Vivir en el paraíso

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 18 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dogmáticos, en su atávica tozudez doctrinaria, van a encontrar siempre en la propuesta chavista de socialismo una tentativa sin basamento teórico, sin asidero histórico y hasta de naturaleza sacrílega (para aquellos que desde el extremo conservador del rigor ideológico examinan igual que los ultraizquierdistas a la revolución bolivariana), con cuyos principios van a estar reñidos en todo momento fundamentalmente por el carácter transformador inherente al proceso de redención de los pobres que impulsara en Venezuela el Comandante Chávez bajo la óptica propia y completamente innovadora en que éste lo planteó.

El mayor tormento para ellos es que se trastoquen de alguna manera los pilares fundacionales del pensamiento revolucionario más ortodoxo y la concepción misma del Estado, con lo cual, según el particular enfoque de cada uno de esos dos sectores se traicionarían, por una parte, los sagrados principios de las luchas sociales a través del tiempo y la estabilidad del modelo de sociedad, por la otra.

Coinciden así la ultraizquierda pseudo chavista y la derecha oligarca en un planteamiento contrarrevolucionario común, en el que se puede leer desde dos ángulos supuestamente enfrentados en lo ideológico exactamente el mismo postulado teórico que en apariencia los distancia, como ese según el cual lo que no serviría en el Estado serían los funcionarios y no el modelo burgués bajo el cual está concebido ese Estado.

De la misma forma en que el inefable decreto de Carmona se centraba en abril de 2002 en la destitución de funcionarios de todos los poderes públicos como un paso indispensable para la restitución del Estado a su condición prerrevolucionaria, de esa misma manera la ultraizquierda pseudo chavista fundamenta su propuesta en la búsqueda del desplazamiento del liderazgo revolucionario como condición sine qua non para avanzar en la construcción del bienestar económico del país.

Ambos sectores ocultan el peso que tiene en la deficiencia de la gestión pública la inviabilidad del modelo burgués aún imperante para satisfacer las necesidades de la población, así como la perniciosa presencia de infiltrados opositores en los organismos del Estado y el brutal ataque del capital privado, nacional y transnacional, a la estructura de gobierno con su impúdica oferta de comisiones a diestra y siniestra, ya no solo en búsqueda de jugosos contratos sino en el avieso afán de corrupción del sistema para derruirlo y acabar así con el modelo socialista.

Por igual acusan a la revolución de una supuesta mala gestión en las empresas nacionalizadas (un minúsculo porcentaje apenas del parque empresarial venezolano en relación con el que todavía sigue en manos de la burguesía), desconociendo que el propósito de esas nacionalizaciones no es la sustitución de la premisa de la rentabilidad capitalista por un abstracto modelo de rentabilidad socialista, sino la transformación del proceso de producción para pasar de la cultura de mercado a la lógica de la cultura comunal que es base medular del proyecto revolucionario chavista, donde el valor de cambio y cuanto ello implica sea sustituido por el valor de uso de la producción de acuerdo a las necesidades reales de consumo del país y no a las necesidades de la acumulación del capital.

Sin embargo la mayoría de esas empresas, como el Banco de Venezuela, Cantv, Industrias Diana, entre otras, ha demostrado eficiencia operativa en el incremento de su producción y eso es innegable. Pero no es solo la irrefutabilidad de esos hechos el peor enemigo de los dogmáticos tanto de derecha como de izquierda, sino la retórica misma de su insustancial discurso.

En todos los procesos revolucionarios de la historia el papel político de la oligarquía, antes que en la promoción de su propia e inviable propuesta neoliberal, se ha centrado en la obstrucción del bienestar social que esas revoluciones han promovido, porque el discurso de las elites hegemónicas es diametralmente opuesto al interés de las grandes mayorías depauperadas que desde siempre han padecido las crisis económicas y sociales que inevitablemente resultan de esa recurrente practica burguesa de la conspiración contra el poder popular, no solo mediante la guerra y el sabotaje sino mediante la demagogia.

Los griegos acuñaron el término “demagogo” para designar a los conductores de la sociedad, imprimiéndole así un sentido positivo en un primero momento a lo que posteriormente Aristóteles definió como “la forma corrupta o degenerada de la democracia”, tal como la usa desde entonces la burguesía para etiquetar a toda expresión de liderazgo que surja del pueblo y que alcance el poder por cualquier vía.

De ahí que “demagogo” haya sido asociado a “embaucador” o “seductor de masas”, “adulador del pueblo”, que confiscaría el poder para instaurar la tiranía y los modelos autoritarios de los que siempre se ha acusado a los regímenes populares a través de la historia.

En la Venezuela revolucionaria, como parte de esas innegables singularidades que el dogmatismo decimonónico repudia en el proceso bolivariano, el término “demagogo” se ha desplazado desde el poder hacia los sectores contrarrevolucionarios, desde donde se está produciendo hoy la más impúdica e irresponsable práctica de adulación y de ofrecimientos insustanciales al pueblo que se recuerde en los anales de la política.

No puede ser sino irresponsable (y hasta criminal incluso) tratar de convencer al país de que la vida de ilusoria prosperidad que ofrece el modelo capitalista, y que la ultraizquierda pseudo chavista adopta sin el más mínimo pudor como paradigma de bienestar en su descalificación del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sea de alguna manera posible en medio del escenario de guerra al que el gran capital nacional e internacional nos tiene sometidos con el apoyo nada más y nada menos que del imperio norteamericano.

Venderle a la gente que nada más cambiando unos cuantos funcionarios de gobierno por otros, sin que se avance en la superación del esquema de injusticia que comprende el modelo neoliberal para sustituirlo por el sistema de inclusión social que el ideario chavista propone, se pudiera alcanzar el paradisíaco nivel de vida que ofrece el capitalismo es conducirla al fracaso que hoy padecen las naciones que a lo largo de los últimos doscientos años han transitado ese camino a su más entera libertad, es decir, sin los obstáculos y sabotajes que ha debido enfrentar la revolución bolivariana desde hace dieciséis años.

Vivir en el paraíso terrenal que sugiere el discurso contrarrevolucionario es imposible en un mundo en el que sólo el 1% de la población posee casi dos tercios de la riqueza del planeta. 99% de la población de la tierra denuncia hoy esa injusticia y por ello son asesinados o van a la cárcel y a la calle sin empleo ni techo donde cobijarse cada vez más pobres y desvalidos que en ningún otro momento de la historia, en el ensanchamiento más abismal de la brecha entre ricos y pobres que se haya conocido jamás.

El destacado analista económico y vicepresidente de la cadena Financial News, Paul B. Farrel, se refiere hoy a este proceso en estos términos: “La burbuja de la desigualdad se está acelerando, peor que en 1929, o incluso 1789. La brecha de la desigualdad se encuentra ahora en los niveles de 1929, lo que hace que la apuesta del Partido Republicano con el futuro de Norteamérica sea un verdadero asalto a la clase media.”

El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, por su parte, afirma al respecto: “A Estados Unidos le gusta pensar de sí mismo como una tierra de oportunidades. Pero hoy en día los  números muestran que el sueño americano es un mito … ensanchamiento de la brecha … la tendencia clara es una concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior, el vaciamiento de la media, y el aumento de la pobreza en la parte inferior”.

Evidentemente ese idílico paraíso capitalista del que hablan tanto la derecha como la ultraizquierda pseudo chavista, es cada vez más inalcanzable. La revolución chavista, por el contrario, es el camino a la redención del ser humano a partir de la construcción concreta de la utopía de justicia social por la que tanto lucho el Comandante Eterno.

@SoyAranguibel

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