Las listas del fracaso

– Publicado en el Correo del Orinoco el 09 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.”
Ernesto Che Guevara

La mezquindad, como base fundamental de la filosofía capitalista, es el rasgo de la conducta humana que más allá de toda teoría economicista o social determina la naturaleza salvaje y brutal del capitalismo.

La indiferencia hacia el padecimiento de la gente que de forma doctrinaria se ejerce en el capitalismo, argumentada bajo la inmoral premisa según la cual la riqueza surge del trabajo individual y en virtud de ello debe pertenecer solo a aquel que la forja con su esfuerzo propio, es la más viva expresión de una cultura del egoísmo como norma de conducta cuya traducción esencial es el desprecio a toda noción de solidaridad o de desprendimiento, es decir; de comunidad y hasta de sociedad en términos generales. El socialismo es así un concepto repudiado por el capitalista, no tanto por su naturaleza contra hegemónica en función de la propiedad de los medios de producción, sino por el carácter igualitario del modelo.

Desde los orígenes mismos de las sociedades organizadas, la idea de la supremacía de unos individuos sobre otros ha estado presente a lo largo de la historia. El afán por imponer la desigualdad se ha expresado siempre de una u otra manera, a veces en formas crudas y violentas, como las guerras, y en otros casos en forma de búsquedas del supuesto engrandecimiento del ser humano, como propone la idea de fondo de las competencias deportivas.

Contrario a lo que se predica desde el ámbito del quehacer deportivo, la competencia no es sino un mecanismo más de desmovilización de la sociedad, que a partir de esa sed de superación individual inoculada al ser humano a través de la historia busca inhibir la naturaleza gregaria del hombre y evitar así el surgimiento de las ideas de organización social que tanto teme la hegemonía burguesa dominante. En la idea de la rivalidad subyace el mensaje persistente de la segregación según el cual solo algunos pocos en la sociedad son los aptos para las tareas más arduas y complejas. De entre esos aptos, solo uno será siempre el campeón absoluto.

Llegar de primero ha sido el reto que ha impulsado durante siglos la voluntad de crecimiento del hombre en las categorías más infinitas e inimaginables. La más intensa y contante ha sido sin lugar a dudas la de acumular cada vez más mayor riqueza. En ello, como en el deporte, la sociedad será solo espectadora pasiva de las contiendas. Su único rol será el de consumidor.

Los aptos serán mostrados a la sociedad mediante listas de desempeño en las que se establecerá la grandeza de cada uno de ellos de acuerdo a su posición en las mismas. La revista norteamericana Forbes, por ejemplo, se especializa en esa tarea de mantener al día las listas de los millonarios más acaudalados del mundo año tras año. La exposición mediática imprime valor al rol que como multimillonario se alcance mediante su actuación como capitalista destacado, porque es a través de la admiración que la sociedad sienta por esos acaudalados como vale la pena competir para desplazar al resto, toda vez que la inmensa fortuna que cada uno de ellos posee, ni por muy botaratas o despilfarradores que fuesen, no es imprescindible a partir de unos cuantos cientos (o incluso miles) de millones de dólares para asegurar ni la vida ni el confort más grande con el que se desee vivirla. Ni la suya individualmente ni la de su familia y su heredad en pleno.

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En esa lista acaba de aparecer este año (2015) un grupo de prominentes empresarios venezolanos, cuyas inmensas fortunas desbordan todo lo imaginable. El señor Gustavo Cisneros, de 69 años, dueño de uno de los emporios empresariales más grandes del país, que incluye fabricación de productos de consumo masivo y medios de comunicación, con un total de 3.6 millardos de dólares de riqueza personal. Le siguen el banquero Juan Carlos Escotet, de 55 años, con un caudal personal de 3.3 millardos de dólares en su haber y Lorenzo Mendoza, propietario del más grande consorcio empresarial del país, las empresas Polar, con una fortuna personal de 2.7 millardos de dólares.

Las cifras, además de la obscena codicia que expresan, sobre todo en el caso del fabricante de cervezas y productos alimenticios, que vive argumentando asfixia financiera para producir la harina de maíz que el pueblo demanda, demuestran de manera innegable e incontrovertible que en Venezuela no existe ninguna crisis económica en modo alguno que no sea la que busca tratar de saciar la voracidad de divisas de un sector privado miserable que no se cansa de especular para acumular cada vez más mayores fortunas, como esa de los laboratorios farmacéuticos a quienes se les ha demostrado esta misma semana su participación directa en el desabastecimiento inducido de medicinas en el país mediante la utilización de la enorme cantidad de divisas que les ha sido entregada por el Estado no para importar medicamentos sino para inyectarlos al mercado paralelo generando el descontento popular a la vez que amasan cada vez una mayor cantidad de dinero.

Pero demuestran también, y eso quizás es lo más importante para las venezolanas y venezolanos que están padeciendo hoy la infamia de la guerra mediática que quiere acabar con la revolución bolivariana acusando de ladrones a los dirigentes de la revolución bolivariana, que quienes están haciendo más dinero hoy en Venezuela son los mismos que se quejan a través de esa guerra mediática de una supuesta imposibilidad para el desempeño del capital privado en el país.

Ni en la lista de Forbes ni en ninguna otra aparecen registrados ni Diosdado Cabello ni ningún otro dirigente o funcionario del gobierno bolivariano como tanto han querido hacer ver los sectores de la derecha que hoy conspiran contra la democracia venezolana con base en la falsedad de acusaciones infundadas y calumniosas contra los hijos de Chávez. Desconocen que a los revolucionarios no los mueve el afán del dinero, porque al revolucionario lo inspira el deseo impostergable de la justicia social y no la mezquindad o el egoísmo en el que se funda el capitalismo y por eso fracasan en su estúpido intento de descalificación.

Mientras esos sectores acusan sin prueba alguna que soporte sus absurdos alegatos, lo que aparece cada vez más ante la opinión pública son las evidencias irrefutables de los muchísimos hechos de corrupción en los que están incursos los dirigentes de la oposición, como ha podido constatar el país de manera reiterada y recurrente a través de videos, llamadas telefónicas, cheques impresos, fotografías, y un sinnúmero de pruebas que dan cuenta del carácter corrupto y delincuencial de esa derecha inmoral e inescrupulosa que hoy, asociada a los más perversos y miserables sectores del capitalismo especulador nacional y transnacional, pretenden hacerse arbitrariamente del poder para reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

Algo así como lo que les acaba de pasar con el escandaloso affaire internacional que intentaron montar con una lista de depositantes venezolanos que un empleado de un importante banco suizo, el HSBC, filtró a la prensa mundial, y que la derecha quiso usar como prueba definitiva del supuesto pillaje de la dirigencia revolucionaria venezolana. El resultado no pudo ser más trágico para el antichavismo nacional e internacional; en la lista solo aparecieron un locutor de televisión (empleado de Gustavo Cisneros), un dirigente de Acción Democrática, partido integrante de la llamada MUD, varias figuras destacadas de la organización antichavista Gente del Petróleo, y una gran cantidad de personas pertenecientes a varias de las más renombradas familias de la alta burguesía venezolana, de La Lagunita y del Country Club, ninguno de los cuales puede ser señalado en modo alguno de chavista o de izquierdista siquiera.

La inefable lista del HSBC, pasará a la historia sin lugar a dudas como el más duro golpe que durante mucho tiempo se habrá dado a sí misma la contrarrevolución y el antichavismo en su empeño por acabar con el sueño de Chávez. Un verdadero tiro por la culata que hizo quedar en ridículo a los más encumbrados estrategas de la guerra de cuarta generación desatada hoy contra la democracia venezolana, y que los coloca en el “pódium del fracaso” en el lugar que siempre les ha correspondido… ¡El primero de la lista!

@SoyAranguibel

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