Oposición hija de ruta

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 14 de marzo de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Decía en una ilustración luminosa el presidente del Ecuador, Rafael Correa, que acusar a Cuba y no al genocida bloqueo norteamericano contra la isla por no haber logrado salir de la pobreza durante medio siglo de revolución, es exactamente lo mismo que acusar a un individuo hundido y atado con cadenas en el fondo de una piscina por no lograr salir a flote.

La frase, aunque parezca en principio inaplicable a la completamente diferente realidad venezolana de los últimos diecisiete años, sirve sin embargo para explicar el inmenso percance que ha representado la oposición durante todos estos años para el país, a partir de su tozuda manía de intentar destruir el único proceso de nuestra historia republicana verdaderamente inclusivo y humanitario, en vez de labrar un espacio político basado en una alternativa democrática de bienestar y de progreso que sirva por igual a todas y todos los venezolanos.

La Venezuela que pretende presentar hoy la derecha ante el mundo, es la de una nación al borde del Apocalipsis, en la que la hambruna y la miseria estarían socavando las posibilidades mismas de la existencia humana, que según la oposición estaría ya en una fase terminal de la cual solo podría ser salvada si unos terroristas son liberados de la justa prisión a la que han sido sometidos por los tribunales en virtud de sus actos contra la vida de las personas, y si un adeco es elevado a la Presidencia de la República, ya no mediante el sufragio universal, directo y secreto en el que se fundamentan las democracias avanzadas del mundo, sino mediante las facinerosas artimañas de un grupito de bandidos en la Asamblea Nacional a la que llegaron mediante el voto popular con la promesa de trabajar para resolver los problemas que hoy enfrenta el país, pero que es lo menos que han hecho en los ya larguísimos dos meses que llevan de funciones parlamentarias.

Cuando se examina meticulosamente y sin apasionamientos bastardos la actuación de la oposición venezolana en los últimos diecisiete años, se encuentra con facilidad que no ha habido ni una sola acción llevada a cabo por ese sector en beneficio del país.

La lista de actuaciones contra la democracia, empezando por la sistemática obstaculización a todas y cada una de las leyes dirigidas a beneficiar al pueblo que les ha tocado debatir en los momentos en que han sido bancada en el parlamento, entre las que destacan las leyes de pesca, de hidrocarburos y de tierras, por las cuales dieron inicio al proceso que los llevó al golpe de abril en 2002, la ley del trabajo que de manera recurrente acusan de causante de las crisis económicas que el sector privado genera con su afán especulativo y usurero, la ley de educación que según ellos es un instrumento de adoctrinamiento castro comunista, la ley del Banco Central de Venezuela al que pretenden entregar en bandeja de plata al Fondo Monetario Internacional como institución reprivatizada, la ley de vivienda y hábitat que aspiran a convertir en una herramienta de bancarización de la política social más importante de la revolución, entre muchas otras que la MUD necesita derogar o adulterar al menos, está orientada a lograr su propósito de servir la mesa a las transnacionales norteamericanas para el saqueo que todas ellas se proponen llevar a cabo con la economía de nuestro país.

Durante más de tres lustros, esa oposición pendenciera se ha guiado por lo que ella misma denomina hoja de ruta, que comenzó con su intento de frustrar la aprobación de la primera constitución votada legítimamente por el pueblo y para el pueblo, y que siguió con el derrocamiento del Presidente constitucional de la República y el desconocimiento flagrante no solo de esa misma constitución sino de todo el ordenamiento jurídico nacional e internacional en el ámbito de los derechos humanos, así como la dilapidación de más de 27 mil millones de dólares en el más doloroso martirio sufrido injustamente por nuestro pueblo producto del infame paro petrolero que siguió a la felonía golpista de aquel infausto abril de 2002.

De ahí en adelante, esa hoja de ruta ha marcado el rumbo de las guarimbas del 2004 y del intento una vez más de derrocar mediante referéndum al Presidente legítimamente electo por la más inequívoca mayoría de los venezolanos, como fueron siempre los triunfos del Comandante Chávez, así como también la obtusa trampa política de la abstención a la que jugaron en la elección parlamentaria de aquel entonces para intentar derribar al Estado ya no desde el poder ejecutivo, sino por su flanco legislativo.

En esa ruta, la oposición ha explorado todas las fórmulas inconstitucionales más impensables para hacerse del poder como única tarea importante en su agenda, incluyendo la importación de paramilitarismo para generar violencia y el llamado persistente a derrocar al gobierno revolucionario, primero del Comandante Chávez y ahora del presidente Maduro, solo porque la dirigencia opositora se siente hija de una ruta que lo único que ha causado a los venezolanos es pesar y dolor.

No existe una sola propuesta en esa hoja de ruta que no contenga una profunda carga conspirativa edulcorada con el lenguaje avieso y manipulador de la demagogia cuartorepublicana más nauseabunda e inmoral. Su referencia al chavismo es siempre incitando al odio y al revanchismo político más brutal y salvaje, sin miramientos éticos de ninguna especie, como acaba de expresar esta misma semana el repugnante y vomitivo truhan Américo De Gracia, a quien vimos a pocos metros de nosotros en el hemiciclo del parlamento con ocasión de la última presentación de la memoria y cuenta del presidente Chávez ante ese cuerpo legislativo en 2012, agredir como una bestia a gritos y con insultos incalificables a una humilde compatriota que desde el público vitoreaba amorosa al líder de la revolución, y quien llega sin ningún pudor al extremo de infamar hoy con su cloacal verborrea a la esposa e hijo del diputado Héctor Rodríguez, solamente por la condición límpida e inobjetablemente revolucionaria del jefe de la fracción chavista en la Asamblea.

Esa es la misma ruta de la que surgió la cadena de actos terroristas más cruenta de toda la historia democrática en Venezuela, conocida como “La Salida”, que se llevó por delante no sólo la vida de más de cuarenta y tres venezolanos que no tenían razón alguna para morir de la forma atroz en que murieron asesinados en las decenas de guarimbas criminales que los conspiradores montaron en el país, sino la salud de más de ochocientos compatriotas heridos a los que les fue arrebatada injustamente su felicidad por el empeño de unos atorrantes niños burgueses que juegan hoy a la destrucción de la paz del pueblo con el único propósito de alcanzar de manera antojadiza el poder que ellos asumen como un botín al que tendrían derecho por designio Divino.

Esa ruta es la ruta de la destrucción, de la maldad, de la arrogancia burguesa contra el pobre, contra la justicia social y el bienestar del pueblo. Es la misma ruta de la entrega del país al imperio norteamericano a cambio de un vulgar puñado de dólares con el cual vivir a plenitud su autoexilio mayamero rodeados de los lujos de los que alardean a costa del hambre y del dolor de los venezolanos, a quienes buscan arrebatarles sus viviendas, sus alimentos y servicios públicos a bajo costo, su estabilidad laboral, sus prestaciones, su educación gratuita y su felicidad, para hacer que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más y más pobres como inevitablemente sucede en el mundo capitalista de hoy en día.

Habiendo logrado la reducción de la brecha entre ricos y pobres como ningún otro país del mundo en los últimos diez años, habiendo elevado el índice de desarrollo humano como lo ha elevado la revolución sin que nadie pueda refutar esa cifra que arrojan los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD), habiendo pasado a los países más avanzados en matrícula estudiantil como lo ha hecho Venezuela en este periodo y, lo más importante, habiendo impedido que la crisis mundial del capitalismo y la caída del precio del barril de petróleo nos pusiera de rodillas frente al Fondo Monetario Internacional y a sus recetas hambreadoras de eliminación de puestos de trabajo, de pensiones, de gratuidad de la enseñanza y de los servicios básicos, uno se pregunta, ¿Cuánto bienestar no habría alcanzado nuestro pueblo sin la incesante perturbación obstruccionista y saboteadora de una oposición cruel y miserable como la que hoy tenemos en Venezuela?

¿Hasta cuándo seguirá haciendo daño esa oposición hija de ruta?

 

 

@SoyAranguibel

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