El tamaño sí importa

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 23 de noviembre de 2015 –
Por: Alberto Aranguibel B.

En su legendario tratado sobre el origen de los partidos políticos, Maurice Duverger establece la relación directa que hay desde hace más de dos siglos entre el desarrollo de las organizaciones políticas y el de la democracia, a partir de la creciente aspiración participativa de los diversos sectores e intereses grupales particulares de la sociedad en la conducción del Estado.

Por lo general, esos intereses se referían en un principio a necesidades específicas por vecindad geográfica o profesional. Las doctrinas vendrían mucho después, cuando las sociedades del pensamiento elevaron a un nivel más colectivo la aspiración electoral, tal como sucedió en la Revolución Francesa.

“Cuanto más ven crecer sus funciones y su independencia las asambleas políticas –dice el autor- más sienten sus miembros la necesidad de agruparse por afinidades, a fin de actuar de acuerdo; cuanto más se extiende y se multiplica el derecho al voto, más necesario se hace organizar a los electores a través de comités capaces de dar a conocer a los candidatos y de canalizar los sufragios en su dirección.”

Signo imprescindible de la robustez y profundidad de la democracia es su nivel de participación popular. Si los derechos electorales se extienden pero la participación se debilita, la democracia pierde representatividad y carece de todo sentido. De ahí la verdadera razón y necesidad del partido político.

Sostiene Duverger que, aún sin darle una preeminencia superior al aspecto doctrinario, el carácter organizativo es lo que determina hoy por hoy la vigencia del partido en la sociedad. Por eso afirma que, a diferencia de lo que fueron en sus orígenes, “los partidos modernos se caracterizan antes que nada por su anatomía”, ya que “se definen mucho menos por su programa o por la clase de sus miembros que por la naturaleza de su organización; un partido es una comunidad con una estructura particular.”

La diversidad ideológica, la teoría política, es esencial para la democracia. Pero sin la organización social, sin el partido político, ninguna teoría tendrá viabilidad. Marx lo deja claro cuando afirma que la teoría se convierte en fuerza material cuando se apodera de las masas.

En definitiva, el partido es el instrumento mediante el cual la sociedad traduce su propuesta política en poder político. En virtud de ello una obligación impostergable en todo proceso de transformación social es la organización popular para hacer viable la teoría que impulsará y dará soporte ideológico a esa transformación. Al servicio de eso debe colocarse el liderazgo político.

Dialéctico proceso que Perón resume en estos términos: “El conductor no es nada si los elementos de la conducción no están preparados y capacitados para ser conducidos.  Y no hay conducción que pueda fracasar cuando la masa que es conducida tiene en sí misma el sentido de la conducción. Por eso, conducir es difícil, porque no se trata solamente de conducir. Se trata, primero, de organizar; segundo, de educar; tercero, de enseñar; cuarto, de capacitar, y quinto de conducir. Eso es lo que  nosotros debemos comprender.”

Por eso el comandante Chávez en el marco de su propuesta de socialismo bolivariano le otorgó tan especial importancia al proyecto de la construcción del partido, ya no solo para la necesaria tarea de la búsqueda del voto en los eventos electorales, sino como una poderosa maquinaria de organización social permanente al servicio del pueblo.

Un gigantesco salto histórico en esa dirección está contenido en las “Líneas Estratégicas de Acción Política del PSUV”, presentadas por Chávez en enero de 2011, en las que se plasmaba esa innovadora filosofía: “Optar por la lógica del Partido-Movimiento implica posicionarse dentro de las masas populares, estableciendo y desplegando una amplia política de alianzas con las diversas formas de organización popular, incluyendo los sectores patrióticos y democráticos de las clases medias, apoyándolas e invitándolas a poner su talento y conocimiento al servicio de las construcción de una sociedad del buen vivir para todas y todos […] nuestro principal campo de batalla para lograr concretar el Socialismo es el ámbito donde viven los sujetos sociales: el espacio territorial. Para ello, el PSUV debe dotarse de una estructura estable político territorial de dirección que comprenda los estados, los municipios, las parroquias, las comunidades y sus sectores específicos.”

Concepción organizativa con la cual no comulga la derecha porque sus intereses están centrados en las necesidades de un solo sector. Mientras el PSUV trabaja de manera permanente en la construcción del Poder Popular colocando como centro de su accionar al ser humano, la oposición se aleja cada vez más de los electores porque ubica su foco exclusivamente en el bienestar del capital privado.

Al mejor estilo de los concursos de belleza, en los que las candidatas no tienen más nada que hacer sino desfilar y esperar el veredicto del jurado, la oposición no desarrolla propuesta ideológica ni construye organización política alguna al servicio de las comunidades, sino que convoca electores a través de los medios en una suerte de lamentable gran feria de la demagogia radioeléctrica, procurando más el voto contra el chavismo que el suyo propio.

Nunca como hoy la oposición venezolana ha estado tan fragmentada y plagada de contradicciones entre su propia dirigencia. Uno de sus antiguos dirigentes, Felipe Mujica, anunciaba la renuncia de su partido, el Movimiento al Socialismo, al acuerdo opositor, afirmando que la MUD era solo un organismo electorero que ni siquiera para organizar el voto funcionaba ya. Copei, otro de los partidos históricos de la mal llamada “unidad”, fue sacado violentamente de la organización aduciéndose problemas internos y sus miembros excluidos de las listas de candidatos al parlamento. Lo mismo le sucedió a la infortunada exdiputada María Machado a quien la MUD le negó la posibilidad de postular candidatos en sus listas.

Si a eso se le suma la inhabilitación que por una razón u otra ha dejado fuera de la contienda parlamentaria a buena parte del resto de la dirigencia de ese sector, vamos a encontrar que la situación en el antichavismo es de total precariedad en términos estrictamente organizacionales.

Aferrada a la hipótesis del descontento del pueblo por las penurias que la guerra económica le hace hoy padecer de manera inmisericorde, la oposición ni siquiera da a conocer a sus postulados a la Asamblea Nacional, a quienes esconde en una inédita estrategia de campaña política de intriga, con la que reincide en su fallido intento de emboscada plebiscitaria contra la revolución.

El resultado de todo ello es lo que el país ha visto desde hace meses en las calles; en sus procesos de elecciones primarias, la oposición siempre opta por los circuitos donde se concentra el sector de mayor poder adquisitivo de la población, es decir: las clases pudientes, que no alcanzan ni siquiera a un tercio de las circunscripciones electorales. El PSUV, por su parte, llega en sus elecciones primarias hasta el más apartado rincón del país como muestra de su compromiso inquebrantable con el pueblo donde quiera que este se encuentre.

La irrisoria participación de electores en esas primarias de la oposición se corresponde perfectamente con los minúsculos porcentajes que de manera individual obtiene cada uno de sus partidos en todas las elecciones. Lo que contrasta abismalmente con los altísimos resultados del PSUV en cada una de ellas y con la masiva concurrencia a sus primarias.

El fracaso opositor en cada caso no ha podido ser explicado jamás por su dirigencia, así como tampoco lo ha sido la escasísima afluencia a las diversas concentraciones públicas a las que convocan hoy en día, quedándoles grandes hasta las estrechas canchas deportivas en las que eventualmente se reúnen.

Ningún pueblo consciente aceptará jamás perder su voto apostando a candidatos que no respondan a organización popular alguna.

Si la democracia se realiza con el concurso mayoritario del pueblo a través de sus partidos políticos, tal como se ha expresado en más de veinte elecciones desde la llegada de la revolución bolivariana al país, en particular las últimas tres en las que el poderoso partido PSUV creado por el Comandante Chávez ha obtenido triunfos inobjetables aún a pesar de no contar con la presencia física de su líder fundador, entonces es perfectamente fácil concluir que para un reto electoral tan trascendente como el del próximo seis de diciembre el tamaño de la organización sí importa.

 

@SoyAranguibel

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