El artículo de Temir Porras

Nicolas-MaduroPor: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 14 de junio de 2014

Como era de esperarse, los atorrantes autocriticistas, auto erigidos en dueños no solo de la verdad sino de la agenda revolucionaria, le cayeron encima como si del demonio encarnado se tratara. Y marcan así una diferencia, más que oportuna necesaria, con la que probablemente sea la reflexión más aguda y sensata de cuantas se han presentado al debate en esta tan crucial etapa de la revolución que se inicia con la partida física de nuestro querido Comandante Supremo.

Esclarecido (y esclarecedor) como es el planteamiento de Porras en términos generales, destacan sin embargo dos o tres ideas de las cuales quiero comentar hoy solo una. La del necesario fortalecimiento del liderazgo de Nicolás Maduro como tarea prioritaria de la revolución.

Si algo cimentó las bases del proceso iniciado por el comandante Chávez, fue precisamente su liderazgo en las más amplias capas sociales del país, sin el cual sus ideas y propuestas programáticas no hubiesen pasado jamás del postulado audaz y voluntarioso.

Engels atribuía el fracaso de las llamadas huelgas petroleras de finales del siglo XIX en España a la lectura equivocada del concepto de colectivismo que privó en aquel fallido movimiento obrero, que partía del principio del liderazgo horizontal, permitiendo así la imposición de los poderosos casi que por gravedad.

Pretender construir el socialismo sin asumir primero el compromiso histórico de la consolidación del liderazgo que referencie esta nueva etapa, es una opción insensata que atenta no solo contra lo esencial del llamado de Chávez en su última proclama, como lo dice el artículo de Porras, sino que abre las puertas al arrase que desde la poderosa maquinaria comunicacional con la que cuenta la derecha podría hacerse contra la revolución. Algo en lo que ya lleva un sustancial trecho recorrido.

El atributo diferenciador de mayor peso frente a la derecha ha sido, y debe seguir siendo en esta nueva etapa, un liderazgo sólido, con profundos cimientos en lo más extenso de la sociedad, empezando por las bases mismas de la revolución. Depositar en él la mayor confianza, y trabajar por eso sin mezquindades ni condicionantes, es la más urgente e impostergable tarea.

Sin ello, el socialismo bolivariano será solo una hermosa e inalcanzable quimera.

 

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