Aranguibel en CNN: El contrabando es una forma de capitalismo

En el programa Café CNN con la periodista Glenda Umaña, Alberto Aranguibel habla acerca del funcionamiento del sistema biométrico que ha anunciado el Gobierno de Venezuela como una nueva acción para controlar el contrabando de extracción.

La campaña del terror

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Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com 27 de agosto de 2014

Uno de los rasgos que mejor define al liderazgo opositor (o a lo que pueda quedar de él por ahí), es sin lugar a dudas la desvergüenza con la que asumen su papel en el debate político venezolano, bajo la inmoral premisa de tirar la piedra y esconder la mano.

El yo-no-fui-ismo, común a la cúpula antichavista como norma recurrente de conducta, es ya proverbial en un sector habituado a la condescendencia revolucionaria a la que obligan la naturaleza tolerante del proyecto bolivariano y el carácter humanista del modelo de igualdad y justicia social que el Comandante Chávez promovió en el país desde el primer momento de su aparición en la escena política venezolana a finales del siglo XX.

Un aspecto diferenciador como pocos entre la infinidad de rasgos que distancian de manera diametralmente opuesta al liderazgo opositor con la forma en que se asume la conducción política en las filas revolucionarias es sin lugar a dudas el sentido de la responsabilidad. Ese mismo sentido que determinó desde un primer momento el inusual e indetenible crecimiento del liderazgo político del Comandante y que lo convirtió no solo en Venezuela sino en el mundo entero en una referencia de rectitud y lealtad a los principios que le inspiraron y que perfiló en todo momento su actuación como luchador consecuente con su palabra y con su comportamiento público.

Algo verdaderamente difícil de encontrar en el liderazgo opositor, que pareciera jactarse de su conducta evasiva y contradictoria sobre los asuntos por los cuales le corresponde responderle a ese sector de la sociedad que, en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, decide no militar en la causa revolucionaria y prefiere intentar abrirle cause a su visión del país desde una posición neoliberal o de derecha. Llega a ser tan persistente la conducta ambigua y evasiva del liderazgo opositor frente a los temas de interés nacional, que queda perfectamente claro que, más que deficiencia o muestra de mediocridad en la capacidad política de la MUD, de lo que se trata en el fondo es de una expresión de perversa maquinación para utilizar al pueblo de la manera más inmisericorde, usando siempre la necesidad, el hambre y el dolor de la gente para alcanzar el poder y colocarlo de nuevo al servicio precisamente de los intereses de quienes generaron en el pasado esa miseria, esa hambre y ese dolor que hoy con tanto esfuerzo supera el país gracias a la revolución.

De ahí la inmoralidad de ese siniestro personaje en que se ha convertido el dirigente de Primero Justicia, Henrique Capriles, derrotado como candidato y como jefe de campaña de toda la oposición en los cuatro procesos electorales más importantes de nuestra historia reciente, en los que en apenas un año y medio fue derrotado en dos procesos electorales para elegir Presidente de la República, uno para elegir Gobernadores y otro para escoger Alcaldes y Concejales, quien se ha dedicado ahora a recorrer de manera extemporánea el país en una absurda campaña electoral para tratar de sumar adeptos a una causa que no pareciera ser ninguna otra que la del terrorismo guarimbero.

No hay en este momento declarado periodo alguno de campaña, simplemente porque las elecciones que manda nuestra Constitución ya se realizaron (muy a pesar de quienes desde las filas opositoras coquetean con el golpismo) y porque la gente quiere que así como se respetan en el mundo entero los periodos electorales, también deben respetarse los no electorales para que el país pueda seguir su curso normal de trabajo en la construcción de su porvenir. Como en toda democracia avanzada en el mundo, Venezuela tiene derecho a disfrutar en paz de sus periodos no electorales; no todo es campaña electoral y elecciones, como quiere hacernos creer esa obtusa e inepta dirigencia opositora.

Por eso, la única explicación de la campaña de Capriles por el país, justamente en momentos en que el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está enfrentando con tenacidad, coraje y mucha eficiencia, la crisis y las expresiones de terrorismo a los que nos ha querido llevar esa misma derecha irresponsable que el fracasado dirigente opositor representa, es que su propósito es el de alentar la conspiración fascista que se esconde tras la fachada de la supuesta lucha social que esos sectores dicen encarnar.

Obviamente para esa tozuda oposición la desestabilización es una oportunidad sin importarle para nada el padecimiento y el dolor por las muertes que por lo general sus acciones terroristas generan, ni mucho menos el daño en términos de pérdidas cuantiosas de recursos que le ocasionan al país con su terco empeño en torcer antojadizamente la voluntad popular.

Que quede claro; si Capriles, en vez de atender sus obligaciones como Gobernador, está recorriendo el país fuera de periodo alguno de campaña, proclamando al mundo su infamante y provocador discurso incendiario contra el Gobierno legítimamente electo, además de darle argumentos alentadores al terrorismo para reincidir en la violencia, está incurriendo inequívocamente en instigación al delito y a la rebelión. Delitos ambos contemplados en la Constitución, de los cuales seguramente dirá luego, como siempre, “yo-no-fui”.

 

@SoyAranguibel

Barbaries de un capitalismo biométrico

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Por: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 25 de agosto de 2014

En 1983, en una escena de la película “Nunca digas nunca jamás”, en la que el actor Sean Connery interpreta por última vez al legendario James Bond, un ridículo capitán de la fuerza aérea norteamericana, interpretado por el actor irlandés Gavan O’Herlihy, incursiona subrepticiamente en una inexpugnable base militar de la OTAN, con la finalidad de sustraer los códigos secretos de los lanza misiles que pueden acabar en un dos por tres con las fuerzas enemigas de cualquier nación. El medio utilizado para burlar los sistemas de seguridad de la base es una sorprendente imitación de la huella ocular del presidente de los Estados Unidos, que el capitán lleva en su ojo gracias a la más avanzada tecnología biométrica concebida por la ciencia ficción hasta aquel momento.

En 2006, en la revista internacional Journal of Biometrics se explica cómo la ciencia ficción se convierte progresivamente en un hecho real que impacta la vida del ser humano a lo largo y ancho del planeta, a medida que se van incorporando técnicas cada vez más impensables y sofisticadas como el sistema biométrico de seguridad basado en el movimiento de los ojos que estaría siendo desarrollado desde hace más de dos décadas por científicos finlandeses. De acuerdo a los especialistas, “el patrón de movimientos sacádicos es tan único como una huella digital o el iris pero más fácil de grabar y por tanto de proveer una alternativa a la tecnología de la identificación biométrica.” (1)

Ya en 2005, como parte de la guerra antiterrorista desatada por los Estados Unidos a raíz de los atentados del Word Trade Center en 2001, la administración Bush conminaba a la Unión Europea a adoptar sistemas biométricos de identificación en aeropuertos con el argumento de “La Ley es la Ley y estamos obligados a ella”. Así lo dijo entonces al congreso norteamericano el vicesecretario de Estado Robert Zoellick en relación a la solicitud de prórroga que pedía la comisión Europea para la implantación de dichos sistemas, la cual, sin embargo, argumentaba a su vez que “La biometría va a contribuir a hacer las fronteras de Europa más seguras; facilitará el paso de fronteras y reforzará la fiabilidad de los documentos de identificación, contribuyendo así a la creación del espacio europeo de justicia, libertad y seguridad”. (2)

Los pasaportes biométricos, los escáner de cuerpo y las captahuellas en millones de instituciones públicas y privadas, bancos, universidades, colegios, bibliotecas, centros comerciales, clubes, restaurantes, son hoy en día una realidad ineludible que impacta la vida cotidiana del ser humano hasta en el último rincón del planeta, sin que haya habido convulsión social que la obstaculizara siquiera. La oposición en su momento de algunas ONG’s a la implantación de los escáner de cuerpo en los aeropuertos aduciendo razones de derecho a la intimidad, no pasó de ser para la mayoría de la opinión pública mundial una simple expresión de conservadurismo por parte de una minoría vergonzosa que a la larga, ante el avance de la modernidad que el proyecto comprendía, desistió de su empeño obstruccionista.

Hoy el sector de la computación y de las comunicaciones, emprende su más ambiciosa evolución desde los tiempos de la introducción del celular inteligente como instrumento de apoyo multiplataforma en la vida de la gente, adentrándose en la era de la biométrica como fórmula de solución al inmenso percance de la sustitución de personalidad y la violación de la privacidad que se ha dado en el mundo gracias a la fragilidad del convencional sistema de identificación mediante contraseña alfanumérica hasta hoy utilizada en internet. A partir de ahora, la mayoría de las grandes corporaciones relacionadas con el uso de información vía web, como Apple, IBM, Google, Samsumg, Intel, y Sony, entre muchas otras, orientan progresivamente sus tecnologías hacia la incorporación de novedosos sistemas de identificación biométrica en sus equipos, como los más seguros que la ciencia haya desarrollado jamás. Desde el lanzamiento hace más de un año de su modelo 5-S, el Iphone de Apple incluye una modalidad de desbloqueo mediante reconocimiento de la huella dactilar. Algo que ya están siguiendo la mayoría de las grandes marcas de celulares y dispositivos inteligentes. En cada caso, todas esas innovaciones han sido recibidas por el público como un fabuloso avance, en virtud de lo cual jamás ninguno de ellos ha merecido críticas o cuestionamientos de ninguna naturaleza.

La oposición venezolana, en su ya proverbial desatino para la comprensión de la realidad y del curso de la historia, se rasga ahora las vestiduras en protesta por la implantación en el país de un sistema biométrico en los establecimientos de comercialización de alimentos y bienes de consumo masivo.

En el pasado, esa misma oposición luchó a muerte contra avances que el mundo entero incorporaría sin complicaciones de ningún tipo, como la sustitución de bombillos incandescentes por ahorradores, que varios años después de ser implantados en Venezuela eran incorporados masivamente en Europa y otras partes del mundo por exactamente las mismas razones por las que lo hacíamos en nuestro país. Luego de varios años, la comunidad científica advierte sobre la conveniencia de una nueva tecnología mucho más eficiente y preservadora del medio ambiente, la de los bombillos LED (3) a los que Venezuela se incorpora de inmediato, y el mismo sector opositor que antes se opuso a la adopción del bombillo ahorrador, se niega a abandonarlos y a aceptar el avance que comprende este nuevo avance. Lo mismo hicieron con la instauración de un sistema biométrico para asegurar la transparencia en los procesos electorales, como lo vienen instaurando cada vez más naciones con sistemas electorales avanzados, en lo cual la fuerza de su rechazo absoluto era solo equivalente a la descabellada defensa que del mismo hicieron años después acusando al gobierno revolucionario (que promovió siempre la implementación del mismo) de querer confundir a la población con el uso del captahuellas.

Una contradicción persistente en el discurso opositor que consiste en repudiar todo cuanto consideran perverso del socialismo, aplaudiendo a la vez lo exactamente equivalente en el mundo capitalista. Como eso de acusar de tiránico al gobierno del Presidente Maduro por su propuesta de instalar un sistema biométrico para combatir tanto el contrabando de extracción como el contrabando interno (o bachaqueo), siendo, como lo es, un sistema idéntico al concepto bancario de la tarjeta de crédito, que no es otra cosa que una credencial que contiene los datos del titular para ser usados a la hora de cancelar sus compras en la verificación de si está o no capacitado para efectuar dicha transacción. Solo que en este caso, por tratarse de un instrumento bancario, es decir; capitalista, no es en modo alguno incómodo para ningún opositor.

El argumento según el cual el mecanismo vendría a ser “una forma de racionamiento al estilo cubano”, desconoce que en Cuba jamás ha habido un sistema biométrico como sí lo hay hoy en casi todos los establecimientos en los que se requiera identificación personal en el mundo capitalista, y que el supuesto racionamiento de aquel entonces no fue sino la brillante respuesta de un pueblo inteligente y profundamente revolucionario al criminal bloqueo del imperio norteamericano contra la isla durante el llamado “período especial” para garantizar la alimentación del pueblo de manera justa y equitativa.

Queda claro una vez más que la lógica de la derecha venezolana no es precisamente la del sentido común, ni mucho menos la del sentido de la evolución de la historia. Para un sector tan neófito e insensato como ese, todo avance será siempre un peligro o una violación de las leyes naturales del universo.

@SoyAranguibel

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Fuentes:
(1) El movimiento de los ojos podría utilizarse como método biométrico de identificación
(2) Pasaportes biométricos exigidos por EEUU y los problemas con la Comisión Europea
(3) Adiós a los bombillos incandescentes en Europa

Aranguibel pide que no se “sobredimensione” el cambio de gabinete: es un asunto “tradicional”

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(Caracas, 20 de agosto – Noticias24).- El analista político Alberto Aranguibel ofreció en Noticias24 TV un análisis sobre el impacto que podría ocasionar al país un cambio en el gabinete en el Ejecutivo, luego de que los ministros pusieran este lunes a disposición sus cargos para que el presidente Nicolás Maduro proceda a una reorganización gubernamental.

Aranguibel planteó que “no se debe sobredimensionar un asunto que es de uso tradicional en ese tipo de instancia de gobierno… es una medida sana que se toma en un momento determinado en un consejo de ministros para, precisamente, facilitar las eventuales decisiones que quisiera tomar el presidente de la República”.

Añadió que esta medida no significa que exista una crisis, sino que busca facilitar el proceso de revisión de las estructuras del Estado emprendido por el Presidente. En este sentido, destacó que no se puede tomar este hecho como que “los ministros están renunciando para crear una crisis en el Gobierno”, sino que, por el contrario, son estos unos ministros que han demostrado una clara “vocación y una capacidad de entrega que el país entero ha visto”.

Aseguró que una prueba de esto se evidencia en las actividades del Gobierno de Eficiencia en la Calle y señaló que el gabinete ministerial debe ser reconocido por “su altísimo nivel de compromiso con la patria, con la búsqueda del bienestar de toda la sociedad”.

Aranguibel añadió que “ha sido muy dura la tarea de los ministros, a quienes hemos visto en todo el territorio nacional trabajando día y noche… y por supuesto, enfrentando esta guerra que se ha lanzado, que se ha volcado contra el país por parte de los sectores privados de la economía que han querido sacar provecho de la ausencia del comandante Chávez para tratar de desequilibrar al Gobierno”.

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Alberto Aranguibel propone que el Estado asuma el “control absoluto” de las importaciones

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(Caracas, 20 de agosto. Noticias24) – El analista político Alberto Aranguibel estimó hoy que la solución a los problemas económicos del país pasa porque el Estado asuma el “control absoluto” de la importaciones.

“Salir de la crisis (económica), a la que hoy se le añade un componente adicional como lo es la cultura del bachaqueo o contrabando interno como forma de vida, llama a aplicar la fórmula que aplicó el comandante Hugo Chávez en los años 2002, 2003 y 2004, cuando asumió la responsabilidad de convertirse (el Estado) en importador directo de los productos de primera necesidad que estaban escaseando en aquel brutal y salvaje golpe contra la revolución bolivariana”, dijo en una entrevista exclusiva para Noticias24 TV.

“Eso es lo que nos puede salvar en este momento: que el Estado asuma el control absoluto de las importaciones, porque además, contrario a lo que era hace 15 años,el Estado es hoy en día un Estado que cuenta con la más grande red de comercialización de alimentos, de bienes y servicios”, añadió en referencia a las cadenas de Abastos Bicentenario, Pdval y Mercal.

En tal sentido, explicó que en Venezuela ya hay experiencias “exitosas” de importación directa, y puso como ejemplo a las cooperativas que venden, sin intermediarios y a menor costo, repuestos para el sector del transporte público en Aragua y otros estados.

Esta modalidad permitiría, aseguró, eliminar dos de los principales problemas de la economía venezolana: el manejo ilegal de la divisas para “generar especulación inflacionaria” y el alza de los costos de los productos básicos.

“No hay, por la vía del capitalismo, solución a los problemas de la sociedad. Ni en Venezuela ni en el mundo”, zanjó.

Modelo capitalista, gestor de la crisis

Aranguibel aseveró que es el modelo capitalista el gestor de la actual crisis económica,y que expresiones como el “bachaqueo”, impulsadas por el ciudadano común, son un fiel reflejo de las perversiones a las que lleva a la sociedad ese modelo.

“En Venezuela lo que está generando un percance es el modelo capitalista, lo que estamos viendo nosotros como distorsiones, son, primero, estar en un escenario capitalista. La economía de Venezuela no ha dejado de ser capitalista, está transitando hacia la construcción de un modelo socialista, pero no hay en modo alguno, todavía, un poder popular controlando los factores de producción como plantea un modelo cabalmente socialista”, dijo.

Indicó que en el país “lo más grave no es hoy un problema de desabastecimiento”, sino en buena medida una “percepción” creada desde hace meses por los medios y por la dirigencia opositora, que impide que la gente reconozca los esfuerzos y avances del gobierno en la lucha para contrarrestar la guerra económica.

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