El negocio de la muerte

– Publicado en el Correo del Orinoco el 06 de octubre de 2014 –
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Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se habla de las diferencias entre las concepciones de modelos de sociedad que se confrontan hoy en el debate político venezolano, el aspecto ético es uno de los ejes fundamentales.

No puede concebirse esquematización teórica alguna que no considere este aspecto como medular, porque lo ético es probablemente uno de los ámbitos en los que la participación del ser humano en su condición de tal tiene preeminencia por sobre todas las demás áreas estructurales de la política. Lo ideológico, por ejemplo, va siempre a estar circunscrito al espacio de lo conceptual, es decir; el sistema político al que se acoge la nación, la orientación del cuerpo social según el régimen que adopte, la valoración y desempeño en la sociedad que otorga el Estado al ser humano, así como en lo económico a lo estrictamente estructural, o sea; el orden y el funcionamiento del sistema financiero, la naturaleza de la banca, de las inversiones y las áreas prioritarias de desarrollo, etc.

Todo ello, con las particularidades propias de cada modelo, se resume en la visión de país, en el proyecto de nación o simplemente en la propuesta programática que cada sector político deberá presentar en cada caso a la sociedad como su oferta de gobierno. Hasta ahí alcanza lo puramente ideológico.

Pero es en el terreno de la ética donde la política va a adquirir en definitiva su verdadera dimensión propiamente humana y en la cual la diferenciación tenderá a ser cada vez más evidente y reveladora entre lo que propone en esencia un modelo u otro, según la filiación política de cada individuo. Cuando se examina al ser humano desde el punto de vista de su concepción del universo, de la vida y del hombre en su entorno cultural y social, se puede apreciar con mayor precisión y con el menor margen de error su dimensión real y su valía como persona y, en consecuencia, todo cuanto ella promueve como modelo ideal de sociedad.

Por eso quienes se forman bajo la égida del modelo socialista tienden fundamentalmente a la preservación del ser humano (socialista=sociedad=social=ser humano), de su calidad de vida, de su felicidad, es decir; de la sociedad armoniosa y de paz que la mayoría de la gente lucha por alcanzar a través de la historia. En el socialismo la ética adquiere una connotación humanista porque se refiere al marco moral que regula el respeto a la vida, al buen vivir.

Y por eso quienes surgen como integrantes de las sociedades capitalistas nacen formados bajo la lógica del capital (capitalismo=capital=dinero), de la acumulación irrefrenable de riquezas y de objetos materiales como único propósito de realización en la vida. En el capitalismo, la ética es la del culto al libre mercado y con ello a la barbarie contra el ser humano que la caracteriza.

Ese es el fondo y esencia real del debate que hoy se libra en nuestro país y que se ha librado en el mundo desde que esa concepción salvaje y depredadora de la condición humana que es el capitalismo comenzó a desarrollarse en la sociedad organizada.

Dado que en el capitalismo el ser humano no es lo relevante sino lo material, la mercancía adquiere un valor superior al del individuo, con lo cual el rol que éste desempeña en la sociedad estará siempre determinado por una parte por su capacidad para la negociación de objetos materiales, ya sea como productor o como comerciante, y como comprador de esos bienes o productos por la otra. En la Venezuela de hoy, lo que se enfrenta más allá de la política son los sectores de la sociedad que se rigen por cada una de esas concepciones de modelos de sociedad. De un lado está la gente, la sociedad en su conjunto, es decir, los consumidores. En el otro, los productores y los vendedores, los que poseen la infinidad de bienes de consumo que la sociedad necesita, es decir; los capitalistas.

Si para obtener muchos más beneficios los capitalistas deciden en un momento determinado negarle a la sociedad los productos que ellos poseen, y para acceder a entregárselos ésta deberá despojarse progresivamente de sus logros laborales, de su salario, de su calidad de vida de una manera injusta y desalmada que la sociedad no esté dispuesta a aceptar, entonces habrá una confrontación. Pero si esa confrontación no se traduce en triunfo de los poderosos en un lapso perentorio que no exceda la capacidad de inversión de cuantiosos recursos del capitalismo en esa batalla y la misma comienza a salirle más cara que lo que cuesta producir esos bienes de consumo y la acumulación de riqueza en pocas manos comienza a estar en riesgo, entonces ese sector capitalista, con base siempre en su lógica inhumana y mercantilista, considerará que está obligado a profundizar la pelea y la convertirá en guerra apelando a métodos más radicales de presión y de reducción de la resistencia que le oponga su contrincante.

Para ese propósito de pasar a una fase más intensa de la guerra, con el objetivo de reducir hasta agotar la capacidad de aguante de los consumidores, el sicariato es una herramienta expedita y de alto impacto que tiende a fracturar rápidamente la solidez moral de ese pueblo que se niega a ser doblegado por la especulación, el acaparamiento y el contrabando de extracción al que se ha volcado de manera brutal y salvaje el sector capitalista.

Por eso buena parte del esfuerzo del sector capitalista que ha desatado esa guerra económica contra nuestro pueblo, además del acaparamiento, el contrabando de extracción, la especulación y el sabotaje económico, ha estado orientado durante años a generar convulsiones financieras, sociales y políticas, importando hacia nuestro país todas las formas inimaginables de desestabilización, entre las que se encuentran el paramilitarismo y ese horrendo fenómeno de la criminalidad colombiana que es el sicariato; una perversa modalidad de negociación cuya filosofía es estrictamente la del capitalismo, en la cual la muerte se negocia como cualquier otra mercancía y se paga con dinero, porque el capitalismo es cobarde y contrata todo lo que no se atreve a hacer por sí mismo. En esa contratación la vida del ser humano no vale nada. Menos aún si ella, la vida, es la de un combativo revolucionario forjador precisamente de esa gran muralla ética del pueblo que impide que los capitalistas obtengan y acumulen cada vez más riquezas.

Asesinar a líderes del pueblo buscando aterrorizar y acobardar a esos millones de venezolanos que no valoran la vida en los mismos términos despreciables en que lo hace el capitalismo, al que no le importa en lo más mínimo matar en la búsqueda de beneficios políticos que le ayuden a reinstaurar su inhumano modelo en nuestro país, es para los capitalistas (para el Departamento de Estado norteamericano, las corporaciones trasnacionales, los medios de comunicación de la derecha y para sus operarios políticos, por supuesto) la forma más efectiva de intentar superar el inmenso poder que tiene una fortaleza ética que no acepta ni aceptará jamás que a los verdaderos líderes del pueblo, como el glorioso Robert Serra, se les coloque por debajo de ninguna necesidad comercial ni mercantil.

Robert Serra vivirá ahora mucho más que lo que hasta ayer vivió, por culpa de un sector miserable, desalmado, criminal y asesino tan imbécil y estúpido que creyó que matándolo lo callaría y que lo que hizo fue convertirlo en los millones de aguerridos combatientes que de hoy en adelante multiplicarán aún más la lucha de Robert por alcanzar más temprano que tarde la justicia y la igualdad social que nos legara el Comandante Eterno y por la cual él tan brillantemente luchó.

Los capitalistas seguirán buscando hacer negocios contratando a la muerte para ponerla a su servicio. Es lo único que saben hacer y lo único que les queda, porque pueblo nunca han tenido y nunca lo tendrán. En nombre de Robert, se lo juramos con toda la fuerza de nuestra profunda convicción revolucionaria.

¡ROBERT VIVE! ¡LA PATRIA SIGUE!

@SoyAranguibel

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2 comentarios sobre “El negocio de la muerte

  1. Los enemigos nunca entenderan el modelo socialista, ni por la mente les pasa, que un revolucionario verdadero participa autómaticamente por el llamado de la sangre que recorre su cuerpo, que se manifiesta por lo que tiene al frente por lo que lo rodea, y qué es lo que lo rodea? un pueblo ansioso de lo que nunca tuvo (salud, educación,… nunca habiamos tenido a alguien que se ocupara del ambiente para estar en un planeta como todo ser vivo se merece…como nuestros lideres Chávez, Robert,…

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  2. Se siente impontencia cuando unos miserables y cobardes q no pueden conquistar un pueblo con votos llegan a estos extremos. Paz a Robert

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