“El derecho de vivir en paz”

– Publicado en Últimas Noticias el 11 de octubre de 2014 –
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– Foto: Alberto Aranguibel B. –

Por: Alberto Aranguibel B.

En 1971, el inmortal Víctor Jara vio en la efervescencia revolucionaria que denunciaba desde mediados de los sesentas el atropello que significaban las políticas imperialistas contra los pueblos del mundo, en particular contra el pueblo de Vietnam en aquel momento, un clamor común que en su canto combativo y maravilloso era considerado por él como un derecho humano casi por encima de todos los demás.

El derecho a vivir en paz ha sido efectivamente la aspiración suprema del ser humano en la sociedad contemporánea, tal como lo recogen tanto la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, como la Carta Internacional de Derechos Humanos que la comprende desde 1967 junto con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y sus dos protocolos facultativos, los cuales consagran de manera casi idéntica en sus primeros artículos que los derechos provienen de la dignidad del ser humano y de su deseo de vivir en paz.

De manera específica, la Declaración Universal sostiene en su 1er Artículo que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos a los otros.”

Quienes más han violentado ese derecho a través del tiempo desde que existe el modelo democrático como forma de organización del cuerpo social, han sido siempre los anarquistas, que supeditan el derecho del resto de la sociedad a sus propios y muy particulares intereses, y sus expresiones más radicales, como el fascismo por ejemplo, que no solo niega el derecho del otro sino que procura su exterminio físico como única forma aceptable de confrontación política.

En Venezuela el fascismo se ha activado ya abiertamente en la búsqueda del poder, tal como lo evidencian las pruebas recabadas por los cuerpos de seguridad del Estado contra peligrosos terroristas capturados, así como los horrendos asesinatos del fiscal Danilo Anderson, del líder revolucionario Eliécer Otaiza, y más recientemente de los jóvenes Robert Serra y María Herrera.

La disyuntiva ahora es si el país está dispuesto a aceptar esa fórmula de destrucción de nuestro derecho a vivir en paz, bajo la excusa del particular interés de una terca minoría.

@SoyAranguibel

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