¡Cadena Nacional!

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Cuando el pueblo le pidió desde un primer momento al comandante Chávez que ordenara la transmisión en cadena nacional de los eventos a los que éste asistía, pedía de manera simple y espontánea justicia social en su más correcta, profunda y sentida acepción.

El empeño de los medios de comunicación en secuestrar los más preciados derechos individuales de la población, como las libertades de expresión y de información, para ponerlos siempre al servicio de los particulares intereses de los propietarios de esos medios, fue a través del tiempo un elemento generador de exclusión y de discriminación social por antonomasia.

La naturaleza profundamente antidemocrática de su origen, el hecho de no surgir esos medios de la voluntad popular sino del poder adquisitivo de sus propietarios, determina el carácter opuesto de sus necesidades a las de las grandes mayorías, que sólo acceden a ese prodigioso avance del conocimiento humano cuando mucho en la escasa condición de desamparado espectador.

El grito “¡Cadena… cadena!” en los eventos de la revolución representa un cambio significativo en nuestra sociedad, porque expresa la conciencia del pueblo acerca de esa conquista que el comandante Chávez nos trajo con su idea de la participación y el protagonismo que consagra la Constitución bolivariana. Un paso apenas en la búsqueda del logro supremo de la democratización de ese activo tan valioso hoy en día para la humanidad que es el espectro radioeléctrico, cuyo propietario es precisamente ese pueblo ancestralmente excluido de las amplias posibilidades que ese gran avance ofrece.

El ataque permanente de la derecha, en particular de su candidato errante, contra las cadenas de radio y televisión usadas por la revolución bolivariana para hacer visibles los logros del Gobierno en esa justicia social que tanto ha reclamado el pueblo, deja ver su desprecio por el verdadero derecho a la información y al libre usufructo de ese bien colectivo que deben ser los medios. Pero, muy fundamentalmente, evidencian su miedo a que la verdad se imponga sobre la perversa manipulación y distorsión de la realidad con la que se inunda a la sociedad desde esos laboratorios de alienación y de mentiras.

Habrá que decir “¡Las cadenas son del pueblo, no de la burguesía!“.

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