Candidatura y sexo… la rabieta de Capriles.

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La teoría social coloca a la familia como base fundamental de la sociedad porque ella, en sí misma, resume el carácter nuclear de sus componentes; hombres, mujeres y niños, y consagra la naturaleza institucional del cuerpo social más que ninguna otra fórmula de asociación o nexo entre sus integrantes.

Por muy avanzada que sea la sociedad, la familia no será jamás susceptible de obsolesencia porque de ella surge la noción de la ética, la moral, las buenas costumbres y la cultura filial (amor, hermandad, solidaridad, comprensión, etc.) tan determinantes para el desarrollo armonioso de los pueblos. Y con eso, por supuesto, la reducción de los factores desencadenantes de la criminalidad que surge del odio, la falta de principios, orientación y valores, que además de las razones asociadas a la cultura de la riqueza fácil y del voraz consumismo que promueve el modelo capitalista, aparecen hoy como los detonantes principales de la inseguridad y la violencia. En el ámbito del capitalismo, es precisamente esto último lo que se refuerza a a través de casi todo el contenido mediático que Hollywood produce en la actualidad; series de televisión que exhaltan la homosexualidad, el lesbianismo y la desintegración familiar como valores admirables, cuyo propósito definitivo es la desmovilización social y la subsecuente inhibición del potencial revolucionario o transformador de la misma.

Por eso aparecer ante el país tratando de descalificar al candidato de la revolución a la Presidencia de la República con el chantaje de la homofobia, tal como lo hizo Capriles esta semana, por haber aquel presentado públicamente a su familia; a su esposa, hijos y nietos, durante la inscripción de su candidatura, además de absurdo es un verdadero atentado a la inteligencia del pueblo y a la moral que debe regir la conducta de las figuras públicas.

Acusar de homófobo a quien no ha expresado descalificación o discriminación alguna hacia los homosexuales, sino que exalta en el momento adecuado la importancia de la familia en el marco de una candidatura que persigue lograr la confianza del electorado con base en el reconocimiento no solo de su programa de gobierno, sino de sus credenciales como dirigente político, como persona y como ser humano, es poco menos que descabellado y estúpido.

Mucho más cuando quien hace la acusación arrastra sobre sí el pesado expediente de la ocultación de su orientación sexual, dejando entrever con tan inexplicable actitud que quien se avergüenza de la homosexualidad como fenómeno que hoy, por primera vez en nuestra historia y gracias a la amplitud y espíritu democrático de Chávez, se puede ejercer con la más entera libertad en nuestro país, es él mismo.

Entonces, ¿Quién discrimina a quién?

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