¿Quién metió a la oposición en ese atolladero?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 10 de agosto de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“El dólar es nuestra moneda, pero es vuestro problema” John Conally / Secretario del Tesoro de los EEUU del periodo Nixon, en 1971 a los ministro de economía del G-10 en Roma

La Mesa de la Unidad Democrática convocó esta semana a su militancia a una reunión en los predios de la arepera Misia Jacinta en Chacaíto, en lo que se anunció sería el evento multitudinario donde la más desbordante mayoría de los venezolanos se haría presente para protestar contra las políticas del gobierno revolucionario.

Como siempre, la sobre estima de su propia capacidad de convocatoria determinó los niveles de frustración de los trescientos o cuatrocientos asistentes, quienes con verdadero estoicismo contrarevolucionario desempolvaron sus mejores lycras y sus camisas del más fino algodón para lucirlas en ese encuentro de la “clase decente” del país, en cuidada combinación con sus koalas de marca y su gorra tricolor de ocho estrellas (único adminículo fuera de tono en el conjunto, hasta tanto se resuelva si por fin la oposición se decanta por la bandera de siete o por la gorra de ocho).

En ese evento el Secretario Ejecutivo de la organización arengó a sus seguidores con una relación sucinta de su vida como líder político, explicando a voz en cuello que él no viene de un sector acaudalado de la población, sino que más bien procede de un sector humilde, en virtud de lo cual llama a direccionar hacia los pobres la lucha que deberá librar la oposición de cara a la elección del próximo 6 de diciembre.

“Ustedes saben –les dijo- que yo soy simplemente un comunicador social. Desde el corazón, quiero que les llegue clara, nítida, transparente, una palabra; Nuestra acción social, nuestra acción política, nuestro impulso debe estar orientado ahora y siempre, hasta el seis de diciembre (SIC), en la realidad del pueblo, en las necesidades del pueblo.”

Aún cuando la idea expresaba con total claridad un lapso perfectamente establecido “hasta diciembre”, a partir del cual, según se infiere, el accionar y el impulso político de la oposición debería volver a su consabido cauce neoliberal, el discurso no conmovió en lo más mínimo a los integrantes del grupo de abanderados antichavistas quienes en su desconcierto, mirándose los unos a los otros como tratando de encontrar una explicación lógica a ese delirante llamado a entregar a sus enemigos el poco esfuerzo del que pueden disponer, no alcanzaron a desprender de sus manos ni el más piadoso de los aplausos de cortesía. El silencio era roto solamente por el campanilleo de los múltiples carritos de helados y refrigerios que circulaban por el anchuroso espacio.

MUD 5 Agosto

Si algo debiera saber hoy en día el Secretario Ejecutivo de una organización política de derecha cuya ideología fundamental es la que promueve el desarrollo del libre mercado, la desregulación de la economía y la eliminación de los controles sobre el capital privado, es que lo que menos interesa a su militancia son las necesidades del pueblo, generalmente inspirado por ideas de justicia y de igualdad social que de ninguna manera son aceptadas en el modelo neoliberal.

El líder de la MUD no lo sabe porque el rasgo que quizás define de mejor manera el pensamiento burgués por el cual debe regirse toda organización política de derecha es su carácter ahistórico. Por eso Barack Obama, a quien, según él mismo ha dicho, no le importan los hechos que sucedieron antes que él naciera, puede llegar a ser presidente de la potencia que más cuentas por acontecimientos del pasado tiene que saldar con la humanidad entera.

No tiene pues cómo saber que en algún momento de la historia hubo un personaje que llegada la hora consideró pertinente imponer una fórmula universal para hacer crecer la economía de su nación a partir del principio de la libre convertibilidad de la moneda y de la erradicación del patrón oro como su referente, dando pie a uno de los procesos más demenciales de barbarie económica jamás conocidos, y que explica con perfecta claridad la absurda crisis económica que el sector neoliberal venezolano ha desatado hoy en el país.

La idea de la economía crediticia, con base en el dinero inorgánico que la más endeudada economía del planeta ha desarrollado a partir de la medida tomada el 15 de agosto de 1971 por el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard M. Nixon, es probablemente la más delirante de todas las formulaciones neoliberales jamás concebidas. Para aquel momento, el imperio norteamericano, sin haberse recuperado del inmenso desgaste económico que le representaban dos guerras mundiales en las que estuvo incurso en la primera mitad del siglo XX, así como una guerra en Corea y otra en Vietnam en lo que hasta entonces había transcurrido de la segunda mitad, se embarcaba en una audaz carrera por alcanzar la supremacía financiera mundial apoyado en una moneda cuyo único respaldo era el prestigio de la misma. El intercambio de las exportaciones ya no tendrían como referente un activo real cuantificable y tangible, como el oro, con lo cual el que podría ser el país con la mayor capacidad de compra de materia prima y bienes o productos terminados sería aquel que tuviera la mayor capacidad para desempeñarse en un sistema financiero mundial dolarizado.

Nixon, quien en realidad instauraba con aquel infame decreto el reino de la especulación capitalista que hoy agobia a las economías tanto emergentes como desarrolladas del mundo, abría los portones del infierno con las premisas economicistas desarrolladas por dos de sus más conspicuos asesores económicos; John Conally, el mismo que acompañara a Kennedy en la hora del tiroteo indescifrable en 1963, y el inefable Milton Friedman, aquel del premio Nobel otorgado por el Banco de Suecia por elevar la perversión del consumismo a la categoría de las ciencias.

Tanto el uno como el otro apoyaban la teoría del “shock económico” creada por Friedman (algo así como el “reseteo” de las economías mediante la destrucción de sus estructuras financieras, de producción y de mercado, para reconstruirlas desde cero), y que los Chicago boys asumieron como el esquema perfecto para el relanzamiento de la idea del poderío económico del imperio norteamericano, usando por supuesto como herramientas al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, soportes inestimables para la contención de las economías de cualquier signo que pudieran atentar contra los intereses del plan imperial.

De Nixon en adelante, todos los presidentes de los Estados Unidos, sin excepción, han orientado sus relaciones internacionales y su afán belicista por el interés comercial de sus corporaciones, empeñadas en la lógica del crecimiento exponencial de sus ganancias a través de un modelo de expansión de mercados (globalización), que no significa otra cosa que el imperio del consumismo y de la dependencia de los productos de exportación o de producción internacional de esas grandes corporaciones norteamericanas, en franco detrimento de las potencialidades y posibilidades reales de las economías emergentes. El fenómeno de la inflación indetenible sería otra consecuencia directa de ese perverso modelo.

Las naciones que encontraron en esa inocultable fragilidad de la economía norteamericana que es su naturaleza inorgánica, no tardaron mucho en orientar su estrategia de desarrollo hacia la conformación de grandes bloques de poder financiero respaldados por verdaderas reservas ya no solo en oro sino en capacidad productiva instalada, como la zona Euro, el Brics, y el Mercosur. El dólar, siendo aún la moneda referencial más importante del mundo, está siendo cada vez más sustituida por nuevas modalidades no solo monetarias, sino por nuevas propuestas como la del uso de la plata como instrumento de cambio, el dólar petrolero (sin nombre propio todavía), el Sucre, y el Bitcoin, surgido de la nueva realidad virtual de la tecnología informática, amén del relanzamiento del oro como patrón que muchos países proponen hoy en día.

El afán de los sectores de alto poder adquisitivo venezolano por refugiarse en el valor de la moneda norteamericana, es una forma de dependencia económica cada vez más en desuso, que reproduce casi cabalmente el esquema del Alca que Estados Unidos se propuso para instaurar su modelo en Latinoamérica.

Si en Venezuela existe hoy alguna crisis económica es la que deriva de un rentismo ancestral y una cultura de la desinversión privada que impidió el florecimiento de la producción nacional, por la miopía de un sector capitalista eminentemente importador negado a aprovechar como opción de desarrollo económico la oportunidad que ofrece una revolución cuyo objetivo primordial es la construcción de un robusto modelo de soberanía que promueve la independencia económica para favorecer a todos los venezolanos por igual. Incluido el sector privado.

@SoyAranguibel

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3 comentarios sobre “¿Quién metió a la oposición en ese atolladero?

  1. excelente compatriota…ojala usted pudiese regresar a la TV,nos hacen falta programas de formación ideológica…..deberia ser mejor producido,con imágenes,vídeos,redes sociales,entrevistas a gente como Travieso,Paravisini,Je<sus Faria…..

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  2. Es cierto, la oposición no tiene poder de convocatoria pero mi gran preocupación es que sí salen a votar. Ellos votan por cualquier cosa con el firme propósito de derrotarnos. Y en esta coyuntura de guerra económica, este acaparamiento y tanto apátridas como los contrabandistas y bachaqueros, estoy sumamente preocupada.

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    1. Cierto Gricela. Pero no son votos de la MUD, que es lo que yo planteo. La lucha por recuperar esos votantes es distinta si el voto antichavista es por descontento, desinformación o engaño, a si es un voto militante de la MUD.

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