El fin del mundo

 

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La profecía Maya que advierte que será hoy la fecha final de la existencia sobre el planeta, sugiriendo incluso la desintegración de la tierra y del universo mismo bajo una llamarada infernal de dimensiones bíblicas inexorables, es clara e inequívoca; el más gigantesco cataclismo imaginado jamás por el ser humano arrasará en algún momento de aquí a la medianoche hasta con la más recóndita e infinitesimal partícula material de toda galaxia conocida, en apenas cosa de segundos.

La ancestral predicción fundamenta su carácter infalible en los sorprendentes e innegables avances de esa civilización en todos los ámbitos del conocimiento. Es simplemente inconcebible que la cultura más precisa de su tiempo en todas las categorías científicas, todavía no superada por la ciencia moderna en muchos aspectos, haya podido cometer un error de cálculo en un asunto tan sencillo como debe haber sido para ellos el tema del fin del mundo.

No hay poder humano sobre la tierra ni potencia supranacional alguna, por muy imperialista que se considere, capaz de alterar el designio de la importante civilización indoamericana. Mucho menos en el escaso lapso de tiempo que nos queda en estas pocas horas hasta la consumación definitiva del exterminio previsto.

Ahora bien; si después de todo las cosas en el planeta siguen su curso y en nuestro continente, así como en el resto del mundo, se sigue realizando el prodigioso acontecimiento de la vida, con sus padecimientos y sus alegrías, sus problemas y sus logros, como hasta ahora ha sido el ritmo de la historia, entonces habrá que terminar por concluir tajantes que los Mayas eran escuálidos.

Porque no se puede ser tan irresponsable asegurando fallidamente la inexorabilidad de un acontecimiento tan delicado y tan sensible para la gente como lo es el fin del mundo, si no eres un opositor consumado e inequívoco, habituados como son a la práctica de la estafa prediccional sobre todo tipo de evento, como las elecciones y sus mayorías por ejemplo.

Lo otro es que los Mayas no hayan hablado jamás del fin del mundo sino de la MUD, cuya extinción sí se cumplió ya el pasado domingo 16, y que solamente se hayan equivocado por unos cuantos días. De ser así, debieran merecer todo nuestro respeto por tan deslumbrante exactitud.

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