El imbécil abandono

Por: Alberto Aranguibel B.

A falta de un instrumental ideológico medianamente presentable, la derecha suele apelar a la dramatización para tratar de influenciar a su audiencia y hacerla permeable a su perversa propuesta neoliberal.

El drama que durante décadas montó el imperialismo norteamericano aterrando a la humanidad con la amenaza que supuestamente representaba el modelo soviético instaurado en Rusia, solo ha sido capaz de ser superado por una ridiculez de similares o mucho más desquiciadas proporciones, como lo del “peligro” que representaría hoy para la seguridad del mundo el jaqueo de las computadoras del Pentágono por parte de uno que otro cibernauta ruso.

Que Estados Unidos continúe a estas alturas intentando atemorizar a la gente con ideas pueriles y descabelladas cada vez más parecidas a los delirantes e irreales argumentos de la filmografía del espionaje de ficción a la que nos tiene acostumbrados Hollywood, es por lo menos ridículo.

Pero la vergüenza no parece ser el rasgo más sólido ni para los políticos de la derecha ni para las corporaciones mediáticas que les hacen el coro tratando de instaurar como valedera esa desquiciada hipótesis del “coco” ruso.

Siguiendo los pasos de sus mentores, la derecha venezolana hace alarde de la misma imbecilidad con la que actúan los zafios estrategas del norte, urdiendo expedientes cada vez más demenciales y ridículos para tratar de acabar con la revolución bolivariana e intentar destituir mediante argucias de raterismo político al presidente Nicolás Maduro.

Como sacados del pote de basura de las oficinas de la MUD, retoman acusaciones desahuciadas, es decir; mil veces desmontadas por el chavismo, como lo de la nacionalidad del primer mandatario, haciendo siempre más bulla que cabuya y sin importarles en lo más mínimo el inevitable ridículo que de manera inexorable harán sin llegar a engañar jamás ni al más despistado de los venezolanos.

La idea de pretender “posicionar” mediante cuatro gritos destemplados en la AN su tesis del “abandono del cargo” por parte del Presidente, cuando es la oposición misma la que ha incumplido como nadie en el país con sus obligaciones laborales en todos los cargos públicos bajo su responsabilidad, además de un melodrama fatuo e insustancial, no puede ser sino un acto de imbécil cinismo.

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