Piedad Córdoba: La guerra mediática contra Venezuela persigue desalentar las luchas de los movimientos sociales en el continente

– En el marco de la V Cumbre de la CELAC en Santo Domingo –

 Por: Alberto Aranguibel / foto: Malva Suarez

AA: Piedad Córdoba llega al Encuentro de los Movimientos Sociales y Fuerzas Políticas que se lleva a cabo en Santo Domingo en el marco de la V Cumbre de la CELAC, casi directamente de Cuba, donde presentó frente a los restos de Fidel Castro su candidatura a la presidencia de Colombia. Significa mucho ese gesto…

PC: Significa la ratificación de un compromiso de continuar con la búsqueda de un mundo mejor; un mundo de justicia que en un país como Colombia hace muchísima falta. Pero era a la vez una expresión  y una manifestación de mi profunda admiración hacia la lucha y al legado que dejó Fidel en un país como Colombia, donde se mueren los niños de hambre en la Guajira, en el Chocó; donde hay nuevamente un desplazamiento en razón de lo que representa el “neo-estractivismo”, que campea sin ningún control en el país, que está generando el asesinato y la desaparición de un número muy grande de defensoras y defensores de derechos humanos (en lo que va de enero ya llevamos dieciséis personas asesinadas que se suman a setenta y ocho del año pasado). Por lo tanto lo que significa haber logrado los acuerdos de paz, en lo que Fidel, como Chávez, como Nicolás, es decir como Venezuela y Cuba, han jugado un papel importantísimo, creo que lo menos que yo podía hacer era rendirle un tributo no solo de admiración sino de compromiso.

AA: ¿Están dadas las condiciones de la férrea democracia neoliberal colombiana para una candidatura progresista como la de Piedad Córdoba?

PC: Yo creo que si nos ponemos a esperar las condiciones sería no hacerlo nunca. Creo que de lo que se trata es de generar un entusiasmo, una dinámica un compromiso de que sí se pueden lograr cambios en el país, que son tan supremamente importantes que ni siquiera hay que hablar de izquierdas o de derechas, sino de respeto por la vida. Porque hablamos de un país que lleva tantísimos años en guerra, en la que hemos tenido experiencias terribles como el exterminio de la Unión Patriótica (más de cinco mil personas asesinadas en una comuna popular en Medellín, por ejemplo, que motivó la condena del Estado por la Operación Orión). Se siguen asesinando personas por su manera de pensar, pero también por los intereses que generan las inmensas riquezas que hay en muchas regiones del país. Por lo tanto somos en verdad temerarios quienes, como yo, ponemos a la consideración del pueblo más que un nombre la lucha y más que la lucha un programa.

AA: ¿Cuál es la expectativa actual del colombiano, del pueblo, frente a toda esa realidad política?

PC: Ha sido tan dura la guerra que la gente se ha habituado a la muerte. En eso los medios de comunicación han jugado un papel nefasto en función de sus intereses que son los intereses de las multinacionales, intereses en los mega proyectos de grandes grupos económicos y financieros. Por lo tanto Colombia tiene un gran problema social que es su gran analfabetismo político. Hay mucha gente de sectores populares que uno cree que debiera congraciarse con quienes luchamos por unas mejores condiciones de vida para ellos, que terminan siendo nuestros principales opositores. Pero, por supuesto, yo creo que la culpa no hay que echárselas a ellos. Nuestra lucha y nuestro compromiso con ellos tiene que ser mucho más contundente.

AA: A través de esos medios de comunicación el neoliberalismo quiere presentar la realidad latinoamericana actual como expresión de un proceso de avance de la derecha ¿Es cierto ese avance?

PC: La derecha se preparó durante estos últimos quince años, y sobre todo a partir de la llegada de Hugo Chávez al poder, que fue quien inspiró realmente a los nuevos movimientos sociales y populares en la región, y la llegada de dirigentes como Correa, como Evo, como los Kirchner, como el mismo Lula, lo que pasó en Salvador, luego en Honduras. Ese fue un golpe muy duro para la derecha, y sobre todo para los intereses de las multinacionales y los sectores financieros, que vieron cómo empezaron a protegerse y a nacionalizarse los recursos naturales al ponerlos al servicio de la gente, a hacer una intervención del Estado mucho más rigurosa ceñida fundamentalmente a los principios de la defensa de los derechos humanos en su integralidad como derechos sociales, económicos, ambientales, lo que fue generando una recomposición de los medios y de los sectores militares en la región, porque lo que ha sucedido es que el Plan Cóndor terminó convirtiéndose en un “Plan Cóndor Mediático”; un plan poderosísimo que busca instalar en la gente el miedo, el terror y la desinformación, haciéndole creer a la vez que la derecha está avanzando cuando en realidad no es así.

AA: ¿Eso no quiere decir que hay entonces la necesidad de una reconfiguración también de la concepción y las formas de organización de los movimientos sociales?

PC: Yo creo que sí. Esa fue la lección después de que tumban a Zelaya en Honduras y a Lugo en Paraguay, que fue cuando empezaban a mostrarse las orejas del monstruo y los movimientos populares nos quedamos atrás de eso. Lo que ha ocurrido ahora con el descomunal esfuerzo de los Estados Unidos y de todas esas multinacionales por tumbar a Nicolás, por desconocer su legitimidad, es que mucha gente pensaba que ese problema era solo de Venezuela. Pero ya vimos cómo pierde las elecciones Cristina, cómo pierde el referendo Evo, cómo liquidan ante la opinión pública a una mujer como Dilma y también a Lula. Obviamente todo eso ha conducido a una fuerte recomposición de los movimientos sociales y populares. Lo hemos visto en las movilizaciones en Brasil. Lo hemos visto en las movilizaciones en el mismo Ecuador, en Argentina, en México, e inclusive en Colombia, después de la pérdida del plebiscito. Pero yo creo que donde ha habido una mayor consolidación y homogenización del movimiento social y popular es en Venezuela y eso está dando una nueva lección. ¿Qué significa esto? Que la gente tiene que seguir en la calle, pero que además los intelectuales que escriben tienen que ser intelectuales militantes, comprometidos precisamente con la defensa de este ideario, para hacer ver que es éste un momento de crisis pero no de una derrota.

AA: En su exposición en Santo Domingo usted tocó exactamente ese tema, alertando acerca del riesgo que se cierne sobre el continente con el ataque mediático contra Venezuela ¿Cuál es ese riesgo?

PC: Esa es una guerra que empieza con la llegada misma del Comandante Chávez al poder, desde que él empezó a modelar y consolidar un proceso y a apoyar otros gobiernos progresistas, lo que provocó una arremetida de la derecha que él enfrentó fuertemente. Tenemos la mala suerte de la desaparición física del Comandante, lo que indiscutiblemente genera un estropicio y pone a todo el mundo a tomar posiciones pero fundamentalmente a defender un proceso que ha sido duramente atacado. En eso, por cierto, llama poderosamente la atención el comportamiento de la oposición venezolana, a la que respeto y que creo que está en todo su derecho. La oposición venezolana tiene la gran fortuna de que no la asesinan ni la desaparecen como ocurre en Colombia, pero el epicentro de la guerra contra el gobierno venezolano se produce en Colombia y no en Venezuela. De Colombia surge la brutal campaña de descaracterización y tergiversación del proyecto revolucionario venezolano que muchos en la región, aún con nuestra diferencias, acogemos y apoyamos. Se trata de una estrategia de campaña descomunal que no hemos sabido nosotros enfrentar, porque un boletín de prensa no es suficiente, porque un pronunciamiento para señalar o adjetivar no es suficiente, sino que amerita una verdadera conjunción de esfuerzos de nuestra parte, con visión crítica, que nos permita revertir amenazas reales como la que comprende el acuerdo del gobierno colombiano con la Otan, por ejemplo, que es una amenaza directa contra Venezuela. Ese es un riesgo real detrás del cual está el interés de los sectores financieros por apropiarse de los recursos económicos de nuestros países, geoestratégicamente bien ubicados, como es el caso de Venezuela, un país al que le desatan una guerra de desestabilización mediante la escasez y el acaparamiento de productos para generar una inflación inducida, que es un calco pero mucho más potenciado de lo que hicieron con el Chile de Allende.

AA: Ha denunciado usted con mucha fuerza un producto mediático en particular que es la telenovela que la corporación Sony está lanzando desde Colombia con el propósito de desvirtuar la imagen y la memoria del Comandante Chávez…

PC: Ciertamente, esa es parte de la estrategia de esos sectores que han estudiado con detenimiento aquellos elementos que les permitan llegar con mayor facilidad a los sectores populares; precisamente a esos sectores que nosotros defendemos. Esa telenovela sobre el Comandante Chávez lo que busca es descaracterizarlo, mostrarlo como un vulgar dictador, y no como el hombre que impulsó y produjo transformaciones profundas por más de quince años beneficiando a millones de seres humanos en la región. La CELAC, por ejemplo, que no es un instrumento creado por la izquierda, sino que es un espacio muy serio de seguimiento a los indicadores de cada nación, ha dado cuenta de la importancia de los cambios inducidos por Chávez contra la pobreza, por la alfabetización, por la educación, por la salud. La Unesco ha hecho exactamente lo mismo. La FAO ha hecho exactamente lo mismo. Entonces lo que busca esa telenovela es degradar la revolución y los cambios que ella ha producido a favor del pueblo. Degradar la imagen de una figura continental y mundial que es precisamente la figura de Hugo Chávez, para provocar con ello el desánimo y el desaliento entre la gente, haciéndole creer que nosotros no sabemos gobernar, que no sabemos administrar el Estado. Un poco la reaccionaria tesis de Orwell en su “Rebelión en la granja”. A través de productos mediáticos como ese se busca hacer aparecer como una amenaza para los pueblos a quienes procuramos un modelo de justicia e igualdad social como el de la Revolución Bolivariana.

AA: ¿Obliga eso entonces al replanteamiento de las formas comunicacionales de los movimientos sociales progresistas?

PC: A nosotros desde hace rato nos viene diciendo Manuel Castell que la era de la información llegó para quedarse y que ella está provocando reacciones reales en las formas de movilización de la gente, en la neurolingüística, en la inteligencia emocional, en la manera en que precisamente estos laboratorios de esos centros del poder económico que son quienes procuran la apropiación de todos los recursos naturales y económicos del mundo, han estado trabajando para ver de qué manera le llegan a la gente y ver cómo generan rechazo hacia nosotros. Entonces no podemos ser inferiores a eso. No podemos seguir concentrados solo en la movilización de calle, que es importante, pero que la mayoría de las vences ni siquiera aparece mencionada en los medios de comunicación, como pasa con las gigantescas movilizaciones del pueblo en México, en Argentina, en Brasil y en Venezuela contra el neoliberalismo. La derecha no va a hacernos propaganda a nosotros. Esto nos obliga a actualizarnos, a estudiar, y sobre todo a buscar cómo somos nosotros quienes les llegamos a la gente no solo con las bondades de lo que hemos hecho, de lo que hemos logrado, sino con la inmensa posibilidad que tenemos hacia el futuro. Hay un imperativo técnico, pero también hay un imperativo ético, porque somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de defender a ese pueblo, a la vez que garantizamos que la economía le llegue a la gente. Venezuela, El Salvador (que pasa por una situación similar), Ecuador, Bolivia, todos tenemos que sentarnos a hacer una clínica que nos permita enfrentar esa arremetida mediática de una forma muy contundente.

AA: ¿La comunicación, como tal, debe ser definitivamente la nueva forma de política?

PC: Creo que sí. Chávez y Fidel fueron extraordinariamente visionarios en ello. Y hay que decir en esto como acotación, que a muchos gobiernos les dio miedo jalarle duro a lo de Telesur. Haberse comprometido a fondo. Lo digo porque alcaldes como Petro, como Samuel Moreno (antes de su escándalo tan espantoso de la corrupción), el mismo Garzón, no fueron capaces de bajar la señal de Telesur a Bogotá. Mucho tuvimos que manifestar ante empresas como Directv, que sacaban la señal de Telesur de la plataforma de opciones y por eso está hoy incluida Telesur en su parrilla. Y así pasó en toda Latinoamérica. El reto de ahora es popularizar esa comunicación. Toca fortalecer los movimientos de medios alternativos en todas las regiones de cada uno de nuestros países, para poder hacerle frente a los gigantes de la comunicación neoliberal. Y en esto quiero llamar la atención en un sentido. Seguramente la Sony no va a hacer un programa, una telenovela como la de Chávez, para perder plata. Ellos le venden en Colombia a RCN porque quieren levantar la audiencia precisamente porque RCN, de acuerdo a estudios muy confiables de audiencia, está en un “rating” tan, pero tan precario, que yo creo que hay canales de televisión de barrios de Bogotá o de cualquier barrio de Colombia que le ganan a RCN en audiencia. Y eso seguramente los tiene muy preocupados, porque su objetivo no es democratizar la información sino generar plata. Por lo tanto hay que tener mucho cuidado en la respuesta que vayamos a dar frente a esta telenovela, no vaya a ser que seamos nosotros quienes terminemos por llevarle la audiencia que ellos necesitan para vender su producto.

AA: ¿Cómo se alcanza ese cambio de actitud de los movimientos sociales progresistas frente al inmenso poder de los medios de comunicación?

PC: Como dijo el poeta: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Esa es parte del aprendizaje que hemos tenido que tener los gobiernos populares. El proyecto comunicacional tiene que ir de la mano de la educación. Es decir, de lo que se imparte desde la escuela, la secundaria y la universidad, en cuanto a la necesidad y la urgencia de la transformación de la sociedad de cara a las aspiraciones de los seres humanos. Luego hay que hacer como reza el dicho popular que aconseja que hay que cacarear el huevo que se pone. Es decir, nosotros no podemos seguir haciendo y haciendo cosas sin que el pueblo sepa que ese logro, que es la construcción de su bienestar, es producto no de un gobierno o de un grupo de personas sino de un proceso político de cambio, no lo llamemos revolucionario si no lo queremos, llamémoslo “humanista”, donde el centro del proyecto es la persona humana y por lo tanto tenemos la obligación de que se sepa y se conozca. No podemos seguir sacando baldiones y baldiones de gente de la miseria que luego se cree gente de clase media o de clase alta porque ya puede comer y luego abandona el proceso, abandona las conquistas, porque cree que no tiene ya nada que ver con el proyecto de los pobres. Yo creo que es ahí donde hay que volver a Gramsci en la necesidad de crear un poder contra hegemónico. Lo cual va de la mano con una construcción de la comunicación vista de una manera diferente y puesta siempre al servicio del proyecto.

AA: ¿Pudiera ser ese el signo de la campaña de Piedad Córdoba.. “Se hace camino al andar”?

PC: ¡Por supuesto!

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