Rosebud o la navidad que nunca fue

– Publicado en Correo del Orinoco el  15 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Nada es más desconcertante que la inexplicable fascinación que produce la bola de cristal que recrea la síntesis navideña tal como la explica la religión católica desde que el papa Julio I la instituyera por allá por el 350 d.C., reducida en una pequeña burbuja de agua con glicerina que ayuda, según se le agite, a minúsculas motas de plástico a imitar la cadencia de la nieve sobre un paisaje nórdico con casitas de montañas nevadas, renos, trineos, pinos adornados, o muñecos de nieve y a veces hasta de un absurdo gélido pesebre, con niño Jesús, San José, Virgen María y hasta con mula y buey.

De origen impreciso, se dice que el invento data de mucho más de un siglo y que, según el portal “Bolas de Nieve”, en su evolución habría transitado desde Europa hasta América impulsado por el boom del cual el raro artificio habría sido objeto con su aparición en la primera Exposición Universal de París en 1878. En Viena, sin embargo, la familia Perzy, dueña de una famosa casa fabricante de bolas de nieve, sostiene que su abuelo, Erwin Perzy, fue quien en 1900 habría llegado por accidente a la creación del mítico juguete cuando intentaba perfeccionar una lente con luz incorporada para su uso en quirófanos.

De acuerdo a los Perzy, la pequeña empresa familiar vienesa produce un promedio de 200.000 esferas al año, siendo sus clientes más importantes los Estados Unidos y Japón, a quienes atienden con pedidos no solo con motivos navideños sino para toda ocasión, incluso como souvenir para eventos como las inauguraciones presidenciales, para las cuales han producido ediciones especiales con motivo de la juramentación de los presidentes Reagan, Clinton y Obama. Algo perfectamente comprensible en culturas familiarizadas con los elementos con los cuales el sincretismo de la navidad se ha resuelto a partir del entorno natural que les corresponde, como el pino o la nieve, pero que desconcierta en las cálidas regiones tropicales del planeta, como el Medio Oriente, norte de África, el Caribe y Centroamérica, donde la bola de nieve cautiva a millones de niños y adultos por igual, independientemente de su credo o profesión religiosa.

En su afán de dominación la doctrina de la iglesia católica persigue abarcar cada vez más allá, incluso hasta de sus propias fronteras estrictamente religiosas, fundamentalmente en la búsqueda del control social al cual se considera predestinada y en función de la supremacía que su carácter indefectible, con sentido de totalidad y de santidad intrínseca, le confieren por encima de cualquier otra forma de organización social. De ahí su ancestral preocupación por hacerse de ese valioso y poderoso instrumento de captación de la fe que es la Navidad. Con ella ha logrado llegar hasta el último rincón de la tierra sin mediar preocupación alguna de nadie por la infinita cantidad de inconsistencias bíblicas que rodean la liturgia de la Navidad tal como ella nos la presenta.

Sai Baba, en su discurso de Navidad de 1972 en Bangalore, sostiene que “Los grandes maestros pertenecen a la humanidad; es un error creer que Jesús pertenece sólo a los cristianos y que la Navidad es un festival sagrado sólo para Occidente. Aceptar a uno de ellos como propio y desechar al resto por pertenecer a otros, es una muestra de mezquindad. Cristo, Rama, Krishna, son para todos los hombres de cualquier lugar.” La fiesta se impone sin importar credos ni razas.

Los “aconfesionales” en España, por ejemplo, dan un vuelco total al concepto argumentando el asalto de la iglesia católica a una festividad que según ellos data de mucho antes de la cristiandad, acusándola de imponer el nacimiento de Cristo (de quien no se supo jamás la fecha exacta de su nacimiento) en la fecha del solsticio de invierno para aprovechar la popularidad del mismo en la expansión de su religión. Por lo cual celebran la Navidad pero sin la connotación religiosa que la asocia a la iglesia.

Por lo general los ateos de todas partes del mundo celebran durante esas fechas el encuentro familiar, la cena, los regalos, y hasta montan el árbol con adornos alegóricos, obviando sin perturbación alguna el carácter confesional de la Navidad. Según reportaje del portal español Público.es, Ana García, atea junto a su marido y sus dos hijos, e integrante de las asambleas vecinales surgidas en Madrid a raíz del 15-M, es organizadora del movimiento “Otra Navidad es posible”, cuya finalidad es crear consciencia sobre el carácter eminentemente consumista de la celebración. Pero, tal como ella lo dice “No creemos en dios, pero no por eso vamos a renunciar a la fiesta, ¿no?”

Al respecto el mismo Sai Baba concluye en aquel mensaje de 1972: “La forma en que actualmente se celebra la Navidad muestra cuánto se han alejado los hombres de esos ideales, ¡cuánta ignominia están acumulando en su nombre! Se reverencia la hora de medianoche; se adora con luces; se pone el árbol de Navidad y después se pasa la noche bailando y tomando.”

Pero ¿cuál forma de Navidad es la que se ha impuesto definitivamente en la sociedad actual, más allá del carácter religioso o de naturaleza consumista al que en principio se le asocia? La bola de nieve pudiera entrañar una respuesta.

La posibilidad de capturar en la palma de la mano la síntesis de todo lo maravilloso que la Navidad representa en el imaginario del ser humano desde su más temprana edad, construida desde hace dos mil años a lo largo y ancho del planeta por la más poderosa institución de la historia, es sin lugar a dudas una motivación principalísima. Pero su valor fundamental está oculto tras la fascinación y el encantamiento pueril que nos ofrece el (en apariencia) inofensivo juguete.

El cine, que no ha perdido jamás la perspectiva de su rol como instrumento de alienación y de enajenación social, ha registrado de manera memorable esa fascinación que causa en la gente la bola de nieve, elevándola a niveles filosóficos complejos de la mayor significación para la doctrina de la dominación de los sectores hegemónicos sobre los pueblos.

En una de las escenas más empalagosamente cursis que se recuerden, Mary Poppins enternece a los niños a su cuidado con una bola de nieve mientras les arrulla con una canción de cuna que describe a una pordiosera implorándole al gran banquero (el padre de los niños) que le compre unas migas de pan para echárselas a los pájaros. La repugnante discriminación social que el mensaje encierra salta de la pantalla y estalla cual vómito en la cara del espectador.

Pero es en El Ciudadano Kane, considerada todavía hoy como la mejor película de todos los tiempos, donde la simbología oculta del cine con la navidad como respuesta al inmemorial sueño de la felicidad del ser humano se hace patente en la forma más cruda y bochornosa. La angustiosa búsqueda de “Rosebud” a la que es invitado el espectador, concluye en la inevitable solución a la que suele llegar Hollywood en igual disyuntiva entre los ricos y los pobres, según la cual nadie, por muy acaudalado y poderoso que sea, será feliz si no es pobre. En un momento del film, un viejo y agotado Kane le dice a su asistente, el señor Berstein, “De niño no quise nunca ser adinerado ni privilegiado; de no haber sido tan rico quizás habría sido un gran hombre”. El cine es el único espacio del capitalismo donde ser rico es malo.

Al final de la historia, la bola de nieve terminó siendo el único objeto de importancia que Kane encontró en medio de la devastación del fin de sus días, precisamente por la posibilidad que le brindaba de atesorar en esa minúscula farsa de cristal la felicidad a la que solo tuvo acceso cuando era pobre y de llegar de nuevo hasta Rosebud aunque solo fuese con el pensamiento.

Como en toda secta, ya sea religiosa, política o de clases, el dogma es solo el instrumento para el ejercicio del control social que se realiza en el aniquilamiento de la potencialidad intelectual del individuo. La Navidad, desde el ángulo que se le vea, no ha sido nunca conmemoración sublime de la elevación espiritual, sino el dogma de la más abyecta opresión capitalista engalanada de pureza.

 

@SoyAranguibel

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