Sobre la crítica según Cortázar

– Publicado en sietealacarta.com.ve el 19 de noviembre de 2014 –

Por: Gipsy Gastello

No cabe duda de que vivimos tiempos huracanados y confusos. Sin la presencia física del Comandante Chávez, una ausencia que jamás dejará de dolernos, nuestros estados de ánimo se revuelven y retuercen. De eso se aprovechan quienes detractan a la Revolución Bolivariana para envolvernos en una polvareda de angustia y decepción.

Somos un pueblo despierto y protagónico, consciente y luchador. Por lo tanto, no somos presa fácil para aquellos que pretenden doblegarnos a punta de guerras económicas y malversaciones mediáticas despiadadas. Y en medio de la lealtad absoluta que nos pidió el Comandante Chávez aquel 8 de diciembre para apoyar a nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro, también está nuestro criterio ejercitado, nuestro libre albedrío, nuestro derecho a opinar y a decidir, nuestro derecho a ser escuchados.

Sin embargo, en estos tiempos huracanados el ejercicio de la crítica y la autocrítica es un terreno movedizo y plagado de fragilidades que pudieran, más que sumar, restar voluntades. La derecha sabe dónde golpear y es allí, en esa certeza del otro que pretende arrodillarnos, donde debemos recordar más que nunca que solos somos una gota y que juntos somos aguacero, tal como decía el Comandante Chávez. Y no me malinterpreten, que no salten los puristas a sentenciarme con que el silencio no es la solución. Callarnos jamás, eso ni imaginarlo. Pero sí ejercitar la crítica y la autocrítica para construir y no para destruir.

No soy quien para definiciones de este tipo y mucho menos en un panorama tan sensible. Pero echo mano al gigante de la literatura, Julio Cortázar, para que me ayude en esta breve nota. En el libro recientemente editado por El Perro y La Rana, bajo el título Testimonios de una escritura política, Cortázar se detiene en este tema. En un capítulo llamado Los grados de la crítica, el argentino dice:

“Me muevo en el contexto de los procesos liberadores de Cuba y de Nicaragua, que conozco de cerca; si critico, lo hago por esos procesos y no contra ellos; aquí se instala la diferencia con la crítica que los rechaza desde su base; aunque no siempre lo reconozca explícitamente. Esa base es casi siempre escamoteada; prácticamente no se niega nunca al socialismo como ideología válida, mientras que se denuncian y atacan vehementemente los frecuentes errores de su práctica. A la cabeza (y a la vez en el fondo cuando se trata de Cuba) está la noción de la URSS vista como un régimen execrable; Stalin borra la imagen de Lenin, y Lenin la de Marx. Esa crítica no acepta el socialismo como ideología viable, y no lo acepta por las mismas razones que el capitalismo enuncia desembozadamente, así como éste supone un elitismo económico dominante e imperialista, esa crítica intelectual supone un elitismo ‘espiritual’ que se alía automática y necesariamente al económico. Pero eso, claro, no se dice nunca. El miedo signa esa crítica: el miedo de perder un status milenario.

Cuando no se tiene en cuenta esta opción básica, ese tipo de crítica puede convencer a muchos, y de hecho los convence, máxime cuando se hace con inteligencia y con el beneficio del prestigio que da una importante obra literaria paralela; ¿cómo echar en saco roto las críticas de un Octavio Paz, de un Mario Vargas Llosa? Personalmente comparto muchos de sus reparos, con la diferencia de que en mi caso lo hago para defender una idea del futuro que ellos sólo parecen imaginar como un presente, mejorado, sin aceptar que hay que cambiarlo de raíz”.

Con el desenlace actual de Mario Vargas Llosa, convertido en protagonista y bandera de la feroz derecha hispanoamericana, resulta interesante leer a un Cortázar militante de la izquierda, crítico constructor y defensor del socialismo. Ojalá tuviéramos todos esa mente brillante de Cortázar y su tino para diferenciar la crítica por el proceso y no contra el proceso. Hay una delgada línea -muy peligrosa- que separa a la una de la otra. Y en esa delgada línea, el miedo de algunos a perder su “status milenario”.

En la última entrevista que concedió Cortázar a la revista Siete Días, en febrero de 1984, hay una frase más que contundente que se las dejo a mis lectores y lectoras para que la guarden por allí: “Tiene que haber una crítica, una crítica generosa, que no sea una crítica desgraciada para jabonarle el piso al gobierno”. Creo que es necesario, hoy más que nunca, reflexionar en frío sobre esta gran afirmación del cronopio mayor.

@GipsyGastello

Fuente: sietealacarta.com.ve

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Un comentario sobre “Sobre la crítica según Cortázar

  1. Hola camarada, tengo dudas y quisiera compartirlas contigo, la derecha oposicionista esta recogiendo firmas en Plaza Candelaria, tiene su toldo en la acera de Farmahorros, alrrededor de las 3:00 pm comienzan con sus pendjadas ha vociferara contra el gobierno y especialmente contra nuestro Presidente Nicolas Maduro, como soy asidua visitadora de la plaza, tuve un encontronazo con ellos, entre tantas cosos y como la gente empezo a conclomerarse les dije tienen miedo de ir a las elecciones parlamentarias a relizarse en diciembre de 2015, porque los numeros no les dan, que van a recibir otra pela y por eso se habian inventado una CONSTITUYENTE. Vayanse a recoger sus firmas en los cerros y en los barrios de la zona metroplitana. Los transeutes me dieron la razon y tuve que dejarlo.

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