Holguín dijo la verdad: El problema es que Venezuela vende muy barato

Por: Clodovaldo Hernández

En medio de tantas mentiras, la canciller colombiana, María Ángela Holguín, ha dicho una gran verdad: el problema del contrabando se debe a que Venezuela subsidia los productos de primera necesidad.

Claro, que la ministra neogranadina lo dice como una crítica, no como un reconocimiento de que de este lado del Arauca hay un gobierno mucho más justo y preocupado porque los pobres coman, tengan salud y se eduquen. Según la manera de ver el mundo de la derecha colombiana, subsidiar bienes de consumo masivo es un error o, quizá, una estupidez.

No es de extrañar que la clase política colombiana piense así. No es algo exclusivo de ese círculo de poder. Es la naturaleza del capitalismo (sobre todo en esta fase neoliberal) el sacarle hasta la última gota de sangre al prójimo, tan pronto se descuide un poco. En este mundo de fieras carnívoras, cualquiera que muestre un poco de humanidad, de solidaridad es de inmediato sometido al abuso, al chuleo. Una ley no escrita de los negocios dice que quien adopte políticas sociales igualitarias, que se atenga a las consecuencias.

Esa filosofía es seguida con estricto celo por las corporaciones transnacionales y por las empresas grandes y medianas de cada país. Esas compañías solo dedican a los sectores necesitados lo mínimo que les exijan las leyes y de inmediato solicitan exoneraciones de impuestos.  El concepto de “responsabilidad social” que se ha puesto de moda en los últimos tiempos es una muestra de ello. El capitalista inteligente le arranca el hígado tanto a sus trabajadores como a sus clientes y luego monta unos programas ahí para entregar algunas migajas de sus ganancias y, de paso, hacerse propaganda y construirse una imagen positiva: “¡Es que somos tan buenos!”, gritan en la televisión.

Como sucede en todos los órdenes, la ideología implícita en esas conductas de los gobiernos y las corporaciones se traslada a toda la estructura social. Las palabras de Holguín pueden ponerse en boca de cualquier comerciante especulador de allá o de acá y cuadran perfectamente, aunque tal vez lo dirían de un modo menos diplomático. Algo como: “¡Qué culpa tengo yo si este gobierno es gafo!”.

Y esas palabras pueden trasladarse también al decir (con los ajustes estilísticos pertinentes) de las personas sencillas que se dedican al bachaqueo, sea binacional o interno. El principio es el mismo: si el gobierno bolivariano pone estos productos tan baratos, nosotros, que somos muy avispados, estamos autorizados a aprovechar  esa “manguangua”, tenemos derecho a meternos un billete trabajando poco y ganando mucho.

La identificación plena con esa línea de pensamiento es lo que lleva a la dirigencia política contrarrevolucionaria a coincidir plenamente con Holguín. Pregúntele usted a un célebre economista opositor y le dirá que la causa del contrabando y del bachaqueo es el empeño en subsidiar, una cosa pasada de moda y netamente populista. Jurará que la solución es dejar todo en manos de las leyes de la oferta y la demanda. Pregúntele a su vecino escuálido y dirá más o menos lo mismo, aunque cada vez que pueda se meta en la cola de Mercal.

En fin, son los dos modelos, las dos cosmovisiones  que están en pugna. La de Holguín es la voz de la derecha capitalista que tiene eco hasta en el último bachaco.

clodoher@gmail.com

 

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