La dama de la encrucijada

– Publicado en el Correo del Orinoco el martes 01 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Difícil encrucijada la de la oposición venezolana que, en medio del más crítico trance de su historia como sector antichavista, hoy desmembrado, cargado de conflictos internos, con la más exigua capacidad de convocatoria que jamás ha tenido, sin direccionalidad, ni proyecto ni liderazgo consistente, se ve ahora en la dura obligación de tomar cuanto antes una decisión de la cual pudiera depender la sustentabilidad misma de su proyecto de reinstauración en el país del modelo neoliberal, tan largamente anhelado por quienes dentro y fuera de Venezuela han invertido esfuerzos y recursos incalculables durante más de tres lustros sin lograrlo.

El cierre de la frontera con Colombia ordenado esta semana por el presidente Nicolás Maduro pone de manifiesto la incapacidad de la derecha venezolana para articular una posición digna frente a los asuntos de verdadero interés nacional, al perder una vez más una excepcional oportunidad de contraponerle a la revolución una fórmula aceptable de propuesta política con su absurdo rechazo a una medida de naturaleza coyuntural que el pueblo entero ha aplaudido sin mezquindad alguna en virtud de la significación que tiene para los venezolanos que padecen el saqueo del cual el país ha sido víctima desde hace meses por la criminalidad que con tanta perversión nos llega hoy desde la hermana república.

Por esa terca tendencia al desatino político, la oposición venezolana no coincide jamás con el clamor popular en temas de especial relevancia como la defensa de la soberanía o el culto a la patria. Su vigencia en algunos sectores de la población obedece más a la desinformación que la misma derecha promueve a través de sus campañas mediáticas contra el proceso bolivariano que a la aceptación de su modelo social, político y económico contrarrevolucionario, por lo general rechazado por la gran mayoría que se niega a correr la misma suerte de la devastación que en el pasado ocasionó ese modelo en el país y que hoy causa tantos estragos en el mundo capitalista.

Su empeño en colocarse siempre en el punto más radicalmente opuesto a la propuesta revolucionaria le lleva a exabruptos indecibles de insensatez, como esa loca ocurrencia de responder al llamado de unidad nacional formulado por el presidente Maduro ante la contingencia con Colombia, abogando por los supuestos derechos humanos de los bachaqueros y los contrabandistas cuyas modalidades delictivas han disparado exponencialmente los precios de los productos de primera necesidad y provocado la desaparición de la gran mayoría de ellos del mercado nacional. Demostración tangible e irrefutable del desatino de esa antipatriótica posición es la descomunal movilización popular del viernes pasado en contra del paramilitarismo y en favor de la paz, en la que el pueblo en pleno le dijo al mundo que no desea más invasión extranjera en función de la criminalidad y del saqueo de nuestras posibilidades, y donde reafirmó una vez más con la mayor contundencia que no comparte la visión entreguista que la oposición le propone al país.

marcha paz 1

marcha paz 2

marcha paz 3

Los millones de personas que permanentemente dan fe inobjetable del inmenso apoyo popular del que goza la revolución, contrastan con la pobrísima asistencia a los eventos de toda naturaleza convocados por una oposición delirante que no cesa de asumirse como mayoría a pesar de la tan demoledora realidad que la deja en evidencia, no solo en la calle sino en las elecciones, las encuestas y hasta en las redes sociales.

Ese desquiciado afán es el que le lleva hoy a debatirse en la escogencia de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica conveniente a sus intereses como sector neoliberal burgués cuya vigencia depende fundamentalmente de su relación con los factores de poder del imperio.

La creencia de la burguesía criolla ha sido desde siempre que lo más conveniente para las economías suramericanas sería un presidente norteamericano de extracción radicalmente conservadora que imponga políticas severas de control en la región (como el Plan Colombia, por ejemplo) que contengan eficazmente la insurgencia de movimientos progresistas que promuevan en nuestras naciones ideas revolucionarias de transformación social. El asomo de un candidato de ascendencia afroamericana en 2008 y su posterior elección en 2009 como el primer presidente negro de la historia en los Estados Unidos, aterró a ese retardatario sector cuyo sistema nervioso casi colapsa cuando el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez le entregara en la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago un ejemplar del libro de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina” y el gringo respondiera con una muy diplomática sonrisa que los escuálidos entendieron como una amenaza de traición imperialista a su sueño de sometimiento económico a los designios imperiales.

Las diferencias entre el afrodescendiente y sus predecesores (desde Eisenhower hasta George Walker Bush) fueron sin embargo muy escasas para la clase adinerada del país, que vieron en cada oportunidad en que los norteamericanos enfrentaban un proceso de elecciones presidenciales una esperanza de inminente asalto de las fuerzas imperialistas para llevar a cabo el despojo definitivo de nuestra economía que esa inepta clase de alto poder adquisitivo no ha logrado llevar a cabo jamás por cuenta propia.

Pero hoy la alternativa entre los candidatos con mayores posibilidades de alcanzar la primera magistratura en la nación del norte no está determinada precisamente por las perspectivas o significación que cada uno represente para el proyecto de reinstauración del neoliberalismo en Venezuela al que aspiran los sectores del gran capital tanto del país como del imperio.

El tema de la inmigración latina que ha sido históricamente centro de interés de las propuestas de gobierno tanto de los candidatos republicanos como demócratas, es de nuevo un asunto de especial atención para la burguesía ya no solo en nuestro país sino en toda la región latinoamericana. La dureza, el desprecio y la intolerancia con la que uno u otro candidato traten a esa importante población, puede significar para la deprimida derecha del subcontinente una señal de posible relanzamiento de la estrategia de dominación neoliberal en esta parte del mundo.

No sería de extrañar que la proverbial miopía política de la contrarrevolución le lleve a convencerse de que su candidato sin discusión sería el estrafalario magnate gringo Donald Trump, por su simetría discursiva con el desprecio que hoy expresa ese alicaída clase dominante contra el pueblo, en especial en Venezuela, al que ese sector considera culpable del retroceso de las opciones para el neoliberalismo en la región.

Una tesis que descarta de plano la posibilidad de que la incursión de un personaje tan irreverente con la norma del ritual seudo democrático del imperio en el muy escrupulosamente cuidado quehacer político de esa nación, pudiera ser solo un muy bien concebido tinglado comunicacional para favorecer la candidatura de quien debe librar la batalla más difícil para candidato alguno después de la que le correspondiera sortear en su oportunidad al actual presidente Obama… la de intentar ser la primera mujer presidenta del imperio.

Por primera vez en la historia de una nación discriminatoria y segregacionista por excelencia se postula para tamaña responsabilidad una representante del sector más subyugado de su sociedad. Más allá de esa ya de por sí severa limitación, Hillary Clinton se presenta sin un plan de soluciones a los graves problemas económicos, sociales y políticos de ese complicado país, que hoy acusa los más altos índices de pobreza, desempleo y problemas raciales que en mucho tiempo haya padecido esa nación. Su expediente como promotora de la guerra y del armamentismo es su única hoja de presentación.

Sin embargo, con toda seguridad la señora Clinton será la primera mujer presidenta de los Estados Unidos, muy a pesar de la proverbial repulsa de la derecha a la idea del liderazgo femenino en cualquier ámbito. No es solo por progresistas que esa derecha misógina adversa a Cristina Fernández y a Dilma Rousseff, y ve con recelo a Michelle Bachelet.

Trump aparece odiando a los pueblos humildes de nuestros países con la salvaje irracionalidad que agrada a los sectores oligarcas de la derecha latinoamericana, en particular la venezolana. Ese sería un buen candidato para esa obtusa derecha. Clinton, por su parte, ofrece la guerra como solución a los problemas del mundo, en especial los que para el imperio representan el surgimiento de los movimientos revolucionarios en Sudamérica. Probablemente lo que más necesita el neoliberalismo en nuestra región. Pero es mujer.

Tremenda encrucijada para la derecha.

@Soyaranguibel

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