La inscripción de la derrota

Para nadie es un secreto que lo que está en juego en la elección del 7 de octubre es mucho más que una alternativa candidatural o de partidos.

La confrontación que mueve hoy al mundo, en términos de los modelos de sociedad que se plantean los diversos sectores en pugna en la búsqueda de un mayor bienestar para sus pueblos, es la misma que mueve a las fuerzas políticas venezolanas desde el inicio mismo de la revolución bolivariana, y que no son otras que la que representa el del capitalismo salvaje, por una parte, generador del hambre y la miseria que agobia a la humanidad, y por la otra, la que encarna el socialismo del siglo XXI, que coloca al ser humano como eje y centro de su acción.

Un debate que, en la medida de la responsabilidad y de la seriedad que asuman sus voceros, será cada vez más valioso para la profundización de la democracia como único sistema garante de las posibilidades de crecimiento efectivo y armónico del cuerpo social en su conjunto.

De ahí la necesidad de evitarle a la sociedad la fatiga y la deshonestidad de las propuestas demagógicas y electoreristas, planteadas únicamente como herramientas de encantamiento del elector, como se hizo siempre en el pasado, y no como fórmulas de auténtico enriquecimiento de ese debate que reclama el país para conquistar el derecho a la libre y verdadera elección de sus gobernantes.

Por eso la inscripción de las candidaturas ante el CNE es un momento crucial en el proceso de construcción de esa democracia a la que todos, independientemente de nuestra posición política, aspiramos. No por la simple medición de fuerzas que puediera eventualmente plantearse, sino por la posibilidad que tendrá el país de conocer a ciencia cierta las verdaderas diferencias entre las propuestas de una y de otra candidatura.

De un lado estará el proyecto de país que representa una candidatura como la de Hugo Chávez, que ya el país conoce con exactitud y suficiencia. Y del otro, una opción vaga, cuya propuesta no ha sido explicada en sus fundamentos y alcances más allá de una confusa y muy pobre fraseología de campaña.

De la primera, se conoce en extenso el inmenso esfuerzo por lograr el bienestar de la población a partir de un trabajo incansable por rescatar la independencia de la Patria y saldar la deuda social acumulada durante décadas de gobiernos neoliberales.

De la otra, solo se sabe que tiene como punto de partida que el candidato se negó a renunciar a su cargo como Gobernador y que solo aceptó la “seaparación temporal” del cargo, obviamente porque desde ya se reconoce a sí mismo como perdedor.

Chávez no renuncia porque va a continuar al frente de la Presidencia. Capriles no renuncia porque luego de las elecciones va a continuar también al frente de su cargo en la Gobernación.

Diría un buen abogado: “A confesión de parte…”


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