Nueva columna en nuevo medio

A partir de este miércoles 23 de julio de 2014, el portal NoticiasBarquisimeto.com ofrece en su sección de opinión la columna Sin Tapujos, que estaremos entregando de manera semanal como aporte a esa novedosa iniciativa comunicacional venezolana del estado Lara para el mundo. Les invitamos a visitarnos haciendo click en la imagen.

not_barq

Extendiendo la guerra del gas en el Levante

- Después de 3 años de guerra contra Siria, los «occidentales» extienden deliberadamente su ofensiva a Irak y también a Palestina. Tras las aparentes contradicciones políticas entre partidos religiosos y partidos laicos, fuertes intereses económicos constituyen la verdadera explicación de esta estrategia. En el Levante, son muchos los grupos que han cambiado repetidamente de bando. Pero no debemos perder de vista que los yacimientos de gas siguen en los mismos lugares -

gas palestina

Por: Thierry Meyssan

Como toda guerra implica la formación de una coalición, es muy natural que persiga múltiples objetivos ya que debe satisfacer los intereses particulares de cada miembro de la coalición.

Desde ese punto de vista, los combates que actualmente sacuden Palestina, Siria e Irak tienen como común denominador el hecho que los dirige un bloque que Estados Unidos ha organizado en contra de los pueblos que se le resisten y también que trata de concretar su plan de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (Great Middle East) y de modificar el mercado mundial de la energía.

Sobre este último punto, dos cosas pueden cambiar: el trazado de los gasoductos y oleoductos y la explotación de nuevos yacimientos [1].

La guerra por el control de los pipelines en Irak

Desde el inicio de la guerra contra Siria, la OTAN ha estado tratando de cortar la vía de abastecimiento Teherán-Damasco (NIORDC, INPC) para favorecer corredores de circulación que permitan llevar hacia la costa siria tanto el gas de Qatar (ExxonMobil) como el de Arabia Saudita (Aramco) [2].

Un paso decisivo se concretó con la ofensiva emprendida en Irak por el Emirato Islámico, que dividió el territorio iraquí casi de arriba abajo dejando a Irán de un lado y del otro a Siria, Líbano y Palestina [3].

Este visible objetivo determina quién venderá su gas en Europa y, en dependencia del volumen del abastecimiento, a qué precio podrá venderlo. Eso basta para explicar la implicación de los 3 principales exportadores de gas (Rusia, Qatar e Irán) en esta guerra.
La guerra por la conquista del gas sirio

La OTAN ha agregado un segundo objetivo: el control de las reservas de gas del Levante y su posterior explotación. Todo el mundo sabe desde hace décadas que el sur del Mediterráneo encierra grandes yacimientos de gas natural –localizados en las aguas territoriales de Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Siria, Turquía y Chipre. Pero sólo los «occidentales» sabían desde 2003 cómo estaban repartidos esos yacimientos y cómo se extendían bajo la plataforma continental.

Como reveló en aquel momento el profesor Imad Fawzi Shuebi [4], una compañía noruega llamada Ansis realizó legalmente en Siria un trabajo de medición del país en cooperación con la compañía petrolera nacional. Ansis trabajó también con otra compañía –igualmente noruega– llamada Sagex. Ambas compañías noruegas sobornaron a un responsable de los servicios secretos, realizaron secretamente una serie de investigaciones tridimensionales y descubrieron la increíble importancia de las reservas sirias de gas, que resultaron ser incluso más grandes que las de Qatar.

Posteriormente, Ansis pasó a ser propiedad de Veritas SSGT, una compañía franco-estadounidense con sede en Londres. Los datos que había recogido fueron revelados de inmediato a los gobiernos de Francia, Estados Unidos, Reino Unido e Israel, que rápidamente establecieron una alianza para destruir Siria y robar el gas de ese país.

En 2010, Estados Unidos confió a Francia y al Reino Unido la tarea de recolonizar Siria. París y Londres formaron entonces una coalición que designaron con el nombre de «Amigos de Siria». Esta coalición conformó un «Grupo de Trabajo para la Reconstrucción Económica y el Desarrollo» que se reunió, en mayo de 2013, en los Emiratos Árabes Unidos, bajo la presidencia de Alemania [5]. Unos 60 países se repartieron entonces el pastel que todavía no habían conquistado. Por supuesto, la mayoría de los países participantes en aquel encuentro ignoraban lo que habían descubierto las compañías Ansis y Sagex. El Consejo Nacional Sirio estaba representado en aquel grupo de trabajo por Osama al-Kadi, ex responsable en British Gas de la aplicación de las estrategias militares al mercado de la energía.

No fue hasta el verano de 2013 que el gobierno sirio tuvo conocimiento de los descubrimientos de la Ansis y la Sogex, lo cual le permitió comprender cómo había logrado Washington montar la coalición que estaba tratando de acabar con el Estado sirio. A partir de aquel momento, el presidente sirio Bachar al-Assad ha firmado varios contratos con empresas rusas con vistas a la futura explotación del gas sirio.

El gas en Israel, en Palestina y en Líbano

Por su parte, British Gas exploraba las reservas palestinas. Pero Israel se oponía al inicio de su explotación por temor a que los palestinos utilizaran los ingresos para comprar armas.

En julio de 2007, el nuevo enviado especial del Cuarteto (ONU, Unión Europea, Rusia, Estados Unidos) Tony Blair negoció un acuerdo entre palestinos e israelíes, acuerdo que debía permitir la explotación de los yacimientos Marine-1 y Marine-2, en las aguas territoriales de Gaza. El entonces primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, aceptó que British Gas depositara los ingresos de la Autoridad Palestina en una cuenta bancaria bajo control de Londres y Washington para garantizar que esos fondos se destinaran al desarrollo económico.

En aquella época, el ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas israelíes, general Moshe Ya’alon, publicaba en el sitio web del Jerusalem Center for Public Affairs un estruendoso artículo donde observaba que el acuerdo negociado por Tony Blair no resolvía el problema ya que, en definitiva, el Hamas acabaría teniendo acceso a una parte de aquel dinero mientras estuviese en el poder en Gaza. El general Ya’alon concluía que la única manera de garantizar que los ingresos del gas palestino no financiaran la Resistencia sería emprender «una operación militar global para arrancar de raíz el Hamas de Gaza» [6].

En octubre de 2010 las cosas se complicaron aún más cuando Noble Energy Inc. descubrió un mega yacimiento de gas offshore, el Leviathan, que abarca parte de las aguas territoriales israelíes y libanesas. El Leviathan venía a agregarse al yacimiento Tamar, descubierto en 2001 por British Gas en aguas israelíes [7].

El Líbano, por iniciativa del Hezbollah, presentó de inmediato el caso a la ONU e hizo valer sus derechos de explotación. Pero, ignorando las protestas libanesas, Israel comenzó a explotar unilateralmente el gas de los bolsones que abarcaban las aguas de ambos países.

La guerra por el gas palestino

La actual ofensiva de Israel contra la franja de Gaza tiene varios objetivos. En primer lugar, el Mossad organizó el anuncio del secuestro y asesinato de 3 jóvenes israelíes para impedir que el parlamento adoptara una ley que prohibiría la liberación de «terroristas» [8]. Y posteriormente, el general Moshe Ya’alon, hoy ministro de Defensa, utilizó ese pretexto para desatar una ofensiva contra el Hamas, aplicando así su análisis de 2007 [9].

El nuevo presidente de Egipto, general Abdel Fattah al-Sissi, contrató como consejero a Tony Blair, quien sin embargo no ha creído necesario renunciar a sus funciones como representante del Cuarteto [10]. Prosiguiendo la defensa de los intereses de British Gas, Blair sugirió entonces una «iniciativa de paz» totalmente inaceptable para los palestinos, iniciativa naturalmente rechazada por los palestinos pero aceptada por Israel. Es evidente que el objetivo de esa maniobra es proporcionar al ejército israelí la oportunidad de «arrancar de raíz el Hamas de Gaza». Y no es casual que el salario que recibe Tony Blair como consejero del presidente egipcio no proceda del presupuesto egipcio sino de las arcas de los Emiratos Árabes Unidos.

Como de costumbre, Irán y Siria han aportado su respaldo a la Resistencia palestina (la Yihad Islámica y el Hamas), demostrando así a Tel Aviv que pueden hacerle pagar en Palestina el daño que Israel les ha hecho en Irak a través del Emirato Islámico y del clan kurdo de los Barzani.

Lo único que permite llegar a una comprensión correcta de los acontecimientos es su lectura bajo el ángulo de los intereses en materia de control de las fuentes de energía ya que –desde el punto de vista político– no es de interés para Israel destruir el Hamas, movimiento a cuya creación contribuyó para debilitar a al-Fatah. Tampoco es interés de Siria ayudar el Hamas a resistir, tratándose de un movimiento que se alió con la OTAN y que ha enviado yihadistas a luchar contra el Estado sirio. La fase de la «primavera árabe», destinada a poner la Hermandad Musulmana en el poder en todos los países árabes, ha quedado atrás y no debemos olvidar que el Hamas no es otra cosa que la rama palestina de esa cofradía.

En definitiva, el imperialismo anglosajón actúa siempre en función de las ambiciones económicas que él mismo impone sin importarle las lógicas políticas locales. Lo que define de forma realmente duradera las fuerzas que conforman la dinámica del mundo árabe no es la diferencia entre partidos religiosos y laicos sino el hecho de estar en el bando de quienes colaboran con el imperialismo o en el bando de quienes han optado por la resistencia.
—————–

[1] «La guerra en Siria: ¿una guerra por la energía?», por Alexandre Latsa, RIA Novosti / Red Voltaire, 19 de septiembre de 2013.

[2] «Yihadismo e industria petrolera», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 23 de junio de 2014.

[3] Ese objetivo no es nuevo. Ver: «Siria: la OTAN apunta al gasoducto» y «Siria: la carrera por el oro negro», por Manlio Dinucci, Il Manifesto / Red Voltaire, 13 de octubre de 2012 y 2 de abril de 2013.

[4] Syrie: 10 ans de résistance, emisión de televisión en 6 capítulos, concebida y producida por Thierry Meyssan, transmitida por la televisión satelital siria en junio de 2014. La versión disponible a través de internet está enteramente en francés o subtitulada en francés, exceptuando algunas intervenciones del general estadounidense Wesley Clark, del analista mexicano Alfredo Jalife y del general ruso Leonid Ivashov. Por otra parte, el profesor Shueibi ya había ofrecido un esbozo de la cuestión, antes de tener información sobre los descubrimientos de las compañías Ansis y Sagex, en el trabajo titulado «Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente», por Imad Fawzi Shueibi, Red Voltaire, 13 de mayo de 2012.

[5] «Les “Amis de la Syrie” se partagent l’économie syrienne avant de l’avoir conquise», por German Foreign Policy, Horizons et débats / Réseau Voltaire, 14 de junio de 2012.

[6] «Does the Prospective Purchase of British Gas from Gaza Threaten Israel’s National Security?», por el teniente general (retirado) Moshe Yaalon, Jerusalem Center for Public Affairs, 19 de octubre de 2007. «Ya’alon: British Gas natural gas deal in Gaza will finance terror», por Avi Bar-Eli, Haaretz.

[7] «¿Se modifican las cartas geopolíticas en la cuenca del Levante e Israel?», por F. William Engdahl, Red Voltaire, 3 de junio de 2012.

[8] «El jefe del Mossad había vaticinado el secuestro de los tres jóvenes israelíes», por Gerhard Wisnewski, Red Voltaire, 11 de julio de 2014.

[9] «IDF’s Gaza assault is to control Palestinian gas, avert Israeli energy crisis», por Nafeez Ahmad, The Guardian, 9 de julio de 2014. «Gaza: el gas en la mirilla», por Manlio Dinucci, Il Manifesto/Red Voltaire, 18 de julio de 2014.

[10] «Tony Blair será consejero económico del presidente egipcio al-Sissi», Red Voltaire, 3 de julio de 2014.

Fuente: Voltairenet.org

Aviones, medios y misiles

malaysia-airlines copia

Por: Alberto Aranguibel / Coreo del Orinoco, 21 de julio de 2014

El ataque de bandera falsa es tan antiguo como la guerra misma. Una fórmula innoble que persigue desarmar al enemigo suplantando su ejército, sus aperos o sus instalaciones, para esconder bajo un manto amable las verdaderas intenciones de acabar en forma cruel e inhumana con cuanto vestigio de vida pueda haber en el bando contrario, sin correr ni con los riesgos del combate directo ni con el costo de la culpabilidad o el escarnio público.

Es el logro de la cobardía llevada a su máxima expresión. En el ataque de bandera falsa no hay (ni puede haber) confrontación cuerpo a cuerpo porque ello supondría para los atacantes tener que atentar contra sí mismos. O entre los del bando atacado, al menos, lo cual develaría la falsedad del ataque y lo convertiría en una operación absurda y sin sentido. Por eso sus acciones son siempre actos terroristas, aquellos que provocan destrucción y muerte sin ninguna conmiseración, acabando por lo general con vidas inocentes que en nada participan de la guerra.

Persigue, además de la muerte, achacar al enemigo la responsabilidad de las acciones terroristas que los impostores ejecutan, para así justificar la violencia con la que se les responda, y alcanzar a la vez el logro del reconocimiento público, obtenido de manera fácil y gratuita. Su único costo es la capacidad de engaño del atacante. La mentira es así el instrumento de guerra de un ejército impostor, que armado con el debido cinismo ataca con una fuerza que no surge de sus propias condiciones físicas o de dotación bélica, sino de su capacidad de fuego a través de la herramienta que potenciará su operación hasta lo infinito llevándola hasta cada rincón del planeta a través de las ondas hertzianas en forma de imágenes y sonidos que impactarán la mente de los seres humanos sin necesidad de levantarlos siquiera de sus poltronas o apartarlos de la fabulosa pantalla de televisión con la que alimentan cada vez más el alma y la conciencia los televidentes del mundo entero.

Verdaderos cañones de alto poder en la nueva era del ataque de bandera falsa, los medios de comunicación han pasado a cumplir un rol decisivo en las posibilidades de convencimiento que necesitan los ejércitos impostores para hacer realidad irrefutable sus acciones terroristas de bandera falsa. “Ponga usted las noticias, que yo pongo la guerra”, es probablemente la constatación más cruda de la historia de cómo un ataque de bandera falsa puede llegar a ser un activo valioso para los perros de la guerra, para quienes el saldo de muerte no significa nada frente al rédito en dinero que tales ataques pueden llegar a producir. Es la frase de un magnate sin escrúpulos de ningún tipo, cuya inmoralidad en la búsqueda de su grandeza como editor de periódicos lo hizo alcanzar la gloria de la pantalla grande en la legendaria y monumental obra de Orson Welles que recreaba su vida.

Fue así como se supo que los medios de comunicación podían desempeñarse ya no solamente como instrumentos al servicio de los intereses de los sectores hegemónicos que desde siempre procuraron la imposición al mundo de su modelo de dominación mediante la violencia de los poderosos sobre los oprimidos. Ellos, los poderosos, fueron los que necesitaron del terror y la desolación que ocasionan las guerras, apelando cada vez que fuese necesario a sus despropósitos a las trampas más viles que la humanidad haya conocido.

hearst_2

 – Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en 1936 en sus periódicos la realidad usando textos y fotos tomadas en 1931 de muertes en Ucrania producto de una severa ola de hambre y frío, para atribuírselas a Rusia, luego de un acuerdo de servicio que le contratara Hitler en persona en 1935 -

hearst_1

El afán de Hearst por la manipulación de los hechos noticiosos para convertirlos en noticias escandalosas no se detuvo con la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la isla de Cuba, con la cual acuñó aquella proverbial filosofía amarillista de la prensa, sino que se prolongó cada vez con mayor intensidad con su recurrente intromisión en las dos guerras que sacudieron al mundo en la primera mitad del siglo XX, ayudando como asesor de imagen, primero de las llamadas fuerzas aliadas y luego de los nazis, en contra de la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y utilizando sus medios de comunicación como armas de guerra.

Para falsear la realidad de los acontecimientos en Europa, Hearst envió en 1936 como corresponsal de guerra al viejo continente a un impostor que se hacía pasar por periodista, Tomas Walker, para inventar horrendas historias de crímenes supuestamente cometidos por Rusia contra la población civil de Ucrania, utilizando datos y fotografías que no se correspondían con los hechos que sus medios impresos describían.

Desde entonces, el ataque de bandera falsa, así como la guerra en general, se ha amparado en el poder de penetración y convencimiento de los medios de comunicación sobre la sociedad para cumplir con el objetivo de inculpar a los pueblos por los desmanes que en su propio nombre los terroristas y los perros de la guerra cometen. Con tal propósito, los sectores dominantes han impedido desde siempre todo intento de democratización  de los medios de comunicación bajo su poder. Nada es más valioso para la hegemonía de los poderosos que esa maravillosa creación del ser humano que permite convencer a las masas, cada vez más cautivas, a la vez de hacer dinero y perpetuar al más bajo costo su modelo.

La filosofía de Hearst (que algunos insisten en vender como de Goebbles, habiéndose comprobado ya con suficiencia la falsedad de la especie que atribuía al ministro nazi la creación del modelo de propaganda basado en la mentira) es la que evoluciona hasta nuestros días a través de todos los medios radioeléctricos, audiovisuales, electrónicos e impresos, conocidos, hasta convertir la realidad en un hecho definitivamente incierto e incomprobable, donde jamás es posible determinar a ciencia cierta la veracidad de los acontecimientos, ni su autoría o su ejecución. Ni se tendrá entonces conciencia exacta de su costo o significación verdadera. Habrá solo una percepción colectiva que responderá siempre a los mismos intereses de quienes controlan la producción de la noticia. Es decir, de los mismos sectores hegemónicos que de forma confabulada deciden siempre el escenario y los protagonistas de la muerte y con ello el subsecuente logro de la heroicidad de los guerreros que la causan.

La pelea hoy no es solo por el botín de las riquezas o los territorios asaltados por las guerras, sino por la conquista de las mentes de aquellos que por miles de millones asisten de manera pasiva al deslumbrante espectáculo de las invasiones y los genocidios en vivo y en directo a través de las pantallas de televisión, sin lo cual (y en virtud del talante revolucionario de los pueblos) será cada vez más difícil el saqueo de las naciones.

De ahí que la verdad sobre la autoría del disparo de un misil contra un avión de pasajeros civiles sobre Ucrania, no sea para el televidente promedio relevante. Como no lo fue tampoco descubrir que no hubo jamás amenaza alguna de armas de destrucción masiva en Irak, ni producción de  bombas atómicas en Irán, ni masacres por parte de los gobiernos de Libia o de Siria sobre el pueblo, ni de la Revolución Bolivariana sobre los estudiantes. Probablemente tampoco hubo jamás ben Laden alguno en las montañas de Afganistán o de Paquistán. Y quizás la segunda guerra mundial la hayan ganado los rusos y no los marines norteamericanos, como nos lo vende Hollywood, ni el Apollo 11 llegó jamás a la luna, como hasta los mismos Donald Rumsfield y Henry Kissinger han reconocido hace poco públicamente.

Por eso nadie sabrá jamás si ese misil que derribó el avión de Malaisia Airlanes fue en verdad ordenado por Kiev o por Moscú. Pero el mundo tenderá a pensar lo que le dicten desde su pantalla. Es la horrenda dialéctica de la comunicación en el capitalismo, que hace que la realidad no exista si no aparece en los medios. Y que si aparece, procurará siempre ser la que decidan de manera antojadiza y arbitraria los dueños de medios, a quienes nadie ha elegido jamás para tan canallesca función en la sociedad.

La Revolución Bolivariana, por la fuerza democratizadora de su pueblo y el espíritu humanista de su Comandante Eterno, es, sin lugar a dudas, el espacio de esperanza por excelencia para redimir a la humanidad del espantoso estadio de incertidumbre e irrealidad a las que nos obligan hoy los medios de comunicación capitalistas.

El día que EEUU derribó el avión civil de Irán Airlines

USS_Vincennes_1988- Crucero misilístico “USS Vincennes -

Por: Carolus Wimmer / Sec. de Rel. Int. del PCV

Aunque el Gobierno de Estados Unidos aún no proporciona una sola prueba concreta, medios occidentales se apresuran y culpan a Rusia por el “derribo” del Vuelo 17 de Malaysian Airlines en el este de Ucrania. Una nueva característica de la actual campaña de propaganda antirusa es comparar esta tragedia y el derribo del Vuelo 007 de Korean Airlines en 1983, por un interceptor soviético Su-15.

El viernes 18 de julio, el “Wall Street Journal” acusó al presidente Vladimir Putin por el ataque, en un editorial titulado “El derribo de MH17″. El diario vinculó los dos incidentes, afirmando que el incidente en Ucrania, al igual que el de Corea, es un “punto de inflexión moral”, además de proclamar de forma provocativa que en la “post Guerra Fría”, Occidente no debe ver a Ucrania como una existencia exclusiva dentro de la esfera de interés de Rusia.

A pesar de la incertidumbre tras el derribo del MH17, una posibilidad que ha sido completamente excluida por los medios es que EE.UU. y Alemania, confesos aliados del régimen fascista de Kiev, sean los responsables. Y quienes creen que Washington es incapaz de realizar una acción tan horrenda contra civiles inocentes, los invito a recordar el infame caso de la voladura del Vuelo 665 de Iran Airlines, en el que murieron 290 personas.

El 3 de  julio de 1988, cuando la guerra entre Irán e Irak se acercaba a su final, el crucero misilístico “USS Vincennes” de la armada norteamericana estaba en el Estrecho de Ormuz, como parte de una misión aparentemente para proteger la navegación comercial dentro y fuera del Golfo Persico. EE.UU. había estado interviniendo a favor del presidente iraquí Saddam Hussein, en la brutal guerra de ocho años contra Irán, proporcionando dinero, armas e inteligencia militar.

Cuarenta minutos antes de la voladura del Vuelo 655, un helicóptero del USS Vincennes fue, supuestamente, atacado por barcos de guerra iraníes en aguas territoriales iraníes. El USS Vincennes decidió entonces perseguir a las cañoneras.

Washington alegó que la tripulación detectó un avión que transmitía señales presuntamente de tipo militar y que descendía rápidamente hacia su nave. Como resultado, la tripulación “confundió” el gran Airbus A300 con un pequeño avión de guerra F-14 Tomcat, que permanecen en el arsenal de Irán, desde los días del sangriento régimen del Sha, respaldado por Estados Unidos.

El USS Vincennes envió múltiples advertencias al Airbus a través de canales militares, pero como se trataba de un avión civil, éste no podía recibir ni mucho menos responder las advertencias. Cuando el Vuelo 655 se acercó a unas doce millas del misilístico, se dispararon dos misiles SM-2MR tierra-aire, los cuales impactaron la aeronave, ésta explotó y fueron asesinados todos a bordo.

El presidente Ronald Reagan, en un comunicado difundido poco después del ataque, calificó el incidente como una “acción defensiva adecuada”. En tanto, el jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante William J. Crowe, Jr, justificó el derribo del avión de pasajeros diciendo que “había razones suficientes para creer que sus unidades estaban en peligro y dispararon en defensa propia”.

Los argumentos iniciales de EE.UU. acerca de las circunstancias que rodearon el ataque finalmente se revelaron como falsas. El Vuelo 655 estaba transmitiendo señales claramente identificadas como civiles y en lugar de descender hacia el USS Vincennes, en realidad se estaba alejando. Los registros electrónicos del Airbus mostraron que esto fue exactamente lo que sucedía antes del ataque.

El Pentágono finalmente alegó un “error humano” como la causa última del ataque, sin que nadie a bordo del buque o en la Marina fuera castigado. El oficial al mando del USS Vincennes durante el ataque, William C. Rogers, III, fue galardonado en 1990 con la Legión de Mérito, por mostrar una “conducta excepcional y meritoria en la realización de los servicios y logros sobresalientes”.

Una teoría más plausible es que el derribo del avión de pasajeros iraní fue una acción deliberada tomada por los militares de EE.UU. para aterrorizar a Teherán y que estos aceptaran condiciones más favorables a Irak en las conversaciones en curso para poner fin a la guerra.

Entonces, sólo 17 días después de la destrucción del Vuelo 655, el ayatolá Alí  Jomeini aceptó públicamente un acuerdo mediado por la ONU, al que se había opuesto anteriormente.

Un escrito presentado ante la Corte Internacional de Justicia por Teherán en 1990 concluyó  que la Marina de EE.UU. y la tripulación del USS Vincennes buscaban una oportunidad para probar sus sistemas de armas, derribando el Vuelo 655. También denunció una que el ataque violó el derecho internacional y exigió una reparación integral por el crimen de lesa humanidad perpetrado por EE.UU.

En 1996, a pesar de estar de acuerdo con una compensación de 61,8 millones de dólares a las familias de las víctimas, el gobierno de EE.UU. nunca ha admitido su responsabilidad por el ataque ni ha ofrecido oficialmente disculpas al pueblo iraní por el incidente.

¿Antichavismo sin Chávez?

unidad2

Por: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 19 de junio de 2014

Si en algo fue persistente el comandante Chávez, fue en clamar por una oposición seria (“con moto propia”, decía) que planteara su confrontación en el terreno de las ideas y no de las acusaciones y los infundios, a los que se acostumbró desde un primer momento el sector de la derecha en el país con el surgimiento de la revolución bolivariana.

Su llamado era al debate político de altura, que le permitiera a los venezolanos contrastar con claridad las diferencias entre las propuestas del libre mercado que promueve la oposición y la del modelo humanista, incluyente y participativo, que promulga el socialismo venezolano que Chávez le presentó al país. Pero el antichavismo decidió aferrarse a la estrategia de la descalificación y el insulto para generar una cultura de odio entre sus seguidores que exonerara a la derecha del inmenso compromiso de verse obligada a desarrollar una oferta política propia que le permitiera rebatir la propuesta socialista desde un punto de vista teórico y que le resultara a la vez rentable en lo electoral sin correr los riesgos de la derrota en el debate de las ideas.

La primera de esas infamias fue la de acusar de insania mental al Presidente de la República ante el Tribunal Supremo de Justicia. De ahí en adelante le acusaron incrementalmente de arbitrario, de militarista, de dictador, de asesino, de ladrón, de violador de la Constitución, y de cuanto adjetivo peyorativo pudieran hacerse.

Hoy, cuando en la revolución se adelanta una profunda y enriquecedora discusión de ideas sobre cómo continuar profundizando el chavismo sin Chávez, entendido ya no como la búsqueda de desplazarle del sitial de líder imperecedero que el pueblo le otorgó desde siempre, sino como el empeño de los revolucionarios a enaltecer cada vez más el ideario chavista en la construcción del modelo de justicia y de igualdad social que el comandante nos legó, la oposición queda al descubierto en su escasez de ideas políticas sobre las cuales sostenerse.

Ahora, ante un tercer congreso del Psuv, que convoca a más de siete millones de venezolanos en torno a un mismo proyecto de patria y frente a una oposición incapaz de superar sus insalvables deficiencias, va a quedar claro que el chavismo sin Chávez es posible, pero que el antichavismo sin Chávez no.

 

@SoyAranguibel