De espaldas al enemigo

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Por: Alberto Aranguibel B.

A ningún británico en su sano juicio se le hubiera ocurrido jamás durante los terribles padecimientos de Inglaterra en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, acusar a su primer ministro Winston Churchill de ser el causante de tales penurias. Menos imaginable aún habría sido algún judío, en medio de las calamidades de los campos de concentración, señalando como responsable de aquellos tormentos a Goldmann, principal líder sionista durante el horrendo período de persecución del pueblo hebreo por los nazis.

De hecho, fue quizás el liderazgo de Churchill para alentar a su gente en esa terrible hora lo que lo catapultó ante la historia universal como el más prominente político de todos los tiempos. La reseña de Wikipedia lo describe así: “Su firme negativa a aceptar la derrota, la rendición o un acuerdo de paz, ayudó a inspirar la resistencia británica, principalmente durante los difíciles primeros años de la guerra, cuando el Reino Unido se quedó solo en su firme oposición a la Alemania nazi. Churchill destacó más que nada por sus discursos y programas de radio, que ayudaron a inspirar al pueblo británico al que lideró como Primer Ministro hasta que fue segura la victoria de los aliados sobre las potencias del eje”.

En medio de la cruenta guerra económica desatada contra nuestro país por las más grandes corporaciones de origen estadounidense en perfecta concertación con el Departamento de Estado norteamericano en su propósito de acabar con el proyecto revolucionario venezolano, al frente de la cual se encuentran la Procter & Gamble, los medios de comunicación privados, y las empresas farmacéuticas, cunde de manera creciente entre la población la manía contranatura de señalar al líder de la revolución como responsable de la crisis que esa guerra genera.

Ineptos “autocriticistas” se empecinaron durante meses en salpicar con su chispita pendenciera el polvorín de la patria. Ahora, cuando su imbecilidad antirreformista enloda todos los espacios de la revolución, aparecen como si nada anunciando reconvención de su idea.

No son líderes de nadie, pero su necia prédica alentó en el pueblo a un absurdo ejército que en medio de la batalla le da la espalda al enemigo para acusar a sus conductores de cuanto horror se atisbe sobre la tierra.

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Publicado en Últimas Noticias el 31 / 05 / 2014

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