14 años y otra elección

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La política es un proceso dinámico de construcción permanente. No es algo que se deja a la buena marcha de las apariciones en los medios de comunicación, como hicieron (y siguen haciendo cada vez más) los políticos venezolanos en el último cuarto del siglo pasado, cuyo encanto con la televisión y la radio los llevó al extremo de entregarse completamente en sus manos para que estos dispusieran a su antojo cuál partido debía estar en el poder y cuál no, bajo el falso precepto según el cual aparecer en pantalla es más que suficiente para obtener el respaldo del pueblo.

El avance de Chávez en el fervor popular, una vez que aparece en la escena política el 4 de febrero, se debe principalmente a dos factores de especial relevancia. Uno, el haber asumido públicamente la responsabilidad plena de su actuación al frente de la rebelión de aquel día. Algo que (mucho más que el efecto mítico que se le atribuye exclusivamente al “por ahora” como frase premonitoria) significó para el pueblo la clave de la rectitud y la honestidad que se sabía extintas en la concepción ética del viejo estamento político y que eran indispensables para recuperar la fe y la confianza perdidas desde hacía tanto tiempo.

El otro, el enfrentamiento frontal y decidido del Comandante a los poderosos factores que generaron a través del tiempo el hambre y la miseria que tanto padeció el pueblo venezolano. La indolencia de aquellos sectores que se habían adueñado del poder mediante la represión y el exterminio sistemático de la disidencia para favorecer la voracidad del gran capital, era ya insoportable. Chávez los enfrentó, primero con las armas y luego con el discurso contundente e irrenunciable de la justicia y la igualdad social, hasta que alcanzó el objetivo de la mayoría electoral. Ya ahí el pueblo sabía que el tan esperado conductor de sus luchas y sus anhelos había llegado.

Lo que ha habido desde entonces es la búsqueda infatigable de la consolidación de un modelo que ha demostrado que sí es posible alcanzar el bienestar y la prosperidad a partir de la priorización de lo humano por encima de lo material.

Parecieran muchos, pero en realidad son pocos los años para la inmensa construcción que Chávez ha emprendido. Por eso hoy lo correcto, lo impostergable, en directa correspondencia con nuestro compromiso histórico, es votar sin dudas ni miramientos de ninguna naturaleza por todos sus candidatos… los candidatos de la Revolución.

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