Lo que Ud. no vio en Globovisión

 

La historia de la televisión está marcada por la feroz guerra que desde sus orígenes se ha librado entre las empresas televisivas por la captación de la audiencia, porque su negocio se centra en lo importante que es para los anunciantes invertir su dinero solamente en aquel canal que le garantice el alcance a la mayor cantidad de espectadores. Llegar al espectador es convencerlo, dicen.

En Venezuela tenemos el único caso en el mundo donde la programación de un canal es retransmitida casi íntegramente por otro, en el obvio convencimiento que tienen quienes le dirigen de que así le estarían haciendo daño a ese competidor que retransmiten día y noche o, en el mejor de los casos, a quienes en ese canal competidor aparecen declarando.

El afán de la excesiva repetición por VTV (y por todos los medios del SNMP) de la programación de los canales de la derecha bajo el argumento del necesario “desmontaje” que se debe hacer con la farsa politiquera que hoy adelanta la oposición de cara a las elecciones presidenciales, cuando alcanza los niveles delirantes a los que se está llegando es definitivamente contraproducente.

Asumir que la gente reacciona contra el discurso opositor simplemente mediante su reposición de manera persistente, sin considerar la eventual falla en nuestro desmontaje o la relativa o real capacidad de convencimiento que ese discurso pueda tener entre la población (sobre todo entre aquella que admira y aplaude ese discurso precisamente por su contenido antichavista y contra revolucionario), es un verdadero dispararte político que expresa, además, una chocante arrogancia. Multiplicar hasta lo infinito la frecuencia de las ideas opositoras en la mente de la gente, así como genera repudio genera también hábito y lealtad hacia ellas. Exactamente el mismo efecto que curar una gripe con una metralleta.

Es evidente que el grueso de la campaña de Capriles no lo están haciendo ni su comando de campaña ni los canales golpistas de la derecha, sino los medios del Estado que ponen en pantalla lo que Ud. no vio en Globovisión.

La obligación, para formar verdadera conciencia revolucionaria entre el pueblo y consolidar el triunfo, es argumentar con claridad y contundencia. No nada más repetir y mofarse de lo que dice el otro.

 

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