¡Por fin tienen Presidente!

capriles en miraflores

Publicado en Últimas Noticias el 11 de enero de 2014

Como buscando tener a qué aferrarse, algo qué hacer con las manos ante la incertidumbre de dónde colocarlas llegado el momento, Capriles llegó a Miraflores con una carpetica bajo el brazo, probablemente asesorado por los mismos que le han conducido al despeñadero insalvable al que lo han llevado, quizás con la idea de fingirse laborioso, ejecutivo, planificador estratega de algún quimérico proyecto para su gobernación.

Pero nadie notó la carpetica de utilería. Lo que vio el país fue lo que la militancia opositora jamás esperó ver en su “flaquito”, pero que ahí se escenificaba de manera irrefutable ante el mundo.
A cada paso que daba hacia el Salón Ayacucho, donde el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela había convocado el día anterior, la democracia venezolana alcanzaba un nivel superior en su consolidación como modelo participativo y protagónico.

A cada paso del hasta ese día candidato perpetuo de la derecha, la respetabilidad del Poder Electoral venezolano, cuyas elecciones son reconocidas en el mundo entero (con la única excepción de la oposición nacional) como las más transparentes, confiables e inviolables, crecía de manera sustantiva.

A cada paso que el otrora “joven esperanza” del sector empresarial daba por el palacio, la revolución bolivariana se libraba de la incredulidad de miles de opositores que confiaron ciegamente en que todo cuanto les decía su líder indiscutible en relación con un fraude virtual que jamás pudo comprobar, ni con una sola prueba, era verdadero.

A cada paso del frustrado aspirante, la legitimidad del presidente Maduro se fortalecía (ya no sólo en todo el ámbito nacional, sino en el llamado “concierto de las naciones”, hasta donde fue en su momento Capriles a descargar su arrechera) como constatación fehaciente de que en nuestro país sí hay un Estado de Derecho, robusto, auténtico, inequívocamente respaldado por la decisión mayoritaria y soberana del pueblo.

A cada paso, hasta llegar a su asiento entre los gobernadores, allá atrás en la fila correspondiente a la letra “M”, y ofrecerle el debido saludo al Primer Mandatario, el espíritu del comandante eterno retumbaba en Miraflores, como diciendo: “¡Estoy vivo; día a día Nicolás me devuelve al corazón del pueblo!”.

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