos que Ecuador negocia créditos en China. La diferencia de titular es elocuente: Maduro “busca alivio para la crisis” en tanto que Correa “logra 6.300 millones en créditos”. Unos villanos, otros héroes.

En fin, Venezuela hasta en la sopa. Todo esto únicamente en una semana. Es fácil imaginar lo que nos espera en el año de emergencia de Podemos. Pero, ¿por qué ser desconfiados? También podemos imaginar un futuro en el que los ciudadanos seamos iluminados por esta prensa abierta, universal y con tanta sensibilidad hacia países distintos. En que seamos ilustrados por esta prensa que nos eleva al cosmopolitismo desde la burrez cateta en que ahora vivimos. Quizá llegue el día en que se nos cuente que en Papúa Guinea han subido los peajes. O que en Eslovaquia cerró una heladería. Qué precioso reportaje. Queremos conocer esos pequeños dramas que nos pasan desapercibidos. ¿Montenegro pide un crédito a China? Necesitamos saberlo. ¿Qué tal le irá el 2015 a Moldavia y Polonia? ¿A quién han elegido para el Consejo Electoral de Yibuti? Todo nos interesa, ciudadanos planetarios. Empezaron a educarnos con Venezuela porque con alguno había que empezar. ¿Qué otra razón iban a tener?

A fin de cuentas, hombre soy, y nada de lo venezolano me es ajeno.

Tomado de: Prensa Web RNV

Revolución y “posicionamiento”

- Publicado en el Correo del Orinoco el 09 de febrero de 2015 –
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Por: Alberto Aranguibel B.

Concebido para apuntalar las bases del sistema capitalista en el mundo, el medio de comunicación juega hoy un papel determinante en la guerra económica que los sectores empresariales especuladores han desatado contra el país. Su rol en todo esto no es en modo alguno el del entretenimiento ni su función la de llevar información a la ciudadanía.

A través del medio de comunicación se estructura un discurso plutocrático coherente y perfectamente direccionado que no existe ni en la dirigencia de los sectores empresariales ni en los estamentos políticos de la burguesía, carentes como se han evidenciado de una formulación ideológica consistente que le imprima corporeidad, profundidad y alcance a su propuesta de país.

Desarrollado a partir de un manejo altamente eficiente de la planificación estratégica comunicacional, el discurso del medio de comunicación privado cumple objetivos complejos de posicionamiento del mensaje que ni en el ámbito de la derecha ni en el campo de las fuerzas revolucionarias se dominan con tal nivel de destreza y experticia. Las cuantiosas inversiones en recursos y en inteligencia calificada llevadas a cabo desde las grandes corporaciones de la comunicación a través del tiempo, le aseguran una amplia ventaja en el acceso a la mente de la cada vez más creciente población tele espectadora hoy por hoy en el mundo.

Por lo general el análisis del comportamiento de los medios de comunicación en su obcecada pretensión de moldear a su antojo la conducta política de la sociedad suele hacerse desde la óptica estrictamente periodística, dejando de lado el inmenso poder que en la conformación de valores y de códigos culturales afines al modelo hegemónico burgués tiene la herramienta comunicacional, orientados a la construcción de una masa alienada, sumisa y complaciente con la barbarie consumista que desde esas élites se promueve, más que a la simple contención de las fuerzas progresistas que de su ámbito puedan emerger.

Los poderosos mecanismos al servicio de la burguesía dominante suponen un marco ideológico complejo que va mucho más allá de la lógica de la manipulación o tergiversación de la noticia, lo que por supuesto no niega en modo alguno el efecto desmovilizador de la prensa, sino que más bien lo potencia a niveles inconmensurables. En el manejo de ese complejo sistema de construcción y reforzamiento de ideología para la desmovilización, el concepto de “posicionamiento” (en su acepción más estrictamente mercadotécnica) adquiere una relevancia determinante.

En el campo del capitalismo, “posicionar” no es el exitoso alcance o establecimiento como moda de un mensaje específico, ya sea un eslogan de campaña o una idea cualquiera, sino el cambio de conducta favorable a la propuesta que dicho mensaje logre en la mente del receptor. Un concepto completamente diferente al uso militar del término “posesionar” (con el cual suele confundirse la palabra “posicionar”) referido a la conquista de un territorio o una propiedad como resultado del triunfo en la batalla.

En definitiva, posicionar es el proceso de enajenación del individuo mediante la inoculación de ideas, principios o informaciones para predisponerle en un sentido o en otro respecto de los acontecimientos o las ideas que el emisor (la élite burguesa) persiga imponer como verdad. Si la hegemonía se ejerce a través del inmenso poder que generan los medios de comunicación, entonces la capacidad de dominio de la mente de la población no dependerá del manejo de la “verdad verdadera” de los hechos, sino de la fuerza con la cual esa verdad conveniente a los intereses de las élites sea inoculada.

Gramsci hablaba de ello precisando que el control de los sectores dominantes sobre las clases sometidas al modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera, dicho poder sería relativamente fácil de derrocar mediante los votos o con una fuerza armada equivalente o superior al servicio del proletariado. Ese poder, argumentaba, está determinado fundamentalmente por la hegemonía cultural que las clases dominantes ejercen mediante el control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación.

Tal como lo plantea Chomsky “Dado que los medios son un sistema doctrinal actúan conjuntamente con las universidades (…) Hay ahí todo tipo de dispositivos de filtración para deshacerse de la gente que piense de forma independiente y pueda crear problemas. Aquellos de vosotros que hayáis ido a la universidad sabéis que el sistema educativo está muy enfocado a premiar la conformidad y la obediencia; si no haces eso, eres un alborotador. Así pues, es un dispositivo de filtración que acaba produciendo gente que, de forma realmente honesta (no mienten), han internalizado el marco de creencias y actitudes del sistema de poder en la sociedad.”

Por eso una de las luchas más tenaces y de mayor difusión por libertad alguna hoy en el mundo no es la referida al derecho a la vida, a la alimentación o al estudio, sino a la libertad de expresión. Es decir, la libertad de la burguesía para someter e imponerle a la sociedad su particular visión del universo y de la vida, mediante el uso indiscriminado de un avance del conocimiento humano secuestrado por ella para inhibir y neutralizar el natural talante revolucionario del pueblo como lo es el medio de comunicación.

Desde su ampuloso sitial de clase dominante, la burguesía establece que el único modelo aceptable de sociedad es el capitalismo, en el cual las leyes regirán únicamente para el sometimiento del proletariado y el aseguramiento de las libertades más irrestrictas para la empresa privada. Todo lo demás, ya sea en el ámbito de lo político o de lo religioso, que pueda surgir como opción alternativa a ese modelo deberá ser considerado ilegal y atentatorio contra el orden natural de las cosas.

De esa manera, el socialismo será siempre una aberración satánica que atentará contra la vida de la gente, y sus principios de justicia e igualdad social una enunciación de criminalidad brutal y salvaje, sin importar sus logros en obtención de mayor calidad de vida para el pueblo o de sus conquistas en el impulso de bienestar y progreso, siempre y cuando el instrumental mediático que pende de manera permanente sobre la sociedad capitalice de la manera más intensiva el extenso activo ideológico que a través del tiempo haya sido debidamente posicionado en la mente de la gente.

Por eso la demanda más inaplazable de esa élite empresarial es en este momento, en una misma solicitud, la eliminación del control de cambio, la eliminación de la Ley del Trabajo y la eliminación de la regulación de precios. Que en pocas palabras (y sin el más mínimo pudor) significa erradicación de todo vestigio de socialismo y reinstauración automática del viejo y nefasto neoliberalismo que tantos estragos nos causó en el pasado.

Su irresponsabilidad y su naturaleza apátrida se basan en la confianza que tienen en el poder de posicionar sus ideas contra revolucionarias de manera antojadiza, por muy absurdas que resulten. El medio siempre estará ahí para convertir la mentira en realidad y la insensatez en fantasía.

El desmontaje mediático es una tarea de primer orden para la revolución. Pero la construcción de una semántica propia para la liberación, que de el gran salto de lo reactivo a lo propositivo frente al modelo burgués y que nos permita avanzar en el logro de una comunicación verdaderamente revolucionaria, es todavía mucho más urgente para superar los perversos mecanismos de la alienación que nos atan al pasado de opresión y miseria cultural del que procuramos salir.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Vladimir a la 1:” Las colas son producto de la lógica capitalista de la especulación”

El analista Alberto Aranguibel se refirió este miércoles en el programa “Vladimir a la 1″ que transmite Globovisión, a las colas que padece hoy el pueblo en busca de los alimentos y artículos de primera necesidad, considerándolas un fenómeno producto de la lógica capitalista de la especulación y de ninguna manera derivadas de política alguna del gobierno nacional.

Si algo está afectando hoy a la economía -dijo- es la perturbación creada a partir de la guerra desatada por sectores especuladores de la empresa privada que creyeron que con la muerte del Comandante Chávez se podía dar rienda suelta a la desenfrenada elevación de precios que desde ese sector siempre se ha perseguido.

En su reflexión sobre el impacto político que estas colas podrán tener sobre las elecciones de parlamentarios a la Asamblea Nacional este fin de año, el analista expresó su convencimiento del triunfo de las fuerzas revolucionarias “porque el pueblo cada día se da más cuenta de que el verdadero causante de esas colas son los que han desatado esta guerra contra nuestra economía, a la vez que constata que su redentor en medio de este padecimiento es el Presidente Nicolás Maduro”

En estos dos (2) videos la entrevista completa: