Las cuentas oscuras del capitalismo

 

Hambre en Sudan

 

Por: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 04 de agosto de 2014

La inviabilidad del capitalismo no está determinada exclusivamente por su naturaleza profundamente inhumana y depredadora, como ha postulado el marxismo a través de la historia, sino por su incapacidad para suministrar (en el supuesto negado de que ese fuera en verdad su propósito) el bienestar con el que, cuando mucho, solo alcanza a ilusionar a la humanidad mediante un discurso mediático que ofrece infinidad de atributos fantasiosos de un modelo que no satisface las aspiraciones de la vida digna y cómoda que pregona, sino a tan solo una ínfima parte de la población del planeta.

La lógica salvaje del capitalismo surge del afán de la acumulación de riqueza en pocas manos por parte de los sectores oligárquicos de la sociedad, pero también, y muy especialmente, del terror de los propios capitalistas a caer en las fauces de ese monstruo que, como aquel mitológico Catoblepas del que se habla en “La Tentación de San Antonio”, era tan pavoroso que llegaba a comerse sus propias patas sin advertirlo.

En el polémico libro “La tierra es plana”, del tres veces ganador del premio Pulitzer Thomas Friedman, el autor sostiene la tesis de “El segundo comprador” como base de la lógica competitivista del modelo neoliberal. “Al hacer negocios –dice- te interesa siempre ser el segundo comprador, o sea; comprar el hotel, el campo de golf, o el centro comercial después de que el primer comprador haya quebrado, pues entonces el banco vende sus bienes por tres centavos”. Más aterrador que eso para un capitalista, ni siquiera las más horrendas descripciones del infierno.

Es exactamente la lógica de la que se vende al mundo como la fórmula que asegura por encima de cualquier otra el impulso económico en el capitalismo, la de la Bolsa de Valores; Procurar de manera frenética la crisis de los mercados cuando se quiere comprar, para implorar al cielo el alza de los mismos cuando se quiere vender, sin importar en lo más mínimo ni el hambre ni la miseria que tales fluctuaciones vayan dejando a su paso como estela de padecimiento de la humanidad, ni las guerras que por esa misma perversidad se ocasionen. La lógica miserable de los Fondos Buitres que hoy pretenden saquear la economía argentina.

Mientras en Génova arriba por mar ese gigantesco monumento a la barbarie capitalista que es el cadáver insepulto del crucero Costa Concordia, que hace poco causó la muerte a más de tres decenas de personas en medio del pavoroso naufragio del cual fue objeto en el sur de Italia, en Sudán autoridades de la ONU anuncian oficialmente la posibilidad casi segura del fallecimiento de más de 50.000 niños por causa del hambre en ese sufrido país del continente africano.

Para sacar del hambre a esos miles de niños y salvarlos de una muerte segura, la ONU estima que son necesarios 100 millones de dólares, para ser invertidos en alimentos de aquí a diciembre de este mismo año, de los cuales ni siquiera la décima parte son posibles de obtener de ningún organismo de ayuda humanitaria, ni mucho menos de parte del poderoso sector financiero que hoy sirve de soporte al modelo capitalista mundial. No existe mecanismo alguno de socorro que pueda ser utilizado para un desembolso como el que una operación de esa naturaleza comprende porque el único beneficio tangible que se obtendría con ello sería la vida de esos 50.000 niños.

El Costa Concordia, por su parte, requiere de exactamente el doble de esa voluminosa cantidad, es decir; 200 millones de dólares, para ser usados en lo que técnicamente se conoce como “desguace”, o desarmado, en el que estarán involucradas unas 80 empresas privadas especialistas en tal técnica. De acuerdo a los informes preliminares ofrecidos por la empresa naviera, los restos del barco no serán reutilizados ante los posibles riesgos de contaminación o de daños posteriores que pudieran generar los mismos. En definitiva, serán esos 200 millones tirados a la basura.

¿Por qué invertir en salvar la vida de 50.000 niños no es rentable para el capitalismo, pero sí lo es invertir el doble de lo que ello requeriría en desarmar un barco que no volverá a producir dinero jamás y cuyos restos no serán reutilizados en modo alguno?

Exactamente por las mismas razones por las cuales el congreso norteamericano aprueba esta misma semana cientos de millones de dólares para financiar un genocidio como el que el régimen fascista de Israel perpetra hoy en Gaza en contra del pueblo palestino, o para armar las fuerzas terroristas que pretenden acabar con la civilización siria para imponer el mismo régimen de horror y destrucción que han impuesto ilegalmente y sin justificación fehaciente en Libia, en Irak o en Afganistán, o para intentar acabar con la democracia venezolana y dar al traste con el modelo de justicia e igualdad social que promueve en el país la Revolución Bolivariana, sin importar en lo más mínimo el padecimiento del propio pueblo norteamericano, que ve incrementar la desigualdad social y la brecha entre ricos y pobres como en ningún otro rincón del planeta sin que el sector político haga algo por detener tan desquiciada aberración.

Para el economista chileno Manfred Max-Neef, premio Rigth Livelihood Award 1983, considerado el premio Nobel alternativo, la perversidad de la economía neoliberal radica en que “no entiende el mundo y, además, los seres humanos son irrelevantes. Para el neoliberalismo, lo relevante son los indicadores macroeconómicos, el PIB… lo que le haya pasado a las personas no le importa”.

Ya en 2009, Max-Neef denunciaba la atrocidad que representaba que en el mismo momento en que la Organización Mundial para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) estimaba en 35.000 millones de dólares el monto de dinero necesario para acabar con el hambre en el mundo, los bancos protagonistas de la más grave crisis económica de todos los tiempos, conocida como la “crisis de las subprimes”, recibían en entregas sucesivas en menos de dos años un total de auxilios financieros por el orden de los 17 trillones de dólares. “El equivalente –decía Max-Neef- a 600 años, más de medio milenio, de un mundo sin hambre”.

Ante el avance que alcanza hoy Latinoamérica en términos de su potencial económico, con base en la pujante estructura de cooperación regional que ésta viene desarrollando, las potencias del norte muestran de nuevo sus garras y voltean su mirada acechante hacia nuestro continente para tratar de saciar aquí su inhumana voracidad de recursos. El más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (El Ascenso del Sur / PNUD-2013) lo expresa de manera descarnada: “Muchas de las instituciones y los principios actuales de gobernanza internacional fueron pensados para un mundo que es muy diferente del actual. Una de las consecuencias es que el Sur está subestimado. Para sobrevivir, las instituciones gubernamentales internacionales deberán ser más representativas, transparentes y responsables. De hecho, todos los procesos intergubernamentales se verían fortalecidos a partir de una mayor participación del Sur, lo cual aportaría importantes recursos financieros, tecnológicos y humanos, así como también valiosas soluciones para los acuciantes problemas del mundo”. Más clara no puede ser la amenaza.

Es la cuenta oscura que saca desde siempre el capitalismo para tratar de ajustar la realidad del universo a sus más convenientes intereses. Una cuenta en la que el ser humano es solo un elemento circunstancial, sin valor alguno más allá del que le asigna el complejo sistema de reproducción del capital en el que las sociedades supuestamente más avanzadas del planeta se van sumiendo a medida que se pone en evidencia su incapacidad ya no solo para proveer bienestar a la gente sino para asegurar la sobrevivencia misma de ese modelo que según las tesis neoliberales debiera generar, por su propia naturaleza autogestionaria y autoregulatoria, mayor crecimiento económico que ningún otro modelo o sistema conocido, pero que hasta ahora solo ha demostrado incapacidad e inviabilidad insuperables.

 

@SoyAranguibel

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