Capitalismo, cine y cigarrillos… las tres C de la perversión

– Publicado en Correo del Orinoco el 22 / 09 / 2014 –

fumador

Por: Alberto Aranguibel B.

Una de las reglas fundamentales de Hollywood, en términos estrictamente ideológicos, es la del uso intensivo de estereotipos para definir sus personajes. Sea cual sea la trama, la época o el lugar en el que se desarrolle la historia de cada película, los personajes responderán siempre a un mismo perfil que servirá para que el público capte con facilidad de quién se trata en cada caso. Al “muchacho bueno” le corresponderá invariablemente el aspecto del muchacho bueno y al “chico malo” el del deplorable pendenciero, mugroso y repugnante.

Entre los elementos infaltables a la hora de recrear a cualquier indeseable en la pantalla, estará siempre el cigarrillo y el hábito de fumar con la mayor fruición y el más angustiante desespero. El villano de toda producción de cine o televisión, se identificará de inmediato, incluso sin pronunciar todavía parlamento alguno, por el empeño en encender cuanto antes cigarrillo tras cigarrillo, simplemente para poder pensar o para llevar a cabo cualquier acción que demande un mínimo de concentración mental. Toda situación delicada o tensa será abordada invariablemente en los guiones cinematográficos con una invitación a fumar o a tomar un trago, colocado prodigiosamente a la mano en todo momento en un frasco de cristal con una hielera a su lado, ya sea en una sala, un comedor, una oficina, un avión, un barco camaronero o una carpa en medio de la selva.

El acto de fumar en pantalla colma de punta a punta las películas de hoy en día, al extremo de colocar a un mismo personaje encendiendo decenas de cigarrillos en un mismo film, como sucede por ejemplo en “Carlos”, la película del director francés Olivier Assayas que recrea en 2010 la vida de Ilich Ramírez, y en la cual el protagonista del film enciende y fuma a lo largo de las cerca de 48 escenas del largometraje un promedio de 3 cigarrillos por escena. Según el esquema discursivo del guión, el personaje debe ser presentado como todo un desquiciado y desalmado terrorista, para lo cual la asfixiante presencia del cigarrillo y del maniático empeño en fumar por parte del actor Edgar Ramírez, resultan esenciales en la conformación de ese estereotipo.

Pero el estereotipo del villano al que se le asocia el hábito de fumar como parte de su despreciable personalidad no fue utilizado por el cine de manera exclusiva para promover el cigarrillo entre los millones de espectadores que acuden a las salas cinematográficas del mundo entero. El estilo de vida de los personajes más diversos en las películas y series de televisión de todo género, estuvo desde siempre caracterizado por el afán de fumar hasta en las situaciones más absurdas e inverosímiles. Un cigarrillo inmediatamente después de hacer el amor es probablemente la más frecuente. Solamente en Mad Men, la famosa serie televisiva producida por Lionsgate Television y estrenada en 2007 por el canal de cable AMC (que llega a más de 96 millones de hogares norteamericanos, más o menos 300 millones de personas), se contabilizaron 1.194 cigarrillos, el equivalente a 59 cajetillas, fumados en pantalla en apenas 5 de sus 7 temporadas. Las escenas de seducción y de sexo son las más recurridas. (1)

El propósito de tan demencial persistencia, como es obvio, no es otro que el de sembrar entre los espectadores el hábito de fumar, sin importar en lo más mínimo las alarmantes cifras de daños a la salud y de muertes ocasionadas por la inhalación del humo del cigarrillo y sus venenosos componentes. El inmenso poder de las grandes corporaciones que hoy mueven el descomunal negocio del tabaco en el mundo, hace que el cine se haya convertido en un arma de destrucción masiva que año tras año acaba con millones de vidas en el mundo entero, con su invitación directa e indirecta a fumar. Invitación en la cual los más susceptibles de caer son siempre los más jóvenes, que encuentran con mayor facilidad en el cigarrillo la realización del fabuloso estilo de vida mundano que recrea la ilusoria ficción de las producciones de Hollywood. De acuerdo a un informe presentado por la BBC de Londres en 2011, el impacto del cigarrillo en las películas sobre los jóvenes motivó que un alto porcentaje de los encuestados (73% de la muestra) mostrara inclinación a fumar luego de ver filmes en los que se ve gente fumando. (2)

Es exactamente la concepción capitalista que subordina la vida al interés del dinero la que mueve hoy en día esa poderosa máquina de destruir seres humanos solo por el afán de vender cada vez más su venenoso producto. Como está demostrado, el ser humano en el capitalismo tiene valor únicamente si produce dinero. Y eso en el mercado del cigarrillo es determinante, porque, en la medida en que se conoce más globalmente el fenómeno de los factores perjudiciales que afectan la salud de la gente y se acortan las posibilidades de una larga y tranquila vida, la sociedad tiende a ser cada vez más reacia al hábito de fumar.

De ahí que el rol de los medios de comunicación, valga decir, la publicidad (y todas sus formulas engañosas), sea tan relevante en el mantenimiento de ese perverso mercado que el capitalismo vende a través de su distorsionador contenido mediático como sano, como económicamente necesario, incluso como indispensable para la generación de desarrollo, para la creación de fuentes de empleo, de programas sociales, de salud, etc. La publicidad es el instrumento mediante el cual el capitalismo narcotiza a la población con la falsa promesa del confort y del glamour que entusiasman a la gente en la idea del consumismo, de la frivolidad, la estulticia y del aire de grandeza que transmite el estereotipo del éxito al cual se asocia el cigarrillo.

En virtud de esa conciencia que la sociedad va adquiriendo progresivamente respecto del letal daño que causa el humo del cigarrillo sobre el ser humano, es que la industria del cine se ha visto en la obligación de recurrir a fórmulas cada vez más tramposas, como la publicidad subliminal, por ejemplo, para convencer a la gente de consumir sin ninguna necesidad un producto que con toda seguridad le hará daño y que podría incluso causarle la muerte. Algo que nadie en su sano juicio aceptaría de manera conciente. Por eso ningún actor ofrece el cigarrillo al espectador sino que lo fuma persistentemente en pantalla. Su actuación solo persigue explotar la tendencia natural de la gente a imitar modelos que le resulten atractivos o admirables.

Hace pocos años, en Caracas, una inmoral campaña publicitaria llenó de vallas la ciudad con mensajes subliminales de una importante marca de cigarrillos orientados directamente a estudiantes para invitarlos a fumar desde la más temprana edad. Se trataba de Marlboro, que en una serie de 6 absurdos motivos de vallas con el tema de los autos de carrera, les decía a los lectores que tenían que inscribirse, tomar nota, sacar sus apuntes, etc., nada de lo cual se hace en la Fórmula 1, pero que sí lo hacen los jóvenes en sus centros educativos.

Mientras el capitalismo los invitaba a su autodestrucción, el Comandante Hugo Chávez les brindó a esas y esos jóvenes, y al país entero, la posibilidad de una vida plena a través del impulso al deporte, de una educación gratuita y de calidad a través de decenas de nuevas universidades y centros de enseñanza a nivel nacional, con planes masivos de becas estudiantiles a todo nivel para proteger el ingreso familiar, de una ingesta calórica que asegurara su mejor y más sano desarrollo, de viviendas dignas que les sacaran de la miseria y la pobreza extrema en que el neoliberalismo los hundió en el pasado, de una opción liberadora a través de la creación cultural en todas sus ramas, incluyendo la música, el teatro y el cine. Y les dio lo que probablemente resulte más importante frente al criminal empeño capitalista de promover el hábito de fumar entre los jóvenes; prohibió mediante la resolución 030 del Ministerio para la Salud, fechada el 02 de marzo del 2011, fumar en espacios cerrados, sean públicos o privados, “al considerar que el cáncer de pulmón es el tipo más frecuente y principal causa de muerte en el mundo.”

Diferencias que reafirman el carácter salvaje de un modelo perverso como el capitalismo y la esperanzadora posibilidad de vida plena que garantiza el socialismo.

@SoyAranguibel

 

FUENTES:

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