Barbaries de un capitalismo biométrico

Biometria 007

Por: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 25 de agosto de 2014

En 1983, en una escena de la película “Nunca digas nunca jamás”, en la que el actor Sean Connery interpreta por última vez al legendario James Bond, un ridículo capitán de la fuerza aérea norteamericana, interpretado por el actor irlandés Gavan O’Herlihy, incursiona subrepticiamente en una inexpugnable base militar de la OTAN, con la finalidad de sustraer los códigos secretos de los lanza misiles que pueden acabar en un dos por tres con las fuerzas enemigas de cualquier nación. El medio utilizado para burlar los sistemas de seguridad de la base es una sorprendente imitación de la huella ocular del presidente de los Estados Unidos, que el capitán lleva en su ojo gracias a la más avanzada tecnología biométrica concebida por la ciencia ficción hasta aquel momento.

En 2006, en la revista internacional Journal of Biometrics se explica cómo la ciencia ficción se convierte progresivamente en un hecho real que impacta la vida del ser humano a lo largo y ancho del planeta, a medida que se van incorporando técnicas cada vez más impensables y sofisticadas como el sistema biométrico de seguridad basado en el movimiento de los ojos que estaría siendo desarrollado desde hace más de dos décadas por científicos finlandeses. De acuerdo a los especialistas, “el patrón de movimientos sacádicos es tan único como una huella digital o el iris pero más fácil de grabar y por tanto de proveer una alternativa a la tecnología de la identificación biométrica.” (1)

Ya en 2005, como parte de la guerra antiterrorista desatada por los Estados Unidos a raíz de los atentados del Word Trade Center en 2001, la administración Bush conminaba a la Unión Europea a adoptar sistemas biométricos de identificación en aeropuertos con el argumento de “La Ley es la Ley y estamos obligados a ella”. Así lo dijo entonces al congreso norteamericano el vicesecretario de Estado Robert Zoellick en relación a la solicitud de prórroga que pedía la comisión Europea para la implantación de dichos sistemas, la cual, sin embargo, argumentaba a su vez que “La biometría va a contribuir a hacer las fronteras de Europa más seguras; facilitará el paso de fronteras y reforzará la fiabilidad de los documentos de identificación, contribuyendo así a la creación del espacio europeo de justicia, libertad y seguridad”. (2)

Los pasaportes biométricos, los escáner de cuerpo y las captahuellas en millones de instituciones públicas y privadas, bancos, universidades, colegios, bibliotecas, centros comerciales, clubes, restaurantes, son hoy en día una realidad ineludible que impacta la vida cotidiana del ser humano hasta en el último rincón del planeta, sin que haya habido convulsión social que la obstaculizara siquiera. La oposición en su momento de algunas ONG’s a la implantación de los escáner de cuerpo en los aeropuertos aduciendo razones de derecho a la intimidad, no pasó de ser para la mayoría de la opinión pública mundial una simple expresión de conservadurismo por parte de una minoría vergonzosa que a la larga, ante el avance de la modernidad que el proyecto comprendía, desistió de su empeño obstruccionista.

Hoy el sector de la computación y de las comunicaciones, emprende su más ambiciosa evolución desde los tiempos de la introducción del celular inteligente como instrumento de apoyo multiplataforma en la vida de la gente, adentrándose en la era de la biométrica como fórmula de solución al inmenso percance de la sustitución de personalidad y la violación de la privacidad que se ha dado en el mundo gracias a la fragilidad del convencional sistema de identificación mediante contraseña alfanumérica hasta hoy utilizada en internet. A partir de ahora, la mayoría de las grandes corporaciones relacionadas con el uso de información vía web, como Apple, IBM, Google, Samsumg, Intel, y Sony, entre muchas otras, orientan progresivamente sus tecnologías hacia la incorporación de novedosos sistemas de identificación biométrica en sus equipos, como los más seguros que la ciencia haya desarrollado jamás. Desde el lanzamiento hace más de un año de su modelo 5-S, el Iphone de Apple incluye una modalidad de desbloqueo mediante reconocimiento de la huella dactilar. Algo que ya están siguiendo la mayoría de las grandes marcas de celulares y dispositivos inteligentes. En cada caso, todas esas innovaciones han sido recibidas por el público como un fabuloso avance, en virtud de lo cual jamás ninguno de ellos ha merecido críticas o cuestionamientos de ninguna naturaleza.

La oposición venezolana, en su ya proverbial desatino para la comprensión de la realidad y del curso de la historia, se rasga ahora las vestiduras en protesta por la implantación en el país de un sistema biométrico en los establecimientos de comercialización de alimentos y bienes de consumo masivo.

En el pasado, esa misma oposición luchó a muerte contra avances que el mundo entero incorporaría sin complicaciones de ningún tipo, como la sustitución de bombillos incandescentes por ahorradores, que varios años después de ser implantados en Venezuela eran incorporados masivamente en Europa y otras partes del mundo por exactamente las mismas razones por las que lo hacíamos en nuestro país. Luego de varios años, la comunidad científica advierte sobre la conveniencia de una nueva tecnología mucho más eficiente y preservadora del medio ambiente, la de los bombillos LED (3) a los que Venezuela se incorpora de inmediato, y el mismo sector opositor que antes se opuso a la adopción del bombillo ahorrador, se niega a abandonarlos y a aceptar el avance que comprende este nuevo avance. Lo mismo hicieron con la instauración de un sistema biométrico para asegurar la transparencia en los procesos electorales, como lo vienen instaurando cada vez más naciones con sistemas electorales avanzados, en lo cual la fuerza de su rechazo absoluto era solo equivalente a la descabellada defensa que del mismo hicieron años después acusando al gobierno revolucionario (que promovió siempre la implementación del mismo) de querer confundir a la población con el uso del captahuellas.

Una contradicción persistente en el discurso opositor que consiste en repudiar todo cuanto consideran perverso del socialismo, aplaudiendo a la vez lo exactamente equivalente en el mundo capitalista. Como eso de acusar de tiránico al gobierno del Presidente Maduro por su propuesta de instalar un sistema biométrico para combatir tanto el contrabando de extracción como el contrabando interno (o bachaqueo), siendo, como lo es, un sistema idéntico al concepto bancario de la tarjeta de crédito, que no es otra cosa que una credencial que contiene los datos del titular para ser usados a la hora de cancelar sus compras en la verificación de si está o no capacitado para efectuar dicha transacción. Solo que en este caso, por tratarse de un instrumento bancario, es decir; capitalista, no es en modo alguno incómodo para ningún opositor.

El argumento según el cual el mecanismo vendría a ser “una forma de racionamiento al estilo cubano”, desconoce que en Cuba jamás ha habido un sistema biométrico como sí lo hay hoy en casi todos los establecimientos en los que se requiera identificación personal en el mundo capitalista, y que el supuesto racionamiento de aquel entonces no fue sino la brillante respuesta de un pueblo inteligente y profundamente revolucionario al criminal bloqueo del imperio norteamericano contra la isla durante el llamado “período especial” para garantizar la alimentación del pueblo de manera justa y equitativa.

Queda claro una vez más que la lógica de la derecha venezolana no es precisamente la del sentido común, ni mucho menos la del sentido de la evolución de la historia. Para un sector tan neófito e insensato como ese, todo avance será siempre un peligro o una violación de las leyes naturales del universo.

@SoyAranguibel

———————-
Fuentes:
(1) El movimiento de los ojos podría utilizarse como método biométrico de identificación
(2) Pasaportes biométricos exigidos por EEUU y los problemas con la Comisión Europea
(3) Adiós a los bombillos incandescentes en Europa

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