Teoría de la sustitución de rancho por rancho

A estas alturas de la campaña electoral venezolana que nos llevará a las elecciones del 7 de octubre próximo, no es posible determinar con exactitud las razones que pudieran haber llevado al candidato de la derecha, Capriles Radonski, a cometer la irresponsabilidad de presentarse en un pequeño caserío del estado Miranda, donde supuestamente era Gobernador hasta hace dos meses, cuando le correspondió entregar la gobernación para incorporarse a la contienda electoral, y frente a las cámaras de televisión (incluso las del canal del Estado) aparecer entregando como “vivienda” un inhóspito habitáculo de bloques y latas de zinc destartaladas en medio de un acechante y pavoroso matorral de olvido, en el que la lluvia no dejará de ser jamás una amenaza persistente y la falta de servicios públicos una calamidad insalvable.

Demasiada locura para un evento tan importante.

En su empeño por tocar con sus manos a los 27 millones de venezolanos que habitan hoy el país, en una desquiciada carrera de “toque y despegue” en la que ha convertido su campaña, al parecer en el convencimiento de que recorrer pueblos es lo único que hay que hacer en las campañas electorales, el candidato burgués pareciera creerse dotado con algún don mágico que haría que el venezolano votase por él con solo tocarlo. Es eso, quizás, lo que le ha llevado a pensar seguramente que hay que ir a buscar el voto hasta en los más apartados y recónditos parajes de la geografía nacional, como ese absurdo rincón en las montañas mirandinas donde fue a parar para anunciar su programa de sustitución de rancho por rancho. “Donde haya un venezolano, allí llegaré yo para motivar como Dios a los mortales con mi sola presencia”, pareciera pensar.

Jamás en la historia política se ha visto que un candidato cometa tantos errores y actos de torpeza como los que comete Capriles a diario en lo que debiera ser la más perfecta de las presentaciones públicas que nadie pudiera hacer frente a un país. La campaña electoral para la Presidencia de la República es probablemente la más exigente jornada de un político en cualquier parte del mundo. De ahí que los más sonados fracasos en política, surjan precisamente de los errores y equívocos que en trance de esos procesos puedan cometerse.

En Estados Unidos, por ejemplo, un promisorio y perfectamente seguro presidente de la nación más poderosa de la tierra, deja de serlo de inmediato si comete el error de ser encontrado en amoríos con su secretaria. Tal como le sucedió en 1969 nada más y nada menos que al delfín de la familia Kennedy, Edward, con una joven con la cual tuvo un accidente automovilístico, fatal para ella y catastrófico para él, porque eso le costó la Presidencia que con toda seguridad pudo haber tenido de no haber sido por ese pequeño desaguisado.

En 1988, en ese mismo país, un prominente político del partido demócrata apuntaba a ser el próximo e indiscutible presidente de la nación, hasta que el infortunio se le atravesó por el medio; el flamante sucesor de John F. Kennedy, el Senador Gary Hart, fue visto con Donna Rice, una modelo de 29 años, y hasta ahí llegó su carrera política.

En Venezuela, un seguro candidato ganador de las elecciones presidenciales de 1945, el doctor Angel Biagini, dejó de serlo, ipso facto, por haber escrito en mala hora un breve saludo a los lectores de un diario de circulación nacional… con un error ortográfico.

¿Por qué Capriles comete el escandaloso error de aparecer en cámara hablando en medio de un rancho destartalado y miserable acerca de las excelencias de su programa de “viviendas”, ofendiendo no solo la dignidad de la gente humilde que ahí malamente habita, sino la inteligencia de los electores venezolanos, en la forma en que lo hace cuando describe la fabulosa calidad de ese bochornoso programa frente a la “Gran Misión Vivienda Venezuela” que lleva adelante el Gobierno Bolivariano que preside su contendor y próximo Presidente reelecto, en el cual, precisamente, el país entero reconoce uno de los más grandes logro de la Revolución Bolivariana?

A nadie en su sano juicio se le ocurriría cometer tamaña insensatez. Pero, claro, sano juicio pareciera no ser el caso en esta oportunidad.

El Comandante Chávez ha sido, como siempre, claro y preciso en su apreciación al respecto: “Lo que pasa es que esa es la forma en que la burguesía ve a los pobres… para el candidato burgués, el pobre no merece más que eso”, ha dicho.

Mi teoría, modestia aparte, es que Capriles cree que la gente es pendeja. Así de simple.

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