Eficiencia capitalista

Marcha-contra-la-Corrupción

Difícil precisar cómo llegamos a esto.

Imposible saber en qué momento pasamos de la ardua construcción de un modelo socialista de justicia e igualdad social con participación y protagonismo a una lucha necesaria, es cierto, contra la obscena corrupción que carcome al Estado pero que divide de la noche a la mañana a la revolución bolivariana en dos únicos y absurdos escenarios opuestos entre sí, a saber; el período chavista, donde una atrevida propuesta de transformaciones profundas en vez de aplaudida por el bienestar que genera y asegura mediante la infinidad de inéditos y trascendentales programas inclusivos de conquista de libertad y soberanía, termina enlodada en acusaciones de ineficiencia, y una era supuestamente postchavista donde lo único que el pueblo le reconocerá a ese mismo gobierno revolucionario no será ya la tan reclamada atención al ser humano, sino la búsqueda del perfeccionamiento de ese Estado, causante de todos los males que aquejan a la sociedad no solo en el país sino en el mundo, mediante la optimización que se le exige de las instituciones que pretende derruir.

Ahora resulta que si no se logra hacer funcionar los mismos ministerios con los que los gobiernos del pasado hundieron al país en la más profunda e injustificable miseria precisamente por su incapacidad para construir y viabilizar un modelo de desarrollo sostenible para la nación, entonces la revolución no sirve.

Se pretende desde los sectores de oposición, atrabiliarios y antojadizos como son, así como desde muchas de las filas mismas de la revolución, que si no funcionan a la perfección las instituciones del modelo burgués de sociedad en el que estamos todavía inmersos, no habrá razón alguna para mantener en el poder a los hijos de Chávez. Argumentan desde esas posiciones disparatadas que lo que falla en la administración pública es el funcionario (pero solo si es chavista) y no el modelo institucional sobre el cual se asienta, con lo cual la necesidad de transformar será definitivamente vana. Sólo se requerirá, según eso, un cambio de funcionarios y listo.

Abonar esa absurda prédica no es sólo una grave distorsión sino un acto contra revolucionario. Es hacer el discurso que tanto necesita la oposición.

(Publicado el 24/08/2013 en la sección de Opinión de Últimas Noticias)

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