Modelos e ingenuidades

Por: Alberto Aranguibel B.

La única propuesta consistente de la oposición para el país no es otra que la de intentar acabar a como dé lugar con la revolución bolivariana. Todas y cada una de las medidas que recomiendan están orientadas no a la superación de la profunda crisis que ellos mismos, confabulados con sus sectores empresariales y sus medios de comunicación, han orquestado para provocar el estallido social que según ellos los llevaría inevitablemente al poder.

De todas esas medidas (eliminación del control cambiario, derogación de la Ley del Trabajo y desregulación de precios) la que probablemente haya calado más en la opinión pública como impostergable frente al desbordamiento de la usura y la especulación en todo el ámbito del comercio a nivel nacional, es quizás la referida a la regulación de la treintena de productos que el gobierno revolucionario mantiene sometidos a la llamada política de “precios justos”.

El perverso y manipulador discurso de la derecha ha convencido mediante la angustia y la desesperación a miles de venezolanos (tanto opositores como chavistas) que liberar los precios sería la fórmula que haría reducir el alto costo de la vida que esa voraz avaricia capitalista que hoy cunde en el país ha desatado.

Se necesita ser demasiado ingenuo para creer en la propuesta de esos sectores desalmados que por su sed de dinero hacen padecer sin ninguna conmiseración los más inclementes sufrimientos al pueblo.

En Venezuela no existe impedimento legal para que quien así lo desee reduzca los precios para hacer mas competitivos sus productos en el mercado. ¿Por qué necesitan entonces liberar los precios si lo que quieren es rebajarlos?

Pues porque una absurda teoría del modelo capitalista establece que los precios los regula una “mano invisible” que se rige por la lógica de la oferta y la demanda.

Dicha teoría sostiene que si un producto es muy demandado subirá de precio (porque el empresario no está dispuesto a invertir en incrementar su capacidad productiva pero sí lo está para obtener más ganancias).

O lo que es igual, que lo que no se demande bajará de precio (porque el empresario prefiere rebajar que perder la mercancía).

De ser así, la opción que le quedaría a la gente que quisiera comprar a bajo precio sería comprar lo que nadie quisiera comprar.

Por esa razón, salvo en la rara eventualidad en la que el empresario en vez de invertir dinero en campañas publicitarias atrae a los compradores mediante una disminución momentánea de sus márgenes de ganancia a través de alguna muy puntual rebaja promocional, en el capitalismo los productos jamás bajan de precio.

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