¿Es justa la justicia de Provea?

– Publicado en el Correo del Orinoco el 20 de julio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Si tú juzgas a la Ley, no eres hacedor de la Ley sino juez”  Epístola de Santiago

Si en medio de su liturgia la misa contemplara la exclusión de entre su feligresía a los ateos, a los blasfemos, a los impíos, a los pendencieros, los prevaricadores, los usureros, los truhanes, los promiscuos, los inmorales, los depravados, los vanidosos, los egoístas, los infames, los mentirosos y los estafadores, el templo se quedaría virtual y dolorosamente solo.

La naturaleza congregacional o asamblearia de la iglesia deriva de la expresión bíblica que concibe a los mortales como rebaño de Cristo, que es su pastor, fieles a una misma doctrina; la palabra de dios. Todos son iguales a los ojos del Señor, porque en todos anida la sed de salvación que la justicia divina les depara.

Descendientes de Adán como son, los hombres sobre la tierra son pecadores por naturaleza y su necesidad de redención nace con su alumbramiento, con lo cual todos los demás pecados que acumule a lo largo de su vida son adicionales. El infierno, del cual no habla la Biblia, pero que lo sugiere en cada palabra con cada una de las cuales se adoctrina al creyente en el temor a Dios, es el castigo eterno a pecados tan breves como el desear la mujer del prójimo (que no es lo mismo que poseerla), que en las sociedades contemporáneas es casi una forma universal de la convivencia pacífica y el trato decoroso.

Quizás por eso las más deseadas suelen ser las que más valen la pena tan inmenso sacrificio.

Una vez dentro de la iglesia, la naturaleza particularísima del pecado no importa. Ahí lo relevante es que como pecador has acudido al altar para someterte al dictamen del Altísimo en busca del perdón. Sin el reconocimiento de esa autoridad no operará jamás la absolución.

Pero el juicio divino no sigue la norma del juicio terrenal. Las Leyes y procedimientos que los rigen son en esencia diferentes, porque unas surgen de los designios inapelables del Creador del universo y las otras del acuerdo común del los hombres.

De ese acuerdo (o pacto, según Rousseau) que establece los mecanismos de la armonización del cuerpo social, surge la institución del tribunal que impartirá justicia de acuerdo a la las Leyes que el poder legislativo elabore con el supremo propósito de organizar el desempeño de la sociedad y prevenir los desafueros de la misma. Tanto el juez como el jurado son elementos determinantes en esa distribución de justicia. Mientras el juez encarna la figura del Tribunal de Derecho, el jurado, por su parte, desempeña la del Tribunal de Hecho, porque asume la evaluación de las pruebas que contra el acusado se promuevan durante el proceso y garantiza el juicio entre iguales que consagra la doctrina democrática.

Cuando la noción de lo justo deriva de la concepción burguesa de la sociedad y no de la noción de equidad de los pueblos, la justicia se orientará siempre en favor de los intereses de los poderosos y su distribución entonces por parte de los jueces un dechado de arbitrariedad y despojos. El advenimiento del Estado de Derecho, cuyo fundamento es la separación de poderes, no resuelve el dilema de la iniquidad de la justicia impartida por los poderosos para sociedades que avanzaban progresivamente hacia modelos en los que la preservación de los derechos del ser humano eran una razón fundamental.

Mucho antes de la Revolución Francesa, en Gran Bretaña, Juan Sin Tierra instituía en su Carta Magna la figura del jurado como instancia que velara por los derechos de los individuos a ser juzgados por sus semejantes de acuerdo al sentimiento de la sociedad. Desde la antigua Grecia y ya en el imperio romano, modalidades de esa figura del jurado eran de uso común en los juicios públicos.

Pero el juicio entre iguales no siempre fue el más justo. Los pueblos ignorantes fueron muchas veces copartícipes de las más horrendas atrocidades cometidas contra los seres humanos a través de la historia. Desde la crucifixión de Cristo, hasta el satánico ritual de la inquisición, la algarabía de turbas enardecidas por el discurso de los púlpitos fue el acicate de miles de sentencias. Muchas de esas turbas llenan hoy, como llenaron en el pasado, con su fervor y su devoción a Dios las iglesias del mundo entero.

Estados Unidos lo padece. La impunidad que indigna al mundo por la muerte de un sinnúmero de afrodescendientes a manos de policías blancos, está determinada por jurados que integran ciudadanos la mayoría de las veces negros.

En una sociedad que procura su transformación, a partir precisamente de la evolución del Estado para replantear la idea de justicia y de igualdad como base del mismo, y darle cause a un modelo verdaderamente democrático en el que prevalezca el principio del sentido común y no del sentimiento común, tal como éste se concibe en el modelo burgués, la aplicación de la Ley es un asunto medular que obliga a repensar la doctrina del derecho desde sus más hondas raíces. Los parches o enmiendas de naturaleza superficial o puramente semántica al entramado legal del Estado, por muy revolucionarios que desde el punto de vista del derecho aparezcan, terminarán siempre por reproducir el modelo burgués que se persigue desmontar si lo que obliga a la justicia es el férreo cumplimiento de la norma que lo sostiene.

Por eso frente a un proyecto de transformación de la sociedad como el que encarna la revolución bolivariana en Venezuela, la burguesía va a procurar siempre preservar para sí instituciones como el poder judicial, las leyes de la república y hasta la Constitución nacional (aún a pesar de haber surgido ésta del mismo proceso revolucionario que adversa), precisamente porque asume que es en ese ámbito del Estado donde se ejerce el verdadero poder sobre la sociedad, en la medida en que las Leyes sean expresión de un sentimiento, o una cultura, que a través de la academia, la investigación, los medios de comunicación y el mercado, ella impone a su buen saber y entender.

Sin importar si los abatidos en enfrentamiento policial en la Cota 905 eran criminales o no (… el pecado no importa), Provea abogará por sus derechos humanos acusando al Estado por lo que esa organización no gubernamental de dudosa credibilidad presentará siempre como “masacre” porque lo que le interesa ahí no es en modo alguno el derecho sino el espacio donde puede obtener no solo el beneficio político que los medios de comunicación de la derecha le facilitarán a los suyos de cara a unas elecciones parlamentarias a las que asisten en la condición más depauperada del antichavismo en toda su historia, sino el rescate de un espacio de control social desde el cual los sectores dominantes han ejercido desde siempre su dominio.

Para la burguesía los instrumentos de justicia no son los cuerpos policiales, ni los cuerpos de investigación, ni los tribunales mismos. Montesquieu sostiene en su Espíritu de las Leyes, que “Los jueces de una nación no son sino la boca que pronuncia las palabras de la Ley”.

Provea, aún por encima del clamor mayoritario de una sociedad que aplaude al unísono la actuación del Gobierno revolucionario en el enfrentamiento de los grupos criminales que hoy sumen al país en la angustia y la violencia, no defiende derechos abstractos de individuos cuyo prontuarios los incriminan, sino un Estado de Derecho que sirva para preservar el modelo de la dominación por el cual los sectores de la derecha venezolana hoy abogan.

Acusar a la revolución de represora, cuando precisamente el centro y razón de ser de esa revolución es el ser humano, es parte esencial del discurso de una guerra comunicacional basada en la infamia y la distorsión de la realidad al que esos sectores recurren frente a la evidente incapacidad de lograr el respaldo popular al que aspiran. La campaña de Provea denunciando atropellos a los derechos humanos donde todo el país está viendo salvación, es otro de los clamorosos desatinos de esa derecha torpe y tozuda que todavía cree en la posibilidad de reinstaurar en Venezuela su vetusto y destartalado modelo.

@SoyAranguibel

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Un comentario sobre “¿Es justa la justicia de Provea?

  1. Esa es la justicia que esos insensatos merecen, pero no tienen capacidad para llegar al corazón del pueblo…Alacranes eso es lo que son Provea..

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