¿Quién es el enemigo?

– Publicado originalmente en el Correo del Orinoco el 08 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El liderazgo de Winston Churchill como uno de los políticos más prominentes del siglo XX, tiene su origen, más que en ningún otro rasgo suyo, en la extraordinaria capacidad para convocar al pueblo a entregarlo todo por el imperio británico en momentos en que avanzaban cada vez más las peores amenazas de destrucción que jamás se cernieran sobre Inglaterra.

Su discurso “La mejor hora”, pronunciado ante el parlamento el 18 de junio de 1941, es todavía hoy considerado como el mejor discurso político de habla inglesa, fundamentalmente por el vigor de su llamado a los ingleses a asumir con la mayor gallardía el reto histórico que se les presentaba con la inminencia de la guerra. “Preparémonos para nuestros deberes y no dudemos de que si el Imperio Británico dura unos mil años, los hombres del futuro dirán: aquella fue su mejor hora“, les dijo entonces.

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Churchill supervisa los destrozos dejados por los bombardeos

El del 13 de mayo de aquel mismo año, su primer discurso como Primer Ministro trascendió como el que convirtió en gloriosa la frase “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor“, inicialmente atribuida a Teodoro Roosevelt, con la que anunciaba al mundo su temple combativo.

Pero quizás las más estremecedoras palabras son las que pronuncia días después, el 4 de junio, en el contexto de la invasión nazi a Holanda, Bélgica y Francia, cuando convoca no solo a los soldados de la corona, sino a la población entera, a entregar todo de sí por su país, en estos términos:Defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo.”

London metro

londres guerraLas penurias azotaron a Londres durante la guerra contra Alemania

Las difíciles circunstancias padecidas por Inglaterra a lo largo de toda la segunda guerra mundial, llevó a la población a sufrir las penurias del hambre y la miseria como nunca antes en su historia, llegando a la necesidad de refugiarse permanentemente como ratas en los oscuros e insalubres sótanos del metro para protegerse de los bombardeos alemanes que a cada rato les sorprendían, teniendo que dormir unos encima de otros en el frío e inmundo piso de los andenes. Sin embargo, ni en la peor de esas terribles circunstancias, nadie se atrevió jamás a sugerir la insensata idea de cuestionar a Churchill por tan severos padecimientos, ni mucho menos a hacerlo responsables de los mismos.

En medio de la guerra, la polémica sobre la vigencia o no del liderazgo que esté al frente de los ejércitos es la más remota y absurda de las ideas que nación alguna pueda plantearse jamás. Sólo los más disparatados irresponsables llamarán a cuestionar las decisiones que los comandantes de los ejércitos se vean obligados a tomar para repeler al enemigo, por muy duras que ellas sean.

La claridad en la precisión del enemigo es la primera obligación del liderazgo en toda batalla. Pero el aseguramiento de la confianza y la lealtad del pueblo hacia ese liderazgo es su deber más ineludible e impostergable. Sin lealtad no hay posibilidad alguna de cohesión y por ende de direccionalidad o de éxito en la lucha.

Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea, habla del sitio de Troya en el que el rey Príamo convoca a su pueblo a resistir tras sus murallas la agresión de los ejércitos griegos comandados por Agamenón, en un cerco que duró diez años. Ese pasaje histórico, que durante siglos fue tratado de reducir a legendario (y que el cine de Hollywood altera arbitrariamente colocándolo como sucedido en unos cuantos días apenas), resulta relevante por el estoicismo que se le reconoce a un pueblo que de manera disciplinada acompaña a su líder frente a la agresión.

Por eso Bolívar, en medio de la confusión y el desespero reinantes entre la población caraqueña por el terremoto que azotó al país la noche del Jueves Santo de 1812, arenga con la magnífica frase “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, a una multitud enardecida por las siniestras palabras del Arzobispo Narciso Coll, quien argumentaba el castigo divino a la causa independentista como explicación del sismo. El grito del Libertador no comprendía en modo alguno la intención de insulsa vanagloria épica, como algunos han querido ponerlo, sino el alerta imperioso y necesario para evitar el resquebrajamiento de la lealtad del pueblo a la incipiente y difícil lucha por la independencia, en lo cual el imperio español estaba determinado a hacer hasta lo imposible.

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lenigrado5Casi 3 años de hambre y crudo invierno padeció el pueblo ruso en el sitio de Leningrado

Es ese mismo talante de estoica entrega a la causa de la justicia y la igualdad el que lleva en 1941 a más de tres millones de habitantes de Leningrado a soportar por casi tres años el sitio que el ejército nazi impuso sobre la ciudad, impidiendo durante todo ese tiempo el ingreso de alimentos y medicinas, causando una de las más crudas hambrunas que guerra alguna haya desatado contra una población, que se vio obligada a practicar incluso antropofagia y tráfico de cadáveres para sobrevivir no solo al hambre sino al inclemente invierno que les azotaba.

Fue con base en esa unidad y esa convicción del pueblo que revoluciones como la china, la vietnamita, la coreana y la cubana, han logrado sobrevivir al inclemente y brutal asedio del imperio norteamericano a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del XXI.

La bolivariana, que es una revolución asediada ya no en términos estrictamente militares, sino que es objeto de la más cruenta arremetida económica y mediática que jamás haya conocido país alguno, enfrenta hoy un insólito fenómeno de cuestionamiento cuya naturaleza profundamente neoliberal coloca a sectores de la población en una de las contradicciones más descabelladas que se recuerde en el debate político contemporáneo.

De manera paradójica, tanto los sectores de la derecha que vieron en el Comandante Chávez un enemigo imposible de vencer en virtud del inmenso respaldo popular del que gozaba, así como los sectores de izquierda que desde una óptica esencialmente ultrosa cuestionaron en algún momento su liderazgo, coinciden de nuevo, luego del fallecimiento del líder de la revolución bolivariana, en una misma idea. Esta vez en la que coloca a la dirigencia revolucionaria como causante de los problemas que agobian al país, aduciendo fallas o desviaciones en “el modelo” socialista y exigiendo soluciones que apuntan inequívocamente al fortalecimiento del modelo neoliberal-capitalista, que en realidad es el verdadero y único causante de las distorsiones por las que atraviesa nuestra economía.

Para ambos sectores, tanto la derecha como el izquierdismo cuestionador, el enemigo en la guerra que las grandes corporaciones nacionales e internacionales han desatado contra el país mediante la especulación desmedida, el contrabando de extracción y el mercado paralelo de divisas, no es en modo alguno el capitalismo. Ese fenómeno, que no es sino la reinstauración por los “caminos verdes” del ALCA que gracias a Chávez Latinoamérica desechó en su momento como opción para el desarrollo de nuestros pueblos, no es ni para la derecha (por supuesto) ni para los ultorsos la razón de las calamidades por las que atraviesa hoy el pueblo venezolano en la obtención de los alimentos y los productos básicos.

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La “crisis” en Venezuela ha llegado por momentos a niveles delirantes –

Con sincronía sorprendente, y cada uno a su manera, procuran quebrar la cohesión de la militancia revolucionaria mediante un ejercicio de legitimación del capitalismo, del cual terminan doliéndose por retruque en sus disparatadas disquisiciones economicistas, porque según sus rebuscadas tesis, la sobrevivencia del pueblo frente a la penuria que hoy padece no es la que deriva del esfuerzo y la profundización de los programas de protección social implantados por la revolución, sino la que según ellos debe surgir de la búsqueda del reordenamiento de la economía a partir de la lógica de las leyes convencionales que la rigen.

Para esa “izquierda pensante” que con tan pasmosa facilidad elabora disquisiciones altisonantes y conminatorias sobre la imperfección de la economía venezolana, empèzando por el reclamo que vive haciendo para que esta funcione bien porque, si no, no hay revolución sino claudicación al modelo socialista y regreso irresponsable al modelo burgués, jamás ha habido error o perturbación alguna generados por el interesado proceder de los sectores capitalistas más poderosos del planeta, confabulados como están cada vez más en los planes golpistas de la derecha corrupta y vendepatria que hoy tenemos.

Todo es idealismo en su más puro estado. Nada de la crudeza que representa la extinción casi total de las reservas nacionales producto de la asfixia inducida a la que hemos sido sometidos con la extracción y pulverización de nuestro signo monetario desde EEUU y Colombia, la manipulación del riesgo país por parte de los consorcios proimperialistas del sistema financiero mundial durante mas de dos décadas, la repercusión que tiene para la vida de la población el impedimento para la adquisición de bienes y equipos en el exterior, al que somos sometidos, sin piedad ni misericordia alguna, por la potencia más genocida de la historia. Nada de eso tiene consecuencia alguna sobre el comportamiento real de la economía, ni genera secuelas en términos de desaliento, desmoralización y enajenación de las fuerzas productivas y de los servicios públicos.

Para ellos, la especulación, el desabastecimiento, el sabotaje sistemático a nuestras instalaciones de comunicación, de electricidad, de PDVSA, el matraqueo en la venta de la gasolina, las fallas en el servicio del agua, son solo muestras de ineptitud del gobierno y no la expresión de esa enajenación que se ha propuesto inocular el imperio en nuestro Estado y fundamentalmente  entre la gente como mecanismo de desmovilización social durante casi un cuarto de siglo de sometimiento del pueblo al terror de la desinformación y la demonización del socialismo que sus medios de comunicación llevan a cabo.

De ahí que su explicación de la inflación o de la cuantificación del PIB, por ejemplo, siempre va a resultarles negativa. Porque en Venezuela lo que está funcionando mal es el capitalismo; no los programas y políticas socialistas que, aún en medio del terrible asedio, cada día llegan a más venezolanos.

Por primera vez en la historia una sociedad asediada por un claro e inconfundible enemigo es invitada de manera tan impúdica por una exigua minoría a claudicar en su arrojo y en su compromiso con la patria, para deponer las armas de la unidad y la cohesión nacional en nombre del más inmoral e irresponsable individualismo.

Es imposible imaginar qué habría dicho Churchill si le sale un ultroso de esos a gritarle en medio de los bombardeos “¡Mueve ese culo, Winston!

@SoyAranguibel

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