Capitalismo; la verdadera enfermedad del diablo (I, II, III)

– El siguiente artículo fue publicado en el Correo del Orinoco dividido en una serie de tres entregas, los días lunes 1, 8 y 15 de septiembre de 2014 –

Pastillas dollarPor: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 1, 8 y 15 de septiembre de 2014

Palabras más palabras menos, sostiene la Biblia que las enfermedades del ser humano son producto de la maldad del diablo. Que Cristo es el sanador que envió Dios para curar y proveer la vida eterna. Es lo que dice expresamente en Echos 10:38, donde se lee: “Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El.” (1)

En otro pasaje, Lucas 13:10-16, la Biblia convierte la capacidad de sanación de Cristo en una auténtica fuerza de liberación del ser humano frente a las enfermedades causadas por Satanás, en estos términos: “Jesús estaba enseñando en una de las sinagogas un día de reposo,  y había allí una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, has quedado libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. Pero el oficial de la sinagoga, indignado porque Jesús había sanado en día de reposo, reaccionó diciendo a la multitud: Hay seis días en los cuales se debe trabajar; venid, pues, en esos días y sed sanados, y no en día de reposo.  Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócritas, ¿no desata cada uno de vosotros su buey o su asno del pesebre en día de reposo y lo lleva a beber?  Y ésta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo?”. (2)

Según el texto sagrado, la enfermedad es la “ligadura” con el diablo, al que la misma Palabra de Dios personifica con la más tenebrosa y pérfida figura, teñida siempre de los pies a la cabeza con el escandaloso color de la sangre. Casualmente el mismo color de los partidos socialistas del mundo a los cuales los pueblos oprimidos se han “ligado” a lo largo de la historia.

Solo que en el socialismo los conceptos de salud y enfermedad son completamente distintos a como son asumidos en el ámbito del capitalismo, donde por lo general las causas de fondo de las miles de nuevas enfermedades que día a día aparecen para hacer estragos entre la población son lo último que preocupa a los Estados, que atienden el problema de manera reactiva procurando siempre el paliativo medicinal antes que los correctivos a los fenómenos que inciden en la degradación de la calidad de vida de la población y que generan hoy la mayor cantidad de padecimientos en la salud. Contrario a lo que insiste en hacerle ver a la humanidad el modelo neoliberal, las enfermedades en los países capitalistas no se reducen en modo alguno sino que proliferan de manera alarmante en forma de afecciones cada vez más diversas, complejas y resistentes a la medicina avanzada de la que se jactan los países desarrollados, alcanzando por igual y de manera progresiva en el tiempo a mayor número de gente de todas las condiciones sociales.

La concepción profundamente humanista del modelo incluyente que adelanta el socialismo bolivariano en Venezuela, ha determinado una disminución sustancial de los índices de mortalidad infantil y un incremento gradual en la ingesta calórica que se traduce en desarrollo humano sostenido, tal como lo reconocen organismos internacionales como la Organización Mundial para la Alimentación (FAO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sacar de la miseria a millones de venezolanos e incorporarlos a la vida activa a través de políticas sociales y formulación de Leyes que generen fuentes de trabajo y protejan el empleo, el salario y la protección social, son maneras consistentes de erradicación de las enfermedades. Pero es en la prevención y atención primaria de salud, como las que comprenden en Venezuela las Misiones Barrio Adentro, que incluyen consultorios populares, Centros de Diagnóstico Integral y Centros de Alta Tecnología, donde está el verdadero muro de contención a este creciente flagelo de la humanidad que son las enfermedades.

En Cuba, por ejemplo, los grandes avances en el campo de la medicina obedecen principalmente a que la misma se asume como un esfuerzo orientado a erradicar la potencialidad y el riesgo de las enfermedades, bajo una óptica según la cual es mucho más barato (y definitivamente más sensato) invertir en salud que en fabricación de hospitales y medicamentos. Por ser un país con una población sana y con una experticia y una vasta formación académica en el área, es que pueden exportar hoy asistencia en salud a más de 56 naciones en el mundo. (3)

Una distinción invisible para pensadores como Foucault, por ejemplo, quien en 1977 confundía de manera evidente “socialización” de la medicina con “masificación” de la atención médica, cuando se preguntaba: “¿Se podría afirmar, como lo hacen algunos –en una perspectiva que consideran política pero que no lo es por no ser histórica- que la medicina moderna es individual porque penetró en el interior de las relaciones del mercado; que la medicina moderna, en la medida en que está vinculada a una economía capitalista, es una medicina individual o individualista que conoce únicamente la relación de mercado del médico con el enfermo e ignora la dimensión global, colectiva de la sociedad?” (4)

La realidad actual no deja espacio alguno para la duda. En el capitalismo las enfermedades son la fuente invalorable de recursos que sostienen hoy en día a dos de los sectores industriales de mayor crecimiento económico en el mundo, como lo son el de los laboratorios farmacéuticos y el de cosméticos. Ambos sectores atienden la demanda creciente de un fenómeno social que se ha dado en llamar “medicalización”, que no es otra cosa que la generación progresiva de enfermedades que no necesariamente son tales pero que agobian a la casi totalidad de la población en el mundo entero y que ameritan cada vez mayor cantidad de atención médica y de medicamentos, como la ansiedad, la depresión, la angustia, o la intranquilidad, que se suman a la infinidad de padecimientos físicos verdaderos convencionales, que muchas veces derivan de ellas, como contracturas musculares, osteoporosis, afecciones respiratorias y cardíacas de diversos tipos, entre otras. (5)

Jörg Blech sostiene en su libro “Los inventores de enfermedades”, que “La medicina moderna hace creer a las personas que la naturaleza las golpea con nuevas enfermedades que sólo pueden ser curadas por los médicos (…) Las empresas farmacéuticas y los grupos de interés médicos inventan las dolencias. Las enfermedades se han convertido en un producto industrial. Para ello, las empresas y las asociaciones convierten los procesos normales de la existencia humana en problemas médicos, medicalizan la vida” (6)

El portal de análisis de conducta, conductismo e interconductismo, Conducta.org, concluye lo siguiente sobre el planteamiento de Blech: “La clinificación –o medicalización- de la condición humana socava las redes sociales naturales que amortiguan los avatares de la vida de las personas. Todo lo que sea clinificar tiende a disolver dichas redes, sea clinificando conductas o sea clinificando procesos biológicos normales del ciclo vital. Al profesionalizar las áreas señaladas anteriormente se aliena a la persona de su contexto social, se le priva de los recursos naturales con que puede contar en su contexto de vida y se le vende a cambio una intervención en la que ha de dejarse guiar por otro, el profesional, delegando en él su iniciativa, se le convierte en paciente por un módico precio.” (7)

De continuar imperando el capitalismo en el mundo, las enfermedades tendrán asegurados para rato sus espacios de desarrollo.

Fuentes:

(1) https://www.biblegateway.com
(2) https://www.biblegateway.com
(3) http://razonesdecuba.cubadebate.cu
(4) http://hist.library.paho.org
(5) https://es.wikipedia.org
(6) http://www.conducta.org
(7) http://www.conducta.org

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Cabeza pastilla

La sociedad contemporánea se ha habituado a un estándar de vida en el cual la alimentación ha perdido progresivamente su función regeneradora de vida, para convertirse en factor desencadenante de uno de los más grandes problemas que enfrenta hoy la humanidad… la precariedad de la salud.

La mala alimentación determina hoy en día la gran mayoría de las afecciones de tipo cardíacas, pulmonares, digestivas, hepáticas, renales y pancreáticas, además de aquellas que la ciencia ha venido atribuyendo cada vez más a deficiencias alimenticias, como el cáncer y los problemas neurológicos, musculares y oftalmológicos, entre otros.

Pero es en la medicación inadecuada donde se produce el mayor obstáculo para el aseguramiento de una calidad de vida satisfactoria, cada vez más inalcanzable en la medida en que avanza la lógica de la “cronicidad” de las enfermedades promovida por las grandes corporaciones fabricantes de medicina en el mundo, incorrectamente denominados “laboratorios”.

Es exactamente el proceso de regresión de la medicina que advierte el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, Richard J. Roberts, en entrevista concedida al periódico español Vanguardia y que “sorpresivamente” ha sido eliminada de su portal web pero que se conserva en el portal drupalalsur.org, en la cual Roberts habla “sobre cómo los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que en cambio sí desarrollan medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada.” (1)

De acuerdo al prestigioso científico, quien en esa misma entrevista sostiene que son los laboratorios los que han frenado intencionalmente la cura contra el cáncer, la medicina de hoy en día es un instrumento no para eliminar las enfermedades sino para hacerlas perdurables, con lo cual la industria farmacéutica asegurará igualmente su sostenibilidad y expansión, así como las cada vez más costosas instalaciones hoteleras para enfermos en que se han convertido en el capitalismo las clínicas y los hospitales, haciendo que la gente experimente una creciente farmacodependencia nunca antes vista en la historia.

La idea según la cual no se podrá vivir si no se consigue cuanto antes el medicamento que indefectiblemente le recetará todo médico al que se acuda con el propósito de hacer una simple consulta, y de la cual se saldrá siempre con una gran cantidad de récipes y órdenes de laboratorio para exámenes costosísimos que deberán ser realizados de inmediato, so pena del horrendo final en el que se extinga la vida, es hoy el temor más generalizado entre la gente.

Esto es así porque bajo la concepción eminentemente mercantilista de la salud en el capitalismo, el médico antes que proveedor de vida sana se ha convertido en el eslabón más importante en la estructura de mercadeo de la industria farmacéutica. El llamado “visitador médico” que vemos siempre deambulando de consultorio en consultorio con su inmenso maletín negro de rueditas, no es más que un representante de ventas destacado para trabajar directamente con los profesionales de la salud. Él es quien dota al galeno de toda la información en la que se apoyará dicho médico para recetarla a sus pacientes. De ahí en adelante, la prescripción siempre será: “Éste medicamento es más caro, pero yo lo recomiendo porque es más efectivo”, aún cuando los componentes de la fórmula sean exactamente iguales para todos los productos de su género.

Según reportes de la agencia ProPública, solamente en los Estados Unidos los llamados laboratorios farmacéuticos pagaron millones de dólares desde el 2009 al 2012 a doctores que recibieron entre 100 mil y 500 mil dólares para que promovieran medicamentos específicos. Pagar a médicos para que promuevan medicinas mediante charlas, asesorías o en sus consultorios, no es ilegal en Estados Unidos (al menos hasta la aparición de la Ley Physician Payments Sunchines Act. que supuestamente obliga a declarar dichos pagos públicamente) pero por supuesto que sí es una violación de los más elementales principios éticos. Si se considera que la mayoría de los medicamentos hoy en día están formulados para asegurar la perdurabilidad de las enfermedades, ese aspecto ético adquiere una especial significación. (2)

Significación que se convierte en una pesada carga para el propio médico, por lo general la primera víctima de este perverso proceso de degradación de la ciencia farmacológica que hace que a mayor avance de la medicina en vez de menos existan cada vez más enfermedades y más enfermos. Es el médico quien lleva encima de sus hombros la mayor frustración ante la proliferación de enfermedades de todo tipo entre cada vez más gente, lo que le hace considerar muchas veces como fracaso de su labor humanitaria la falta de correspondencia entre el esfuerzo médico y el número de pacientes definitivamente sanados.

La carrera de los laboratorios por medicalizar a la sociedad alcanza sus mayores niveles de criminalidad con la promoción de enfermedades inexistentes creadas con el único objetivo de vender medicamentos que terminan siendo veneno para la salud, tal como lo sostiene el doctor Bernard Dalbergue, despedido del laboratorio Merck por denunciar la corrupción que rodea la difusión de la vacuna Gardasil contra el papiloma y del antiinflamatorio Vioxx (que Merck camuflageó bajo el nombre Arcoxia), que entre muchos otros medicamentos nocivos ya han causado más de 30.000 muertes en Europa. (3) En EEUU dicha cifra se incrementa a 160.000 al año por ingesta de drogas letales. Sólo en el estado de Florida mueren en promedio 7 personas al día por esa causa. (4)

Quizás por eso en vez de industrias, viviendas o universidades, el sector privado venezolano se ha dedicado a desarrollar grandes cadenas de farmacias, en su nueva modalidad de “autoservicio”, como Farmahorro, Farmatodo, Farmacias Saas y Locatel, que han visto incrementar su negocio en pocos años hasta alcanzar casi un 40% del mercado frente a las llamadas farmacias independientes, justamente en el mismo periodo en que ese mismo sector privado asegura que existiría aquí la más aguda crisis económica de todos los tiempos. (5)

Tanto es el afán por la venta de medicinas que en un evento reciente para hablar de las perspectivas del mercado farmacéutico en el país, realizado en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en Caracas y promovido por los laboratorios Novartis, Elmor, Pfizer y Merck, la consultora corporativa Daniela Hernández sostiene que: “En Venezuela, los médicos integrales prescriben tratamientos tanto para patologías agudas como crónicas. En este sentido, los médicos integrales comunitarios lo que más necesitan es información médico-científica de los productos”. Es decir; el capitalismo se propone ahora usar como canal de distribución la poderosa herramienta de medicina preventiva creada por el socialismo y repudiada por ellos desde siempre, con la sola intención de medicalizar de nuevo a un pueblo que está siendo sanado por el socialismo. (6)

Por eso hoy, cuando Venezuela experimenta deficiencias en abastecimiento gracias a las practicas mafiosas de sectores poderosos del gran capital que juegan a la desestabilización y a la crisis mediante el contrabando y el acaparamiento, entendemos por qué entre las miles de toneladas decomisadas por las autoridades a esos criminales, comienzan a aparecer grandes lotes de medicinas, convertidas hoy por el diabólico juego del capitalismo contra la salud en una de las mercancías de mayor demanda.

En la próxima y última entrega de este trabajo, revisaremos la forma de salvar a la sociedad de este terrible mal que son las enfermedades en el capitalismo.

Fuentes:

(1) http://drupalalsur.org
(2) http://www.propublica.org
(3) http://medicamentos-comunidad.blogspot.com.es
(4) http://youtu.be/xScO3iL13fE
(5) http://www.producto.com.ve
(6) http://www.iesa.edu.ve

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Raul y Margaret

La muerte del Comandante Hugo Chávez causada por uno de los más agresivos tipos de cáncer, fue usada por la derecha nacional e internacional para tratar de sacar provecho político de ese infausto acontecimiento, en virtud de que su tratamiento se realizó en la isla de Cuba. Se quiso colocar como causa del terrible deceso del líder de la Revolución Bolivariana, que se trataba de supuestas deficiencias de la medicina socialista. Si uno de los más prestigiosos empresarios del mundo, y probablemente uno de los más acaudalados millonarios del planeta, como lo era Steve Jobs, fundador y Presidente de Apple Incorporation, no hubiera muerto seis meses antes por causa de esa misma enfermedad, siendo tratado, como en efecto lo fue, por lo más avanzado de la medicina capitalista, el argumento habría tenido algún sentido.

Pero Steve Jobs murió de cáncer como la inmensa mayoría de la gente que acude anualmente a las avanzadas clínicas de Texas, USA, en busca de una posibilidad de vida, y que por lo general lo que encuentran es un espantoso martirio convertido por obra y gracia de la cultura farmacológica contemporánea en la peor crueldad contra el ser humano en su hora postrera… la quimioterapia y la radioterapia. Tanto la una como la otra no se diferencian en nada de las prácticas medicinales medievales que llevaban a la gente a una muerte segura con mayor rapidez de lo que pudiera haber alcanzado si hubiese muerto de forma natural, como aquella horrenda “sangría” consistente en cortar las venas del paciente para drenar la sangre “mala” del cuerpo. La quimioterapia y la radiación no son sino técnicas de quemado celular que destruyen tejidos e inhiben funciones orgánicas en formas mucho más perniciosas que la misma enfermedad. Igual que en el siglo XVIII, la explicación final es siempre que la enfermedad era incurable y que lo que pretendía y podía hacer el tratamiento era prolongar unos meses más la vida del enfermo.

sangría 1

-La sangría médica fue considerada durante mucho tiempo la más avanzada medicina y todos aquellos que se le oponían con técnicas científicamente más evolucionadas eran tildados de “charlatanes”-

Sin embargo hay gente, en el orden de entre un 2 a un 4% de los diagnosticados con cáncer, que sobrevive algún tiempo a la enfermedad, la mayoría de las veces después de someterse a tan terribles tratamientos químicos y de radiación o de usar algún tipo de terapia alternativa. Cuando la remisión (recuperación definitiva) se da en el ambiente de las terapias convencionales, se habla de “logro de la medicina moderna”. Cuando esa remisión deriva de algún otro tipo de tratamiento se dice que “no se trataba de cáncer sino de un diagnóstico erróneo” o que “el médico tratante es un charlatán irresponsable”.

Tal es el caso del médico norteamericano, de origen polaco, Stalislaw Burzynski, que ha demostrado de manera fehaciente desde hace tres décadas que sí existe una posibilidad cierta de avanzar en la cura del cáncer mediante tratamiento con antineoplastones, péptidos que actúan sobre genes específicos que intervienen en el desarrollo del cáncer, no sólo con la finalidad de inhibir sino destruir definitivamente los focos de generación de la enfermedad sin daños colaterales importantes que incrementen el padecimiento del paciente.

El doctor Burzynski ha sido objeto de la más feroz guerra jamás desatada contra un científico, ya no solo por parte de las más poderosas corporaciones fabricantes de medicinas y equipos médicos, sino por el Estado norteamericano mismo. Más de cinco juicios que en su contra ha debido enfrentar le han permitido demostrar, junto a las decenas de pacientes sanados por su avanzado sistema bioquímico, que efectivamente es posible reducir significativamente los índices de mortalidad por causa del cáncer. En todos los juicios ha salido airoso y hasta el llamado Gran Jurado le ha dado siempre la razón. Pero la guerra no cesa. El intento por “sacarlo del negocio”, como cínicamente le dicen en Estados Unidos a la campaña de descrédito en su contra, ha llegado hasta el extremo de intentar robarle las patentes que respaldan sus inventos, por parte de funcionarios del propio Estado norteamericano.

A diferencia de todas las propuestas científicas alternativas, documentadas o no, que han corrido con la misma suerte de ser objeto de ataques y campañas de descrédito por parte de las grandes corporaciones de la medicina, el caso del doctor Burzynski es completamente distinto porque toda su historia, todo el proceso de los juicios, los reportes médicos que sustentan sus investigaciones, los testimonios de los pacientes luego de muchos años de haber sido sanados, así como el testimonio de médicos que avalan con sólidos fundamentos su trabajo de décadas, están recogidos en un espeluznante documental que da cuenta de la descomunal perversión que hay detrás del manejo de intereses corporativos en la nación norteamericana, extendido hoy al mundo entero gracias a la globalización. “El sabotaje de las farmacéuticas a una terapia eficaz contra el cáncer” es un documental que en modo alguno puede ser acusado de montaje o de “teoría conspiranoica”, porque habla con imágenes y documentación perfectamente verificable de todo cuanto sostiene el tenaz médico. (1)

Pero, más allá de la veracidad o no de las tesis del doctor Burzynski, ese documental permite entender con exactitud la real dimensión del grave problema de la medicalización y cronización de las enfermedades a la que es sometida la sociedad en el capitalismo y demuestra la imposibilidad de superar el creciente estado de precariedad de la salud bajo las reglas neoliberales que rigen ese modelo, en virtud del inmenso control que tienen los laboratorios para manejar los hilos del poder político y de todo el andamiaje institucional que regula el uso de medicamentos en la sociedad actual.

Esta misma semana, el doctor Peter Gotzsche, profesor de medicina y farmacología clínica de la Universidad de Copenhague, en la presentación de su libro “Medicamentos que matan y crimen organizado”, afirma categórico que “Las multinacionales farmacéuticas corrompen los sistemas de salud y esconden que los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer”. El autor del polémico libro sostiene que los laboratorios han instaurado protocolos basados en estrategias de mercadeo de fármacos más que en investigaciones reales, poniendo como ejemplo la inutilidad del despistaje usual del cáncer de mama en mujeres mayores de 40 años (que por razones de edad presentan sintomatologías similares al cáncer sin serlo) con la sola intención de hacer creer ulteriormente que han sido sanadas mediante quimio o radiación a las que por lo general se les somete aún estando sanas.

Gøtzsche, quien es también director y profesor del Nordic Cochrane Center, ha comparado a las farmacéuticas con el crimen organizado porque, en su opinión, capitalismo y salud casan mal. “No trabajan para mejorar la salud, sino para obtener los máximos beneficios” y para ello “extorsionan, cometen fraude, violan la legislación y mienten”, ha denunciado. (2)

En el capitalismo, como es obvio, tiene total preeminencia el interés del capital y de ahí la imposibilidad de los gobiernos de atender las necesidades de la población por encima de las necesidades y requerimientos de los laboratorios. Es por eso que esas corporaciones son las que terminan estableciendo las normativas y regulaciones a las que ellas mismas supuestamente deben someterse. Un contrasentido que cada día se institucionaliza más en la medida en que se convierte en práctica recurrente la captación de médicos, científicos e investigadores de universidades y de funcionarios de los organismos regulatorios (como la FDA y el Instituto Nacional del Cáncer en los EEUU), para ponerlos de alguna manera en la nómina de los grandes laboratorios que ellos mismos debieran fiscalizar.

Solo en aquel espacio donde el capital pueda ser efectivamente subordinado a los intereses de la sociedad habrá cabida a una concepción verdaderamente humanista de la salud y a la inversión decidida, constante y cuantiosa en investigación y desarrollo de tecnologías que escapen a la barbarie de la lógica capitalista en la búsqueda de la erradicación definitiva de las enfermedades que azotan a la sociedad. Un espacio no regido por el mercado ni sus particulares y mezquinos propósitos de enriquecimiento desmedido por parte de una élite cada vez más reducida de desalmados multimillonarios habituados a entender a la gente como simples estadísticas. Un espacio, en definitiva, donde la vida y no los bienes materiales sí tenga un valor sustancial y determinante.

Ese espacio, por su propia naturaleza social, es solamente posible en el socialismo. La experiencia cubana, por ejemplo, reconocida hoy por la Organización Mundial de la Salud como “una de las más que más contribuye a gestionar políticas de prevención y enfrentamiento de los problemas de salud a nivel global”, demuestra que en el socialismo la erradicación de la cronicidad de las enfermedades es una realidad. (3)

Fuentes:

(1) https://www.youtube.com
(2) http://www.lavanguardia.com
(3) http://razonesdecuba.cubadebate.cu

@SoyAranguibel

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