Big Data… ¿terminan o comienzan las interrogantes?

Por: Alberto Aranguibel B.

“La democracia es completamente inútil con algo así” Martín  Hilbert

Las revelaciones de Michal Kosinski, doctor en psicometría por la Universidad de Cambridge, en el artículo sobre el uso de la llamada Big Data en las campañas electorales en el que se da cuenta de cómo Donald Trump habría utilizado las tecnologías de la información para asegurar su triunfo, escandalizó a la opinión pública como si tal estrategia se tratara de un fenómeno prodigiosamente novedoso, o más bien de la violación de alguna norma ética para la realización de las campañas electorales, o incluso la trasgresión de algún sagrado derecho de los electores.

En esa entrevista (“Yo no construí la bomba, solo demostré que existía”), Kosinski hace un breve recuento de su experiencia como investigador que utilizaba la técnica de la evaluación de la personalidad desarrollada desde hace casi tres décadas por equipos de psicólogos británicos cuyo gran acierto fue establecer una metodología de deducción a partir del cruce de información con base en cinco preguntas realizadas a cada persona en particular, conocido hoy como el método OCEAN, argumentando que en efecto su trabajo se remonta a los orígenes mismos del largo proceso de masificación de las modernas herramientas informáticas que hoy en día conocemos.

Ciertamente, según aparece publicado en el portal del gigante de la computación International Business Machines (IBM), empresa fundada en 1911 en Nueva York, EEUU, el estudio de la correlación de datos es un área de investigación de naturaleza científica que se remonta a casi un siglo, cuando la idea de la computación era solamente una aspiración de inventores y científicos por alcanzar el futuro tal como se concebía.

Desde entonces hasta hoy, la evolución de la ciencia y el conocimiento en sus más diversas ramas, está determinada por la búsqueda infatigable de la información en todas sus formas, y consecuentemente en los instrumentos que permitan procesar ese creciente caudal de datos para asegurar cada vez más no solo un mayor bienestar para la humanidad sino un mayor control sobre la organización, desarrollo y desenvolvimiento de la sociedad.

Existe hoy en el mundo un proceso casi inverosímil de producción de data de todo tipo, usada de distintas maneras tanto en la industria, como en los gobiernos, los sistemas financieros, de seguridad, y en general por las personas de acuerdo a la naturaleza de su actividad o profesión.

Según IBM esa información va desde la que generamos permanentemente con nuestros celulares o computadoras personales (llamadas, mensajes, correos, videos, fotografías, etc.) hasta las que producen infinidad de censores de todo tipo en aeropuertos, centros comerciales, agroindustria, medidores eléctricos, sistemas GPS, de salud, de educación, entre muchos otros, que sirve hoy al mundo entero para asegurar el mejor funcionamiento de organismos, empresas y proyectos de toda índole.

Una idea de esto lo da el que la red social Twitter procesa cerca de 12 Terabytes de tweets al día (el bit es la unidad básica de la computación. Un Byte son ocho bits. Un Kilobyte son mil Bytes. Un Mega son mil Kilobytes), mientras que Facebook almacena alrededor de 100 Petabytes solamente en fotos y videos. Se estima que sumada toda la data que se produce diariamente a través de las distintas formas de procesamiento informático y de comunicaciones en el mundo, se puede alcanzar la cifra de 2.5 quintillones de bytes por día (dos mil quinientos, seguido de treinta ceros).

Pero el concepto Big Data no está referido solamente a una cantidad específica de información, sino a una nueva forma de entendimiento y de opciones para la toma de decisiones.

Tal como lo describe IBM, Big Data es en realidad la plataforma mediante la cual se puede cuantificar y evaluar toda esa información para distintos propósitos, en lo cual se incluyen sistemas de hardware y de software complejos que permiten reducir el inmenso cúmulo de tiempo y trabajo que tomaría procesarla manualmente, así como aplicaciones específicas destinadas a responder interrogantes en infinidad de áreas de investigación o de trabajo en particular.

Ampliando la inquietante noticia que revela Kosinski en su entrevista de esta semana, el experto en redes digitales Martin Hilbert, ha dicho por su parte que la preocupación no debe estar centrada hoy en la cantidad de información privada que pueda ser procesada sin el consentimiento de la gente con fines comerciales o incluso políticos, sino en la amenaza que ello podría representar para la democracia misma como sistema en el cual se sustenta la sociedad tal como la conocemos.

Refiriéndose al ancestral temor de la gente a ser desplazada en la toma de decisiones por robots con inteligencia propia creados por el mismo ser humano, Hilbert habla de Deep Learning, que es la manera como se ejecuta hoy la Inteligencia Artificial en la más diversa cantidad de aplicaciones y servicios que usamos a diario, como por ejemplo Siri y Google. “Todo está espiado –dice- Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más”.

El problema está en que la mayoría de esa información ha sido siempre autorizada por el usuario, que no ve problema alguno en que Google le espíe todos sus correos, sus llamadas, sus preferencias en internet y hasta sus movimientos de un lugar a otro, si a cambio le da acceso a una aplicación de GPS o de música de manera gratuita.

Se trata, como lo plantea el experto en redes, ya no de la invasión a la privacidad que en un principio preocupaba, sino la supresión de la capacidad de escogencia y hasta de raciocinio para dar paso a un modelo de supra control universal que deja atrás toda noción de parámetros legales y hasta de soberanía, no solo en contra de la voluntad de la gente sino de las naciones mismas.

“El celular –afirma Hilbert- es hoy tu verdadera huella digital. África (donde la tecnología celular hizo lo que nunca pudo hacer la Partida de Nacimiento para determinar la existencia de las personas) es el caso extremo. Pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…”

La teoría de la segmentación que la mercadotecnia impuso como método decisivo en la optimización de los mercados para todo tipo de producto de consumo masivo, es la base de la esperanza del capitalismo hacia el futuro. Lo que interesa ahí no es la democracia, sino las ventas y en eso sí tienen mucho de razón quienes se alarman con la noticia de que Donald Trump llega a la presidencia con el uso de la Big Data (la misma que usa la empresa privada para controlar sus mercados) como herramienta fundamental de aseguramiento de su triunfo.

Para una revolución como la bolivariana, la pregunta de primer orden en este sentido debiera ser: ¿Interesa a una sociedad guiada por el ideal de justicia y de igualdad social, fundada en un claro principio de soberanía e independencia, el concepto de fragmentación social e individualización a la que obliga la lógica capitalista?

Hilbert asoma una inquietante reflexión: “Claro; el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza […] Si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global?”

 “A medida que la Inteligencia Artificial empiece a organizarnos, a programar a la sociedad… entonces este organismo (la sociedad) puede sobrevivir. Hasta me imagino que va a poder producir una consciencia, pero nosotros ni vamos a saber que esa consciencia existe.”, concluye el experto.

Quizás sea ridículo (y hasta cavernario) un planteamiento ideológico en contra de los avances de la informática. Pero entender su verdadera dimensión, alcances y significados, en medio de una guerra mediática como la que enfrentamos desde el gran centro de poder imperialista que es a la vez dueño de Internet, es, al menos, una obligación impostergable.

Ya Rusia empezó desde hace varios años a tomar cartas en el asunto.

@SoyAranguibel

 

 

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