México insurgente

Texto y foto: Alberto Aranguibel B.

El maestro luchando, también está enseñando
Consigna de la Coordinadora Nacional de trabajadores de la Educación (CNTE) de México

Exactamente los mismos rostros taciturnos y parsimoniosos con los cuales Paul Leduc inicia su legendaria película de 1970 en la que recrea el texto de John Reed “México Insurgente”, sacudirán el alma de quien transite hoy el imponente Paseo de la Reforma, en pleno corazón de la capital mexicana, y se tope al azar (como nos tocó a nosotros esta misma semana) con la multitudinaria marcha de manifestantes de todas las edades que protestan casi a diario la incompetencia, la corrupción, la impunidad y la represión del gobierno mexicano contra su pueblo.

El largo y extenuante trayecto de la fastuosa avenida lo recorremos con motivo de nuestra visita al hermano país para llevar la verdad que como venezolanos nos vemos obligados a contarle al mundo sobre la naturaleza perversa y despiadada de la guerra que la derecha ha desatado contra nuestro pueblo en su terco empeño por reinstaurar el neoliberalismo en Venezuela.

La intensidad de los encuentros con los distintos sectores políticos, organizaciones sociales y medios de comunicación con los que nos reunimos en la vertiginosa gira no puede ser más reveladora. El interés por Venezuela, aunado en todo momento a la proverbial amabilidad y espíritu fraternal del mexicano, deja ver que en aquella nación no se conforma nadie con la descabellada especie que la derecha venezolana ha decidido difundir por el mundo vendiendo una imagen de nuestro país más parecida a la de los holocaustos de la realidad distópica que a la de la vida real.

A través de innumerables reuniones con destacadas figuras del mundo político, intelectuales, trabajadores y periodistas, tanto de izquierda como de derecha, nos encontramos con que a nadie le resultan razonables las burdas explicaciones antichavistas que la oposición ha ido a tratar de meterles por los ojos a los compatriotas mexicanos con el truculento recurso de la mujer llorosa que implora libertad para su marido aduciendo tan solo la convicción personal de su inocencia.

Las verdades universales no se quebrantan de manera antojadiza por mucho que la fuerza del amor así se lo proponga. Y una verdad universal inamovible es sin lugar a dudas que no existe mujer que convenga en la culpabilidad de su marido preso. Toda mujer cuyo esposo (hijo, padre, o hermano) haya sido encarcelado por las causas que cualquier tribunal le impute y le compruebe, inevitablemente se aferrará a la arbitraria hipótesis de la inocencia de su ser querido. Y eso lo saben los mexicanos como el mundo entero.

Las costosas giras de Lilian Tíntori, pues, argumentando el carácter dictatorial y tiránico del gobierno revolucionario porque su marido paga hoy condena por la muerte de 43 venezolanos, son solo dinero despilfarrado en ostentosos paseos de lamentaciones desafortunadas, incapaces de conmover a un pueblo que sí sabe de luchas, persecuciones y exterminios verdaderos como pocos países conocen hoy en la forma cruda en lo conoce el pueblo mexicano.

“¿Entonces no es cierto que Leopoldo está preso tan solo por solicitar un referéndum revocatorio por la falta de comida?”, nos preguntan los periodistas cuando se percatan de la burla de la que han sido objeto con la aviesa manipulación de la verdad que la derecha les hizo creer.

Por supuesto que no, les decimos. Si la falta de alimentos se subsanara con el derrocamiento de los gobiernos, entonces habría que derrocar a los gobiernos del mundo entero, porque el hambre que padece hoy la humanidad (más de una quinta parte de la población del planeta) se genera casi en su totalidad en el mundo capitalista donde los gobiernos no hacen nada por superarla. Venezuela, que ha sido reconocida por la FAO durante varios años consecutivos como la nación que más ha hecho por superar el hambre, no solo debiera ser objeto de la más categórica ratificación de su gobierno sino incluso del otorgamiento al mismo del premio Nobel de la Paz, al menos, si se consideran los millones de vidas que el modelo de inclusión social del chavismo ha rescatado de la desnutrición.

En México entienden con total claridad esta verdad porque el sufrido pueblo mexicano padece hoy una de las hambrunas más severas que se padecen en el continente. El informe ofrecido esta misma semana por el Consejo Nacional de Desarrollo de la Política Social de México, Coneval, da cuenta de niveles exorbitantes de pobreza en esa nación que alcanzan según sus propias estadísticas casi la mitad de la población total del país. Por eso, entre muchas otras razones, el pueblo mexicano está hoy en la calle elevando al cielo su ancestral voz de protesta.

La muerte de un alcalde al mes en promedio en todo lo que va de año, deja al descubierto en México otra arista de una calamidad que agobia a todas nuestras naciones empobrecidas por el afán de lucro del gran capital.

La violencia desatada en las calles de Venezuela es un fenómeno inducido por factores que juegan a la ingobernabilidad y eso está perfectamente comprobado. Pero el fenómeno de la codicia que estimula el modelo usurero y mezquino de la acumulación de la riqueza en pocas manos, es sin lugar a dudas un elemento que sirve para evidenciar que, ni en México ni en Venezuela, la inseguridad está determinada por el socialismo sino por el capitalismo.

El pueblo mexicano se rebela no para exigir dólares con los que la gente adinerada pueda recorrer el mundo en despilfarros de nuevoriquismo pueril como lo pide a gritos buena parte de la clase opositora en Venezuela, sino para reclamar educación gratuita para los millones de seres humanos que por su condición de pobres o por razones de etnia son excluidos inmisericordemente del sistema educativo.

José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional de México (UNAM), ha denunciado recientemente que solo 1 de cada 100 indígenas puede acceder al nivel universitario en ese país. Venezuela, por el contrario, es reconocida por la ONU desde hace varios años como el segundo país en incremento de la matrícula estudiantil universitaria, solo después de Cuba.

No solo no se asesinan en Venezuela los alcaldes a diestra y siniestra como en México, sino que no se masacran a sangre fría los estudiantes normalistas ni los maestros, como al parecer es ya practica usual por parte de los cuerpos represivos del Estado en la dolida nación azteca. El maestro, así como el estudiante normalista, es el factor de riesgo potencial más angustiante para el reducido estrato burgués mexicano, porque el magisterio es la fuerza laboral más organizada y numerosa de ese país, y la más cercana al pueblo, al que acompaña no solo en las aulas sino en el campo, en el hogar y hasta en el padecimiento de la pobreza.

¿Por qué no claman al cielo por esos millones de mexicanos las prominentes figuras del espectáculo, como el desvencijado grupo Maná, por ejemplo, que recurrentemente gritan implorando al mundo un auxilio que Venezuela no necesita que ellos soliciten?

¿Por qué no es correcto pensar ni siquiera en la más remota posibilidad de derrocar el gobierno neoliberal que efectivamente sí ha llevado al pueblo mexicano a padecer esa inmensa tragedia del hambre y la pobreza, a través por ejemplo de la aplicación de la Carta Democrática de la OEA?

¿Por qué no son liberados en México los cientos de presos que sí son presos políticos arbitraria e ilegalmente puestos en prisión en esa nación, entre los que se cuentan cientos de maestros y estudiantes cuyo único delito no fue el asesinato o el acto terrorista como es la práctica recurrente en Venezuela por parte de la derecha fascista, sino la denuncia pacífica de la desigualdad y la injusticia?

¿Dónde está ahí el clamor de los organismos internacionales que con tanta inflexibilidad conminan a Venezuela al respeto de derechos humanos que en nuestro país no se violentan, pero que sí se quebrantan de manera flagrante en la mayoría de los países capitalistas del continente?

El neoliberalismo no podrá jamás responder ninguna de esas preguntas. Su naturaleza explotadora, cruel e inhumana, hará siempre imposible plantearse tan siquiera una escueta reflexión ideológica al respecto. Su razón de ser es el dinero. Y en ello el ser humano es poco menos que una insignificancia.

Al verles de cerca el rostro curtido por el arduo batallar de siglos a esos cientos de miles de mexicanos humildes que persiguen hoy con entera claridad y firmeza su propia emancipación, se puede leer en sus ojos, en su piel curtida con la sal de la tierra, en su altivez y en su talante insurgente e indoblegable , que el logro de ese sueño de la redención del pueblo, que es el mismo sueño de Bolívar y de Chávez, es cada vez más cierto e indetenible.

@SoyAranguibel

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