Gobierno de calle

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Desde siempre el mayor reclamo del pueblo hacia sus gobernantes fue que aparecían muy cariñosos durante las campañas electorales para luego de las elecciones no volver a vérseles la cara ni en pintura, porque se pensaba que la sola presencia física del funcionario en la comunidad era demostración de su interés por ella.

Un reclamo inconducente, que expresaba la indolencia de un liderazgo político que solo procuraba el poder por el poder en sí mismo, y que en modo alguno se proponía la transformación de la sociedad para alcanzar la justicia que el pueblo pedía, sino la sola consagración del ritual electoral como instrumento de reafirmación democrática. El trabajo jamás fue el propósito de los recorridos casa por casa. Por eso el sector político era siempre el más repudiado por la gente.

El gobierno de calle emprendido por el presidente Maduro como parte fundamental de su propuesta al país, tiene en principio sobre sí la pesada responsabilidad de obligarse a superar esa limitante que representa para un revolucionario la incredulidad del pueblo hacia los sectores políticos.

Esa incredulidad, producto de la indiferencia y la incompetencia de los gobiernos neoliberales para resolver los problemas de la gente, es sin lugar a dudas un obstáculo. Pero a la vez una extraordinaria oportunidad para demostrar de manera perfectamente clara la diferencia entre un modelo excluyente, generador de hambre y miseria, como el capitalismo, y un modelo humanista, efectivamente constructor de participación y bienestar, como el socialismo bolivariano.

La forma como el Presidente ha estructurado hasta ahora esas jornadas de trabajo intensivo directamente en la comunidad, junto al pueblo, es verdaderamente auspiciosa precisamente porque profundiza el esquema creado por el Comandante Chávez de trascender el modelo populista del pasado para convertirlas en verdaderas sesiones de trabajo en equipo con el tren ministerial, que arrojan resultados tangibles en la toma de decisiones, asignación de recursos y supervisión de obras.

Falta ahora el trabajo ideológico permanente en cada comunidad para asegurar la perdurabilidad de ese gran logro en la conciencia del pueblo. Es el compromiso de la repolitización de la que habló siempre el presidente Chávez.

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