Democracia, encanto y burguesía

democracia socialista

Una de las más portentosas escenas del cine surrealista de todos los tiempos, en “El discreto encanto de la burguesía“, muestra el desesperado intercambio de palabras entre una angustiada pareja de la clase media parisina y el jefe de la policía al que le denuncian la desaparición de su pequeña hija de apenas diez años de edad, quien según sus padres se habría extraviado cuando se encontraba en el colegio recibiendo sus clases regulares.

A medida que transcurre la larga escena, los personajes exploran los más diversos y descabellados escenarios en la búsqueda de una solución al problema de la niña desaparecida, interrumpidos solamente por las intervenciones de la muchachita en cuestión quien en todo momento estuvo presente en la reunión advirtiéndoles que no estaba desaparecida y que nunca lo estuvo, solo que, de tan preocupados que estaban todos por encontrarla, nadie la tomaba en cuenta y más bien la mandaban a callar de manera persistente.

Exactamente igual de absurdo a la tragedia que experimenta la burguesía criolla buscando desesperada hasta por debajo de las piedras una democracia que segundo a segundo se construye y se extiende a lo largo y ancho del territorio nacional, impactando desde hace más de una década a todos y cada uno de los venezolanos sin excepción, incluidos los urticantes seguidores de esa atolondrada burguesía, que por incauta y por inculta es la única en no percatarse de que en definitiva anda buscando lo que no se le ha perdido.

Venezuela está dando lecciones al mundo entero en materia electoral, no solo en términos de los avances tecnológicos que aseguran la idoneidad, transparencia y confiabilidad del sistema, sino en función del alcance y profundización de la cultura democrática que hoy es realidad en el país, con lo cual el venezolano de a pie se apodera de uno de los activos más preciados para los pueblos democráticos del mundo como lo es el derecho al libre ejercicio de la política.

La elección de este domingo es uno de los eventos cívicos más importante de nuestra historia política contemporánea, no tanto por la naturaleza de la decisión que tendremos que tomar, sino también por la significación que tiene la misma en la construcción de ese modelo de sociedad avanzada que todos aspiramos y que tanto nos enseñó nuestro Presidente que debíamos alcanzar.

Sería ya hora de que esa terca y obtusa burguesía criolla aceptara de una buena vez esta maravillosa realidad y se incorporara al curso de esa democracia que los únicos que no ven son precisamente ellos.

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