Nicolás y el Hombre Araña

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Publicado en Últimas Noticias el 21/09/13

La mención hecha por el Presidente de la República a un personaje de las mal llamadas “tiras cómicas”, que de cómicas no tienen sino el término, es motivo del más repugnante choteo por parte del antichavismo visceral que corroe a la oposición venezolana, como si del ataque de un perro a la luna se tratara.

De esa gente hay que esperar conductas así de miserables porque es de ellos de quienes precisamente habla el Primer Mandatario cuando se refiere al daño que en general causa el contenido mediático a la psiquis de la población, no solo en nuestro país sino en el mundo entero.

Ya hoy resulta imposible desde todo punto de vista negar la influencia perniciosa de la violencia cinematográfica en la vida de la gente, como lo reflejan las particulares formas delictuales que van apareciendo en la sociedad contemporánea, casi siempre calcadas a la exactitud con lo que recrea, cada vez con mayor perfección, crudeza y realismo, el cine de Hollywood.

El presidente Maduro ha visto con claridad este perverso fenómeno de la “educación” en la violencia al que es sometida la población, y ha puesto apenas un solo ejemplo de los miles de personajes fastuosos que inundan hoy las pantallas de TV y de las salas de cine con su siniestra carga de antivalores.

El más simple análisis crítico permite demostrar de manera irrefutable cómo el cine es hoy en día una de las más poderosas armas de promoción de violencia asociada al ideario imperialista de dominación y sometimiento de los pueblos soberanos del mundo, ya no solo a través del degradante y absurdo contenido de las historietas de superhéroes, sino por medio de la vasta categorización de personajes y situaciones de todo tipo a los que recurre sin pudor alguno la industria cinematográfica para difundir de manera velada o abierta, pero siempre muy bien desarrollado, su discurso prohegemónico.

Se trata de un gran ejército cuyo poder de fuego para generar desmovilización social no surge de las armas convencionales, sino de la fuerza devastadora de las imágenes y los efectos más glamorosos. De ahí la importancia de otorgarle cuanto antes a este tema la mayor atención y relevancia, en el marco de una revolución que se asume transformadora y muy principalmente liberadora, al servicio del verdadero interés del pueblo.

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