Capriles: ¿ganador o truhán?

El candidato de la burguesía no hace caso. Chávez le dijo que hablara claro y lo que hace es enredar más lo que probablemente pase a la historia como la más chambona y rocambolesca campaña que jamás haya llevado a cabo sector político alguno.

En vez de hablar con franqueza y de manera abierta sobre su verdadera concepción de lo que debe ser el modelo de sociedad que le propone al país, escoge los caminos más entreverados y contradictorios para articular el pobrísimo discurso de eslóganes con que pretende seducir a la gente.

Como vivo exponente de la generación Pepsi, su discurso no es más que un repetitivo catálogo de gritos destemplados construido a base de frases publicitarias, hilvanadas en un casi demencial disco rayado de ofertas sin sustanciación o desarrollo ni siquiera medianamente lógico, en el cual la gente pueda encontrar al menos un atisbo de viabilidad o factibilidad a tanta fábula vertida en los escasos cinco minutos que en promedio habla el deplorable candidato de la derecha.

En medio de la farragosa perorata populista, le ha dado por decir ahora, en tono de sentencia divina, que él jamás le ha quitado nada a nadie y que nunca ha perdido una elección. Y el rebaño escuálido, dócil y sumiso como es, resplandece de felicidad infinita como quien ve la luz al final del túnel de la muerte.

Pero resulta que Capriles jamás ha ganado nada. Todo lo que ha logrado en política lo ha usurpado o lo ha obtenido de manera fraudulenta o inconstitucional. Como aquello de fundar su partido con dinero robado a la nación.

Arribar al Parlamento nacional como llegó él a finales del siglo pasado, como el insigne desconocido que era, sólo era posible como producto de las perversas componendas financieras de los carteles políticos del puntofijismo.

De resto, todo lo que ha experimentado él es la fortuna de postularse siempre en escenarios que reúnen a lo más granado del antichavismo visceral, que en esos reductos opositores vota siempre contra Chávez sin importar siquiera quién es el candidato ni su catadura moral o la carencia de ella.

Capriles no ha ganado; se ha beneficiado con la fuerza amor-odio que desata el inmenso liderazgo de Chávez.

Pero el 7-O será distinto. Perderá abrumadoramente porque esta vez le toca medirse de manera frontal con ese gigante.

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