¿Qué habría hecho Chávez con los bachaqueros?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 25 de abril de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca olvidemos que Barrio Adentro marcó un antes y un después en nuestros barrios” Hugo Chávez

El fenómeno mediático que transforma hoy la noción misma de comunicación a lo largo y ancho del planeta, e incluso de lo que desde siempre se denominó el “conocimiento humano” en toda su extensión, tiene sin lugar a dudas en Venezuela un gigantesco laboratorio de ensayo como probablemente no exista en ninguna otra parte del mundo.

A la par de uno de los procesos más difíciles por los que haya atravesado el país, expresado en las dificultades del pueblo para acceder a los productos de primera necesidad; colas infernales que durante horas y días debe padecer la gente a riesgo de no conseguir en definitiva esos productos o de exponerse incluso al despido de su trabajo en razón de jornadas laborales perdidas en la búsqueda de los mismos; la violencia creciente determinada principalmente por una indetenible espiral inflacionaria de naturaleza eminentemente especulativa que convierte en preciado todo objeto que la gente cargue; o la neurosis colectiva a la que conduce la creciente intolerancia política que hoy agobia al país, hay que añadir obligatoriamente la tensión ocasionada por las distorsiones que el espacio comunicacional (básicamente los medios de comunicación y las redes sociales, pero también el rumor y la desinformación en la calle) están creando de manera exponencial entre la gente.

Una inusual mezcla de emocionalidad y raciocinio combina hoy la indignación de quienes sufren el rigor de esa tortuosa vorágine en la que el capitalismo y el empeño de los sectores neoliberales nos han sumido, con la búsqueda de explicaciones lógicas a tales fenómenos y muy particularmente con la necesidad de encontrar soluciones efectivas a la difícil coyuntura.

En el proceso subyace el avance del perverso plan de la derecha que persigue hundir al país en una crisis y convencerlo a la vez de la responsabilidad del Presidente en la misma. La gente es atrapada en una sola idea cuyo objetivo es el derrocamiento del gobierno: “Esto es inaguantable y Chávez no lo hubiera permitido”.

Pero el gobierno no lo ha permitido. A diario nos encontramos con las noticias de detenciones practicadas por las autoridades contra mafias de bachaqueros que no solo acaban con los productos en los anaqueles sino que someten a la población al terror de la violencia en las colas, así como infinidad de incautaciones en depósitos donde son escondidas las mercancías que el pueblo necesita.

A lo largo de todo este período se han promulgado leyes vía habilitante para impedir la evasión, la usura y la especulación, además de aplicarse un cierre de frontera con Colombia que frenó de manera sustancial el desangramiento que estábamos padeciendo a través del contrabando de extracción.

De no haber sido así, muy difícilmente el gobierno del presidente Maduro habría arribado a los primeros tres años. La descomunal guerra que contra él han desatado los sectores del gran capital seguramente no tenía previsto ser tan larga ni perder tanto dinero en esa demencial aventura.

Sin embargo, la calamidad de la perturbación económica persiste y es claro que para muchos de los actores de ese plan contra la legitimidad democrática del gobierno la penuria por la que atraviesa el pueblo ha terminado por convertirse en un gran negocio.

La institucionalización de esa forma de capitalismo popular que hoy conocemos como “bachaqueo”, no es sino la fórmula del capital privado para elevar los ingresos de manera desmesurada a través de un mecanismo que genera ventas incalculables a la vez que se desprestigia la imagen del gobierno y se le hace responsable de la escasez que esa modalidad de producción bajo demanda crea.

La “producción bajo demanda” es un concepto empresarial ideado en los años ochenta por las corporaciones norteamericanas para reducir costos regulando la producción de acuerdo al ritmo de la demanda y evitar así las pérdidas cuantiosas que comprende el modelo convencional que mide la eficiencia empresarial por su capacidad de producción y no por su verdadera capacidad de venta.

Para el sector privado de la economía venezolana, habituada a una perniciosa cultura de mínima inversión y máxima ganancia, venderle a toda la población no es necesario. Pero tampoco posible. Con su exigua capacidad de producción, el que una porción del país adquiera sus productos a precios elevados es más que suficiente. El resto de la gente, la gran mayoría de una población cuyo poder adquisitivo a lo largo del periodo revolucionario creció más rápido que el ritmo de esa inversión empresarial, inevitablemente tendría que sobrepasar en algún momento la escasa oferta de esa precaria producción nacional. La Polar, por ejemplo, puede atender hoy la demanda de todo el país, porque hizo en su momento inversiones acordes con ese escenario de bienestar social que desde hace 17 años viene construyendo la revolución bolivariana.

Por eso, al faltar los dólares a los que en mala hora ese sector privado se habituó para importar todo lo que la población estaba demandando, la industria del bachaqueo era inevitable.

Pero esa perturbación, que en definitiva obedece a factores socio-culturales y no solo a económicos o políticos, no se resuelve con el brutal método neoliberal de reprimir y encarcelar a la gente, sino con organización popular. Y en eso la revolución sí tiene hoy una ineludible responsabilidad.

Con los primeros intentos de la derecha nacional e internacional para dejar sin comida al pueblo, el comandante ideó el programa de las Misiones sociales, ya no solo como instrumentos de inclusión social, sino como poderosas herramientas de comunicación que dejaban perfectamente claro el sentido redentor de la revolución.

Bajo esa perspectiva, reorientar la direccionalidad del Estado hacia el pueblo fue determinante para el proceso. Materializar esa nueva orientación en hechos concretos que respondieran en la cotidianidad diaria a las necesidades y aspiraciones de la gente en su localidad, era todavía más relevante e impostergable.

De ahí la importancia que Chávez le otorgó a las Cinco Líneas Estratégicas de Acción Política, que establecen con entera claridad la filosofía chavista de la emancipación social a partir del concurso del partido en las luchas populares, para dejar atrás la cultura capitalista de la militancia que colocaba al pueblo al servicio de la organización.

“Esa cultura capitalista –dice el texto- se expresa en el hecho de considerar que pertenecer a un partido equivale a “invertir” en él, a través de sus contribuciones financieras o con su trabajo militante, y que esa “inversión” debe ser “recompensada” o “remunerada” con puestos, cargos, prebendas o influencias en el Estado, en el terreno de los negocios o en el mismo partido”.

Un concepto medular precisa la idea: “El escalón fundamental de la Revolución Bolivariana se sitúa hoy en lo local (en lo municipal, en lo parroquial y especialmente en cada comunidad). Es allí, en las comunidades urbanas y rurales, donde chocan más directamente los intereses “apropiadores” y representativos de la vieja “cultura capitalista” partidista contra los esfuerzos socialistas, participativos y protagónicos populares. Es allí donde se construye el Poder Popular, la toparquía planteada como tesis por el Maestro Simón Rodríguez. Es allí, donde se gana o se pierde la base social de apoyo a la Revolución”.

Es fácil concluir, pues, que lo primero que habría hecho Chávez sería sacar al partido de su claustro asambleario y movilizar a la dirigencia toda y a su militancia a cumplir el papel de articulación de las comunidades para combatir en la calle, de manera organizada y pacífica, el deleznable crimen de la escasez inducida a la que los grandes capitales han llevado al país a través del bachaqueo.

Los logros de experiencias organizativas surgidas en diversas partes del país como iniciativas de las propias comunidades para acabar con las colas, y en algunos casos de los dirigentes del PSUV, hay que decirlo, como en la Costa oriental del lago en el estado Zulia y en algunos municipios del estado Táchira, son constatación de todo cuanto planteó el Comandante Chávez que debía ser la orientación revolucionaria frente a escenarios adversos como esos.

Para derrotarlos, Chávez habría vuelto siempre al barrio.

@SoyAranguibel

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