Chávez y Maduro: ¿Se fabrican los liderazgos?

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Por: Alberto Aranguibel / Correo del Orinoco Nº 1.713 del 23 de junio de 2014

La polémica carta atribuida recientemente al exministro Jorge Giordani, en la que, entre muchas otras cosas, se cuestiona el desempeño público del presidente Nicolás Maduro, incluye algunas reflexiones muy particulares sobre la calidad del liderazgo del Primer Mandatario, a partir de la comparación de su imagen con la del  comandante Hugo Chávez.

En una parte de la carta se afirma: “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia que no transmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez…”. Pero apenas unos cuantos párafos antes se dice: “Con la campaña electoral en plena ejecución desarrollada (SIC) se empezaron a notar elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez, mostrando debilidades y diferencias notables en cuanto a su ejecución, los resultados obtenidos favorables al proceso bolivariano, sin embargo no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro.” Es decir, se reclama por una parte que el actual mandatario no sigue cabalmente el comportamiento del Comandante Chávez, y por la otra se le echa en cara una tendencia a hacer lo contrario, con lo cual se patentiza una clara contradicción en la idea central que evidentemente persigue formularse de manera subrepticia en la misiva, como lo es la de que el liderazgo pudiera ser construido arbitrariamente en un sentido o en otro según se quiera hacer con solo proponérselo, tal como se deduce de la objeción que comprende la afirmación según la cual todos esos procesos de “deformación” de imagen “no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro”.

La vieja discusión planteada años atrás con el tema del supuesto “hiperliderazgo” del que sería presa la revolución bolivariana porque no controlaba, según los promotores de la idea, los niveles excesivos de presencia de la imagen del Comandante Chávez en la vida pública nacional, es, junto a la tesis del intento de imitación de su liderazgo por parte del presidente Maduro, dos caras de una misma moneda. Aunque no necesariamente de un mismo monedero.

En medio de la vorágine comunicacional que se ha desatado con la emergencia de la intensa confrontación ideológica que propone el modelo bolivariano que nos trajo el Comandante Chávez, las diferencias entre imagen y liderazgo se han ido diluyendo hasta convertirse ambos conceptos en una mezcolanza de imprecisiones e inexactitudes, manejada frecuentemente sin ton ni son por los desentendidos en la materia hasta hacerla aparecer la mayoría de las veces como una misma cosa.

Imagen es lo que surge del proceso de desarrollo creativo de equipos especializados de acuerdo al sujeto, objeto, marca o producto, que se persiga promocionar mediante un planeamiento estratégico específico, comúnmente conocido como “campaña”.

En el terreno político, la imagen se construye a partir de la evaluación concienzuda y metódica de los atributos y ventajas diferenciadores de un determinado candidato o grupo político, filtrados por especialistas a través de una serie de instrumentos que incluyen; investigación de opinión, evaluación de la trayectoria y del trabajo político, análisis de fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas del candidato, del grupo o de las ideas o promesas fundamentales que comprenda el proyecto, así como el levantamiento del perfil comunicacional (priorización de las ideas a comunicar, su diseño, sus símbolos, su música, sus colores, su evolución en el cronograma de campaña, etc.). Toda una compleja planeación que debe llevarse a cabo a partir siempre de los rasgos propios y muy particulares del candidato o de la organización. Cualquier intento de incluir elementos que no surjan de esas características o rasgos intrínsecos, o que pretenda modificarlos arbitrariamente, se conoce con el nombre técnico de “sobre-oferta”, o de “oferta-engañosa”, que por lo general están destinadas al fracaso precisamente por la capacidad del ciudadano común a detectar la falsificación o el mensaje deshonesto que se le presente. La legendaria campaña que llevó a la presidencia a Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, basó su promesa “Ese hombre sí camina” en un atributo personal hallado como una verdadera mina de oro por los técnicos publicitarios adecos en una fotografía que presentaba al candidato pegando un gigantesco salto sobre un charco. Ningún otro candidato podría haber usado una frase tan impactante en aquella campaña porque ninguno disponía de tan siquiera una imagen personal que se correspondiera tan exactamente con una idea parecida. Por eso CAP ganó en aquel momento la contienda comunicacional y con ello la presidencia.

En el liderazgo, en cambio, no hay cabida a la creatividad. El trabajo no lo hace ningún equipo, sino que su desarrollo se soporta en la “construcción” que va alcanzando en el tiempo el actor político de acuerdo a sus logros como luchador social, a la naturaleza de su capacidad particular para comunicarse con el electorado con transparencia, claridad, rectitud, honestidad y personalidad propia, entre otros elementos. Aquí el trabajo de los especialistas tiene que ceñirse estrictamente a los rasgos propios del líder y en modo alguno a la inversa, porque lo que se persigue desde el punto de vista técnico de los comunicadores en este caso es la potenciación y difusión de las cualidades excepcionales que han labrado ese liderazgo y no la fabricación o adulteración del mismo.

Presentar como preocupante la existencia de “elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez”, como se lee en la carta de Giordani, y acusar de impropio el que las supuestas “debilidades y diferencias notables” entre un liderazgo y el otro no fueran “sometidos a un severo y crítico análisis”, sugiere definitivamente, no solo que los liderazgos pueden ser construidos antojadizamente en una mesa de evaluación política cualquiera, sino, mucho más desatinado aún, que la imagen del fallecido líder de la Revolución pudiera haber sido de alguna manera fabricada. Es decir, como si la misma no fuese el resultante de una muy excepcional y personalísima capacidad del Comandante para el desarrollo de las avanzadas ideas de transformación profunda de la sociedad que él encarnó, así como de su extraordinaria e inusual capacidad para la conducción de masas, y que la de Maduro pudiera y debiera ser sometida entonces al mismo procedimiento de manipulación y amalgamiento técnico político para equipararlas.

Todo líder revolucionario que se proponga continuar la obra emprendida por el Comandante Chávez, se verá obligado inevitablemente a usar el lenguaje del Comandante, las ideas del Comandante, a enfocar los problemas desde la óptica en que fueron abordados por el Comandante. Pero ello no significa que se le esté imitando, sino que se está siguiendo su línea de pensamiento y de acción. Pero avanzar en la construcción del modelo chavista con un perfil propio, con una personalidad particular (como la tuvieron todos los líderes que sucedieron a los fundadores de los procesos revolucionarios de la historia) tampoco representa en modo alguno el peligro que ven algunos de traición al proceso.

En ninguna revolución de la historia se ha considerado jamás como un fracaso (o como una desviación siquiera de los postulados originales) que los sucesores de los líderes fundadores de cada una de ellas no hayan calzado con exactitud alguna las botas de sus predecesores, en términos de su capacidad de liderazgo. Solo los teóricos pequeños burgueses, utilizando esa hipótesis de la reencarnación obligatoria y absoluta del liderazgo, encontraron en ello en cada oportunidad argumentos para estructurar un discurso pseudo revolucionario, que a la larga siempre favoreció a los intereses del enemigo, en particular los del imperio norteamericano. Quienes acusaron con saña dogmática a través de la historia a los conductores de las etapas sucesivas de cada una de esas revoluciones, terminaron casi inevitablemente, y más temprano que tarde, en las filas de la más urticante ultraderecha. Y es ahí donde nos resultan preocupantes algunas de las aseveraciones de nuestro querido y respetado profesor Giordani.

Quienes aceptaron el reto de continuar el avance de cada uno de esos proyectos revolucionarios, asumiendo con auténtica pasión revolucionaria los inmensos compromisos a los que las circunstancias los llevaron, han pasado a la historia como verdaderos soldados al servicio de las causas más nobles de la humanidad, como lo es la de justicia e igualdad que Chávez nos trajo y que Maduro continúa impulsando a diario con entrega y lealtad plenas al legado del Comandante eterno. Es la única manera de imitar a Chávez con respeto y de construir a la vez un liderazgo auténtico… sirviendo con verdadero amor y abnegación al pueblo como lo hace Maduro.

Fuente. Correo del Orinoco

@SoyAranguibel

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2 comentarios sobre “Chávez y Maduro: ¿Se fabrican los liderazgos?

  1. porque se permite que se juegue con la salud? ejemplo uso inyecciones SUPRAHIAL O IALGAL, desaparecieron del mercado, los laboratorios deciden? son necesarias para gente mayor con problemas de rodillas, las protesis están incompletas?

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  2. Estimado Arangiuibel,
    Estoy de acuerdo en que mientras màs se discute la carta en cuestiòn, menos se logra el objetivo. Quisiera a ser posible me aclarara un aspecto de salud que no entendemos, yo necesito inyectarme las rodillas cada cierto tiempo, con una inyecciòn SUPRAHIAL. Porqué no se sonsigue sabotaje de laboratorios?

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