Papeles de paraísos y de prostíbulos fiscales

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 11 de abril de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El más insólito organismo de investigación criminalística de la historia, una sensacional red internacional de periodistas acuciosos cuya experticia investigativa estaría muy por encima de la capacidad de la CIA, el FBI, el MOSSAD, el M16 y la INTERPOL juntos, da a conocer la descomunal cantidad de 11 millones y medio de documentos sustraídos a un solo bufete de los muchos que debe haber en Panamá dedicados a la creación de empresas fachadas para el lavado de dinero y la evasión de impuestos.

Por lo menos tendría que haber dos o tres bufetes más en ese prostíbulo financiero en que la oligarquía panameña convirtió a ese país que un buen día y solo por su peregrina gana decidió erigirse en ariete continental para la destrucción de la democracia venezolana desde la OEA.

Paraíso fiscal se les llama a los centros de lavado de dinero que se montan en paradisíacas islas del Caribe (de ahí el nombre). Pero lo que ha montado durante años la derecha panameña en esa nación no es precisamente un paraíso, sino un burdel para corruptos.

A Panamá fueron invitados los desfalcadores públicos de los cinco continentes por el mismísimo gobierno de esa nación, cuyo primer mandatario tuvo el tupé de viajar a Venezuela en 2014 a exigirle al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, que le cancelara la deuda ilegalmente contraída por una larga lista de empresarios corruptos a quienes Martinelli mismo les ofreció en bandeja de plata la posibilidad de invertir en Panamá todo el dinero saqueado a Venezuela a través de la centrífuga especulativa montada por el capital privado con el dólar de Cadivi.

Se hablaba entonces de más de 1.000 millones de dólares, que el mandatario panameño pretendió cobrarle a nuestro país creyendo en verdad que el venezolano era el gobierno pendejo que los corruptos le habían descrito. Al ordenar la suspensión de los pagos, el presidente Maduro, en nombre de todos los venezolanos decentes, contuvo las pretensiones del estafador Martinelli, quien como designio trágico del cielo terminó siendo requerido (junto con varios familiares cercanos) por los tribunales de su propio país y por los de Estados Unidos por blanqueo de capitales.

Si en efecto resultara que además de Mossack Fonseca existen al menos cuatro o cinco bufetes en Panamá dedicados al negocio de alcahuetear las fortunas mal habidas del mundo entero, y su producción de papeles es medianamente similar por el tipo de negocios que llevan a cabo, vendría quedando como conclusión que por Panamá han pasado en los últimos años las negociaciones fraudulentas de cerca de veinte o veinticinco millones de corruptos si lo calculamos a razón de un mínimo de 2 documentos por persona. Si lo promediamos a razón de 5, estaríamos hablando de cinco millones de corruptos.

Si a esa descomunal cifra se agregara la de aquellos que no crearon empresas sino que adquirieron propiedades, depositaron el dinero, o a los que no les habría parecido confiable o conveniente entregar sus negocios a esos cuatro o cinco bufetes y que a la larga hayan decidido llevarse su plata a cualquier otro de los cientos de paraísos que el propio capitalismo crea para direccionar la inmensa cantidad de fortunas que en su seno buscan evadir los controles e impuestos estatales, por ejemplo hacia Delawere, Andorra, Islas Vírgenes, o Suiza, que por tradición inspiran mucha más confianza como centros de resguardo seguro para los evasores, tendríamos entonces que asumir según esta prodigiosa instancia tribunalicia del periodismo de investigación, que en el mundo habría una cantidad más o menos cercana a los 100.000.000 (cien millones) de corruptos.

No cuadra para nada la cuenta de los wikileaks chimbos del capitalismo. Es como un escupitajo hacia arriba.

Por eso en la lista de los Papeles de Panamá aparecen no solo hombres de negocios sino cantantes, futbolistas, predicadores evangélicos, cineastas, y quién sabe cuántas otras categorías, además de dictadores y políticos en general como lo recalcan tan particular y precisamente las agencias noticiosas de ese inefable “Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación”.

Solamente en los referidos a Venezuela, cerca de 270.000 papeles, esa deslumbrante red de periodistas diligentes pone en entredicho a la totalidad de la administración pública.

Los que mencionan a Venezuela no son susceptibles, por supuesto, de la insistente y muy oportuna salvedad que colocan sin excepción todos los medios de ese consorcio en sus notas de prensa y que declaran todos los estafadores implicados (y hasta el presidente mismo de los Estados Unidos) en donde se aclara que tener negocios offshore no es delito. Cinismo en pasta. Con tal aclaratoria no hace falta acotar que será delito solamente cuando el guiso sea considerado amenaza a la seguridad nacional por el Departamento de Estado norteamericano y nada más.

En una entrevista relámpago producida por Univisión para ser transmitida de inmediato al continente entero, el periodista Nélson Bocaranda Sardi, principalísimo miembro numerario de dicha red en el país, dice apenas conocida la noticia de los Panamá Papers, que en Venezuela “..absolutamente todos los trabajadores del Estado (y corrige nervioso) bueno no… todos los funcionarios de rango, son corruptos que usaron la convalecencia del comandante Chávez para sacar apresuradamente el dinero robado del país”.

La desproporción no importa cuando de acabar con los regímenes que no se doblegan a los designios del imperio norteamericano se trata. Cuando la maquinaria demoledora se pone en marcha, que no haya pruebas de los infundios y las acusaciones destempladas es lo de menos. El fin lo justifican los medios… de comunicación.

Pero la mentira tiene patas cortas. Y las ollas del periodismo pitiyanqui también.

¿Por qué –pregunta el profesor cubano Douglas Calvo Gaínza en su artículo de esta semana publicado en soyaranguibel.com- Fidel Castro no aparece en los papeles de Panamá, habiendo sido acusado durante más de medio siglo por la prensa norteamericana como supuesto poseedor de una de las fortunas más descomunales del mundo sustraída al erario cubano?

¿Por qué en los cientos de miles de papeles referidos a Venezuela aparecen apenas tres o cuatro exfuncionarios de tercera categoría y solo un exmilitar de alto rango que precisamente fue destituido y procesado por el gobierno revolucionario por corrupto, y no los cientos de miles de empleados de los que habla el “consorcio” y aún así el país sigue siendo señalado por esos medios como el centro más importante de corrupción en el continente?

¿Por qué las menciones en esos rutilantes archivos no preocupan en lo más mínimo a ninguno de los mandatarios neoliberales involucrados directamente en abiertos desfalcos a las arcas públicas en sus respectivos países y con ellos no hay campaña de ensañamiento periodístico alguno?

Pues porque el trabajo real del peculiar consorcio de investigadores no es procurar la justicia sino convertirse en una instancia más de los sectores hegemónicos para imponer a su antojo el modelo económico y político que según ellos deberá regir en el mundo, elevando esta vez al medio de comunicación al rango ya no de sexto poder sino de arma de guerra de primer orden.

Si alguien denunció durante años el festín de latrocinio financiero que amparaba y estimulaba Panamá hasta convertirse en la vitrina dorada del neoliberalismo en el continente, fue Venezuela.

Hacia allá se fue más de un tercio de nuestras reservas internacionales. Allá se montaron las empresas con las que se desangró nuestra economía mediante las operaciones de triangulación comercial que los filibusteros del capital privado y de buena parte de la oposición política venezolana armaron para revenderse a sí mismos y sobrefacturar las mercancías que debían importar con el dólar preferencial que de buena fe les entregaba el Estado venezolano.

Gracias a la avaricia capitalista de su putrefacta oligarquía, Panamá terminó siendo el prostíbulo de la corrupción en esta parte del mundo y no había nadie que no lo supiera.

El valor lo tuvo el Gobierno del presidente Maduro al negarse a cohonestar esa impudicia con el reconocimiento de esa deuda ilegal al que los sinvergüenzas aspiraban.

Si de papeles vamos a hablar, ese papel de honestidad, de decencia y de rectitud revolucionaria del presidente Maduro tendría que ser reconocido muy por encima de cualquier otra falaz y rastrera consideración o sugerencia de los periodismos panfletarios al servicio del imperio.

 

@SoyAranguibel

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