Sobre la crítica según Cortázar

- Publicado en sietealacarta.com.ve el 19 de noviembre de 2014 -

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Por: Gipsy Gastello

No cabe duda de que vivimos tiempos huracanados y confusos. Sin la presencia física del Comandante Chávez, una ausencia que jamás dejará de dolernos, nuestros estados de ánimo se revuelven y retuercen. De eso se aprovechan quienes detractan a la Revolución Bolivariana para envolvernos en una polvareda de angustia y decepción.

Somos un pueblo despierto y protagónico, consciente y luchador. Por lo tanto, no somos presa fácil para aquellos que pretenden doblegarnos a punta de guerras económicas y malversaciones mediáticas despiadadas. Y en medio de la lealtad absoluta que nos pidió el Comandante Chávez aquel 8 de diciembre para apoyar a nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro, también está nuestro criterio ejercitado, nuestro libre albedrío, nuestro derecho a opinar y a decidir, nuestro derecho a ser escuchados.

Sin embargo, en estos tiempos huracanados el ejercicio de la crítica y la autocrítica es un terreno movedizo y plagado de fragilidades que pudieran, más que sumar, restar voluntades. La derecha sabe dónde golpear y es allí, en esa certeza del otro que pretende arrodillarnos, donde debemos recordar más que nunca que solos somos una gota y que juntos somos aguacero, tal como decía el Comandante Chávez. Y no me malinterpreten, que no salten los puristas a sentenciarme con que el silencio no es la solución. Callarnos jamás, eso ni imaginarlo. Pero sí ejercitar la crítica y la autocrítica para construir y no para destruir.

No soy quien para definiciones de este tipo y mucho menos en un panorama tan sensible. Pero echo mano al gigante de la literatura, Julio Cortázar, para que me ayude en esta breve nota. En el libro recientemente editado por El Perro y La Rana, bajo el título Testimonios de una escritura política, Cortázar se detiene en este tema. En un capítulo llamado Los grados de la crítica, el argentino dice:

“Me muevo en el contexto de los procesos liberadores de Cuba y de Nicaragua, que conozco de cerca; si critico, lo hago por esos procesos y no contra ellos; aquí se instala la diferencia con la crítica que los rechaza desde su base; aunque no siempre lo reconozca explícitamente. Esa base es casi siempre escamoteada; prácticamente no se niega nunca al socialismo como ideología válida, mientras que se denuncian y atacan vehementemente los frecuentes errores de su práctica. A la cabeza (y a la vez en el fondo cuando se trata de Cuba) está la noción de la URSS vista como un régimen execrable; Stalin borra la imagen de Lenin, y Lenin la de Marx. Esa crítica no acepta el socialismo como ideología viable, y no lo acepta por las mismas razones que el capitalismo enuncia desembozadamente, así como éste supone un elitismo económico dominante e imperialista, esa crítica intelectual supone un elitismo ‘espiritual’ que se alía automática y necesariamente al económico. Pero eso, claro, no se dice nunca. El miedo signa esa crítica: el miedo de perder un status milenario.

Cuando no se tiene en cuenta esta opción básica, ese tipo de crítica puede convencer a muchos, y de hecho los convence, máxime cuando se hace con inteligencia y con el beneficio del prestigio que da una importante obra literaria paralela; ¿cómo echar en saco roto las críticas de un Octavio Paz, de un Mario Vargas Llosa? Personalmente comparto muchos de sus reparos, con la diferencia de que en mi caso lo hago para defender una idea del futuro que ellos sólo parecen imaginar como un presente, mejorado, sin aceptar que hay que cambiarlo de raíz”.

Con el desenlace actual de Mario Vargas Llosa, convertido en protagonista y bandera de la feroz derecha hispanoamericana, resulta interesante leer a un Cortázar militante de la izquierda, crítico constructor y defensor del socialismo. Ojalá tuviéramos todos esa mente brillante de Cortázar y su tino para diferenciar la crítica por el proceso y no contra el proceso. Hay una delgada línea -muy peligrosa- que separa a la una de la otra. Y en esa delgada línea, el miedo de algunos a perder su “status milenario”.

En la última entrevista que concedió Cortázar a la revista Siete Días, en febrero de 1984, hay una frase más que contundente que se las dejo a mis lectores y lectoras para que la guarden por allí: “Tiene que haber una crítica, una crítica generosa, que no sea una crítica desgraciada para jabonarle el piso al gobierno”. Creo que es necesario, hoy más que nunca, reflexionar en frío sobre esta gran afirmación del cronopio mayor.

@GipsyGastello

Fuente: sietealacarta.com.ve

El invariable empeño divisionista del trotskismo

- Publicado en el Correo del Orinoco el 17 de noviembre de 2014 -

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Por: Alberto Aranguibel B.

El clamor más angustiado del Comandante Chávez en su dolorosa despedida del 8 de diciembre de 2012 ante el país, no fue solamente la solicitud de respaldo del pueblo a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales que tendrían que hacerse para cumplir con lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en caso de presentarse una “circunstancia sobrevenida” que lo inhabilitara. Esa fue quizás la más inesperada e impactante. La más vehemente súplica de aquella dura proclama fue el llamado a la unidad, por encima de todas las cosas.

Siendo, como hoy se le reconoce más que nunca, el más grande genio político de toda nuestra historia republicana, Chávez sabía que el trabajo más arduo era el de la consolidación perdurable de la unidad del pueblo en torno a una propuesta tan compleja y tan amenazada como la del socialismo, más aun cuando las fuerzas más retardatarias de la sociedad que adversan al chavismo cuentan con tantos recursos y respaldo imperialista como nunca antes en toda la historia. En el logro de esa unidad inquebrantable del pueblo, que impidió durante todo su mandato la arremetida invasora de las grandes potencias, estuvo determinado su liderazgo. Y él lo sabía.

El alerta contenido en la frase “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la reinstauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria”, era más una premonición que una conseja. Su deslumbrante dominio de la historia y su destreza como político excepcional le permitían avizorar con claridad no sólo los riesgos sino las amenazas que se cernirían sobre el proceso bolivariano de no contar con su conducción.

La constante divisionista de la izquierda desde sus orígenes, era también con toda seguridad una preocupación que le mortificaba.

Desde mucho antes de aparecer Leon Trotsky en la escena política rusa a principios del siglo XX, las divisiones en la izquierda con base en la prepotencia y la arrogancia de intelectuales erigidos de la noche a la mañana en ideólogos revolucionarios fueron el fenómeno más recurrente en los grandes momentos de construcción del modelo socialista de justicia e igualdad social que desde siempre reclamaron los pueblos. Desde 1864, año de la instalación de la Ira Internacional, hasta después de la 2da Guerra mundial, las divisiones promovidas por radicales que cuestionaban indistintamente las concepciones del socialismo formuladas por Lenín, Engels o hasta por el mismísimo Carlos Marx, fueron una constante en el quehacer de la izquierda en el mundo. Pero sin lugar a dudas que a Trotsky y al trotskismo se deben las más resonantes, inútiles e irresponsables de todas cuantas ha habido a lo largo de más de un siglo de lucha revolucionaria.

A través del tiempo, los trotskistas han querido presentar una versión de la historia completamente tergiversada y amoldada a sus muy particulares intereses fraccionalistas, que nada tiene que ver con la realidad de los hechos que marcaron el devenir de la propuesta socialista. Hoy puede sostenerse con entera propiedad que el trotskismo, como propuesta revolucionaria, ha sido siempre y es hoy una completa farsa histórica.

Trotsky nunca fue revolucionario. Las dos corrientes fundamentales que promovían la transformación de Rusia a principios del siglo XX fueron los mencheviques, entre los que se encontraba Trotsky, tendencia pequeño-burguesa con una visión reformista de la transformación de la realidad, y los bolcheviques, la tendencia revolucionaria autóctona liderada por Lenin.

Los mencheviques se opusieron desde siempre a la manera revolucionaria en que los bolcheviques hacían política. Ya en 1904, en su texto “Nuestras tareas políticas” Trotsky acusaba a Lenin de “dictador”, “autócrata” y “revolucionario burgués”, dejando ver que sus manidas diferencias contra Stalin no se debían al supuesto “despotismo” con el que éste (según Trotsky) ejercía la política, ni a la supuesta traición de las raíces de la revolución por parte del líder bolchevique, sino que su conflicto era esencialmente contra la propuesta socialista, incluso desde mucho antes del inicio de la revolución bolchevique y, por supuesto, antes de fallecer Lenin. De hecho, esa infamante guerra de Trotsky contra Stalin es uno de los mayores aportes a la cultura anticomunista promovida desde entonces hasta hoy por el imperio norteamericano.

La razón por la que Trotsky se incorpora formalmente a las filas de la Revolución Bolchevique tiene su explicación en la necesidad política del alzamiento de 1917 gracias a la genialidad estratégica de Lenin. En vísperas de aquella rebelión popular contra el zarismo, Lenin entendía la importancia de la unidad de todas las fuerzas, ya fuesen revolucionarias, reformistas o progresistas, para asestar el último golpe al poder zarista en Rusia, pero sin perder de vista jamás el carácter contrarrevolucionario del pensamiento y el accionar de Trotsky. En las conocidas cartas que escribió el líder bolchevique antes de morir, Lenin sostenía la incapacidad de Trotsky para dirigir al partido comunista por su esencia “pequeño-burguesa”.

En los años que siguieron a la muerte de Lenin se llevaron a cabo intensos debates en el seno del Partido Comunista Bolchevique, en donde personajes como Trotsky expresaron de manera abierta sus ideas políticas. No existe ni una sola prueba histórica de que Trotsky fuese “botado arbitrariamente” del partido. Pero sí sobran las pruebas de que ni su propuesta ni él como líder jamás pudieron lograr el respaldo de las mayorías.

Como elemento clave en la farsa histórica que representa el trotskismo, se encuentra el hecho de que Trotsky catalogaba a la dirigencia revolucionaria de entonces como “traidores” al legado de Lenin y como “enemigos” del pueblo, pero cuando personajes como Bujarin y Zinoviev decidieron distanciarse de la propuesta socialista y se declararon enemigos del poder revolucionario establecido, estos fueron recibidos por Trotksy como grandes héroes, conformando con ellos la autodenominada “Oposición de izquierda”.

Desde el seno del partido, militantes y dirigentes combatieron a esa “Oposición de izquierda” con mucha fuerza, no por razones de intolerancia sino por razones políticas: al triunfo de la Revolución Lenin estableció firmemente la necesidad de que no existieran fracciones ni tendencias a lo interno del partido, idea que se plasmó en los estatutos del partido comunista.

La respuesta del trotskismo ante su incapacidad para ganarse al pueblo bolchevique fue entonces la de asumir el camino de la violencia fascista emprendiendo una serie de acciones de sabotajes en las empresas más importantes del Estado Soviético. Como demuestra claramente el autor Ludo Martens en su conocido texto “Otra mirada sobre Stalin”, los inspectores de fábricas conseguían arena, piedras y artefactos ajenos al proceso de producción a lo interno de la maquinaria laboral, colocadas ahí intencionalmente por agentes del trotskismo infiltrados en el movimiento obrero, para deteriorar los equipos y obstruir las labores en dichos espacios.

Sabotaje que alcanzaba dimensiones internacionales con propuestas innegablemente contrarrevolucionarias como las que expresa un manifiesto de la IV Internacional convocada por Trotsky en 1940, en el que se asumía la defensa de Rusia frente a la amenaza nazi de invadir el territorio ruso, pero se combatía a la vez a la “oligarquía de Moscú”, es decir al Partido Bolchevique. En el momento en que la Alemania nazi se proponía invadir a la URSS y masacrar al pueblo ruso, Trotsky proponía luchar contra su gobierno y debilitarlo. Ya entonces se conocían evidencias que demostraban la existencia de una alianza directa entre el nazismo y el trotskismo (el hijo de Trotsky, León Zedov, vivía en Alemania durante el nazismo), amén de las absurdas y torpes propuestas de clara orientación fascista que promovía la fraternización con los ejércitos invasores nazis por considerarles “trabajadores en uniforme”.

Esas y muchas otras razones llevaron a los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX, Stalin, Mao Tsetung, Ho Chi Min, entre otros, a rechazar expresamente al trotskismo como corriente pequeño-burguesa, infiltrada siempre a lo interno de las revoluciones socialistas para dividirlas y acabarlas. Por ese afán divisionista, en Latinoamérica, particularmente en Argentina, Brasil, México y Uruguay, el trotskismo ha sido la causa más frecuente del fracaso de las luchas populares.

Pero el trotskismo y su afán divisionista sobrevive y es hoy una amenaza más junto a todas las que penden sobre la Revolución Bolivariana. Desmontar su trampa de la “autocrítica”, que solo persigue desprestigiar el liderazgo revolucionario (acusándolo, como hace 100 años, de “burócratas”, “autócratas” y “revolucionarios burgueses”) para desmovilizar a la militancia y abrirle así el paso al fascismo que pretende poner de nuevo sus garras sobre nuestra Patria, es una obligación impostergable de los hijos de Chávez.

@SoyAranguibel

Aranguibel: “Lo que está haciendo Marea Socialista es un avance de naturaleza divisionista”

- Programa “Vladimir a la 1“, transmitido el 12 de noviembre de 2014 por Globovisión -

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(Caracas, 12 de noviembre. Noticias24) - El periodista y analista político Alberto Aranguibel se refirió este miércoles a la actualidad política nacional durante el programa “Vladimir a la 1″ que transmite Globovisión.

Ante los planteamientos de diálogo y de posibilidades de acuerdos de coalición, Aranguibel advirtió que estos deben ser examinados con mucho cuidado porque si no “se puede caer en aquella lógica de la ‘conchumpancia’ que privó en el pasado” y que “afectó tanto al país, incluso hasta económicamente”.

En ese sentido, no descartó la posibilidad de que existan quienes traten de “pescar en río revuelto para sacar algún beneficio” en medio de la coyuntura de una “guerra económica de la que el presidente Nicolás Maduro está saliendo con mucho esfuerzo”.

Se refirió a “unas propuestas que han venido siendo muy persistentes en ese discurso de achacar todo lo que sucede a la dirigencia revolucionaria y al presidente Maduro en particular, dejando por fuera elemento que inciden en ello, como el comportamiento de un sector privado especulador que ha quedado al descubierto”.

No descartó la posibilidad de que existan quienes traten de “pescar en río revuelto para sacar algún beneficio en medio de esa coyuntura”.

Al preguntársele cuánto hay de guerra económica y cuánto de errores por parte del Gobierno, Aranguibel sentenció: “Distorsión económica, en términos estrictamente económicos, es aquella en la cual políticas de los gobiernos generan una situación de inflación y de déficit en el balance de las cuentas públicas. Ese no es el caso en Venezuela… Aquí la situación es que hay una ola especulativa que ha impactado a toda la sociedad”.

Por eso, pese al hecho de que los buhoneros sean base social del chavismo, Aranguibel aseveró que estos no tienen derecho a delinquir especulando. Además, agregó que “el proceso de formación ideológica de esas bases no ha sido fácil, pues es un proceso de construcción que se viene dando y que nadie ofreció que se iba a resolver de la noche a la mañana”.

“La supuesta izquierda crítica”

A juicio de Aranguibel, hay frases de Hugo Chávez que “pueden servir para cualquier cosa cuando son sacadas de su contexto histórico original. Hay algunos de la supuesta izquierda crítica que han hecho eso: extraen con pinzas alguna frase del comandante, que habló de tantas cosas que si no las miras en términos de su contexto real, vas a tener fallas”.

En otra idea, opinó que la historia del Muro de Berlín también debe verse desde una óptica ampliada: “Hay una gran hipocresía en todo eso… se trata de crear una percepción en la historia de que el gran triunfador toda aquella Guerra Fría que precedió la caída del Muro de Berlín fue el capitalismo, pero eso no necesariamente es así. ¿Cómo hacemos en este momento con el muro de Israel (…) o el de México? No puede ser que haya un muro de la ignominia y otro del triunfo de la libertad”.

A propósito de ese debate, Aranguibel criticó que la polarización sea vista por la derecha venezolana como “un percance”. Por eso se preguntó: “¿Qué quieren? ¿Que no no haya debate político? ¿Que haya un totalitarismo? ¿Cómo se desarrolla una sociedad democrática sin la posibilidad de que se debata?

Al referirse a las diferencias entre el gobierno y la que llamó “supuesta izquierda crítica”, el analista dijo que sí es posible generar un debate, “pero debe ser honesto”. Por eso consideró que “lo que está haciendo Marea Socialista es un avance de naturaleza divisionista pero “entaparada” (disfrazada)“.

“¿Qué quieren? ¿Que no no haya debate político? ¿Que haya un totalitarismo? ¿Cómo se desarrolla una sociedad democrática sin posibilidad de que se debata?”

Insistió en que la propuesta de Marea Socialista es trotskista, pues “cuando tú revisas la historia de las divisiones en la izquierda, desde los orígenes del pensamiento marxista, te vas a encontrar con que ha sido persistente cuestionar desde esa óptica el desempeño de la dirigencia revolucionaria. Eso no es nuevo… Al mismo Marx le dividieron la I Internacional Socialista“.

En todo caso, valoró aquellas divisiones de la I Internacional Socialista -de las que surgieron el anarquismo y la socialdemocracia- como “honestas” a diferencia del trotskismo que siempre va a insistir en que no es divisionista.

Dijo que el trotskismo, imposibilitado para reunir fuerzas por su poca capacidad de convocatoria, se propuso controlar la fuerza revolucionaria ya constituida “tratando de desplazar a la dirigencia partidista (que ellos denominan burocracia partidista), que es el mismo discurso que tiene ahora Marea Socialista“.

Arguyó que los planes de Marea Socialista son “crear fracturas entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello” y procurar que la militancia se ponga en contra de su dirigencia, “cuando el trabajo, según la doctrina chavista, debe ser todo lo contrario”.

De tal manera que advirtió: “El que se mete en la candela política debe asumir que se puede quemar, y ellos deben asumir que aquí hay gente que los va a combatir desde el punto de vista del debate… los grandes fracasos de la izquierda en América Latina se debieron a las muchas fracturas del chantaje de la victimización con la que siempre se quiso callar ese debate”.

Fuente: Noticias24

Aranguibel en Unión Radio: “El desespero de la oposición amenaza el debate político”

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Caracas, 11 de noviembre de 2014.- Alberto Aranguibel en conversación con la periodista Anahí Arizmendi este martes en Unión Radio, analizó la actual coyuntura política venezolana de cara a las elecciones parlamentarias del próximo año. Ahí se refirió a el nuevo escenario que se abre en el debate entre las fuerzas opositoras y el sector revolucionario a partir de lo que denominó la “extinción definitiva de la MUD”, en virtud de lo cual ve la falta de discurso de ese sector como una amenaza para la paz política en el país.

Oiga aquí la entrevista completa:

La peligrosa máquina de generar percances

- Publicado en el Correo del Orinoco el 10 de noviembre de 2014 -
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Por: Alberto Aranguibel B.

La computadora es uno de esos pocos inventos que no han tenido inventores.Ni el ábaco, la maquina calculadora, ni ningún otro invento precedente pueden ser considerados precursores propiamente dicho de la computadora, porque la función aritmética de ésta no es precisamente su finalidad primordial. Esto es otra cosa. Sus orígenes se remontan siempre al supuesto empeño del estamento militar norteamericano (en abstracto) por sistematizar de manera eficiente sus comunicaciones transcontinentales a principios del siglo XX y a la carrera del imperio por intentar imponerse sobre la Unión Soviética en el dominio del espacio extraterrestre.

De ahí en adelante todo se reduce a la pugnacidad entre dos o tres grandes figuras del quehacer informático, por lo general Steve Jobs, Stephen Wozniak y Bill Gates, a quienes se les atribuye una participación significativa en el proceso de conformación de la tecnología que mueve hoy al mundo, sin que ninguno de ellos lograra jamás el derecho a la titularidad de gran inventor en su campo, como sí lo lograron en su oportunidad Gutenberg, Braille, Koenig, Leibniz o Morse.

Quizás por eso, Gates (sin lugar a dudas quien más provecho le ha sacado a la computación en toda su breve historia), se apresuró a mediados de los años noventa del siglo pasado a publicar su libro “Camino al futuro”, en el que de manera muy poco soterrada sugiere la idea de haber sido él y más nadie quien con mayor empeño trabajó para que la computadora personal llegara a ser la realidad que cambiara para siempre el futuro de la humanidad y del mundo. Algo así como levantar un cercado en un terreno desierto para luego, con el paso del tiempo, reclamar la propiedad sobre el mismo sin ser su legítimo dueño.

En ese texto, escrito en 1995, Gates (en una muy elaborada pose de gran gurú) sostiene que veía el futuro de la informática como un inmenso mercado en el que se intercambiarían bienes, productos, servicios y conocimientos, de una manera tan intensa e intrincada que alteraría la naturaleza misma del ser humano. Nuestra manera de conversar, de relacionarnos con nuestra familia, de escoger o rechazar amigos, de comportarnos respecto de nosotros mismos, evolucionaría tan radicalmente que sería imposible recordar cómo éramos antes del ese demencial desarrollo de la computación. La idea de lo que significa ser “educado”, nuestro sentido de la identidad y hasta de a dónde pertenecemos, de dónde venimos, sería según él definitivamente trastocada.

Luego de dos décadas de aquella terrorífica predicción, puede afirmarse que el magnate judío no se equivocó del todo. El cambio que viene experimentando el ser humano gracias al impacto de la informática, es hoy uno de los fenómenos más relevantes de la nueva realidad social en el mundo entero. Lamentablemente no pareciera que para su bien, sino para todo lo contrario.

La pérdida de identidad que se evidencia a diario en países que se rigen por la lógica de la globalización promovida hoy en día por el capitalismo, tiene su asiento, por una parte, en la ilusión de confort que inoculan en vastos sectores de esas sociedades las grandes corporaciones de la comunicación de masas y su alienante contenido mediático y, por la otra, en la vertiginosa penetración social del medio electrónico y su falsa naturaleza liberadora.

Ya sea por el carácter todavía relativamente incipiente de su desarrollo o en virtud del empeño de los sectores burgueses dominantes por apropiarse de esa fabulosa tecnología (tal como hicieron en su momento con ese gran avance del conocimiento humano que son los medios de comunicación) ni la informática, ni internet, ni las redes sociales, han servido hasta ahora como herramientas que impulsen de manera determinante la evolución del género humano a un nivel superior, ya no solo en conocimientos sino en formas de vida en las que las diferencias por fin no existan y se acaben la violencia y las guerras y la pobreza sea solo un mal recuerdo de los pueblos.

Lo puesto al descubierto los últimos años entre otros por Julián Assange y Edward Snowden en cuanto al uso ilegal que las grandes potencias le dan hoy a internet para espiar a su libre albedrío a Jefes de Estado, gobiernos y a la gente en general, deja ver apenas una minúscula porción de la enajenación a la que se lleva a la humanidad con tales prácticas, que ya carcome incluso las bases mismas de la democracia, de la academia, del Estado y hasta de la iglesia.

El dominio de las grandes corporaciones norteamericanas al servicio de los intereses hegemónicos del imperio en internet en relación a lo que puede o no puede circular por las redes, no es sino demostrativo de la regresión en la que está cayendo la humanidad en la medida en que se depende más del medio electrónico. La ilimitada discrecionalidad de empresas como Facebook o Twitter, por ejemplo, para la invasión de cuentas en sus servicios, así como la reciente polémica en relación a la violación a la privacidad en la que estaría incurriendo la aplicación WhatsApp por la forma indebida en que ésta expone a los usuarios, demuestran el alto nivel de riesgo al que está siendo sometido el mundo con el desarrollo indiscriminado de todas esas tecnologías.

Hoy como nunca la difusión de una cultura de la perversión como valor esencial de ese modelo neoliberal en el que se basan internet y las redes sociales, afecta al ser humano en todos sus ámbitos llevándole a extremos patológicos de irracionalidad que obligan a revisar detenidamente el tema de la libertad irrestricta por la que abogan los defensores de ese sistema. La idea según la cual los pueblos tienen derecho a colocarse por encima de la principal ley de la democracia, como es la del respeto a la voluntad de las mayorías expresada en el voto, para derrocar gobiernos generando ingobernabilidad a través de las redes sociales, no es en modo alguno un avance para la humanidad sino un verdadero retroceso que nos conduce a escenarios anárquicos superados desde hace décadas por la humanidad.

En Venezuela, a falta de discurso político y de disposición al debate responsable por parte de una derecha cada vez más obtusa y decadente, que centra su accionar en la manipulación de la realidad a través de la prensa y del contenido mediático, la proliferación de esa modalidad del uso de las redes sociales como arma política ha sido vertiginosa. Los espacios noticiosos y de opinión se saturan progresivamente con la participación del lector, con visos de una creciente y cada vez más preocupante insensatez, en particular en los comentarios que la mayoría de los opositores cuelgan en notas de todo tipo, incluso las que nada tienen que ver con el tema político, en las que dejan ver casi siempre un odio visceral que niega hasta sus propias convicciones religiosas.

Desde siempre la oposición desarrolló contra el chavismo un discurso agresivo más allá de toda lógica, cuyo fundamento es la imploración a Cristo para que éste interceda por ellos y acabe con la vida de los chavistas. “La justicia Divina les llegará pronto” suelen decir, usando nada más y nada menos que a Dios para el perverso acto de la eliminación de seres humanos, lo que acentuaron en su tono y en su frecuencia a raíz de la desaparición física del Presidente Chávez. Algo que con toda seguridad muchos de esos opositores suponen se produjo en respuesta a sus plegarias.

Pero el recrudecimiento de esa furia enfermiza va mucho más allá de lo puramente enunciativo, hasta convertirse en un verdadero peligro para la estabilidad económica y social del país producto de la tergiversación de sus posibilidades a través de la red y de cómo ella puede contribuir a mejorar su vida.

Empezando por la especulación cambiaria a través de ese medio, el uso de la red para estafas de todo tipo en la comercialización de vehículos, apartamentos, artefactos del hogar, equipos electrónicos, etc., ha venido siendo en los últimos años una modalidad de capitalismo del siglo XXI que sin lugar a dudas ha incidido de manera determinante en la crisis no solo económica sino moral contra la cual luchamos hoy los venezolanos y el mundo entero en general. El desbordamiento de ilícitos de usura y especulación que se llevan a cabo en nuestro país a través de portales como mercadolibre.com y otros, es una realidad innegable, seguramente asociada a todos esos percances como el acaparamiento y el desabastecimiento que hoy agobian a nuestro pueblo.

Es obvio que falta mucho todavía para que el idílico escenario del que hablaba el profeta de la computación termine por concretarse. Por lo pronto, pareciera mas bien que el asunto va por otro camino.

Mientras tanto la revolución bolivariana seguirá impulsando la verdadera redención del ser humano, usando la tecnología para crear avance, bienestar y paz entre los pueblos.

 

@SoyAranguibel