¿Y dónde están los espías?

Por: Alberto Aranguibel B.

Uno no puede andar por ahí diciendo que es un espía
Loch K. Johnson, profesor de la Universidad de Georgia.

En la legendaria serie de televisión de los años ’60, “el temible operario del recontra espionaje”, Maxwell Smart, hacía gala de una particular ineptitud para llevar a cabo su trabajo como agente de CONTROL, copia fiel de la agencia norteamericana de inteligencia (CIA), sin que por ello viera jamás frustrada ninguna de su misiones en la lucha contra el mal que encarnaba KAOS (el equivalente en la serie a la agencia soviética KGB).

Junto al furor causado por la saga de James Bond y por muchos otros agentes secretos de ficción que el cine puso de moda en los albores de la guerra fría, el Super Agente 86 sirvió para demostrar cuán instaurada está en la cultura imperialista la idea del espionaje como arma de dominación.

La Biblioteca Presidencial Ronald Reagan, en el estado de California, USA, conserva entre sus exposiciones permanentes una sala dedicada a mostrar un sinnúmero de artilugios e instrumentos usados por los espías a través del tiempo, incluyendo algunos ficticios, como el zapatófono usado por Smart en el serial televisivo, de los cuales, según han reconocido expertos en la materia, han surgido muchos de los instrumentos (o “gadgets”, como también se les conoce) utilizados hoy en día por los agentes de los más diversos cuerpos de inteligencia.

objetos espías

Edward Snowden, perseguido por la potencia más grande del mundo en servicios de espionaje, los Estados Unidos de Norteamérica, es la constatación viviente de esa gran verdad que es la expansión de los sistemas de infiltración secreta que mantienen hoy en los cinco continentes a cientos de miles de agentes de inteligencia de las naciones más poderosas del planeta.

Para los Estados Unidos, el delito de Snowden sería precisamente el haber puesto en evidencia el trabajo de esos agentes, al dar a conocer públicamente la inmensa documentación de la profusa actividad de espionaje norteamericano en el mundo.

Tanto Snowden como Julián Assange, asilado desde hace más de cuatro años en la embajada de Ecuador en Londres por las mismas razones, representan para el imperio el peligro de hacer tambalear la red de espionaje más grande e intrincada que jamás haya conocido la historia.

El espionaje es cada vez más una realidad no solo innegable sino inocultable en la mayoría de los casos.

En el museo Bletchley Park, lugar en el que Alan Turing llevó a cabo en Londres los trabajos de descifrado del código alemán de la máquina Enigma durante la segunda guerra mundial, se estudia el arte de la codificación y decodificación de información como una más de las materias en las que se forman los futuros agentes que cursan la carrera de espionaje en la universidad privada de Buckingham en Inglaterra.

Marika Josephides y Sam García, estudiantes de la maestría en servicios de seguridad y servicios de inteligencia en dicha universidad, sostienen en un reportaje de la television alemana Deutshe Welle, que la sinergia entre la maquinaria de guerra (como los tanques y los fusiles) y las armas del espionaje fue decisiva para lograr el triunfo de los aliados en la segunda Guerra mundial. “Hicieron un buen trabajo –dicen- y nos ayudaron a ganar la Guerra. Nosotros, los aliados, la democracia, vencimos. Hoy también tenemos secretos y esperamos que con estos secretos volveremos a ganar”.

La profusión del arte del espionaje como carrera es tal que servicios que debieran ser secretos se publicitan abiertamente a través de anuncios por las redes sociales, fundamentalmente Facebook y Linkedin, y medios de comunicación convencionales para reclutar candidatos a agentes, como lo hacen de manera regular el M15 y el M16 británicos, la CIA norteamericana, el Mossad israelí, el CNI español y hasta la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) argentina.

Mientras la CIA usa la poderosa herramienta que es Hollywood para reclutar agentes a través de comerciales que incluyen a glamorosas protagonistas de series de superagentes como “Alias” y otras por el estilo, la AFI argentina coloca avisos en la prensa con invitaciones como “Joven argentino, si tienes más de 18 años, secundario completo y te gusta el recontraespionaje, no lo dudes, acércate a la AFI y conviértete en espía”.

En España la “Tienda del espía” es una próspera red commercial con locales en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia, en la que se venden artilugios de todo tipo para llevar a cabo de manera eficiente la labor de los espías.

tienda espia

La diversificación de las ramas de la investigación o áreas de desempeño que interesan a las agencias de espionaje es un indicador fehaciente del avance de esa cultura en la sociedad de hoy en día. Desde antropólogos, corredores de bolsa, traductores, hasta expertos en videojuegos, son ahora candidatos idóneos para ser reclutados como agentes secretos, no solo por sus destrezas particulares sino por la utilidad que ofrecen para hacerse de una fachada convincente que les permita ocultar con la mayor seguridad su verdadera labor en cualquier país.

La fachada de periodista es probablemente la más usada por agencias como la CIA. La película Argo recreaba esa modalidad de camuflage utilizada por los cuerpos de inteligencia norteamericanos, pero que en Venezuela, como se ha comprobado en más de una ocasión, es utilizada como mecanismo de infiltración verdadero para intentar acabar con la revolución bolivariana.

Empresarios, publicistas, ingenieros de la construcción y hasta integrantes de sectas religiosas, como mormones y predicadores evangélicos de todo tipo, han sido desde siempre las fachadas usualmente utilizadas por los servicios de inteligencia para llevar a cabo su pérfida labor.

La pregunta es ¿en un país declarado y ratificado por el gobierno de Barack Obama como “enemigo inusual y extraordinario”, que posee la reserva de petróleo más grande del planeta, que promueve un modelo de justicia e igualdad social que deja al descubierto la inviabilidad e inconveniencia del modelo neoliberal capitalista, será posible que no esté activado algún mínimo plan de espionaje por parte de las agencias norteamericanas de inteligencia?

La reciente detención de un norteamericano en las inmediaciones de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Ciudad Caribia, capturado por posesión ilegal de armas de Guerra y de una serie de fotografías en su celular que lo muestran como entrenador de paramilitares, corrobora de manera inequívoca que sí lo está.

joshua holt

Pero no solo lo comprueba la larga lista de espías y agentes gringos que han sido capturados por los cuerpos de seguridad venezolanos a lo largo del periodo revolucionario. El exagente de la CIA, Raúl Capote, ha hablado de centenaries de jóvenes venezolanos que habrían sido reclutados desde hace más de diez años por ese organismo para formarlos en métodos contrarrevolucionarios en el exterior, entre ellos Lorent Saleh y Yeiker Guerra.

Sin embargo la derecha se burla de la seguridad del Estado y arremete de nuevo contra el gobierno bolivariano acusándole de sufrir de algún tipo de “delirante paranoia antiimperialista” al menos.

Solo el más neófito de los mortales podría creer hoy que el imperio va a sentarse a contemplar los acontecimientos politicos en curso en Venezuela desde la comodidad de una poltrona en los predios de su embajada, y que, como no los ha visto deambulando por la calle enfluxados de negro, con lentes de aviador y escarapelas distintivas de la CIA en el pecho, entonces los espías no existirían.

Quienes neciamente asumen el espionaje como lo dibuja la caricatura neoliberal que lo describe como “arma de los regimens comunistas para atentar contra las democracias del mundo” y no como el enemigo verdadero que desde el imperio nos acecha hasta en los rincones más insospechados, se niegan a reconocer esa larga e innegable historia de ingerencia que ha marcado particularmente a los Estados Unidos como el más grande agresor de las naciones independientes del planeta, no solo mediante la dominación militar o económica que ejerce a su antojo, sino con el perverso instrumento del engaño y la manipulación con el que persiguen controlar y someter las estructuras estratégicas fundamentales de los Estados soberanos.

La más elemental lógica determina que hoy nuestro país está expuesto a la agresiva acción de ese espionaje mucho más que cualquier otra nación en el mundo en este momento. Hacerle el juego a esa probabilidad negando su existencia es actuar indudablemente en abierta traición a la patria.

Dirán en la mal llamada Mesa de la Unidad… “¿Y qué es una raya más pa’ un tigre?”

@SoyAranguibel

 

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