¿Felicidad suprema o ignorancia supina?

ignatius(Ignatius Reilly personaje de “La Conjura de los Necios” de John Kennedy Toole)

Dice el proverbio chino que “cuando el sabio señala la luna el necio mira el dedo”. Y quizás nunca fue tan cierta la frase como cuando el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, anunció la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social y de inmediato saltaron al teclado los miles de necios de la oposición que se consideran ungidos con la sabiduría de las academias a escribir sandeces en el twitter sobre el tema.

Fueron los mismos que en 1979 arremetieron desde todos los ámbitos del quehacer intelectual y político en nuestro país contra la idea de un ministerio para el desarrollo de la inteligencia, idea que muy rápidamente fue estudiada y puesta en práctica por importantes universidades como la de Harvard o naciones como Corea del Sur, China, Costa Rica o Chile, entre otros, pero que aquí fue solo objeto de burlas.

Siendo iniciativa de un gobierno neoliberal disfrazado de socialcristiano, que muy bien pudiera haber concitado la solidaridad de esos sectores ultraconservadores que aún cuando ven en toda propuesta de transformación del Estado una afrenta contra el orden natural de las cosas perfectamente podrían haberla aceptado, sin embargo atacaron como a un auténtico pordiosero de la sapiencia al doctor Luis Alberto Machado, promotor del que a la larga fue el semillero del más importante proyecto de creación musical jamás conocido en el mundo, como lo es el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles que dirige el maestro José Antonio Abreu y del cual surgiera ese prodigio universal de la batuta que es hoy en día Gustavo Dudamel.

La felicidad, como la inteligencia, no puede ser administrada desde una instancia gubernamental para ser distribuida como si de un producto envasado al vacío se tratara. Eso se sabe. Lo que sí se puede, y es obligación de todo Estado revolucionario que se precie de tal, es coordinar las acciones de los diversos organismos del Ejecutivo que tienen incidencia en la elevación de la calidad de vida de la población y en consecuencia en el logro de la felicidad del pueblo. Y eso es lo que significa esta iniciativa.

Pero qué le vamos a hacer si, cuando el presidente Maduro señala el rumbo del Plan de la Patria, los necios ya ni siquiera miran el dedo sino su propio ombligo. Más allá no alcanzan a ver nada.

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