Las firmas de la impudicia y la ignominia

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 02 de mayo de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Por su propia naturaleza iletrada, inepta e inmoral, la derecha no sabe nunca dónde ubicarse en el terreno de las ideologías. Cual hetairas de la política, saltan de un bando al otro sin la menor vergüenza, reivindicando atribuciones y derechos absurdos, amén de contradictorios las más de las veces, haciendo alarde de la más bochornosa inconsistencia en función de sus muy mezquinos intereses.

La furiosa defensa que hoy en día hace esa oposición del carácter sagrado de la Constitución bolivariana contra la cual ha luchado por más de 18 años, desde que Chávez mencionara por primera vez en su campaña electoral de 1998 la necesidad de ir a un proceso constituyente, revela esa inmoralidad y esa inconsistencia. Pero también un oportunismo vil y rastrero que de no ser por el triunfo que esa concesión del antichavismo representa en cuanto al valor supremo que debe tener para los venezolanos el texto de esa avanzada constitución revolucionaria, no podría ser más repugnante.

En aquella campaña casi todas las organizaciones políticas de la derecha alarmaban al país con la inminencia del apocalipsis que según ellas representaba el llamado constituyente que Chávez proponía.

Una de las cuñas comparaba el proceso propuesto con un disparatado semáforo de decenas de luces que de repente se volvía loco. Su texto decía; “Las leyes en Venezuela generalmente no se respetan. Incluso las más fáciles de cumplir. Muchos políticos piensan que la constituyente es la solución. ¿No será otra constituyente como este semáforo nuevo que causa más problemas a la gente? Haz que tu voto cuente y elige a los candidatos que garanticen el verdadero progreso, para que el cambio sea para nosotros… ¡la gente!”

Desde entonces, y hasta el día de hoy, no ha habido un solo evento a lo largo del intenso debate político que se ha llevado a cabo en el país, en el que la oposición haya avalado con su respaldo ni siquiera una sola de las propuestas que la revolución ha hecho para profundizar ese proceso constituyente originario que Chávez impulsó.

La constitución bolivariana, por su naturaleza profundamente humanista, ha sido objeto de su odio contra la revolución, a veces más que contra Chávez o contra la decisión soberana del pueblo de darse el gobierno de su preferencia.

El golpe de Estado que esa misma derecha perpetró en abril de 2002 para intentar reinstaurar el modelo neoliberal que la burguesía pretendía imponer en Venezuela, estaba orientado principalmente a la derogatoria absoluta de esa carta magna que ahora enarbolan con total cinismo e impudicia precisamente para intentar acabar con el gobierno legítimo del segundo presidente más votado de nuestra historia después del Comandante Chávez.

De hecho, el falaz argumento del constituyentista opositor Gerardo Blyde, uno de los más conspicuos líderes golpistas, es precisamente que “La Constitución nacional ustedes (los chavistas) la constituyeron, la defendieron, buscaron que el pueblo la aprobara, y el pueblo la aprobó. Luego buscaron reformarla, y otros nos opusimos a esa reforma. Y fue allí cuando la Constitución fue reafirmada, porque fue aceptada por ustedes y por nosotros; cuando quisieron reformarla la gente dijo entonces “No hay reforma”, y ahí fue cuando la Constitución cuajó”. (Gerardo Blyde /Miraflores diciembre de 2013)

Con total desvergüenza Blyde propone así que la constitución bolivariana existe únicamente en virtud del esfuerzo sostenido de la derecha por desconocerla. Algo que hoy cree a pie juntillas el militante opositor de la calle, que aún considerando a la constitución el más deleznable documento creado por la revolución, como en efecto la considera, acepta sin embargo que muy bien pudiera servir como vulgar ariete del neoliberalismo para erradicar toda noción chavista de la faz de la tierra sin correr el más mínimo riesgo de ilicitud en el intento.

Bajo esa cobarde premisa hoy marchan entusiastas a estampar su firma para intentar activar un referéndum revocatorio contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, tal como lo intentaron en Agosto de 2004 contra el entonces presidente Hugo Chávez. Descabellada aventura para una oposición obtusa cuyo estruendoso fracaso en esa oportunidad no estuvo determinado por el solo revés electoral sino por las torpezas de una dirigencia guiada por el odio y la perversidad en su loco afán por el poder a como dé lugar.

Desde el instante mismo en que urdieron aquel audaz proyecto revocatorio, comenzaron a maquinar las marramucias que desde siempre les han caracterizado, y a la par del plan de firmas planas (la más asquerosa táctica de emboscada política jamás concebida, consistente en la utilización de mercenarios a sueldo para llenar infinidad de planillas con firmas falsas) idearon la no menos deplorable modalidad del registro de firmantes para verificar en las empresas privadas quienes apoyaban y quienes no a la contrarrevolución.

Fue así como nació la ignominiosa lista de Súmate para intimidar a los venezolanos que laboraran en el sector privado y que luego publicaran algunos medios de comunicación en sus páginas web, como Globovisión y el diario golpista El Nacional.

En un gesto valiente de denuncia contra esa brutal expresión de fascismo que la derecha estaba activando en el país, el diputado revolucionario Luis Tascón abre a los días de aquella desesperada operación de terrorismo político una pequeña ventanilla en su blog personal en internet y da a conocer al mundo la infamia que adelantaba la derecha venezolana para acabar con el proyecto de justicia e igualdad social impulsado por la revolución bolivariana.

Como siempre, esa derecha cobarde y rastrera evadió la responsabilidad en la autoría de ese maquiavélico mecanismo de presión electoral y convirtió, a través de aquellos mismos medios de comunicación que usó para activar el deplorable listado, la persecución que había desatado contra los venezolanos en un acto vil falsamente urdido por Tascón.

Una firma que debió ser asumida con entereza y dignidad por quienes en verdad hubiesen firmado contra Chávez, porque la firma es un acto personalísimo, voluntario de cada quién, pero que no sirvió sino para dar paso a toda una era de lamentaderas y lloriqueos de quienes se decían víctimas de atropellos porque supuestamente su firma era la causa de su cesantía laboral.

Sin embargo, todavía hoy, luego de doce años de calumnias contra el gobierno revolucionario por la crueldad de la supuesta lista de Tascón, la irresponsable dirigencia opositora reincide en la aventura temeraria de querer usar al pueblo en su proyecto golpista para abandonarlo luego a la buena de dios como tantas veces lo hizo en el pasado.

Jamás pudo nadie comprobar atropello alguno por parte del gobierno bolivariano en virtud de su firma contra el presidente Hugo Chávez. Pero la especie cundió como una verdad bíblica entre las filas opositoras al punto de obligar en varias ocasiones al propio comandante a recriminar públicamente a todo aquel que tan siquiera cayese en la tentación de aplicarle a un venezolano algún tipo de discriminación por razones políticas.

De ahí que si algún percance ha sufrido la administración pública en estos últimos doce años sea precisamente la impotencia de las filas revolucionarias frente a la invasión de militantes activos de la oposición en cargos sensibles de los organismos del Estado a todo nivel, desde donde en su mayoría han obstruido la labor del Estado y han hecho los grandes negociados con los que la misma oposición acusa al gobierno de corrupto.

Son esos opositores quienes usufructúan los programas sociales que la revolución ha dispuesto para el pueblo y que ellos exhiben descaradamente a la luz pública con la misma impudicia con la que se cambian de careta de una marcha chavista a la opositora según les convenga.

Son quienes han disfrutado los vehículos, los equipos del hogar, los dólares preferenciales, subsidiados por el gobierno chavista, y quienes gozan de la estabilidad laboral, pensiones y matricula estudiantil gratuita que solo el socialismo provee, así como del bajo costo de los servicios públicos que los venezolanos podemos disfrutar gracias a la doctrina chavista de la justicia social, aún en medio de la peor crisis petrolera de las últimas décadas.

Son también quienes ahora pretenden usurpar ese inmenso logro popular que es la Constitución bolivariana para ponerla al servicio ya no de una parcialidad política contrarrevolucionaria siquiera, sino de los oscuros intereses del imperio norteamericano, que es en definitiva lo que persiguen los apátridas entreguistas de la MUD.

 

@SoyAranguibel

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