100 días sin Chávez

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Una contrariedad que difícilmente será superable por mucho tiempo en el ámbito del chavismo, es sin lugar a dudas la de referirse al Comandante Chávez en el desagradable pretérito al que los desafortunados designios del cielo nos han obligado.

Complica no solo la racionalidad sino los sentimientos mismos, que para la mayoría de los venezolanos afloraron como una recóndita e impensable faceta de su personalidad hace apenas semanas, y explica el fenómeno del talante fiscalizador en el que cada uno de esos compatriotas se han asumido a sí mismos como resteados vigilantes de la revolución que su líder les encargara en la dolorosa hora de su última comparecencia ante el país.

De ahí que la evaluación de la gestión del presidente Maduro sea cada vez más inclemente por parte de ese pueblo fiscalizador, en cada decisión de gobierno, en cada plan puesto en marcha, en cada expresión incluso, lo que hace de la inmensa responsabilidad del nuevo mandatario nacional un compromiso mayor en todo momento.

Es por ello un verdadero reto al discernimiento analítico rescatar de entre todas esas acciones de gobierno que han dado en tan corto tiempo un avance sustantivo al proyecto de la Patria presentado por Chávez al país, como lo son, por ejemplo, los inmensos logros del “Gobierno de la Eficiencia en la Calle”, del “Plan Patria Segura” y de la gestión de las relaciones internacionales, una en particular que resalte como la más trascendental e importante.

Con la más entera objetividad, habrá que decir que el mayor de los logros de Maduro en estos cien días, ha sido salvar la Patria del colapso al que han jugado con la mayor fiereza y salvajismo con los que jamás hallan atacado a la revolución los sectores más reaccionarios del gran capital y de sus aliados de la derecha, tanto del país como del exterior.

Un logro alcanzado con la tenacidad, el coraje y la lealtad que Chávez reconoció en Maduro cuando le propuso como sucesor en la conducción del proceso, y que ha contado con la unidad monolítica de las fuerzas revolucionarias y de su estamento dirigencial.

Tal como lo sentenciara de manera providencialmente visionaria el Comandante, “Que nadie se equivoque; hoy tenemos Patria”… y Maduro está cuidándola como todo un buen revolucionario.

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