El hombre que hizo triunfar al Fondo Monetario Internacional en Venezuela

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 19 de octubre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La voluntad del capitalista consiste en embolsarse lo más que pueda. Y lo que hay que hacer no es discurrir acerca de lo que quiere, sino investigar su poder, los límites de este poder y el carácter de estos límites”. Marx

Producto de una retorcida combinación de la cultura presidencialista que nos viene del modelo republicano federalista instaurado en los Estados Unidos en 1787, y de la noción del personalismo del poder que encarna el caudillismo latinoamericano desde los tiempos de la independencia, existe entre la gente la creencia según la cual el presidente de la nación es un ser magnífico y todopoderoso que controla a su antojo hasta los últimos intersticios del Estado.

Al presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, se le atribuye siempre un poder excepcional por encima de cualquier otro conocido jamás por la humanidad, no por el peso real que su nación tenga en el escenario económico internacional, sino por la capacidad de control absoluto que se le atribuye de la potencia más poderosa del mundo, capaz de acabar en cosa de horas con toda forma de vida en el planeta mediante el uso de su arsenal atómico.

La fantasiosa ficción hollywoodense ha creado la leyenda del teléfono rojo, el botón rojo, y un sinfín de artificios absurdos (por lo general muy simbólicamente rojos), con los cuales el presidente norteamericano podría desatar el fin del mundo.

Pero el norteamericano no es un imperio que se sustente simplemente en la capacidad de algún individuo para la conducción aguerrida de los ejércitos, como sucedió en la antigüedad (y como mucha gente supone hoy en día), sino que se apoya en sofisticadas estructuras de generación y procesamiento de conocimiento, en el marco de una infinidad de plataformas e instituciones cada vez más complejas y diversificadas, capaces de atender y asegurar la eficiencia y la optimización permanente de las distintas áreas del entramado organizacional del poder hegemónico dominante.

Para ellos, la perdurabilidad de la ideología de la dominación no puede estar sujeta ni a la limitada capacidad de un solo individuo, cualquiera que sea, ni a la condición efímera del mandato presidencial norteamericano (cuatro años apenas con una sola posibilidad de reelección).

Los centros de gestación y desarrollo del pensamiento neoliberal que a tal fin promueva e institucionalice el imperio, deben formar la red de peones que se dedicarán a la instauración del modelo en el mundo y asegurarán la perpetuidad hasta en el último rincón del planeta de la ideas de la sumisión debida a los dictámenes del centro del poder imperial en todos los órdenes del quehacer humano.

Ricardo Hausmann es desde hace casi cuatro décadas uno de esos peones aventajados del imperio norteamericano para la promoción del sometimiento de las economías emergentes del mundo al sistema financiero controlado por los Estados Unidos a través de su plataforma del Fondo Monetario Internacional. Eso que el eufemismo burgués denomina la “caza de talentos” por parte de los organismos internacionales y universidades norteamericanas, no es en realidad sino una vulgar “captura de peones” a los que se les hace creer que se les está formando para asegurar un provechoso futuro profesional cuando en verdad se les está adoctrinando para servir de carpinteros a los propósitos de acabar con las posibilidades y oportunidades de bienestar y desarrollo soberano de los pueblos en las más diversas áreas pero muy fundamentalmente en la económica. Hausmann fue captado desde muy muchacho para ese propósito.

En la hoja de vida que presenta en su página web, trasluce el orgullo que debe sentir el fondomonetarista criollo por ese gran logro que significa haber participado de manera tan intensa y decisiva en el desmantelamiento de la economía nacional y el saqueo de los activos fundamentales del Estado venezolano como lo hizo él a lo largo del último cuarto del siglo XX.

El VIII Plan de la Nación, conocido como “El gran viraje”, fue probablemente la obra más lograda del entreguismo nacional desde que Venezuela se constituyó en república. Complementado por el plan de medidas especiales (mejor conocido como “El paquetazo”) que ordenara el FMI al gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, el VIII plan resumía los pasos que debían ejecutarse para dar cumplimiento cabal al desmantelamiento del Estado venezolano. En un cuadro síntesis de los objetivos del plan se explica cómo las empresas propiedad de los venezolanos debían pasar a manos privadas bajo distintas formas de cesión que iban desde la venta accionaria hasta la transacción en especies.

Para llegar a ese plan, Venezuela experimentó un proceso de caída económica sin precedentes en la historia, iniciado en el gobierno de Luis Herrera Campíns, en el que el Banco Central de Venezuela llegó a declararse insolvente, y culminando con la traición de Rafael Caldera a la llamada “Carta de intención” en la que se comprometía a no pactar más endeudamientos con el FMI o el Banco Mundial, pero que al llegar al poder fue lo primero que hizo.

Desde la época de su desempeño como forjador de la inteligentzia neoliberal en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) hasta el momento en que ejerció como ministro de planificación para dar continuación a la doctrina del paquetazo, el economista Hausmann se erigió desde siempre en uno de los más fogosos promotores de la sumisión de la economía venezolana al Fondo Monetario Internacional a lo largo de toda esa infernal etapa de nuestra historia.

Su constancia lo convierte en el hombre que hizo triunfar al Fondo Monetario en Venezuela. La demostración más irrefutable de que aquel plan neoliberal ordenado por el FMI tuvo éxito, fue precisamente la ruina económica y la miseria y el hambre en que sumió al país. Ese largo proceso de destrucción de nuestro aparato productivo para poner nuestra economía al servicio del libre mercado, representó el periodo de mayores penurias para los venezolanos, cuyo estallido el 27 de febrero de 1989 abrió el cauce a la revolución bolivariana.

Ningún profesional formado en cualquier prestigiosa universidad, como él, aceptará jamás desviarse de los principios corporativos y las metas de la empresa u organismo para el cual labore. Hausmann, que trabaja como agente externo para el Fondo Monetario desde su más temprana edad, está obligado a hacer cumplir los objetivos de ese organismo. En ningún caso su interés podrá estar centrado en la formulación de propuestas para la recuperación económica de su propio país, porque, como en toda batalla, ello equivaldría a trabajar para el enemigo.

Fiel a la doctrina neoliberal más brutal y salvaje, Hausmann no entiende el capitalismo como un modelo económico alternativo sino como el estado perfecto de la civilización, en el cual la humanidad no está destinada a la vida sino al servicio a la empresa privada. Para alguien como él, el logro supremo de su gestión es alcanzar el perfecto agotamiento de las economías para fortalecer las posibilidades de los grandes consorcios capitalistas. En su país de origen, Venezuela, hay un gran emporio trabajando con denuedo por acabar con una economía soberana, tal como se lo aclara su propietario, uno de los hombres más acaudalados del planeta gracias a las políticas proteccionistas con las que sus mayores saquearon al país en el pasado, Lorenzo Mendoza, cuando de manera cándida le dice “Yo estoy en la guerra, pana”, que en buen cristiano es algo así como “Estoy luchando por volver a ponerle las manos al botín de la economía venezolana.”

Hausmann, que sabe que ese no debe ser el fin último, le responde “Yo también estoy haciendo mi parte; yo estoy formando a un grupo de muchachos para eso…”, que en lengua cervantina significa “Yo estoy formando a los nuevos peones del FMI para que el neoliberalismo no se extinga nunca.”

Él ha hablado con sus amigos del FMI para organizar el saqueo. Los 40 o 50 mil millones de dólares de los que hablan alegremente en esa conversa, es el dinero que ellos necesitan que ingrese al país como deuda de todos los venezolanos, pero que en verdad solo sirva para engrosar las arcas de sus grandes corporaciones, como lo hicieron en aquel pasado de rapiña en el que hicieron crecer sus descomunales fortunas a costa del hambre del pueblo.

Es obvio que Hausmann considera que su labor no ha concluido.

@SoyAranguibel

Anuncios

Un comentario sobre “El hombre que hizo triunfar al Fondo Monetario Internacional en Venezuela

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s