Esa basura que llaman capitalismo

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 26 de octubre 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.Antonio Gramsci.

Una de las grandes estafas ideológicas del pensamiento capitalista burgués, es la de la llamada alternabilidad, a través de la cual se asume que se realiza la democracia y se garantiza el desarrollo mediante el simple ritual del voto.

Quienes defienden el concepto de la alternabilidad atemorizan siempre al elector con el supuesto de la concentración del poder y el riesgo de la tiranía, que por lo general solo atemoriza a quienes de antemano se saben derrotados en las elecciones. La alternabilidad es un mecanismo de relojería perfectamente calculado por los sectores dominantes para desmovilizar a la población con la falsa promesa del progreso en las condiciones de vida al que indefectiblemente se asocia bajo ese dogma la idea de la rotación de la dirigencia gobernante.

Como propuesta es estafadora porque el propósito de esa alternabilidad es convencer al elector de que su voto es un instrumento que solo tiene valor en la medida en que ejerza un poder sancionatorio contra el mandatario, para permitir el acceso de un nuevo liderazgo a la instancia gubernamental sin importar ni el tipo de gobierno ni el modelo de sociedad que el nuevo candidato proponga.

Hacerle creer al elector que los problemas que padece la sociedad son producto solamente de la ineficiencia de uno que otro individuo y no del modelo social, económico y político imperante, es tarea fundamental de la hegemonía dominante. De esa manera, en la medida en que el elector crea que gana elecciones no porque impulse proyectos de transformación sino porque en cada evento siente que realiza su posibilidad de castigar al poderoso (aun cuando ello no represente mejora alguna en sus condiciones de vida), el modelo burgués estará asegurado a perpetuidad.

De ahí la importancia que le otorga la oligarquía al pueblo exclusivamente en su condición de elector, pero ya no en su rol de ciudadano con derechos. Una distinción cada vez más necesaria para la hegemonía dominante porque por lo general, esos derechos están reñidos con los postulados de la doctrina capitalista de la acumulación por encima de los intereses del pueblo.

Pero en Venezuela no se debaten hoy visiones personalistas entre liderazgos o individualidades, sino modelos de sociedad que tienen que ver con la concepción del Estado, la participación del pueblo, y el rol del capital privado en todo eso. Se trata de modelos que difieren fundamentalmente en la orientación que cada uno de ellos le asigna al poder; el socialismo, que se orienta hacia la redención del ser humano, al que coloca como eje y centro de su acción, y el capitalismo, que pone el acento en la búsqueda del mayor bienestar y progreso para la empresa privada nacional y transnacional.

El capitalismo está inexorablemente destinado a generar mucho más malestar que bienestar a la humanidad, precisamente porque para generar bienestar el ser humano debe ser atendido de manera prioritaria y eso para un modelo que considera al individuo útil solamente en la medida en que genere valor está definitivamente negado, so pena de pervertir sus principios y terminar convertido en socialista.

Sin embargo hoy es perfectamente posible determinar las diferencias entre uno y otro modelo no solo desde el punto de vista teórico, sino a partir del comportamiento del liderazgo político de cada uno de ellos en la gestión de gobierno. Si la ineficiencia o la ineptitud de los funcionarios permite establecer de alguna manera alguna constante en el desempeño de cada uno de los distintos factores (capitalistas o socialistas), puede perfectamente hablarse de un modo de hacer, de una conducta, de una doctrina consistente de la función pública de cara a las verdaderas necesidades de la población.

La oposición venezolana escuda en este momento su incompetencia y su ineptitud endilgándole al gobierno revolucionario la penuria del pueblo por las colas que debe padecer en busca de los productos de primera necesidad. De manera cínica y desvergonzada trata de ocultar que las colas son producto del desprecio del capitalismo hacia el pueblo, al que roba mediante el más perverso y desmedido proceso de usura y especulación jamás visto en economía alguna. Más aun, esconde que esas colas se originan en definitiva en la furia consumista en la que el gran capital importador ha sumido al país para intentar acabar con la economía mediante la dolarización a la que esos sectores pretenden llevar a Venezuela, destruyendo así las posibilidades para la creación de un robusto parque productor nacional.

El empeño del gobierno revolucionario por acabar con la guerra económica desatada por el gran capital contra el pueblo venezolano, es evidente en las acciones que el Presidente Maduro libra sin descanso no solo en la persecución y desmontaje de la delincuencia que está detrás de esa guerra, sino en las acciones contundentes por elevar la calidad de vida de los venezolanos mediante la protección del salario, el aseguramiento de la estabilidad laboral, garantizar la gratuidad y abaratamiento de los productos de primera necesidad y los servicios públicos. Mientras que la oposición, en los pocos espacios en los que tiene responsabilidad de gobierno, no atiende de ninguna manera las demandas de las comunidades.

La basura, por ejemplo, (o desechos sólidos, como gustan llamarla los técnicos ambientalistas hoy en día), es un elemento fundamental para establecer los niveles de calidad de vida en un determinado ámbito. No puede vivir bien una sociedad rodeada de pestilencia y amenazada por la insalubridad que la basura representa. Un buen gobierno, pues, no será jamás aquel que asegure la vida de sus ciudadanos dotándole de servicios públicos eficientes si la recolección de la basura no forma parte de ellos.

La recolección o no de la basura no es en principio un indicador de orientación ideológica alguna. Pero sí lo es de la indiferencia o el desprecio hacia los problemas más sentidos de la comunidad. En los municipios Sucre del Estado Miranda, Maracaibo en el Zulia, y Mario Briceño Iragorri de Aragua, la constante desatención al grave problema de la basura puede ser evidencia irrefutable de que una ideología sí puede determinar una pésima gestión de gobierno, porque para una derecha golpista como la venezolana, la basura, al igual que las colas en los supermercados, es muy útil como forma de terrorismo que busca poner a la gente en contra del gobierno revolucionario sin importar el sufrimiento del pueblo.

Por esa constante es perfectamente posible establecer que la derecha en Venezuela no está preparada para ser gobierno. Su incapacidad con un tema tan sensible para la población lo demuestra. Pero si además lo hace contraviniendo órdenes expresas del Tribunal Supremo de Justicia que ha establecido en cada caso la obligatoriedad en la que están esos alcaldes opositores de cumplir con sus responsabilidades, entonces es mucho más grave.

La sentencia dictada por el máximo tribunal de la república contra el alcalde del municipio Mario Briceño Iragorri en Maracay, estado Aragua, es la más reciente. Con su desacato, el alcalde opositor demuestra no solo su ineptitud sino su vocación abiertamente retadora contra el ordenamiento legal y contra el Estado. Su extracción ulraderechista lo coloca en el campo del más inmisericorde e inhumano neoliberalismo, en virtud de lo cual la gente no importa.

El gobernador Tarek El Aisami, ha iniciado una jornada especial de trabajo para atender la emergencia sanitaria desatada por el alcalde de la derecha en ese municipio y en ello ha contado con el apoyo total de la comunidad. Una decisión en perfecta correspondencia con los postulados del Plan de la Patria, de los cuales la derecha suele mofarse.

La basura, y la forma en que ella es desatendida por la oposición desde sus instancias de gobierno, es hoy una prueba irrefutable de quiénes en verdad tienen interés en trabajar por el pueblo y quiénes no. En el estado Aragua la gente de un municipio que en un momento determinado votó en contra de la revolución es asistida con entera vocación de servicio por un gobernante cuyos principios éticos socialistas están muy por encima del sectarismo y la demagogia.

Algo que, sin lugar a dudas, debe servir de referencia no solo a los votantes del Municipio Iragorri sino a todo el país a la hora de sopesar la escogencia en la elección parlamentaria del próximo 6 de diciembre.

 

@SoyAranguibel

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