La guerra de los cobardes

soy un cobarde

Publicado en Últimas Noticias el 05/10/2013

Si algo dio un giro determinante a la política venezolana con la irrupción de Hugo Chávez en la escena pública el 4 de febrero de 1992, fue la naturaleza completamente inusual de su sentido de la responsabilidad frente al país y frente a la historia, al aceptar ante al mundo su participación como comandante en la rebelión cívico militar que acababa de ser sofocada en aquel momento por las fuerzas armadas del gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez.

La hidalguía, la entereza y la rectitud de aquel joven militar venezolano revelaba una templanza nunca antes vista en Venezuela, y completamente atípica en el mundo, a través de la cual veíamos por primera vez y con el más completo asombro, cómo un prisionero de guerra no sólo aceptaba su responsabilidad en los hechos que lo incriminaban, sin doblegar jamás los principios de emancipación del pueblo que lo inspiraban, sino que no usaba las cámaras para infamar o descalificar a sus opresores mediante acusaciones destempladas cargadas de alguna forma de rencor o de odio.

Nada de lo cual se consigue ni por atisbo en las cobardes expresiones de evasión de la derecha venezolana, quien desde ninguno de sus frentes; el empresarial, el político o el mediático, acepta jamás su participación en una guerra más que develada, montada por todos esos sectores para tratar de desconocer la voluntad popular y torcer el hilo constitucional de la República, mediante la fatiga del estómago de los venezolanos.

Se trata de quebrar la lealtad del militante revolucionario, de los hombres y mujeres que por millones abrazan la propuesta de construcción de la patria que presentara Chávez al país, no para captarlos como adeptos a ninguna parcialidad política en particular, sino para provocar el malestar que desate la ingobernabilidad que necesita la contrarrevolución para facilitar las sanciones internacionales que conduzcan a la intervención de fuerzas militares norteamericanas y al establecimiento de un gobierno de transición que permitiera a esos sectores de derecha retomar el poder en Venezuela.

Lo que persiguen es la guerra como fórmula de solución a su expresa ineptitud política, y de ahí su afán de tirar la piedra y esconder la mano. No hay ahí liderazgo alguno. Ahí quien manda es la cobardía.

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