La rara dictadura democrática que enloquece a la derecha

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 27 de julio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En una de las más estrambóticas declaraciones políticas de al menos el último cuarto de siglo, la activista venezolana de ultra derecha, María Machado, expone esta semana frente a la prensa una particular concepción de democracia, que de acuerdo a su afirmación consistiría en un desconcertante e inusual modelo de dictadura basada en elecciones.

“Cuando se enfrentan elecciones en dictadura no basta con ser mayoría”, dice sin arrugar ni uno solo de los cuarenta y tres músculos del rostro que facilitan la expresión facial. Lo cual, en su caso, es todo un logro de la fisiología.

La frenética ultraderechista viene de proponer como promesa central de su campaña precandidatural de la oposición en 2012 la no menos fabulosa oferta del “capitalismo popular” con la cual obtuvo apenas un exiguo 3,7 % del apoyo en esa contienda. Experiencia que no sirvió para aplacar en modo alguno su tendencia al desatino y a la miopía política, sino que constituye una más de la larga serie de torpezas en las que ha incurrido a través del tiempo.

El montaje de falsos atentados contra su persona como excusa para evadir la obligación de subir cerros que en su rol de candidata le correspondía; la alianza con los cabecillas de la violencia terrorista desatada contra el país y repudiada por la inmensa mayoría de los venezolanos; la convocatoria a asambleas ciudadanas al mismo tiempo que llama mediante comunicado de prensa a desconocer el gobierno legítimo y a insurreccionarse contra él; así como la provocación de su expulsión de la Asamblea Nacional por haber aceptado un cargo de representación de una nación extranjera ante un organismo internacional, son solo algunas de esas torpezas, entre muchos otros dislates menores en política pero de mucha connotación moral. Ejemplo de los cuales es la vulgar persistencia en retratarse cargando muchachitos a lo largo y ancho del país en un grotesco mercadeo de fingida imagen maternal, a raíz de serle cuestionado públicamente su impúdico llamado a los hijos de las madres venezolanas a arriesgar sus vidas en las acciones insurreccionales que ella promueve, mientras los suyos disfrutan a buen resguardo en el exterior las mieles de los lujos que como buenos burgueses les corresponden.

Sin Embargo, en su descabellada afirmación sobre la “democracia totalitaria” de la que hoy habla, pareciera no estar del todo fuera de foco.

Chica predilecta de la oligarquía nacional, formada en prestigiosas universidades norteamericanas, y objeto del aprecio irrestricto de las élites procapitalistas del continente, la pupila criolla de los halcones de Washington conoce a la perfección el pensamiento neoliberal desde su más honda esencia.

Solo una nación de profunda convicción imperialista como los Estados unidos ha podido sistematizar ese pensamiento desde un enfoque estrictamente político, más allá de la cerrada concepción corporativista, financista y liberal que le es propia.

James Madison, uno de los “Padres Fundadores”, como les llaman en los Estados Unidos a los constructores de la nación, reconocido por los norteamericanos como “El padre de la Constitución” por sus aportes como avanzado pensador político de su tiempo en la redacción de su carta magna, fue sin lugar a dudas uno de los más prolíficos teóricos del modelo de democracia sobre el cual se asienta hoy el imperio norteamericano. Sus disertaciones sobre ese tema se recogen en varios folletos que se publicaron a principios del siglo XIX como defensa del texto constitucional que proponía la unión de los estados en una sola nación. Dichos textos, conocidos como “The Federalist Papers”, han terminado por ser el compendio del pensamiento más elaborado sobre la democracia y la libertad desde la óptica liberal capitalista y referencia ideológica indispensable para la clase política norteamericana.

En ellos Madison define el modelo a partir de interpretaciones sobre la realidad europea, cuyos debates entre las ideas promonárquicas y proliberales parecían no ceñirse exactamente al proyecto de la incipiente nación, pero que servían de alguna manera en la construcción del mismo. Las reflexiones sobre los fundamentos y naturaleza de la democracia fueron parte medular de esos debates, en los que se discutían nociones encontradas de los conceptos de unidad, partidismo, totalitarismo, dictadura, etc.

En un forzado contrapunteo con Aristóteles, para el “Padre de la Constitución norteamericana” la democracia no debía ser el modelo que permitiera el protagonismo de las mayorías, porque siendo las minorías las poseedoras de la propiedad privada las mayorías podrían terminar aprobando leyes que atentaran contra esa propiedad y procuraran ponerla al servicio de los más.

Junto a otros pensadores, como Alexander Hamilton, quien definió a la mayoría no opulenta de la sociedad como “La gran bestia”, Madison establecía que la democracia (democracia directa) era un modelo peligroso porque permitía a las mayorías hacer valer sus deseos, mientras que el modelo republicano (democracia representativa) aseguraba el derecho a la propiedad privada por parte de los opulentos, porque ahí quienes toman las decisiones son sus representantes.

En un artículo publicado por Infoamerica.org, Noam Chomsky dice al respecto: “Madison previó que la democracia estaría probablemente más amenazada conforme pasara el tiempo, debido al aumento de «la proporción de los que serán víctimas de todas las penalidades de la vida y, en secreto, suspirarán por un reparto más equitativo de sus bendiciones». Era posible que ganasen influencia, temía Madison. Le preocupaban los «síntomas de un espíritu nivelador» que ya habían aparecido y advirtió sobre «el futuro peligro» si el derecho al voto ponía «poder sobre la propiedad en manos de quienes no la compartían». No era de esperar que aquellos «sin propiedad, o sin esperanzas de adquirirla, simpatizaran con este derecho», explicaba Madison. Su solución era mantener el poder político en manos de quienes «representan y provienen de la riqueza de la nación», «el conjunto de hombres más capaces», manteniendo a la población en general fragmentada y desorganizada.”

Sostiene el autor que a través del tiempo esa doctrina política que concibe la democracia como un modelo enemigo de los intereses de la república liberal, antes que flexibilizarse se consolida cada vez más como la lógica del pensamiento imperialista norteamericano.

Latinoamérica ha sido desde siempre una zona de influencia del imperio amenazada por el juicio político de esos opulentos. En ese sentido Chomsky cita las palabras del Secretario de Estado John Foster Dulles ante el Consejo Nacional de Seguridad durante la postguerra: “Las élites latinoamericanas son como niños; sin prácticamente ninguna capacidad de gobierno.” De ahí la necesidad de abrirse camino hacia el continente suramericano, más como una opción de reafirmación de dominación política que propiamente económica, en lo cual la herramienta del anticomunismo ha sido determinante. Junto a Eisenhower, Dulles consideraba que los comunistas disponían de una ventaja sobre los Estados Unidos, que era la facilidad que tenían los soviéticos para lograr convencer a las mayorías… «Se dirigen a los pobres y estos siempre han deseado expoliar a los ricos».

Según Lars Schoultz, uno de los principales estudiosos sobre Latinoamérica en Estados Unidos, citado por Chomsky en ese mismo texto, el propósito de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) es «destruir para siempre la amenaza detectada contra la existente estructura de privilegios socioeconómicos mediante la eliminación de la participación de la mayoría numérica».

Al respecto Chomsky ironiza: “En otras palabras, nos resulta difícil inducir a la gente a aceptar nuestra doctrina de que los ricos deben expoliar a los pobres, un problema de relaciones públicas que todavía no se ha resuelto.”

Por eso a María Machado, la ex diputada de Panamá, le preocupan tanto esas extrañas “dictaduras” que surgen del voto directo, universal y secreto del pueblo. Ella habla de una democracia inaceptable para las élites oligarcas que ella representa, en la cual la “gran bestia” pueda impulsar con el poder de su voto decenas de programas y políticas inclusivas de gobiernos revolucionarios que persigan la justicia y la igualdad social por encima de cualquier otro interés o conveniencia de naturaleza economicista o corporativista.

Solo que no puede decirlo abiertamente sin el uso de sofismas tramposos que le ayuden a engañar a la gente.

En eso sí que no comete errores María Machado… simplemente expresa en su verbo encendido la perversa y desalmada crudeza de una visión neoliberal que ya ni siquiera los mismos neoliberales defienden en público, fundamentalmente por el temor a que los llamen “locos”.

Y con toda razón.

@SoyAranguibel

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Un comentario sobre “La rara dictadura democrática que enloquece a la derecha

  1. Y ahora resulta q esta oposición que da lástima, es mas pilas que el gobierno. Dónde se ha visto ? que estos escuálidos que bombardearon al gobierno por sus micrófonos y sus medios impresos en lo que se les va a seguir un juicio se desmayan, huelga de hambre, y hasta el Leopoldo ahora dizque va a comprobar su insania mental (es decir él va a comprobar que está loco). El viejo Antonio Ledezma (quién sabe si no está ya fuera del país). La impunidad sigue campante. Deberíamos hacer una marcha G I G A N T E para que todos fueran a parar a TOCORÓN y no gocen de tantos privilegios con celdas aparte y les sigan dando permiso para que se operen. Ya está bueno de tolerar tanta vagabundería de estos tipos. Y para colmo los ponen presos y las mujeres se dedican a recorrer el mundo en primera clase malponiendo al país. Jamás la Tintori se imaginó que se daría la gran vida con la mujer del vampiro viaje y vieje lamiendo las zuelas a los extranjeros. Violaron todos los derechos humanos de los ciudadanos, policías, guardías, señores, gente inocente con su intento de La Salida (guarimbas) y tienen las b… de pedir que Venezuela sea intervenida porque se violan los derechos humanos. Dios por favor este mundo está al reves.

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